lunes, 17 de agosto de 2015

No digas Padre, no digas puta...

Hace un rato, muy cerca de mi casa. Está sentada en el borde de una jardinera. Treinta largos. Asiática. Poco agraciada... el bar, con luces violetas, puertas abiertas a las once de la mañana, aireando el ambiente. Habla por el móvil...


¿Madre...? Si, yo, Madre... tarifa más barata... ¿Qué hora ahí...? Perdona... rato libre, puedo hablar, poco negocio, vacaciones...

¿Todo bien...? ¿Hermano? ¿Caída obra... dos piernas, malo, malo... Hermano no suerte... aquí no obras. Antes, si, ahora no obras, gente no trabajo... se nota negocio, claro...

¿Padre bien...? ¿Tú bien...? Trabajo, claro, tantos niños... son años, si, más sesenta...todo duele...

Esto, bonito. Barcelona, bonita. Muchos turistas. Aquí, no turistas; aquí, Sant Gervasi, casas buenas, calles estrechas, gente rica... no, no comunistas, algún loco; todos CiU, todos PP, muchos a misa... paisanos, si, claro, muchos, gente confunde, dicen todos chinos... no, no frío, ahora verano, ahora calor, sudor, como en casa... tifones, no, tormentas... invierno, frío; anorak de chino, botas... nieve no, no esquiar, qué cosas...

Te llegó dinero...? cien euros, si... ya, no mucho, todo caro... aquí, muy caro, sobra poco, casa cara, habitación cara, comida cara... pago pasaje. Tres años aún. Entonces, más dinero... ropa no, ropa barata; top y faldita para trabajo, chanclas... 

¿Trabajo?... ya sabes... camarera bar. No, no bebo, beber caro, si invitan... solo hombres. Tocan algo. Luego tocas tú... no, puta no, poco rato, viejos... no digas Padre, no digas puta... dan propina. Dueña queda mucho, cervezas caras, wiskis malos, hombres poco dinero... no malos, algo guarros, mucho desgraciado, mucho solo... no bueno solo... yo, sola; alguna amiga, de trabajo, Asia, sí; Europa más guapas, más caras, otros bares... Alguna América, hablan Español... aquí, Catalán... no, no lo mismo; si dices, enfadan... todo lleno de banderas. Parece fiesta. Raros, no, algo...

¿Contenta...? No contenta, echo a faltar... cuando pasaje pagado, otro trabajo... cajera súper, muy bueno, mucho dinero, no hombres, no noches. Pero yo poco Español, poco Catalán... aquí, poco aprendes... con amigas América, me fijo, pregunto... acento raro, dicen hombres, se ríen... volver no, no dinero, deudas, cobrarían vosotros, hombres malos... trabajar, trabajar, esperar suerte... semana que viene envío más. Un abrazo, Madre... pasa hijos...




domingo, 16 de agosto de 2015

Yasukuni

Están pasando cosas en Japón: y no olvidemos que, entre Japón, las dos Coreas y China vive una parte importante de la Humanidad, reside una parte también significativa de la capacidad productiva mundial, y no faltan riesgos potenciales de enfrentamiento, con dos potencias nucleares, y los Estados Unidos metidos hasta el corvejón: crucemos los dedos.




Ayer, quince de Agosto, se cumplían setenta años justos de la Capitulación del Japón: fue día de conmemoraciones, y también de contrastes: por un lado, el Emperador Akihito, el que después de su muerte pasará a ser llamado Emperador Heisei, el nombre que recibe ya la era de su reinado, mostró su "Profundo arrepentimiento" por los sufrimientos infringidos injustamente por su país -del que era emperador su padre, el Emperador Showa-a los pueblos vecinos, y lo hizo inclinándose, él y su esposa, unos buenos 70º, que eso ya sabéis que tiene su importancia. Pero su primer ministro, el nacionalista de derechas Shinzo Abe, que hace muy poco presentó una reforma legislativa que suaviza las restricciones al uso de las Fuerzas Armadas japonesas (eufemísticamente llamadas "de autodefensa") en el exterior, fue mucho más tibio en sus planteamientos, levantando una oleada de indignación en los que fueron sus principales víctimas; China y las dos Coreas.

Curiosamente, tuve una breve y distante relación con Akihito, hará una cuarentena larga de años: viajaba yo de Barcelona a Sevilla en avión y, al hacer escala en Madrid, se nos comunicó que el vuelo a Sevilla se demoraba una hora por celebrarse la despedida del entonces Príncipe Heredero del Japón, de visita oficial en España: había una terraza en la terminal de Barajas, sobre la puerta VIP y, como no tenía nada mejor que hacer, me dispuse a contemplar el espectáculo, en primera línea, aferrado a la barandilla.

Estaba ya preparado en la pista el avión imperial japonés, la alfombra roja, y la compañía que iba a rendir honores: despedía al Príncipe Akihito su colega Juan Carlos, príncipe heredero también, aunque es mejor no recordar de quién: pues bien; en el momento en que hicieron su aparición ambos príncipes, se cernió sobre mí la sombra de algo de más de dos metros y doscientos kilos que, prácticamente sin tocarme, me inmovilizó contra la barandilla de la terraza: sólo acerté a ver, en la solapa de la cosa, el crisantemo, emblema imperial japonés... para rebajar un poquito la tensión, llegué a esbozar una especie de aplauso de foca con los muñones a que habían quedado reducidos mis brazos, lo más parecido a un movimiento que podía realizar en el escasísimo espacio vital que me dejaba aquella mole... fue cerrarse la portezuela del avión, y la sombra se desmaterializó, como tragada por la tierra, recobrando yo mi libertad. Lo confieso: no tuve pelotas para mirar atrás...

Shinzo Abe, por lo menos, ha tenido el detalle de no poner la guinda sobre el ultraje a las víctimas del imperialismo japonés, y se ha abstenido de visitar ayer el Yasukuni, como si lo hizo en 2013; ha enviado, eso sí, un arbolito para que lo plantasen allí, a varios de los ministros de su Gobierno y a un buen puñado de parlamentarios de su partido.

Situado detrás  de los jardines del Palacio Imperial, en lo más céntrico de Tokio, el Yasukuni es un memorial consagrado a los japoneses muertos por su Patria y su Emperador; más concretamente, es el lugar donde residen los 2.500.000 Kamis -dioses- en que se han transformado esos caídos. Ya me vais conociendo, ¿Me podía perder yo un sitio así...?

Por un cuidado parque, se accede al santuario -porque es un santuario sintoísta-, bajo un tori (puerta) de acero: todo llama la atención por su sobriedad: no ves más colores que el blanco del luto sintoísta, adornado con los crisantemos imperiales, que indican que se encuentra bajo la directa dependencia del Emperador. Carteles bien visibles indican -también en Inglés, si no, de qué me iba a enterar...- que está prohibido exhibir banderas y cantar canciones patrióticas, prohibición que no me afecta porque, en Japonés, no conozco ninguna... sin embargo el muchacho amputado de ambas piernas que veis en una foto, en su silla de ruedas deportiva, lleva una camiseta con aspecto harto sospechoso: imagino que el santuario es la meca del facherío nipón, que no debe andar escaso de efectivos; por si las moscas, extremo mis signos de recogimiento y respeto, y repito los ritos habituales en los templos: purificación de manos y boca con agua corriente, toque de campana para avisar a los kamis despistados de mi presencia, monedita -pequeña, no hay que pasarse- al cepillo de las limosnas, e inclinación con manos recogidas junto al pecho... no sé a ciencia cierta si hay por algún lugar osarios o cenotafios, pero he visto en un museo una foto de las fuerzas japonesas repatriadas desde Manchuria después de su derrota: todos los soldados llevan al cuello, colgadas de un cordel, cajitas de cartón con las cenizas de sus compañeros caídos.



He hablado de dos millones y medio de kamis; pero no solo a ellos está dedicado Yasukuni: hay también un recuerdo a los animales integrados en las fuerzas armadas -perros, caballos, y palomas mensajeras...- y otro, más justamente merecido aún, a las viudas de guerra, que debieron levantar sus familias sin la ayuda del marido muerto. Sus estatuas de bronce conmueven; niños sin padre, mujeres sin hombre, las auténticas víctimas de una guerra, más que los muertos que, total, ya ni sufren ni padecen ni tienen que ir a comprar cada día...




Tiene Yasukuni un pequeño museo y una boutique: ahorro a Blanca el museo, y me limito a contemplar las piezas que se exhiben en el exterior: un avión "Zero", el cazabombardero más utilizado por la aviación japonesa, una locomotora del ferrocarril de Birmania -el que pasaba por el Puente sobre el río Kwai- y una pieza de artillería desenterrada de los restos de un búnker destruido en la "Honorable derrota" de Okinawa.




Es en la boutique donde empiezo a ver cosas inquietantes: me compro un chambergo de camuflaje de las Fuerzas de Autodefensa actuales, y un muñequito de los que usan por miles los jóvenes japoneses para llevar colgando de sus móviles, que representa... un piloto Kamikaze, los pilotos suicidas que estrellaban sus aviones contra los navíos americanos en los últimos días de la guerra: su nombre, "Viento divino", hace referencia al tifón que desarboló la flota china cuando, siglos atrás, pretendía invadir Japón. Una estatua de un Kamikaze, orgulloso, con su hashimaki ciñendo la cabeza con la bandera japonesa, preside también un rincón del jardín... en la boutique, cómics con pilotos kamikazes... me juego un brazo a que puedes recorrer todos los kioskos de Alemania sin encontrar un solo cómic dedicado a Hans-Ulrich Rüdel, el piloto de Stukas, ni a Werner Möelders, el as de la caza durante la Segunda Guerra Mundial...


Y esa es la cuestión más inquietante que suscita Yasukuni: mis queridos y admirados japoneses, ese pueblo ejemplar por tantos conceptos... ¿han asimilado correctamente su culpa en la guerra, en la expansión imperialista, en los ataques "preventivos" a traición, en las masacres indiscriminadas, en el uso de miles y miles de mujeres coreanas como esclavas sexuales...? Entre los millones de inocentes que vagan por Yasukuni, pedazos de carne bautizados -a la sintoísta-, que no hicieron más que cumplir órdenes, muertos de miedo, hay también no menos de catorce criminales de guerra ejecutados por orden del Tribunal Militar aliado que los juzgó... y, precisamente, al único juez del Tribunal que no firmó las sentencias de muerte, un indio, está dedicada una hermosa placa en Yasukuni, donde se recogen sus siguientes palabras -cito de memoria- "Cuando pase el tiempo, cuando los hechos se vean con más objetividad, quizás los juicios sobre víctimas y criminales cambien..." Saquen ustedes mismos sus conclusiones...





sábado, 15 de agosto de 2015

Maria Himmelfahrt

En Baviera queremos visitar Múnich, pero también la vecina Augsburg, el pueblo del Emperador Maximiliano, los Fúcares... y Bertold Brecht: optamos por una solución salomónica, y elegimos una residencia rural entre las dos ciudades, bastante próximas...


La búsqueda por Internet es fácil: seleccionamos una Gasthaus en una pequeña aldea: en Google Earth aparece como una bonita construcción en medio de verdes campos... lo que no puede percibirse en la vista por satélite es que los campos están verdes gracias a ser copiosamente regados con purines, ni que en la habitación contigua a la nuestra varios fornidos camioneros se alternan sin parar para fumar en la terraza común... dicho esto, la aldea es muy tranquila y bonita, la Gasthaus acogedora, su Biergarten muy majo, y la comida buena y barata: kein problema..!

La aldea -una cincuentena de casas- es un lugar de aquellos donde la vida debe discurrir pacífica, en un ambiente de tranquilidad campesina, un cierto confort, y pocas aspiraciones, pero con todos los problemas básicos resueltos: las casas son grandes y están bien cuidadas, rodeadas de jardines y huertos; ves en ellas furgonetas que hablan del oficio de sus habitantes: constructores, electricistas, un cristalero... no son casas de notarios, ni de ricos profesionales que trabajan en la ciudad. Estamos en los primeros días de junio, y aún no han quitado los árboles de Mayo, una costumbre que se perdió en mi pueblo, hace años ya: en ellos hay también símbolos de los menesteres de quienes los han levantado: herreros, granjeros.. veo también cerditos, no me extraña, de algún sitio tienen que sacar los purines, y las salchichas que fabrican en la charcutería vecina a la gasthaus.



No os perdáis los escuditos; tiro al blanco, la Virgen y una salchicha con los colores de Baviera...




En el centro de la aldea está la iglesia. Católica. Curioseo, por encima de la baja cerca, el cementerio; en un lugar destacado, un monumento recuerda a los hijos del pueblo muertos en las dos guerras mundiales: los he visto a cientos en los pueblos franceses; allí, los del 14-18 triplican a los del 39-45; en éste hay un claro empate, incluso me parece que gana la Segunda. El Frente del Este... recuerdo el poema de Bertold Brecht, hijo de estas tierras: "¿Qué le trajo el soldado a su mujer de la helada Rusia...? ¡El negro velo de viuda, eso le trajo...!"








Lo que ya no está tan bien es, por decirlo de alguna manera, la conectividad, lo que los alemanes llaman -os lo juro- Verkehrverbindung. Aunque la autopista está muy cerca, las carreteras locales están poco o nada señalizadas y, en cuanto al ferrocarril, sólo conseguimos ir a Augsburg desde el pueblo vecino... así que nos toca movernos en coche, perdiéndonos entre carreteras siempre bien asfaltadas, que siempre atraviesan campos verdes y no menos verdes bosques, siempre  cerca de pueblecitos blancos y arreglados, algún hiper pequeñito, y algún almacén de -no podía ser de otra cosa- cerveza.



En una de esas excursiones -Blanca quiere comprar botellas de cerveza para los chicos; encontraremos las mismas que venden en nuestro supermercado de Sant Gervasi pero, eso si, casi a mitad de precio, y con una bonita caja de plástico de regalo, muy útil para transportar botellas de cerveza alemanas...-vemos, en medio de los prados, una hermosa iglesia, de un blanco deslumbrante: un discreto cartel indica que se trata de Maria Himmelfahrt, la Asunción de María.






Reconozco que, en mis años de bachillerato, me hacía un auténtico lío con la Ascensión de Jesús y la Asunción de María: debía recordar que, por decirlo de alguna manera, en la Ascensión Jesús subió a los cielos autopropulsado, mientras su Santa Madre requirió de la ayuda de un número no determinado de ángeles.Para mí, la Asunción había sido siempre el día de la Virgen de Agosto, Fiesta Mayor en Bielsa -y vísperas de las de Labuerda- y cénit de mis vacaciones, que, indefectiblemente, empezaban a declinar hacia su inevitable final y el regreso a Barcelona... día, por lo tanto, en que empezaba a ponerme de mal humor, por no decir, en expresión muy frecuente por mis tierras, "de mala virgen"... pero algo me atraía en aquella iglesia, y no paré hasta, al día siguiente, acercarme a visitarla, después de buscarla un buen rato entre un dédalo de carreteras...



Vamos a ver si lo aclaro: me defino como un agnóstico católico; es decir, algo muy distinto de un agnóstico protestante, un agnóstico judío o un agnóstico musulmán, si existe tal figura. Mis creencias filosóficas me han apartado de la religión en la que crecí y fui educado, pero ni me han acercado a la órbita de otras, ni me han hecho olvidar mis orígenes sociales y culturales; circunstancias personales y de carácter han hecho que ese distanciamiento no fuese traumático, ni hiciese crecer en mí un antagonismo que me incapacitase para aceptar el jovencito piadoso y tontorrón que fui, y miro con desaprobación e indignación algunos -bastantes- actos de católicos activos, e incluso de ministros de la Iglesia, pero justo como las miraría en budistas, que también los debe haber falsos, bordes y partidarios de tocarles el culo a los monaguillos... Dejé de creer en el Ratoncito Pérez, pero no por eso cazo ratones; si a veces les pongo veneno, es por motivos higiénicos, o, incluso, por la Paz Familiar...

Pero, de la misma manera que asumo con bochorno los excesos criminales que se han realizado en nombre del Catolicismo -aunque es obvio que yo no he quemado ningún hereje-, no puedo dejar de sentir cierta empatía con "los míos" -aunque ya no lo sean- en aquellos lugares en que han sido y son perseguidos por algo tan inofensivo, en el fondo, como las creencias personales, cuando no son instrumento del Poder o no aspiran a la imposición: y eso vale para los iraquíes de hoy, los irlandeses del siglo pasado... o los alemanes del Siglo XIX o de la Guerra de los Treinta Años, cuando la católica Baviera lucho al lado del Emperador y del Rey de España contra los príncipes protestantes del Norte, ayudados por potencias tan lejanas e impensables como Suecia... o por Luís XIV que, católico como era, vio una oportunidad de oro para debilitar a España y el Imperio, los dos poderes europeos que lo tenían literalmente emparedado.



De aquella época barroca son los Himmelfahrt que salpican Baviera, viendo en ellos una clara señal de identidad en el culto a la Virgen, poco o nada compartido por los severos Protestantes, que ven en él, y no sin razón, un residuo del simpático politeísmo que el Catolicismo heredó del Paganismo clásico y disimuló en una miríada de Vírgenes diversas y Santos... con esa intención de acordarme de aquellos tiempos revueltos, entro en el santuario, y lo encuentro bello y acogedor, en sus blancas paredes que rodean dorados altares... estamos a trece de Junio, día de San Antonio de Padua, mi santo patrón, y allí, justamente, rodeado de un bello retablo, está su imagen, sosteniendo un libro y un Niño Jesús que parece no dar demasiada guerra y dejar leer al buen hombre... miro a izquierda y derecha: no hay nadie: despisto a Blanca -mi Pepito Grillo laico- y, a hurtadillas, le enciendo una velita...





 


miércoles, 12 de agosto de 2015

Ratisbona

Me contaron, con nombre y apellidos, la historia de un cenutrio que, convocado a una reunión de trabajo en La Haya, llegó un día después de la fecha establecida, increpando además a sus compañeros... "¡Cabrones, podíais haberme dicho que, en Holandés, este pueblo se llama "Den Haag...!"



Algo así le podría pasar al viajero que, buscando la anciana y universitaria ciudad de Ratisbona, se rompiese los cuernos con el GPS y el Google Earth, sin advertir que en todos los lugares aparece con su nombre germano de Regensburg, tal y como se lee correctamente en las señalizaciones de la autopista que, de buena mañana, nos conduce a ella desde Núremberg, otro nombre que en Alemán se escribe distinto, aunque, en este caso, baste con quitar alguna letra y añadir algún umlaut...

En Regensburg esperamos encontrar un viejo y buen amigo: el Danubio, el Donau, al que ya hemos tenido ocasión de saludar en Viena -afueras-, Bratislava y Budapest.... seguiremos el curso de ese Padre de Centroeuropa hasta la villa de Passau, donde lo dejaremos adentrarse en tierras austríacas, canino de Linz, siguiendo nosotros ahora las aguas del Inn, montaña arriba y mapa abajo -viene del Sur- hacia los Alpes, que aún un se divisan en el horizonte. Y en todo el camino iré releyendo mentalmente a mi querido Claudio Magris, biógrafo del río y de las tierras que a él se asoman, cargadas de historias y leyendas.



Tiene Ratisbona el morbillo especial de ser su Universidad una de las cátedras que conocieron el magisterio de un personaje singular; en ella ejerció Aloisius Ratzinger, el Papa Emérito, nacido no muy lejos de aquí... tengo sobre el Papa Ratzinger una anécdota que no me resisto a contar:

Corrían los felices tiempos del Primer Govern Tripartit de la Generalitat de Catalunya; en el Gabinet de nuestro Conseller ecosocialista, seguía con varios asesores y buenos amigos las deliberaciones del Cónclave que elegía sucesor de Juan Pablo Segundo. Os preguntaréis si no teníamos nada mejor que hacer... la respuesta es, obviamente, que no, y aún se nos debe agradecer porque, en cuanto empezamos a hacer cosas, no dejamos de empedrar el camino que nos ha llevado a la actual triste situación: triste, por lo menos, para mí... Nos llamó a media tarde, nuestro Secretari General, y nos dio la noticia:¡"¡ Es Ratzinger!"

La acogimos con resignación: para una pandilla de rojos -eso creíamos ser- no era una buena noticia: un doctrinario duro e implacable con nuestros queridos teólogos de la Liberación... que a un grupito de agnósticos nos importase tanto la elección del nuevo jefe de una Iglesia cuyos locales no pisábamos desde hacía muchos años sin mediar novios o muertos, dice mucho de la aconfesonalidad de nuestro Estado... momentos después, volvió a sonar el teléfono: el Secretari General otra vez... "¡Que no, que no es Ratzinger, que dicen que es un tal Bénet Setsé...!"

"¡Coño, Setsé, como la mosca...!" dije yo, siempre irrespetuoso hacia la Jerarquía... "¡Un cardenal africano, hoy es un día histórico...!" comentó,. ecuménico, otro de mis compañeros... pronto de deshizo el equívoco; Ratzinger había elegido el nombre de Benedicto Dieciséis que, en Catalán, sonaba aproximadamente así... no enteramos, enseguida, de que la grey católica iba a ser pastoreada por un antiguo Hitler Jugend -aunque contra su voluntad, todo hay que decirlo- pero justo es reconocer que, abrumado por el despelote financiero y el rijo pedófilo de una parte sustancial de sus inmediatos subordinados, optaría en su momento por dejar la Cátedra de Pedro...pero esa es otra historia...

Nos acoge Ratisbona/Regensburg con uno de los mejores regalos que puede desear todo viajero; un parking céntrico, situado en los bajos de un centro comercial, donde adquiero material para afeitarme las barbas que me están matando a picores, en la ola de calor que sacude Alemania. Se acaban así mis temores, porque la ciudad es una de las declaradas territorio limpio, y los vehículos que entran deben proveerse de un escudito que garantice su baja emisión de efluvios contaminantes: no he tenido tiempo de seguir la complicada trama burocrática necesaria, y me expongo a severa y germana sanción...


Tiene Regensburg un delicioso casco antiguo, lleno de tiendas de artesanía y terracitas de bar... en una de ellas, una camarera peruana nos acoge como si fuésemos de la familia... cada 12 de Octubre nos reímos mucho de la Hispanidad, pero lo cierto es que, cuando te encuentras con un americano de habla hispana por esos mundos de Dios, te das cuenta de que los lazos existen, y tanto... aprovecha para rajar un poquito de los teutones, y asentimos, comprensivos... son otra cosa... de todas maneras, no vive mal allí, se ve una chica culta, quizás estudia en la Universidad...

Dejamos atrás la imponente Catedral, y nos dirigimos de cabeza al río... queremos pasar por el centenario puente de piedra, uno de los más majestuosos que cruzan el Danubio, sobre basamentos romanos... nos lo encontramos en obras, pero no impiden cruzarlo y disfrutar de su belleza y del paisaje urbano y fluvial que desde él se divisa: lo reconozco, tengo un cuelgue con los puentes -incluidos los colgantes-, los considero el ejemplo más logrado de la combinación entre belleza y utilidad, si excluimos alguno de Calatrava, y no me extraña que la más prestigiosa magistratura romana fuese la de Pontifex, constructor de puentes, cargo que, por cierto, heredó Ratzinger...

 



Dedicamos poco tiempo a Regensburg, mucho menos del que merece, porque aún nos espera un largo camino; pero aún tengo tiempo para cuadrarme y saludar ante la estatua de su hijo más notable y más próximo a nuestra Historia; Don Juan de Austria.

Durante años di por buena la versión, leída en algún mal libro de historia, de que el Emperador Carlos tuvo a Don Juan de Austria de una esporádica relación con "una posadera de Ratisbona": pero era bastante surrealista suponer al Káiser Karl der Fünft buscando en Trivago o en Central de Reservas... "A ver, posada en Ratisbona, confortable, posadera simpática..": allá donde fuese, habría tortas para albergarlo... fue una de sus anfitrionas, de alta cuna y mejor sentido de la hospitalidad, quien alumbró al niño, llamado Jeromín (qué cosas!) hasta que su imperial padre, ya en su retiro de Yuste, lo recibió, lo reconoció en público, y dispuso que se le tratase con la debida dignidad... cosa que no dejó de causar alguna incomodidad a su real y retorcido hermano, Felipe Segundo, de quien todo buen aragonés -e incluso los medianos- debe renegar por lo menos una vez al día, por arrebatarnos nuestras Libertades y mandar degollar a nuestro pobre Justicia, Don Juan de Lanuza, que apenas si se afeitaba. Un monumento en el centro de Zaragoza así lo atestigua, como premio de consolación, donde el pobre ejecutado extiende su mano en gesto de concordia, como diciendo: "¡Tampoco fue para tanto...!"



Una vez reconocido, se le asignaron a Don Juan cometidos militares, al verse que no se orientaba hacia los eclesiásticos, destino habitual de bastardos y segundones: y en todos ellos destacó Don Juan, tanto en la lucha contra los moriscos rebeldes de la Alpujarra como, especialmente, en el mando de las fuerzas coaligadas en Lepanto, donde se frenó la expansión del Imperio Otomano, cambiando quizás el destino de Europa... recordadlo cuando comáis jamón con un chato de vino...no pudo acabar con el avispero de los Países Bajos -para milagritos, a Lourdes- ni completar su sueño de desembarcar en Gran Bretaña, gesta donde han fracasado muchos, y que mal se le puede reprochar.

Y todo ello, sin faltar ni un momento a la debida fidelidad a su real y borde hermano, que desconfiaba de él -como de todo el mundo- y le ponía micrófonos en los floreros de los restaurantes: siempre se negó a reconocerlo como Infante de España -cosa que si hizo Juan Carlos con su televisivo tiastro Leandro- y, ni que decir tiene, a satisfacer su legítima ambición de tener un reino propio, él que tantos conquistó o ayudó a defender, e incluso le desilusionó cuando contaba con una oferta bastante seria de ocupar el trono de ... Albania, en lo cual, todo hay que decirlo, quizás no anduvo tan errado Felipe Segundo.



En en esa fidelidad típicamente germánica donde se reconoce su singularidad, en un país de pillos, astutillos y chaqueteros: la Deutsches Treue, algo deslucida cuando los SS la adoptaron por divisa, esa Fidelidad que, en política -Fidelidad Federal, Bundestreue- es la base de su convivencia. Cuando la Ley Fundamental de la República Federal estableció que sería himno nacional "la tercera estrofa de la Deutsches Lied", se cargó no sólo la primera, aquella del Deutschland uber Alles, que establecía unos límites de Germania ligeramente incómodos para sus vecinos, sino también la segunda y poco conocida, donde se alababan la Fidelidad y las canciones alemanas, junto a su vino y... sus mujeres: nos hemos perdido el espectáculo de sesudos varones teutones -imaginemos a un orfeón de Schaubles- cantando una versión del "Viva el vino y las mujeres" de Manolo Escobar... de todas maneras, la Patria en la que no nació ni murió, pero a la que sirvió toda su vida, no ha sido -¡cosa rara!- ingrata con él: se le ha dado su nombre a un Tercio de La Legión y, por lo menos, a un Instituto de Bachillerato en Barcelona, si no se lo han cambiado ya...

Dejamos a Don Juan de Austria en su estatua y en su Regensburg, y nos acercamos a Passau, donde comeremos en los muelles del Danubio... viéndolo solo de reojo, entre las docenas de cruceros fluviales allí amarrados: nos espera un duro final de etapa: la casa natal de Hitler, y la residencia de verano de Hitler... emociones fuertes; nos va a caer la Historia encima como una losa...






lunes, 10 de agosto de 2015

Nordwand

No todos tendremos una Nordwand. A muchos, ni maldita la falta que les hará, pero a algunos, en el fondo...



El paisaje de Grindelwald, desde la terraza de nuestro hotel, es una maqueta de Märklin, de esas que los niños no-ricos contemplábamos con admiración en los escaparates de las jugueterías caras: entre prados de un verde insultante, centroeuropeo de montaña, salpicados de casitas del abuelito de Heidi -mañana veré, os lo juro, a un mozalbete patilargo con una cabrita al hombro, conduciendo su rebaño; un pelo me faltará para gritar "Peeeeedro!...- corren arriba y abajo trenecitos de colores vivos: van a Kleine Scheidegg, montaña arriba, justo al pie de la Nordwand.

Hacia el Sur, hacia el corazón de los Alpes, cierran el valle tres colosos de cuatro mil metros: Un Tibidabo encima de Monteperdido, me digo para ponerlos en términos familiares: el Mönch, el Monje, protege a la Doncella, la Jungfrau, de las asechanzas del Eiger, el Ogro. No me fiaría yo mucho del Monje, la verdad... pero es el Eiger el que atrae mi atención, su pared Norte, la Nordwand, 1.800 metros vertiginosos de roca recubierta de nieve y hielo, y eso que estamos en un Junio particularmente cálido, hasta en esas tierras del Oberland bernés, a las que nos hemos desviado en nuestro viaje a Baviera.

El 11 de Agosto de 1963, dos mozos aragoneses, Navarro y Rabadá, contemplaban esa misma pared; habían subido allí en el tren, desde la tienda de campaña que compartían en Grindelwald: ni para un hotel les llegaba con el dinero que habían podido ahorrar, y la ayuda de la Federación Aragonesa de Montañismo; me los imagino contando las perricas en el monedero antes de pagar el billete: aún ahora, Suiza es cara de cojones; subir al collado de la Jungfrau nos costará más o menos lo que el AVE de Barcelona a Madrid... Navarro y Rabadá, que no llegan a los treinta, en España ya lo tienen hecho todo; los Mallos de Riglos, Ordesa, el Naranjo de Bulnes... los hemos visto en las magníficas recreaciones hechas por el equipo de "Al filo de lo imposible" -grande, Sebastián Álvaro...-, escalando con sus cuerdas de cáñamo, con sus alpargatas de cáñamo... en la España de los primeros sesenta, el cáñamo aún no se fumaba, si no habías hecho la "mili" en África... la Nordwand, la pared más exigente de Europa, era su sueño... hacia ella se dirigieron, cuerdas al hombro, quizás silbando para quitarse el susto, porque esos sueños, cuando los ves alzarse delante tuyo a las primeras luces del alba, siempre te arrugan el ombligo... incluso a los más valientes, como ellos lo eran...



No os voy a contar lo que pasó: se encontraron con dos japos que intentaban lo mismo, pero no se entendieron !!! y decidieron subir solos... desde el valle, con prismáticos y catalejos, iban siguiendo su lenta, muy lenta progresión: dos manchitas, roja y azul, reptando hacia arriba entre rocas y hielos...los expertos movían la cabeza, con preocupación: subían despacio, demasiado despacio, venía mal tiempo... pasaron dos días, les nevó, la pared chorreaba agua, que se transformaba en hielo... los observadores vieron, con incredulidad, que renunciaban a la única salida posible, la ventana del túnel del cremallera que sube por dentro de la Nordwand... "¿No himos de poder...?" se dirían... pero no siempre se puede, maños... al quinto día, las manchitas se pararon... ¿Se habían dormido...? un reactor de la Fuerza Aérea suiza pasó, atronando sus motores, lo más cerca posible de la pared, para despertarlos... pero ya nadie podría sacarlos de su sueño, de su Nordwand...

Su recuerdo me había llevado hasta allí; mañana subiría al Collado del Jungfrau en el cremallera, mareado como un pato después de la rápida remontada: pero esa es otra historia...después de cenar, bien, cosas de cocina de montaña, salí un momento, a solas, a la terracita de mi habitación. Los últimos rayos del sol poniente doraban la Nordwand, arrancando matices cálidos hasta de sus nieves y sus hielos, que ya es decir... sobre su cumbre, empezaba a brillar la luna.

Todos moriremos, ya lo sabemos... yendo todo bien, lo haremos a edades avanzadas, hechos un desastre. Estadísticamente hablando, nos espera una disyuntiva: oncológicos, o cardiorespiratorios... pensaba en aquellos jóvenes, atrapados en los hielos de su pared hasta que una mano amiga, cortando la cuerda, los envió mil quinientos metros más abajo... estricallados, por supuesto... no sabemos lo que habrían hecho después, pero quizás ya habían absorbido toda la belleza, ya habían disfrutado de todos los momentos de triunfo, esa sensación inigualable de la cumbre, que sus cuerpos podían soportar... me costaba, la verdad, compadecerlos... hice una de esas cosas inconfesables que, luego, para no dejarlas dentro tuyo, acabas confesando... yo, que no he pasado de hacer un rápel de cinco metros, y en pendiente -Blanca lo hizo de veinte, y volado- yo, indigno de su gloria, les canté una jota...








sábado, 8 de agosto de 2015

Lugares de mal rollito: Hiroshima

Para mal rollo, Hiroshima... ya había visto algo parecido en Dresden, pero lo de aquí fue, para el momento, tecnología punta... se dijo que había inaugurado una Era: vaya mierda de Era, la verdad...




La estación de Japan Railways en Nara es nueva, funcional y bonita, y está limpia cual patena de iglesia con monaguillos competentes. Su bar es una "Boulangerie" francesa -las estaciones de Japan Railways son de lo más europeo que encuentras en Japón- pero, fiel a mi política de inmersión, pido lo más japo que veo: té Macha -ese delicioso té verde en polvo, que te disuelven en la taza con una  brocha como las de afeitar- y una especie de medio balón de hándbol, de un verde claro, que resulta ser algo así como una bola de harina de arroz, rellena de nata, y glaseada con sabor a melón: buenísimo, lo pediré otras veces...

Mi bollo es el de la izquierda: Blanca pidió esa especie de buñuelo


Tiene también la estación un eficiente servicio de información al viajero, atendido por una simpática señorita que habla el Inglés bastante mejor que yo, lo cual tampoco es difícil. Para ir a Hiroshima, nos da instrucciones precisas; en el Andén Tres, tren de las 8 16' a Ósaka -así, esdrújula, yo que llevo toda mi vida pronunciándola llana, a la aragonesa...- En Ósaka, lanzadera a Shin-Ósaka -lo he visto varias veces; tal sitio, y shin-tal sitio, será algo así como "nueva estación", digo yo...- De allí, Shinkasen (Tren-bala, nuestro AVE, vamos...) a Hiroshima, no tiene pérdida...


Son las 8 10': bajamos al Andén Tres: un tren espera con las puertas abiertas: entramos y nos sentamos; a las 8 14', con un discreto silbidito, cierra puertas y arranca; una voz desgrana la letanía de lugares a donde se dirige, supongo... no oigo ni Ósaka, ni Osaka, ni nada que me suene. Comprendo, desolado, que no estoy en el tren de las 8 16'....¡Mierda!

Detrás nuestro se sienta una señora de mediana edad: no, no habla Inglés; le pregunto, haciendo el signo internacional de "ir hacia" con la mano, por Ósaka: sonríe, pero no dice nada... la dejo por imposible.

No han pasado ni dos minutos cuando la señora me da un golpecito en la espalda; se ha bajado un traductor al esmartfone, y ha escrito luego en una tirita de papel lo siguiente: "Disculpen por no hablar Inglés; lo estoy aprendiendo. Bajen en la próxima estación, vayan al Andén Uno, y cojan el próximo tren; va a Ósaka... ¡Buen viaje!"

La benemérita señora se gana varias docenas de "Domo arrigato goishisame" y reverencias a sesenta grados; mi espalda no ha vuelto a ser la misma después del Japón, tanta reverencia... pero se las merecen, los jodidos, tan amables; hacen que viajar por su país sea sumamente sencillo. Sin más problemas, llegamos a Hiroshima.

La estación de Japan Railways de Hiroshima es nueva, funcional, bonita, limpia, y enooorme: tiene encima un Hotel que, como todos los de las estaciones de Japan Railways que he visto, lleva el castizo nombre de "Granvía". Subes al hotel directamente desde la estación, y allí hemos reservado habitación, porque también  allí hemos de tomar el tren, al día siguiente, para enlazar con el ferry a Miyajima: A la habitación nos acompaña un joven machacado por el acné, pero correctamente ataviado de Botones Sacarino cuyas reverencias se aproximan ya a los 75º.

La habitación, en un piso alto, nos ofrece una primera vista de la ciudad; rodeada de verdes montañas, es limpia y bonita. Y nueva, pienso yo, aunque justo debajo de la estación descubro dos o tres "machiyas", las casitas de madera tradicionales, que bien podrían ser supervivientes de la época: no sé si estamos a suficiente distancia...



El seis de Agosto de 1945, un B-29 americano lanzó sobra Hiroshima la primera bomba atómica operacional: explotó a seiscientos metros sobre la ciudad -la distancia calculada para optimizar el efecto destructivo- dejó la ciudad como un solar, y mató en el acto a unas 90.000 personas: 150.000 murieron después por efecto de las quemaduras y, sobre todo, de las radiaciones, una muerte que, al sufrimiento, añadía el macabro "plus" de lo desconocido, y que se ha prolongado en el tiempo, durante décadas... Hiroshima, con su gemela Nagasaki, han pasado, así, a ocupar un lugar de excepción en el nutridísimo catálogo de sitios testimonio de la barbarie humana. Y esa ciudad nos proponíamos visitar, con el corazón en un puño.

Un tranvía nos deja en el primero de los puntos memoriales de Hiroshima; el puente sobre uno de los numerosos brazos del río, próximo ya al mar, que sirvió de referencia a los tripulantes del bombardero: a su lado, el único edificio que sobrevivió a la explosión, esa famosa estructura de hierro en forma de cúpula de uno de los pocos edificios de hormigón armado, que alojaba, lo que son las cosas, una exposición de productos artesanales e industriales de la ciudad... paseamos junto al edificio con el ánimo acongojado, cruzamos el río, y nos acercamos al Parque de la Paz.


Lo de detrás es una simple nube, pero, allí, tenía su morbo...


No resisto a la tentación de tocar la gigantesca campana de bronce: las campanas japonesas tienen el badajo fuera, originalidades del lugar... tirando de una cuerda, un madero golpea la campana, y en ronco sonido reverbera unos instantes, en este caso, en homenaje a los que alrededor de este punto perdieron su vida... hay que ser muy insensible para no emocionarse en momentos así, y no os puedo ocultar que noto un nudo en la garganta...no tan solo por ellos: por todas las vidas segadas prematuramente por nuestra incapacidad para erradicar la violencia, esa lacra de nuestra especie que desmiente nuestra presunta racionalidad...



La visita al vecino Museo nos deja una impresión muy particular; hemos visitado varios memoriales alemanes, y el mensaje es claro y directo:  fuimos unos cabrones  -hubo cabrones, muchos, entre nosotros-, nos pusieron a gusto, nos lo teníamos merecido: lo siento,. me he equivocado, no volverá a pasar... en los memoriales japoneses el mensaje es mucho, muchísimo más matizado...



De entrada, las referencias a sus aventuras imperiales tienden a ser bastante neutras, por no decir francamente tergiversadoras: la conquista del norte de China, con el establecimiento de un régimen títere, es la consecuencia del "Incidente de Manchuria", así como la matanzas y violaciones indiscriminadas en las ciudades chinas de la Costa lo son del "Incidente de Nankín"... poco les falta para hablar también del "Incidente de Pearl Harbor"...

De la misma manera, el museo está dedicado, por una parte, a ponernos ante el puro horror de las dramáticas consecuencias de la bomba, pero también a desmontar la versión occidental del ataque como medio efectivo para impedir la continuación de la guerra, salvando así la vida de muchísimas personas más, si bien es cierto que una parte importante de ellas habrían sido U.S Marines. Una bomba humanitaria, vamos.

La versión que argumenta y documenta el Museo es diferente: en Agosto de 1945, Japón estaba ya contra las cuerdas; incluso había sufrido el bombardeo de Tokio, más mortífero aún que el de Hiroshima, y su capacidad industrial y militar era ya claramente residual; la capitulación era cosa de días, ni de semanas ni de meses.

Además, el ataque nuclear respondía a un plan ya establecido años atrás, que incluía dos decisiones trascendentes: lanzar la bomba sobre el Japón, no sobre Alemania -ahorrándosela a un país occidental-, y hacerlo sobre ciudades previamente elegidas que, por ello, serían preservadas de bombardeos convencionales, para así poder visualizar mejor los efectos de la nueva bomba. Además, en Hiroshima no había prácticamente prisioneros de guerra occidentales, aunque si una importante cantidad de trabajadores coreanos más o menos forzados.

Según se argumenta -e, insisto, documenta- en el Museo, detrás de la decisión de lanzar la bomba había dos móviles inconfesables: uno de ellos, de tipo interno e incluso me atrevería a decir que parlamentario: demostrar que los ingentes gastos originados por el Proyecto Manhattan -el programa nuclear americano- no habían caído en saco roto: una explicación tan bestia no nos resulta increíble a los que, como es mi caso, hemos dedicado nuestra vida a la Administración Pública: todos hemos visto casos así, no tan mortíferos, pero bastante similares.

El otro, también absolutamente creíble, era de política exterior: las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, ya no muy fluidas en tiempos de Roosevelt, se estaban deteriorando a ojos vista tras su muerte y el ascenso a la presidencia de Truman, y nunca estaba de más enseñarle a Stalin el juguetito de que disponían... tiempo le faltó a Don José para sacar de sus campos de concentración a todos los ingenieros nucleares alemanes y ponerlos a trabajar a marchas forzadas, iniciándose así una carrera que iba a continuar, por lo menos, durante toda la Guerra Fría.

Se articula así el discurso del Museo: nosotros tuvimos nuestras cosas, no lo negamos: pero con nosotros se pasaron dos pueblos, y, además, pagamos el pato por cosas que no venían a cuento: y esas fotos horribles de cuerpos carbonizados en vida, o, peor aún, supervivientes con su carne hecha jirones y la mirada vacía y extraviada de los que van a morir dentro de pocos días o años, entre tormentos atroces, esas brigadas de quinceañeros que trabajaban en Protección Civil transformadas en harapos ennegrecidos con sus botones metálicos fundidos, ese pobre infeliz sentado en una escalera de piedra del que solo ha quedado la sombra de su cuerpo... podrían haber muerto felizmente en sus camas, años y años después, o incluso ser los amables y sonrientes ancianos con los que te cruzarás, cuando salgas del Museo buscando una bocanada de aire fresco, y pasees por las calles de una ciudad viva, limpia, ordenada, con los uniformes de los escolares ya preparados en los escaparates para el nuevo curso, pero sobre la que planean, invisibles pero siempre allí, decenas y decenas de miles de ausencias.












domingo, 2 de agosto de 2015

Misión en Asturias: ¡El segundo cuento del Oso, basado en hechos reales!

Hace años, visitando Asturias, recorrimos parte de una antigua vía férrea, transformada, en atención a que atraviesa una de las comarcas más oseras del Principado, en la Senda del Oso, experiencia que os recomiendo vivamente; allí, en un gran cercado, vivían entonces dos osas hermanas y ligeramente maduritas, por no decir viejas: Paca y Tola, creo que rescatadas de un circo, o algo parecido. En ese cercado de Proazas, junto con varias decenas de turistas, fuimos espectadores de los vanos intentos por cubrirlas que hacía Furacu, un enorme oso procedente de la reserva cántabra de Cabárcena, enviado por el Presidente de Cantabria, entonces y ahora, que no es pariente mío, pero que me cae muy bien, aunque sea un poco  bocas... alardeaba de haber cebado a Furacu con las famosas anchoas cántabras, las mismas que regalaba a Juan Carlos en sus visitas en taxi a La Zarzuela.

En la Senda del Oso, Proazas, Astúrias


Parecía que una de las hermanas se ponía a tiro; Furacu acudía solícito, con una  delicadeza insospechada en un bicho tan grande, mordía cariñosamente a la osa en el cuello, se disponía a entrar en acción... y la osa se alejaba, poniendo su trasero a buen recaudo; un "ohhhhh!" de decepción recorría la masa de turistas, y el pobre Furacu refrescaba sus ansias metiéndose en la piscina.. varias veces en nuestra presencia, se repitió la situación, defraudando nuestro deseo de que la cosa tuviese un final feliz, hasta que una cuidadora, dando el tema por imposible, empezó a tirarles manzanas desde el otro lado del cercado...



¡Venga, tonta...!
 



Imaginando situaciones para mi Oso, parece bastante normal que lo enviase a Astúries, a obtener un primer éxito allá donde su colega Furacu había fracasado; pero no podía hacerlo por su cuenta: la vertiente política del asunto requería hacer entrar en el relato a otros personajes. Así aparece por primera vez el Presidente de la Comunidad Autónoma de Aragón, futuro amigo y jefe del Oso, que comparte alguna característica física y biográfica con el personaje real,  con el que tan solo había yo mantenido una breve, pero agradable, conversación, al serle presentado por un amigo común, o se cita de refilón al President Montilla, de la Generalitat de Catalunya, o al propio Consejero de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, que ejerciendo una responsabilidad anterior me había invitado amablemente a una Jornadas... ni que decir tiene que he tomado prestadas sus imágenes públicas bajo mi entera y absoluta responsabilidad, sin que en nada puedan o deban recoger mis personajes ninguna opinión o característica atribuibles a los reales...y en el improbabilísimo caso de que estos cuentos lleguen a sus oídos, espero que los acepten como una mera broma.

Igualmente, en el caso de Furacu...


¡Nada, tío, que hoy tampoco ligo...como si a ti no te hubiese pasado nunca!




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Misión en Asturias


 

 


 ¡Hombre, tú por aquí otra vez, con la cámara a cuestas…. Ya veo, hoy va la cosa de florecitas… pues cambia el objetivo, pon el tele, que queda más natural, y me haces dos posados ahí en la ladera, sácame el lado bueno, y luego ven aquí, que te voy a contar lo que me ha pasado, que, si no lo cuento, reviento…

¿Te acuerdas el día que nos vimos, que yo me iba tan contento porque había olido una hembra en celo…? Pues fui siguiendo el rastro, que cada vez se hacía más intenso, hasta llegar a un calvero en el bosque, donde alcanzaba ya niveles embriagadores, turbadores… cuando más turbado estaba –no te rías, cabrón-, cayó sobre mí una red, y un grupo de tíos con pantalones de pana, que me redujeron en un momento, no sin recibir una buena ración de mangazos por mi parte, que también tengo mi genio. Pero –perspicaz que es uno- ya me di cuenta de que había un ambiente distinto, como de más respeto, no se… ni siquiera comentaron lo gordo que se me había puesto el culo desde la vez  anterior… en un momento, me pareció vislumbrar, entre los árboles, varios Audis negros, tienen los jefes cerca –pensé-, veremos qué pasa…

Pues eso era, claro: me cepillaron para quitarme las brozas  y dejarme más aparente, y se plantó ante mí el mismísimo Presidente de la Comunidad Autónoma, ese, el de la barbita, buen zagal, majo… vosotros tenéis uno un poco soso, ¿verdad?... ¡Ah!, ¿que tú eres medio de aquí…? ya me lo parecía, por el acento, vamos, y que no te veo muy industrioso, si me permites… Pues eso; pidió a sus acompañantes que se apartasen a una respetuosa distancia, se sentó a mi lado, y entró rápidamente en materia:

Resulta que el Principado de Asturias tiene dos osas, dos hermanas un poco mayorcitas, que viven en un cercado en semilibertad –eso dijo, te lo juro, como si la libertad tuviese grados…- y están especialmente interesados en que se reproduzcan: los oseznos, tan simpáticos, tan entrañables –sobre todo, si no los tienes que aguantar tú-… venden mucho, ya se sabe. El Presidente de Cantabria, que es un bocas, les ha prestado varios años un colega, un tal Furaco, para resolver el tema: me pasa un dossier de prensa, y me quedo acojonado… ¡vaya tío!... es un armario, dicen que es medio grizly…. Bueno, pues mucha fachada, pero efectividad, cero: las osas siguen como Yerma, y los asturianos, que llevan gastada una pasta, ya se han cansado y piden resultados. En el último Comité Federal del partido, el Presi de Asturias le pidió al nuestro que le echase una manita, que a Montilla no se atrevía a pedirle nada porque lo veía un poco cabreado con lo de la Sentencia, y éste, que no sabe decir que no, dijo que bueno, y aquí me tienes a mí…

De todas maneras, la responsabilidad me abruma… intento una escapatoria, y le propongo que envíe al Consejero de Medio Ambiente, que es más grande que yo, pero me dice, susurrando, que no puede ser, que es del PAR y que, ya que no tiene ningún oso afiliado al PSOE, prefiere pedírselo a un independiente… ¡sutilezas de los gobiernos de coalición!... me coge por los hombros, me mira fijamente a los ojos, y me dice: “¡Hazlo por el Honor de Aragón!”

¡¡El Honor de Aragón!! Yo, que soy hijo de eslovena, y de padre a saber… que he nacido entre Andorra i l’Ariège, que me siento un ciudadano del Mundo… pero esas chorradas te afectan, te lo aseguro… es lo que tiene el Nacionalismo, que no necesita mucha cabeza, que es una cuestión de tripas… veo, en un momento, revolotear alrededor mío a Agustina, al Conde de Aranda, a Goya, a Ramón y Cajal, a Costa, a Conchita Martínez… Don Luis Buñuel me da un golpecito en la espalda… “¡Anda, zagal, que son dos polvetes, veinte le hubiese echado yo a Catherine Deneuve, si se hubiese dejado….!”  No puedo resistirme, me pongo firmes, levanto el morro, y grito con todas mis fuerzas: “¡¡Señor, si, señor, lo haré…!!”: el Presi me abraza, veo una lagrimita en sus ojos, y se despide de mí aplicando la Ley de Lenguas. “¡¡Muy bien, muchacho/ apa, noi/ entabán, mesache!!”

Enseguida entran los asesores de imagen: me dicen que me han bautizado –sólo para ésta operación, me aclaran- y que, a partir de éste momento, soy “Cachirulo”, y me atan un pañuelito a cuadros alrededor de la cabeza. Me siento un poco ridículo, me recuerda al japonés ese que canta jotas, pero me miro en el espejo, pongo las patas en jarras, y ya empieza a hacerme gracia el asunto…

A partir de aquel momento, qué te voy a contar: ruedas de prensa, tratamiento VIP, unas comidas que te mueres, un traslado en jet privado, una caja acolchada y climatizada, y, cuando me doy cuenta, ya estoy en Asturias, patria querida. Aquello es una pasada, está literalmente lleno de osos; huelo –nosotros ver, vemos poco; nos olemos- lo menos quince o veinte en la misma comarca, yo, que estoy acostumbrado a tener miles de hectáreas para mi solo, da un poco de agobio, no se cómo aguantáis vosotros el “Metro”… y, en medio de un cercado, con su piscinita y todo, me están esperando las chicas.

La primera impresión no es ni buena ni mala: simpáticas, un poco pasaditas de edad para mi gusto, mucho jijí, jajá, pero tienen toda la pinta de ser de las que, cuando bailas lentos, te ponen los codos y hacen la cobra. Feromonas no huelo ni una ni media, un poco a rancio, y a las gotitas de pipí que se les escapan cuando les cuento algún chiste. La mayor, además, fuma. Preveo complicaciones.

Pero lo peor son los espectadores. ¡Es increíble! Alrededor del cercado hay centenares de personas: veo ciclistas, con sus culotes amarillos o verdes pistacho, excursionistas con sombrero y bastones telescópicos, fotógrafos, montones de fotógrafos… ¡Niños! ¡¡Han venido con los niños! ¿Estáis locos? Me imagino la escena, ésta mañana, el papá diciendo a sus hijos. “¡Venga, terminad de desayunar, que tenemos que ir al campo, a ver follar a los osos!”, y el hijo mayor, protestando… “¡Los osos follando, otra vez, no, que es un palo, cuatro culadas y ya está,… prefiero quedarme en casa jugando con la consola…!” y la madre, conciliadora… “¡Venga, Jonathan, cariño, vamos a ver follar a los ositos, y luego haces un trabajo para Naturales, y, si te portas bien, te quito el filtro de Internet y puedes entrar en páginas de chicas…!” Ya no tenéis valores, ni sentido común, ni pudor… coreaban mi nombre. ”¡Cachirulo, cachirulo, oé, oé oé…!! No sabía dónde meterme, la verdad…

Por suerte, llega la noche. Viene también un veterinario, que les pone unas inyecciones a las mocitas, sale la luna llena, susurra el viento entre los árboles,  un cuidador muy alcahuete toca la armónica junto al río…, no voy a entrar en detalles… no, agudo, a mí no hay que ponerme inyecciones.. tenemos un truqui, tenemos un huesecito… si claro, en la minga, donde iba a ser, el os penis, bendito sea, bien se nos vale… ¡Ya te veo la cara de envidia, cabrón...! vosotros, mucha evolución de capacidad craneana, mucho pulgar oponible, y siempre os olvidáis de lo fundamental… ¡Lo que ahorraríais en viagra! ¡La ruina para los sicólogos argentinos, se acabaría aquello de “E’to, lo que vós tenés es un bloqueo emosional….”!.... total, bien, para que negarlo, la cosa salió bien: quedamos tan amigos, nos dimos los teléfonos, y a mi me devolvieron a Valle Añisclo, que se está de coña, y hay poca gente mirando…

Y ahora viene lo mejor: hace unos días me llegan las pruebas y…..¡¡Tachán!! ¡¡Dos de dos, chaval!!, para ser la primera vez, pas mal, ¿verdad? Y aquí no hay que hacer pruebas de ADN… ya las he llamado, y he quedado en pasarme para el bautizo… pero, el más emocionado, el Presidente: parece el abuelo: otra vez ha soltado la lagrimita, me ha abrazado, y me ha dicho que le pidiese lo que quisiera. Pero ya sabes como son los políticos, le he dicho que me haría mucha ilusión comerme un cazador, y enseguida han empezado los peros: que si generan muchos ingresos con  las licencias de caza y los permisos de coto, que si van armados y son peligrosos… pero me ha venido a decir que, si alguien encuentra a faltar un fotógrafo de Naturaleza, que ellos harán la vista gorda…. ¡¡No corras, coño, que es una broma…. Que te vas a matar…..!!

 

 


Julio 2010