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domingo, 19 de enero de 2020

Halvdan, el vikingo...

Acabando de llegar de Estambul, ayer, en Santa Sofia, me pareció rozar una presencia humana de más de once siglos atrás...




¡Hola, amigos...! Me llamo Halvdan, y soy vikingo... no, no llevo cuernos en el casco, ¡qué pesaos os ponéis con eso...! fue cosa de mi primo Vicky, que, de jovencito, tenía opiniones muy particulares sobre el vestuario... sí, algo rarillo era... yo llevo el reglamentario, de soldado romano... si, claro, del Imperio Romano de Oriente, del otro ya no queda ni el recuerdo, qué os voy a contar...

En principio, hacerme soldado romano me pareció un carrerón... ahora no estoy tan seguro... papá me recomendaba que me quedase en el Rus de Kiev, que habían fundado unos años atrás...  "Hazme caso -me decía-, esto de Rusia tiene futuro... lo de Bizancio, sí, tiene prestigio, pero lo veo como algo decadente, ¿no...?"... yo no le hice caso, y me apunté al Ejército del Emperador... la paga no estaba mal, y el uniforme... a la vista está, ¿a que me cae bien...? ¡Pues tendríais que ver a los catafractos, con sus caballos blindados, que meten miedo...! vale que allí no admiten a cualquiera, y menos a un guiri... tienes que tener varias generaciones de romano, o de bizantino... los vikingos, que somos muchos, vamos como de relleno, para hacer bulto... tenemos prestigio, eso sí, porque dicen que somos algo brutos... no han visto aún a los Almogávares, lo mejor de cada casa, unos auténticos animales...

Pero ahora la vida militar me está resultando bastante aburrida... de momento, no hay quién nos tosa, apenas si hay expediciones a los confines lejanos del Imperio, los bárbaros -¡jé, hasta yo los llamo así, y somos medio parientes!- no han digerido sus conquistas en el Oeste, aunque se habla muy bien de un tal Carlomagno, que parece que está controlando bastante la situación, y los moros, esos que cuentan que han invadido Hispania, aún nos quedan lejos... si lo pienso bien, me hubiese divertido más con mi primo Leif, el hijo de Erik, hermano de mamá... me ofreció irme con él a Hibernia y Britania... saqueos, botines y violaciones garantizadas... en su última carta me hablaba de una expedición que está preparando a no sé donde, algo así como la Tierra de las Viñas, al otro lado del Mar Grande, donde los hombres fuman en pipa y llevan plumas...

Pero, de momento, aquí sigo, y aún me quedan tres años de contrato... aburrido como una ostra... hoy, por ejemplo, me ha tocado guardia en Hagia Sofia... de lo peor... además, oficia el Patriarca... un pelmazo, os lo aseguro... no hay sermón que baje de la hora, y te duermes, es que te duermes... le llaman Crisóstomo, el Boca de Oro, yo creo que de cachondeo... además, habla un Griego pijo que no hay quien lo entienda... yo he aprendido el Griego de los soldados, claro,  palabrotas y bromas groseras... "¿Cuánto hacen monos más tetra...? ¡Penta...! ¡Por el proctos te la hinco...!... vamos, como para entender al Crisóstomo...  un día estaba yo al lado mismo del Emperador, un vejete simpático.... en pleno sermón, se quedó roque... teníamos órdenes de, cuando eso pasaba, toser discretamente, y así lo hice.. se despertó, me miró, sonriendo, y me dijo "Qué coñazo, ¿verdad, chico...?"

La cosa se anima un poco cuando asiste la emperatriz... ya está vieja, tiene que andar por los treinta, pero se nota que, de jovencita, debía estar bastante bien... un poco guarrilla, además, los viejos de la guardia cuentan y no acaban... lo que más le gustaba era bajar al paddock del hipódromo, a ver a los aurigas.. claro que el asunto le tiraba, le venía de familia, su padre era el encargado de los leones en el circo, mundo del espectáculo... pero es que ella se llevaba por delante todo lo que se meneaba, igual le daba que fueran azules o verdes, los dos bandos irreconciliables, ella, decía, estaba por encima de esos partidismos, una centrista, vamos...

Pero hoy no está, debe tener auriga nuevo, y la misa está durando lo que no está escrito... yo me hice cristiano, claro, si quieres llegar a cabo no hay otro remedio, pero, la verdad, a mí, si no hay sacrificios humanos, las misas me aburren... me contaba mi abuelo qué risas, cuando le sacaban a un tío los pulmones por la espalda, para dejar contento a Odín... digo yo que las viejas religiones sí entendían las auténticas necesidades de los hombres... esto del Cristianismo, la verdad, lo veo como algo soso, y un punto tétrico, mira esos mosaicos, tan serios, ese que me mira desde ahí arriba asusta un poco, ¿no...? tiene pinta como de funcionario, nada que ver con Thor, tan majete, tan musculado, con su martillo... y encima, parece que me mire de reojo...



Aquí estoy, apoyado en la barandilla de la galería superior, haciendo como que vigilo... y claro que vigilo, que no venga el sargento Teodosio, un mal bicho, que me la tiene jurada... anteayer me metió la segunda imaginaria arrestada, por llevar mal atadas las cintas de la sandalia, el muy cabrón, cómo se fija en esos detalles... lo veo al otro lado de la galería, puedo relajarme un poco... saco mi daga, voy a escribir sobre la balaustrada... "El sargento Teodoro es..." ¡vaya, ahora no me acuerdo de con qué runa se escribe "gilipollas"...! venga, pondré otra cosa,  ¡Venga...! ahora firmo: "H, A, L,V, D, A, N..." el día del Mañana, cuando los restauradores lo vean, van a alucinar, seguro...


martes, 17 de septiembre de 2019

Pasaje a la India

Ahora sí que parece que nos vamos...




Yendo todo bien, mañana, a estas horas, vía Amsterdam, estaremos ya camino de la India: un viaje relativamente inesperado: no figuraba entre mis destinos favoritos, ni entre los de Blanca, aunque es mucho menos selectiva que yo, iría a todas partes, ni coincidía en nada con mis preferencias habituales -países limpitos y ordenados- y lo elegí, curiosamente, yo, por una especie de sentimiento de justicia: no tenía sentido no conocer, teniendo la posibilidad, el segundo país más poblado de la Tierra -pronto adelantará a China que, con su política de restricción de la natalidad conejil, se han pasado de frenada- , uno de los de más rápido crecimiento económico -muchos años por encima del 7%, poca broma-, que parece que ha superado los clichés de hambrunas periódicas -exporta alimentos-, aunque un aterrador porcentaje de su población siga por muy debajo del umbral de la pobreza, e incluso se ha permitido, hace pocos días, el lujazo de perder el contacto con su primera sonda lunar, y era una pena ver el centro de control de su NASA india, las señoras con sari, los caballeros con chalequito de mercadillo, llorando a moco tendido ante una desgracia tecnológica que pocos países están en condiciones de padecer.

No hay muchos indios en Barcelona, más bien diría que hay pocos, mientras que sus vecinos y archienemigos pakistaníes parece que se han venido todos, a regentar colmados 24/365 y a subir a las casas de expectantes señoras mal atendidas pesadas bombonas de butano... mis primeros indios .y, durante muchos años, los únicos- eran los propietarios de una tienda en plena Vía Laietana, de material electrónico y relojes, de la que he sido cliente regular, y aún visito de vez en cuando: el jóven -es un decir- es un chico de mi edad, moreno pero nada exótico, que habla Castellano y Catalán con absoluta fluidez, pero le acompañaba -hace tiempo que no lo veo, me temo lo peor- su padre, supongo, un señor mayor, de canoso bigote rematado en punta, silencioso, que todas las mañanas, antes de abrir, regaba el suelo de la tienda con el contenido de una pequeña vasija de cobre: muy poco riego para ser cuestión higiénica, más bien me parecía una "Puja", un acto religioso destinado a mantener fuera los malos espíritus, o los descuideros, o, simplemente, a implorar la protección divina -tienen donde escoger- para la cuenta de resultados del negocio, a saber... la tienda, como os digo, sigue ahí, ha sobrevivido a los astronómicos incrementos de alquileres comerciales en el centro de Barcelona, de donde se deduce que la "Puja" ha resultado tremendamente efectiva: de todas maneras, y hace ya muchos años, abrieron una segunda línea de negocio, y ahora los relojes Casio y las chorradicas para ordenadores comparten escaparates con la variadísima imaginería religiosa hindú, que gana por goleada a la nuestra -que tampoco es manca-, y entre la que destaca ese dios con cabeza de simpático elefantito que, por lo que me dicen, surte efectos parecidos al gato de la patita de chinos y japos o, si a eso vamos, a nuestro San Pancracio...

Eso es lo que espero encontrar en la India, un cruce desconcertante entre una Economía donde las Tecnologías de la Información y la Comunicación ocupan a una parte importante de su fuerza de trabajo -instruídos, anglófonos, que copan los centros de investigación científicos en los Estados Unidos, no hay más que ver al Rajesh de "The big bang theory", mi serie de cabecera- pero donde el estiércol de vaca sigue siendo la principal fuente de energía en las zonas rurales; esa mezcla de tradición e innovación, corregida y aumentada hasta el extremo, que tanto me llamó la atención en Japón... porque claro que también se da aquí, y un sevillano puede trabajar en el diseño del Airbus y, en Semana Santa, hacer de costalero en un "Paso", pero estamos hablando de una tradición a años luz de la que, por así decirlo, hemos "mamado"...

De todas maneras, y aunque es difícil desprenderse de los que llevas leído -y de los videos que llevas vistos en youtube-, intento ir sin demasiados prejuicios, aunque cargue en mi equipaje con un agorero desinfectante de manos, probióticos y suero en polvo, porque, si algo debe ser un viaje, es un ejercicio de apertura mental, un viaje interior mediante el cual metabolizas el nuevo y desconocido exterior que te rodea y que, si no te hace más sabio, por lo menos sí más "enterao"... un poco de olor a mierda no te va a estropear el placer de contemplar algunas de las obras de arte más bellas que ha sabido dejar tras de sí la Humanidad que nos ha precedido, y si pillas una diarrea, pues bueno, la última la pillé en Cap Breton, en plena Costa Vasca francesa, a pocos kilómetros de donde se reunía el G7,  así que...

martes, 30 de julio de 2019

¡Ya tenemos visados...!

Mis muy especiales relaciones con el papeleo burocrático...









Puede resultar sorprendente que una persona como yo, que ha sido funcionario toda su vida, odie profundamente cualquier tipo de trámite burocrático: entendámonos: los trámites por escrito y, muy especialmente, los on-line: si se trata de hablar, hasta ahora no he tenido grandes problemas de relación personal, siempre hay alguna posibilidad de ponerse de acuerdo, y si es que no, encima me convencen... pero esas interacciones impersonales con un formulario me ponen muy, muy nervioso, hasta el punto de que mi cardiólogo debería prohibírmelas, y no sabe el hombre lo agadecido que le quedaría.

Y no lo achaco a la profunda irracionalidad de algunas de las preguntas, no: el problema, bien lo sé, está en mí: hay algo que me repugna profundamente en las preguntas binarias, en las respuestas limitadas a tres o cuatro posibilidades cerradas; a pocas cosas en mi vida he podido contestar con un"sí" o un "no" rotundos, y muchas veces después -y cuando digo después pueden ser segundos después- me he arrepentido; no soy binario, lo siento, me gusta el matiz, el "si, pero...", el "aunque, bien mirado...", y así no se va a ningún sitio con un formulario delante; bien a mi pesar lo he comprobado, la de veces que he tenido que corregir, tachar o, mejor aún, romper el formulario y pedir uno nuevo.... creo que mi record está en un avión de Lufthansa, en vuelo hacia Nueva York; agoté todos los formularios en Castellano para la autorización de entrada en los Estados Unidos -la famosa ASTA-, y tuve que acabar rellenando uno en Alemán; y eso que me contuve ante la famosa pregunta sobre si era mi intención asesinar al Presidente de los Estados Unidos: en aquel entonces acababa de llegar a la Presidencia mi querido Barak Obama, y estuve valorando contestar: "A éste, justamente, no...", hasta que recapacité sobre el presumiblemente limitado sentido del humor de los funcionarios de Emigración que, además, deben ser republicanos de colmillo retorcido.

Por eso, el espacio Schengen me ha hecho un hombre... poder recorrer casi toda Europa con el mismo DNI con que te identificas como cliente de Caprabo, sin tener que escribir ni una línea en ningún jodido formulario, ni soportar la mirada inquisidora de ningún servidor público suspicaz es un placer que no podéis entender los que no habéis vivido la humillación de ver a un gendarme revolviendo tus escasas pertenencias a la recherche no de drogas ni de armas, sino de chorizo... recuerdo con qué satisfacción saltaba el verano pasado de Alemania a Suiza y de Suiza a Alemania sin recibir las ráfagas de MG42 que se llevaba el pobre Steve McQuinn por hacer exactamente los mismo en "La gran evasión"... pero, claro, no todo el Mundo es tan asequible, y aún quedan países que, como ciertas discotecas, tienen la "puerta dura", y suerte que no te preguntan, a la hora de entrar en ellos, si llevas calcetines blancos...

Hace días superé con un éxito inesperado el trámite de petición de visado para nuestro próximo viaje a la India: hay que decir, en su favor, que el procedimiento on-line está bastante bien diseñado -se nota que la programación informática, junto con la incineración de cadáveres, figura entre las mayores habilidades de su población- y no es menos cierto que la pregunta clave, por activa y por pasiva, era "¿Es usted pakistaní?", una de las pocas cosas a las que puedo responder, creo, con un rotundo "no", especialmente porque, en el momento de mi concepción, aún no había llegado a nuestros hogares el gas butano.

Sin embargo, pese a que las respuestas no ofrecían especial dificultad, no dejaba de sorprenderme el interés por los nombres de mis padres y su lugar de nacimiento, ni que, en el caso de mi padre, no me dejasen escribir la "ñ" de Boltaña, diciendo que no era un caracter alfabético, vaya cojones tienen, con el alfabeto que gastan ellos... también preguntaban si tenía yo alguna característica física especial, cosa que me hizo dudar algunos momentos... ¿tendría sentido añadir "Singularmente apuesto", con la intención de impresionar favorablemente a alguna estrella -femenina- de Bollywood...?, lo dejé correr, con un soso "none", y agradecí que hubiesen omitido una de las más problemáticas: "Tamaño del Lingam"

Llegando a un punto, mentí como un bellaco: "Pertenencia a organizaciones militares o paramilitares".... en un país de orgullosos lanceros bengalíes, fieros gurkhas, insurrectos cipayos... me pareció fuera de lugar alardear de mi modesta condición de cabo de ordenadores en la Jefatura de Automovilismo de la Quinta Región Militar; otro "none", aún a riesgo de que descubriesen mi superchería... ¿cuál podría ser el castigo, obligarme a hacer la "mili" allí...? poco probable...

El género, afortunadamente, no me creó grandes problemas: se abría un desplegable con tres opciones: Masculino, femenino y transgénero. Me sorprendió que, en éste último caso, no hubiese una nueva pregunta, mejor dicho, dos: "género originario" y "género actual", o incluso una tercera_ "¿Tiene previsto nuevo/os cambio/s de género...?" Tanta curiosidad para unas cosas, y tan pocas para otras: ni soy mujer, ni transgénero, por exclusión debo ver varón: pues eso, "male"...

No creáis, mis dudas crecían incluso ante las preguntas presumiblemente más inocentes: "Estado civil"... ¿Qué contestar, si creo que los tengo todos...? Nacido soltero, contraje Matrimonio ante la Santa Madre Iglesia, me divorcié -no una, sino dos veces, de la misma persona, caso poco frecuente-, recuperando mi soltería a los ojos de los Hombres -pero no a los de Dios-, el desgraciado fallecimiento de mi ex-esposa me transformó en viudo ante los ojos de Dios -pero no ante los de los Hombres-, y llevo más de treinta años de feliz convivencia con una señora sin más requisito burocrático que un acta notarial, bastante reciente... en éste caso agradecí que la respuesta fuese binaria: también se abría un desplegable: "single" o "married": "married" no estoy, luego "single"... temía que se abriese un nuevo desplegable: "¿Single pakistaní? si/no", pero no... siguiente pregunta...

Venía luego la página de las preguntas francamente incómodas; procesado por crímenes, tráfico de drogas, de armas, pederastia, trata de blancas... las instrucciones de la agencia de viajes decian: "Contestad "no" a todas"... gracias por el consejo, especialmente porque, según el formulario "Si la respuesta es "si", dé detalles..." ¿Detalles de qué drogas pasaba, cuántas armas y de qué calibre, edad de las "blancas" comercializadas...? ¿Puede hablarse de "trata de blancas" en un país donde muchas de las potenciales víctimas no lo son...? repasé mis muchas y variadas culpas, ninguna de ellas figuraba en el cuestionario, "no" a todas, y adelante...

Así, entre dudas y sudores, completé el cuestionario, lo envié, y ví con honda satisfacción como, al cabo de pocas horas, recibía un e-mail comunicándome que mi visado estaba "granted", es decir, concedido... sinceramente, esperaba que tardasen un poco más, que los Servicios Secretos abriesen un expediente, examinasen con detenimiento mis respuestas, las comprobasen, y emitiesen un detallado informe... "Ha mentido, llegó a cabo, pero, bueno, ya no está ni en la Reserva... y, definitivamente, no es pakistaní... por diez días, poco mal puede hacer... que pase...": dudo que les diese tiempo... sólo me resta agradecerles que accedan a compartir conmigo su curry y me dejen disfrutar de las maravillas de su país; Namaste, chatos...


miércoles, 7 de marzo de 2018

Dresden, también los buenos hacen cosas malas...

En Diciembre pasado visité, por segunda vez, la ciudad de Dresden, Dresde, decimos nosotros...


El Friso de los Electores; todo porcelana...


Cuando estuve en Praga, nos acompañó en una primera visita a la ciudad una guía colombiana, que vivía allí, así que mi primer contacto con la República Checa -después de las hermosas notas de "Mi Patria", de Smetana, por la megafonía del avión al aterrizar- fue acompañado por el suave acento de las orillas del Pacífico... nos decía: "¿Saben ustedes por qué la ciudad es tan linda...? Porque son mansos, no "peliean", y como no "peliean", no les destrozan la ciudad..."

No es el caso de Dresden, ni de otros que he conocido... y como algún experto en "big data" analice el hecho de que, nacido en Barcelona -que también llevó lo suyo-, he visitado Hiroshima, Gernika, Berlín y Dresden, llegará a la conclusión, sin demasiada base real. de que me atraen especialmente las ciudades que han sido cruelmente bombardeadas... todo lo contrario: las visito con una mezcla de horror, contagio del horror que en ellas se vivió, y sentimiento de culpabilidad, por pertenecer a una Humanidad que tales salvajadas comete...

De hecho, conocí Dresden por motivos laborales: me enviaron a asistir a unas jornadas sobre los Fondos Estructurales europeos, en un momento particularmente dulce: se acababa de inaugurar la azarosa vida del Euro, y Alemania miraba con mal disimulado orgullo la ampliación de la Unión Europea hacia el Este, el "Drang nach Osten" de la geopolítica alemana de siempre, y allí estaban los nuevos socios europeos, deseosos de pillar algún eurillo para remediar su crónica falta de infraestructuras, y hablando obsequiosamente en Alemán... "¡Fíjate -le decía yo a otro hispano: como siempre, nos habíamos agrupado instintivamente por nacionalidades. acogiendo en nuestro grupo, por puro iberismo, al andorrano y al portugués- éstos acaban de ganar la Primera Guerra Mundial; es cuestión de tiempo que ganen la Segunda..."

Para asistir al Triunfo de la Voluntad germana había llegado en un vuelo nocturno, y el taxista que me llevaba al centro de la ciudad, con mal disimulado orgullo, detuvo su coche junto a un puente, para que disfrutase de la vista de los edificios iluminados reflejándose en las aguas del Elba... "Wie Schön!", chapurreé en Alemán, "¡Qué hermoso...!"... y el taxista me debió contestar algo así como: "¿A que sí...?"



Porque a Dresden la llaman "La Florencia del Elba": todas las comparaciones son odiosas, es verdad, pero Dresden es, o era, o fue, una ciudad realmente hermosa; con esa gracia especial de las ciudades con río, sus edificios renacentistas y barrocos bien valían, por sí solos, una visita... pese a que todos, absolutamente todos, habían sido reconstruidos después de la tragedia que se abatió sobre la ciudad.

Entre los días 13 y 15 de febrero de 1945, más de mil cuatrimotores ingleses y americanos machacaron el centro de la ciudad; unas 4.000 toneladas de bombas explosivas e incendiarias, que originaron una "tormenta de fuego" que mató -y ahí las estimaciones varían, como en las manifestaciones- entre 25.000 (según la Guardia Urbana) y 100.000 personas. Prácticamente todas civiles, porque los únicos edificios intactos resultaron ser los cuarteles... todavía se discute si Dresden era un objetivo militar o se trató, simplemente, de una acción gratuita y terrorista, sobre una ciudad atiborrada de refugiados que huían -no sin motivos de peso- del avance soviético, y en un momento en que Alemania estaba ya claramente contra las cuerdas: en todo caso, los responsables de la acción tuvieron la suerte de ganar la guerra, y así asegurarse que no deberían responder ante ningún tribunal, e incluso que una película sobre lo majos que eran arañaría alguna cosa en los "Oscar"... en todos los edificios que visitaría en los días de mi estancia figuraba una placa con tres fechas: construcción del edificio, destrucción "Por los ataques aéreos terroristas anglonorteamericanos del 13, 14 y 15 de Febrero de 1945", y fecha de la reconstrucción por la República Democrática Alemana...

¿Todos reconstruidos...? No, por supuesto: se reconstruyeron los más notables; el resto de la ciudad era -y sigue siendo- más bien rara, con grandes avenidas en el lugar donde debían hacinarse casas medievales o poco más modernas, y edificios de estilo utilitario-socialista, sólidos, pero no excesivamente afortunados desde el punto de vista estético; tonterías, las justas...

Quedó uno por reconstruir; la Iglesia de Nuestra Señora, la Frauenkirchen.

Cortejo de los Electores: Friedrich es el único que mira al público...


Vale la pena comentar un poco la historia de éste edificio: a finales del Siglo XVII, el Elector -príncipe soberano- de Sajonia, Friedrich August II, casó con la heredera de Polonia, y se convirtió, así, en heredero del trono polaco: para aspirar a reinar en Polonia - como ahora, ni más ni menos- era imprescindible ser católico, y el luterano príncipe no tuvo el menor inconveniente en convertirse, edificando al mismo tiempo una hermosa iglesia papista en el mejor solar de Dresden, junto a sus palacios gemelos, su residencia y la de sus amantes, unidos por un oportuno puentecillo, por si las prisas...

Ésta es la Katholische...


La indignación de sus súbditos, todos devotos protestantes, fue considerable: hoy lo hubiesen resuelto con una cacerolada, pero entonces decidieron darle en los morros en forma más artística, y costearon la construcción de la mayor iglesia de la Cristiandad... reformada: y así nació la Frauenkirchen.

Cuando la bola de fuego originada por el bombardeo alcanzó la Frauenkirchen, ardió como una tea en su interior, pero el exterior permaneció incólume... ¡milagro!... pero milagro efímero; en cuanto cesó el fuego y las piedras se enfriaron, se desplomó como un castillo de naipes.

Así la conocí yo; en ruinas; y no porque mis camaradas del Partido Socialista Unificado de Alemania tuviesen manías hacia las cosas de curas o de pastores -reconstruyeron un montón de iglesias-, sino porque quisieron dejar un recuerdo de lo bordes que podían ser, a veces, las democracias occidentales capitalistas... pero se había producido la Reunificación, y la Nueva Alemania de Kohl no tenía ya necesidad de aquel montón de cascotes; había que reconstruir también la Frauenkirchen, y todo Dresden estaba lleno de urnas de metacrilato donde se recogían las aportaciones populares... me acerqué ceremoniosamente a una de ellas, y deposité un euro; viniendo de un país del Sur, pobre y endeudado, más que suficiente.

Bajo el oropel de la Reunificación latía una realidad distinta; una ciudadana de Dresden, que nos acompañaba, nos explicó lo que estaba pasando... las viejas fábricas socialistas habían sido privatizadas y vendidas a empresas occidentales, que rápidamente las habían cerrado, para vender allí sus productos... los jóvenes no encontraban trabajo, y emigraban al Oeste... sólo se había construido una flamante factoría de Volkswagen, acristalada y transparente, se podía seguir desde la calle todo el proceso fabril; pero sólo se montaba un modelo de lujo, poquísimas unidades... Dresden, como toda la Alemania Oriental, había pasado de ser la región más industrial de la Europa Socialista a uno de los múltiples culos de la Europa Capitalista... en las elecciones se mantenía una fuerte presencia de la Izquierda -es decir. de la izquierda a la izquierda del SPD-, pero cada vez subía más la extrema derecha...

Recuerdo al respecto que, el último día de las jornadas, nos recibió oficialmente el alcalde en el Salón de Gala del Ayuntamiento, donde nos habíamos reunido; ya al llegar, me sorprendió ver un inusual despliegue de antidisturbios: mientras el alcalde nos hablaba, vi por una ventana un numeroso grupo de gente que, formados y caminando marcialmente, se acercaban al edificio: vestían todos cazadoras de cuero, calzaban pesadas botan militares, hacían ondear banderas con los viejos colores imperiales -blanco, negro, rojo....- y gritaban rítmicamente consignas... "¡Coño, los neonazis!", me dije...al alcalde le susurraron algo al oído, se despidió apresuradamente de nosotros, y lo vi acercarse al grupo de manifestantes y hablar con ellos... a nosotros nos sacaron por una puerta lateral, sin darnos demasiadas explicaciones... al día siguiente, los titulares del periódico local me ampliaron la información: el equipo de fútbol de Dresden estaba a punto de ser expulsado de la Bundesliga por deudas, y sus seguidores habían ido a exigir que el Ayuntamiento se hiciese cargo de las mismas.. como podéis suponer, lo habían conseguido...

Conservaba un magnífico recuerdo de Dresden, quería que Blanca la conociese, y, qué caramba, también tenía curiosidad por ver en qué se habían gastado mi euro... por eso, en mi última visita a Berlín, contratamos una excursión a Dresden... no era exactamente igual, en vez de unos luminosos y cálidos días de Mayo -ya dicen los alemanes que "Cada Primavera sólo tiene un Mayo"- era Diciembre y hacía un frío que pelaba, y una excursión en autocar, con unos compañeros mitad anglosajones, mitad israelíes (¿Schadenfreude...?), tampoco es mi ideal de visita, peeeero...

Primera imagen de una naranja, la "Appelsinne", la "Manzana de China"...


Dresden no me defraudó: sigue siendo una ciudad hermosa, y a Blanca le encantó: coincidimos, además, con los mercados de Navidad, que en Alemania son todo un espectáculo, y, en un Domingo, la ciudad estaba llena y animadísima... pude recorrer los lugares que recordaba, siempre con algún pequeño problema; encontré cerrada la cervecería municipal, en los bajos del Ayuntamiento, donde había comido y bebido muy bien, pero dimos con un restaurante cerca, donde pude probar un guisote de Wildschwein (Chabalín, para los amigos) más que aceptable...

Como os podéis imaginar, visité mi Frauenkirchen. nada que objetar, le han sacado provecho a mi oiro... aunque han usado algunas piedras de la antigua, tiene aún ese cierto aire Exin Castillos de los monumentos recién restaurados, pero ya irá tomando pátina con el paso de los años, le deseo que siga allí en pie hasta, por lo menos, el próximo ataque aéreo terrorista anglonorteamericano... pasamos rápidamente por su interior, porque estaban diciendo Misa, o lo que tengan a bien hacer los protestantes, que en eso no entro... impresionante también, sehr Gut...

"Mi" Frauenkirchen...


... y su cúpula...


Visitamos también un Weinachmarkt de pago... lo hemos visto por primera vez en ésta ocasión, mercados de Navidad donde hay que pagar una pequeña entrada; dentro se parecen más a nuestras ferias medievales, con chicas de falda hasta el suelo y corpiño y chicos de leotardos y chalecos de cuero, vendiendo cosas más o menos artesanales y más o menos viejunas.... para beber, cerveza y gluhwein, ese vino caliente, azucarado y especiado que, lo confieso, me gusta bastante, en fríos días -o, mejor, noches- invernales alemanes... también este año he apreciado una explosión de gluhwein temático, con frutas variadas... muy bien, se pueden beber... no comparto la opinión de un amigo que me decía: "No hay vino, por malo que sea, que se merezca que hagan eso con él..."



Antes de despedirnos de Dresden, en la plaza del Ayuntamiento, la Rathaus, dos monumentos curiosos...

En el centro de un cuidado parterre, la Trümmerfrau, la mujer trabajadora en el desescombro... Alemania fue desescombrada por mujeres, viejos y niños; los jóvenes habían muerto o estaban en lejanos cautiverios... la Trümmerfrau, botas de soldado, mandil y azada en la mano, pañuelo en la cabeza -¡cómo se pondrían de polvo y cenizas...!- mira, confiada, hacia el Futuro, el Zukunft, que allí le prometían socialista... confío en que, por lo menos, le haya quedado una pensión medio decente, en esta tierra despiadada y liberal...




Y ya en la puerta de la cervecería municipal -benemérito servicio público que todo ayuntamiento debería prestar a sus vecinos-, un Baco, borracho como una cuba y en pelota picada, resbalando sobre el lomo de un burro que no parece más sereno que él... como sabéis, hay casi en cada ciudad turística alguna cosa que hacer si quieres volver allí: en Barcelona, beber agua de la Font de Canaletes; en Girona hay que besarle el culo a una leona; en Dresden, vaya por Dios, frotarle la punta del haba a Baco... el bronce está casi desgastado, de tanto roce... yo lo hice en mi primera visita, y funcionó; lo he repetido, mirando a derecha e izquierda para no ser visto por nadie en semejante trance... no me importaría que el prepucio del dios volviese a conducir mis pasos hacia la hermosa ciudad del Elba, auf Wiedersehen, Dresden...












jueves, 22 de febrero de 2018

Oporto, hija de un río...

... y a mí me gustan las ciudades con río... más que las ciudades con mar...








¡¡Un momento...!! ¡Dejadme que me explique, no empecéis a lapidarme...! el mar no tiene nada malo, en lo absoluto, pero lo considero un exceso... tanta agua... ¿para qué....? yo me quedaría, como mucho, con los cien primeros metros, o la cota donde vivan atunes y bacalaos... pero, ¿la Fosa de las Marianas...? ¡¡Diez kilómetros tó p'abajo, poblada de seres feos, de ojos saltones, gambitas de colores, sin sustancia... y las olas... ¡sobrevaloradas!, me he bañado en una piscina en Budapest, con olas, y son bien fáciles de hacer... total, en el mar, lo mejor está en la orilla... los percebes, en las rocas; las ostras, en bateas; las almejas y las chicas en topless, en la arena... aún me gustan las ciudades con mar que parece río, y estoy pensando en San Sebastián, en Santander... pero, en la playa de Barcelona, miras al frente... ¡si aún se viesen al fondo los blancos minaretes de Argel, o, por lo menos, Sa Dragonera y la Serra de Tramuntana..!. ¡nada, una raya monótona, igual a derecha e izquierda, sólo rota por la silueta de algún portacontainers... !

Me gustan los ríos porque son útiles -se pueden beber, puedes hacer molinos-, humildes, y a la medida del Hombre: por lo menos, a la mía; soy hombre de río y animal de gorga, lo sé desde siempre: me gustan los ríos porque, generalmente, se les ve la otra orilla, y sabes que, como nosotros, tienen principio y final, hasta en eso son humanos... y me gustan las ciudades apiñadas junto a un río, volcadas en un río, que nacen del río, y en él encuentran su razón de ser...

Por eso, entre otras cosas, me gusta Oporto; es una ciudad fluvial, su madre es el río, sin río no estaría allí... el "Porto" donde nació es el puerto fluvial del Douro, el Duero... tengo poco trabajado el Duero, y es una pena: lo he visto en sus tierras sorianas que tanto amaba Antonio Machado -ayer un amigo recordaba el triste aniversario de su triste muerte en el exilio-, bajando jovencito de las peñas del Urbión, y lo he cruzad varias veces más, pero pocas, puede decirse que me lo he bebido, pero no lo he vivido... es río tanto o más de vinos que de aguas, en Rueda, en su Ribera... y, por supuestísimo, aquí...

Volcada he dicho, y así está Oporto, volcada en el río... si Roma se fundó sobre siete colinas, Oporto está construida sobre auténticas cordilleras, de dimensiones himalayianas... para ir de un barrio a otro, pocos cientos de metros a vista de passarinho, tienes que coronar ásperos collados, tomar aliento, crestear sobre el vacío y, luego, acometer la cumbre... comentábamos con Blanca que no se veían ciclistas... propongo a los astutos empresarios sobrarbenses de "Zona Zero" que asesoren a sus colegas de Porto para transformar su ciudad en un gigantesco circuito de bici de montaña, aún sabiendo que un fallo en los frenos y eres hombre muerto, descalabrado y ahogado... el lunes tengo prueba de esfuerzo con mi cardiólogo, y digo yo si no me la podrían convalidad por un certificado del ayuntamiento de Oporto: "O senhor António Delgado Revilha ficou no Porto treis dias..."

Te dejas caer por las calles que conducen a la Ribeira, que, si nevasen, serían todas pistas negras, y, en la última revuelta, ya brillan al fondo las aguas del río... y te acercas a su orilla, envuelto en el bullicio humano de los paseos, por la tarde, junto a los animados bares, y te detienes a ver pasar los yates de pijos, los barquitos de turistas, los rabelos...

En  los rabelos está una de las claves de Oporto; las viñas donde nace el vino están a bastantes kilómetros, aguas arriba: las uvas se recogen, se pisan (manualmente, iba a decir, pedestremente es lo más correcto), el mosto fermenta, se enbarrican y, transcurrido un tiempo prudencial, los rabelos bajan las barricas hacia las bodegas de Porto, o, más correctamente, de la villa hermana, Vilanova de Gaia, porque Porto acaba en el río... son los rabelos barcas bajas y largas, de bellas maderas, propulsadas a vela las antiguas, las nuevas vaya usted a saber, y -ahora me meto a etimologista- quizás les viene el nombre del largo timón, como un gigantesco rabo, que hunden en las aguas desde su popa... parece que aún siguen funcionando, se ven muchos y en buen estado, dejando aparte los que han sido tuneados para transformarlos en transporte de turistas... al caer la noche, cuando la turistada empieza -empezamos- a desaparecer y las orillas del río recuperan su calma, los millares de gaviotas que, durante en día, se han cagado literalmente en nuestras cabezas, reposan también en las bordas, las vergas y los "rabos" de los rabelos...



Pero más aún que los ríos, me gustan los puentes... no conozco mejor obra del ingenio humano que el puente; lo que acerca, lo que une, lo que facilita el paso de uno a otro lado... bien hacían los romanos -que lo hacían casi todo bien- en tener por supremo magistrado al "Pontífex", el  Hacedor de Puentes, y cuantos Pontífices nos harían falta hoy... en Oporto voy servido: el crucerito que haremos por el río se llama "De los seis puentes": los hay de todos los tipos; de autopista, urbanos, de ferrocarril, por uno pasa el "metro"... muchos tienen el inequívoco aire de haberse construido con cargo a los Fondos Estructurales Europeos... por poner faltas, falta uno de gaseoducto -lo he visto en el Danubio-... y, ya poniéndome cruel, uno de Calatrava, son tan divertidos...

Aunque, en realidad, los seis puentes son cinco y uno: O Ponte, el Puente de Don Luis Primeiro, el puente que conocíamos todos los que no conocíamos aún Oporto...



El Puente de Don Luís Primeiro es de Eiffel, el de la torre; se podrá decir de él lo que se quiera, pero el tío dominaba el Mecano: a mí, seguro, me hubiesen sobrado media docena de vigas, y hubiese dejado treinta o cuarenta tornillos sin poner... la Torre Eiffel es un ejemplo de chulería, de ahí queda eso, ¡olé mis c....,!, pero el Puente Don Luís Primeiro es bello y útil, y poco mejor se puede decir de algo o alguien... sus dos niveles reflejan la orografía del lugar; para ir de uno a otro, hay un funicular, o un gasto de por lo menos 1.000 kilocalorías... por el nivel superior, pasan el metro y los turistas, el metro tocando la campanilla como un loco para que se aparten los turistas... por el nivel inferior, coches -pocos- y turistas, muchos más turistas aún...



En el sitio donde se construyó O Ponte hubo, tiempo atrás, un puente de barcas... una pequeña capilla recuerda la catástrofe que allí sucedió cuando, estando las tropas napoleónicas a punto de entrar en la ciudad, miles de vecinos corrían a refugiarse en ella, entraron todos a la vez en el puente, éste se hundió... ya os podéis imaginar... digo yo que Eiffel les podía haber construido el puente gratis, en desagravio por el desastre que causaron sus paisanos, qué menos...

Pero hasta O Ponte tiene truco; está en el lugar más estrecho del río, entre dos colosales columnas rocosas... vi indicaciones de un recorrido geológico interpretativo de la "Foz do Douro", me gustaría que mis amigos zaborrólogos del Geoparque de Sobrarbe me lo explicasen: las rocas donde se asienta O Ponte son oscuras, casi negras, antiguas, muy antiguas, nada que ver con nuestras calizas y areniscas sobrarbenses, que son de anteayer, total, hechas de bichitos... esas piedras del Douro parecen venir del fondo de la noche de los tiempos, de la era de los romanos, qué se yo, o de antes aún... piedras raíces, parece que toda la Península Ibérica se apoye en ellas para no caerse directamente al Atlántico y acabarla de joder de una vez...

A pocos kilómetros de O Ponte, O Douro ya es una lámina mansa, que baña puertos deportivos y edificios de lujo con vistas privilegiadas, dobla una escollera con farito en la punta, y muere dulcemente en el Océano... pero poco interés tiene su muerte, en el fondo, todas las muertes vienen a ser lo mismo, lo diverso y divertido, con un poco de suerte, es la vida, y la vida, a estas alturas, ya queda atrás...






miércoles, 21 de febrero de 2018

Lello e Irmao: el Paraíso existe...

Conforme van pasando los años, la existencia del Paraíso me va pareciendo una hipótesis más interesante, aunque poco probable...







Pero el Paraíso, para ser digno de ese nombre, debe estar necesariamente personalizado, "customizado", como se dice ahora... para algunos debe incluir elementos tan superfluos para mí como grandes estadios repletos de masas abanderadas y aullantes, donde sus equipos favoritos ganen siempre por goleadas con "hat tricks" de sus líderes... no he pisado nada similar desde que tengo uso de razón, ni pienso hacerlo, a no ser que se me manifieste una peculiar demencia senil...

Mi Paraíso requiere equipamientos muy concretos: una gorga de aguas frescas y limpias -y pocos turistas- donde nadar, y, muy especialmente, un sillón Poang -de nada, Ikea- con buena lámpara, o una tumbona en mi terracita de Boltaña... y libros, decenas, centenas, millares de libros para toda una Eternidad, libros variados, todos interesantes, todos absorbentes, interminables y, a la vez siempre cambiantes... libros que te cambien la vida -en este caso hipotético, la muerte-, que te hagan cada día más sabio, o más sensible, o ambas cosas, más adulto y más niño a la vez...

Pero los libros no nacen en los árboles; esa provisión inagotable requiere sus propias fuentes; Bibliotecas o Librerías fluviales, oceánicas, tanto me dan unas u otras, las librerías son más caras, pero para pocas cosas me importa menos gastar el dinero... librerías borgianas, inacabables, eternamente renovadas...



Hay en Porto algo que te aproxima a ese ideal de libraría paradisiaca: porque, además de llena de libros, muchos, muchos libros, también es bella: coincido con mi suegro, Sergi, en que los libros son el más hermoso elemento decorativo, y aquí se aúnan con maderas talladas, toda una selva de madera bellamente labrada, donde se adivinan manos de ebanistas orgullosos de su oficio... hay también cristales, no menos hermosos, y las formas curvas, cálidas, acogedoras... configuran un espacio donde no te importaría nada que se te olvidasen al cerrar y tuvieses que pasar todo un fin de semana allí encerrado, como en un culto y apacible claustro materno... si cerrasen los fines de semana, que no es el caso...



Lello e Irmao, que es el nombre de la librería, ha aparecido en algunas películas especialmente dirigidas al público adolescente, como la librería del Centro de Formación para Magos donde cursó sus estudios Harry Potter; no tengo absolutamente nada en contra de la magia y la brujería, me parece una excelente elección el escenario, y no me importa, al contrario, que esa fama mediática atraiga hacia la Librería una importante cantidad de jóvenes turistas... podrá ser un poco incómodo que un jóven con gorrito de punto te fastidie una buena fotografía, pero te alegras lo indecible de que esos muchachos y muchachas estén allí en aquel momento, y no en otros lugares, porque, seguro, algo de la auténtica magia del lugar se les pegará...

Han tenido, además, la genial ocurrencia de cobrar por la entrada: el precio no es prohibitivo ni disuasorio -aunque, por un poco más, te dan un menú completo a cien metros- y, además, se te reembolsa cuando compras un libro... ¡Cuantos visitantes no habrán caído en la trampa, y saldrán con un libro en las manos, para aprovechar la oferta...! más de una vez he pensado en un sistema promocional ligeramente parecido: ingresar en una librería la nómina, a primeros de més, y que, a finales, me devolviesen el importe que no hubiese podido gastar en libros comprados y leídos... seguro que no estaría tan gordo como estoy...

Pero ni las maderas bellamente talladas ni los miles y miles de títulos en varios idiomas hacen una Librería; detrás de ella son imprescindibles seres humanos cultos, entregados, sacerdotes del Libro, que guíen tus pasos, te aconsejen, te encaminen hacia las fuentes de placer que tanto buscas... en mi República Ideal y Perfecta, empleados de bibliotecas y librerías serían la Casta Sacerdotal, la cumbre de la pirámide social, cuidadosamente seleccionados y formados, los únicos autorizados a vestir túnicas de seda y púrpura, estarían exentos de IRPF y se les debería ceder el asiento, obligatoriamente, en los transportes públicos... en Lello e Irmaos hay personas así, que te toman de la mano, escuchan tus preferencias, buscan con qué saciarlas, y, si no las encuentran, hablan por un pinganillo y se comunican con compañeros que les ayudan...



Tampoco estamos muy aventureros: de acuerdo con nuestro mentor, apostamos por lo seguro: António Lobo Antunes: Blanca se lleva una traducción al Español de "Sobre los ríos que van", y yo me atrevo con un bellísimo ejemplar de su última obra, en su idioma: "Até que as pedras se tornen mais leves que a Água", editada impecablemente, por cierto, por "Don Quixote", la magia de las lenguas hermanas peninsulares, tan próximas y, al mismo tiempo, tan distintas... hasta la bolsa de papel en que nos las entregan es bonita... cuando estamos a punto de salir, un título me salta a la vista: "A máquina de fazer espanhóis", de valter hugo mae, tal y como él lo escribe, aunque con una vírgula como la de la ñ sobre la "a", a ver dónde encuentro yo eso en el teclado del mac... ¿Cómo resistirme...? No lo hago, y vuelvo a pasar por caja, esperando desentrañar los secretos de la existencia de dicha máquina y, si es preciso, iniciar una suscripción popular para comprar la patente...



lunes, 22 de enero de 2018

Paseando por la Nostalgia...

... ¡qué dulce sentimiento...!




Me pregunta hoy una vieja y querida amiga: ¿Y por qué vas tantas veces a Berlín...?": hay un poco de exageración en ello; he ido sólo cuatro veces, en 69 años no es gran cosa, si bien es cierto que las he acumulado en los últimos veinte años, o así, y entonces la frecuencia aumenta considerablemente... le doy la respuesta convencional, no por ello falsa: "¡Es una ciudad tan viva, siempre hay cosas nuevas que ver...!" Pero omito parte de la verdad: revisitar lugares que conoces te permite otro lujo del espíritu; lamentar la pérdida de aquello que te gustó, por algún motivo, y que ha desaparecido ya, dejarte resbalar por la agridulce senda de la nostalgia...

"Mi" Hotel en Berlín, al que nos mantenemos fieles desde la primera visita, tiene dos entradas: una de ellas, la que da en dirección a lo más bullicioso de Alexanderplatz, es un amplio pasillo acristalado, rodeado de locales comerciales; en uno de ellos había, hasta ahora, una deliciosa pastelería; "Pastelería", en Alemania, es un término que no llega a reflejar la realidad en toda su magnitud; un lugar delicioso, lleno de todo tipo de objetos azucarados, glaseados, un Paraíso de olores y colores que presagian sabores y, -¡ay!- obstrucciones varias de las coronarias y agujeros corridos en los cinturones... en uno de mis cuentos, un personaje quedaba irremediablemente adherido al escaparate de dicha confitería, babeando cual cascada pirenáica, y había que arrancarlo de allí a la fuerza... al mediodía y por la noche podías también comer allí, lo hicimos una vez, y eran dignas de mención las voluntariosas pero poco logradas traducciones al Castellano de su carta, donde una simple pechuga de pollo a la plancha podía transformarse en imaginativas "Aves a la flama"... la Pastelería ya no está allí, no queda ni siquiera su delicioso aroma, sustituída por una tienda de una de las muchas telecom, que maldita la falta que nos hacen a los que estamos en "roaming", con unas incongruentes bicicletas estáticas que me hicieron creer, en un primer momento, que se trataba de un gimnasio... y, para más INRI -o "para forro botas", como se decía en mi tierra- tiene justo enfrente la abominación de un Burguer King, un Mcdonals, o algo así, que nos juramos no pisar jamás, salvo peligro de muerte por inanición...



Al otro extremo del Unter der Linden, en la Pariserplatz, justo al lado de la Puerta de Brandenburgo, había un hermoso café, decorado con trampantojos de librería, aunque también podían encontrarse libros reales en estantes distribuídos por sus vastas salas... sus cómodos sofás invitaban a prolongar la estancia un ratito, en un ambiente acogedor... si tenías necesidad de visitar los servicios-problema tan frecuente entre los turistas, siempre lejos de su base-, allí disponías de unos no menos hermosos, dominados por una fuente en oscura piedra verde, y atendido por un eficaz Herr Pipí -y no una Madame Pipí; no era infrecuente entonces encontrar en Berlín lavabos al cargo de caballeros-, al que retribuías dejando una moneda a tu libre elección en un platillo; hoy se ha generalizado indicar que el "servicio" cuesta 0,50 euros... recuerdo de nuestro primer viaje a Berlín, en tiempos del Mark, que el precio en los amplios y futuristas lavabos públicos eran también 0,50... justo la mitad que ahora... dicho café tampoco existe; ha sido reducido a la mínima expresión, un espacio estrecho e incómodo, poco acogedor, desprovisto de su elegante decoración... nos deja el recuerdo de la noche en que caímos en medio de un vernissage o una presentación de algo, con mesitas a la gélida intemperie berlinesa, dotadas de mantitas en sus sillas, donde los invitados -y algún visitante, seguramente confundido por su porte sumamente correcto e incluso elegante- recibían de atentos camareros copas de champagne, cava o sekt...






Nos gusta revisitar Spandau, porque es lo más parecido a un pueblo al que puedes llegar en S-Bahn, o incluso en U-Bahn; allí, en su casco antiguo, habíamos localizado en nuestra última visita un restaurante sumamente cálido y acogedor, con especialidades de la comida tradicional berlinesa, atendido por una amable señora, cuya eficacia llegaba al extremo de lograr explicarme los platos en forma accesible a mi nivel de Alemán... hacia él, la vieja "Casa de la Aduana" -Zollhaus- nos dirígiamos, ya con cierto apetito, cuando descubrimos con horror que se había transformado en un restaurante vietnamita, sospechosamente especializado en sushi, cocina que admiro y de la que disfruto, pero en las antípodas de la sabrosa contundencia que esperaba encontrar...





¡Adiós, Zollhaus, hola, Sushi...!


En nuestra primera visita a Berlín, en cada esquina encontrabas un puesto callejero donde vendían, a precio de saldo, piezas de uniforme soviéticas y de la DDR: gorras y gorros de todos los pelajes, insignias, condecoraciones más o menos falsas... como buen turista, picabas, y tengo en casa bastantes de esas piezas, de dudosa procedencia... incluso -y ese, comprada aquí, en Barcelona- un machete-bayoneta de AK-74... el lugares estratégicos, personajes ataviados con uniformes te invitaban a hacerte fotos de muy dudoso gusto, tentación en la que sólo caían gentes tan desaprensivas como ellos... hoy todo eso ha desaparecido, y sólo encuentras en lugares muy concretos personas de las repúblicas asiáticas de la extinta URSS intentando colocar sus chapkas peludos, seguramente fabricados en China, a pocos metros de las inmensas fábricas donde se manufacturan sombreros mexicanos para venderlos en las Ramblas...


¿Quién se haría una foto así...?

Por supuesto, cada nueva visita te hace descubrir nuevos lugares, que asocias a momentos vividos, y pasan a incorporarse a tus paisajes del alma,,, bueno es que también en esos paisajes se produzca una necesaria rotación, pero siempre queda el recuerdo de los que ya no están más que en nuestra memoria, así van las cosas en la vida...



lunes, 22 de mayo de 2017

Montauban, un mercado, una boda y una tumba..

A cincuenta kilómetros de Toulouse, Montauban, una Toulouse pequeñita...





A orillas del Tarn, que es aquí un pacífico río de llanura que ya ni se acuerda de sus gorges; tierra buena, honda, la roca debe estar muchos metros más abajo... por eso se construye con ladrillo, el ladrillo rojo, que da su nombre a estas tres ciudades, Toulouse -que no vamos a visitar esta vez-, Albi y Montauban...



Llegamos en pleno mercado del Sábado por la mañana... hacia allá vamos, como atraídos por un imán: un mercado francés es siempre un lugar digno de visitar, lleno de tentaciones, a las que difícil es resistirse: boulangeries con los panes más insospechados, y todos excelentes, fromageries temáticas; la de cabra la de oveja, la de vaca, con una vaquita de peluche para que no haya dudas... compramos para cenar en el turismo rural donde nos alojamos; la expedición ha quedado reducida a cinco: Nieves y Jesús, nuestros amigos de Sieste y la Ribera del Ebro, médicos. buena compañía para un hipocondriaco como yo, Marithé, boltañesa recriada en Francia, que vive a pocos kilómetros de aquí, Blanca y yo... no es la primera vez que viajamos juntos, un buen equipo... frutas y lègumes de todos los tipos, unos espárragos que Jesús reconoce que tienen muy buena pinta, unas cerezas -aquí el experto soy yo- que, la verdad, ni fu ni fa, y unos fresones, o fresas, vaya usted a saber, de tamaño intermedio, bicónicas, de un aroma y un sabor excepcionales... en un chiringuito, un alegre chacinero fríe en un hornillo una especie de longaniza (en Aragón) o butifarra (en Cataluña); las tiene también envasadas al vacío, con una etiqueta donde pone, en letras grandes, "Narcord": "¿Eso se llama "Narcord"?", pregunto, en mi mejor Francés... "No, no, Narcord soy yo, eso es... du porc, cerdo..", me contesta el buen hombre...


En un rincón, junto al mercado, un "vide-grènier", una venta de trastos procedentes de los desvanes, las falsas... siempre busco, intentando dar con alguna joya, pero solo hay eso, trastos, zarrios... Pero no son como los nuestros; nosotros tenemos botijos, pucheros rotos, esquillas y cepos zorreros; ellos, además, bailarinas descascarilladas de falsa porcelana de Sevres, cajas de pilules de metal esmaltado en colores, ceniceritos, condecoraciones republicanas, cosas de ganchillo... son trastos de país rico, cursis, pero hay que ser rico para llegar a ser cursi...

La Catedral es fea. punto; Montauban fue villa hugonota, la Catedral no sé si lo es, o es católica, pero tiene ese aire severo, desprovisto de adornos, tan característico de la Reforma: por el contrario su antigua Plaza Real, ahora Plaza de la Nación, armónica, en ladrillo rojo, con hondos soportales dobles, es señorial y hermosa; comeremos en una calle vecina, en una mesita de reducidas dimensiones, como es habitual en Francia, pero viendo pasar a la gente, y a la sombra, en un día en que el Sol empieza a apretar, saliendo entre las nubes.




Una vez más, me encanta el raciocinio aplicado a la hostelería; parece que las cartas las haya redactado el mismísimo Descartes, quizás de ahí viene el nombre; tienes tus "formules", de entrante, plato principal -"du jour", que siempre tiene varias opciones- y postre: puedes elegir el tout complet, un entrante y postre, un entrante y plat du jour, un plat du jour, con buen acompañamiento, y postre... con diferentes precios, por supuesto... y, encima de la mesa, la carafe d'eau, perfectamente potable, y gratuita... nada que ver con nuestros rígidos menús de dos platazos y postre, que pagas si o no (siempre convenzo a mis acompañantes para que lo pidan, así como postre doble), o, en el mejor de los casos, te lo cambian por el café, como si valiesen lo mismo...

Después de comer nos acercamos al río, y pasamos por la puerta del Ayuntamiento, en el momento en que empieza a llegar una alegre caravana de coches adornados con flores y lazos de gasa: por supuesto es una boda. Una boda de argelinos. Los chicos, altos y guapos, enfundados en trajes negros con camisa blanca y corbata, tocan panderos; las chicas, morenas, guapísimas, bailan y lanzan gritos tradicionales; se ve alguna chilaba, algún velo, entre la gente mayor... un caballero anciano viste de chilaba blanca y casquete... pero es una boda francesa, republicana, con alcalde -o concejal- con su franja tricolor, leyendo artículos del Código de Napoleón... sus antepasados, obviamente, no son los galos, ni comían jabalí -¡jalufo, jalufo!-, pero son la Francia de hoy y, obviamente la del mañana. Y lo siento, doña Marina, pero eso es lo que hay, y bien contenta puede estar, que han dado al Mundo un Zidane del que, por cierto, poco contentos están hoy mis conciudadanos barceloneses...

Al coche, una vez más, y un corto recorrido hasta el Cementerio de Montauban el objetivo sentimental de mi visita: los cementerios franceses son minerales, feos, suelo empedrado, tumbas de piedra, generalmente artificial, cemento... pocos árboles, siempre cipreses... nada que ver con los vegetales Friedhöfe alemanes, tan verdes, tan mulliditos, que te quedarías... eso sí, han tenido el buen detalle de bautizar a las calles con nombres de pájaros; "Les merles", "les mésonges"... cuando se acaban los pájaros, al fondo del cementerio, una pequeña bandera republicana -española, quiero decir; en Francia todas son republicanas, claro- nos indica que estamos ante la tumba de Don Manuel Azaña Díaz, Presidente que fue de la República, hasta su exilio y dimisión en 1939.



Me doy cuenta, demasiado tarde, de que nunca me he aprendido la letra del Himno de Riego; me sé de corrido la música, que la Ronda de Boltaña siempre toca en sus actuaciones, pero sólo recuerdo el estribillo: "¡Soldados, la Patria nos llama a la lid/juremos por ella vencer o morir!"; y aquella otra estrofa que me enseñaba mi abuela Encarnación, malagueña y de familia liberal, que la habría recibido casi de testigos presenciales: "Si Torrijos murió fusilado/no murió ni por vil ni traidor/que murió con la espada en la mano/defendiendo la Constitución..." así me veo yo, defendiendo la Constitución... en España no tenemos suerte con los himnos: el de ahora, se silba o tararea -unos lo tararean, otros lo silban-, el más cantado, el "Cara al Sol", era un poema de madrileños de familia bien, y la gente no entendía la letra... "Impasible el ademán...", y oían y repetían "¡Imposible, el Alemán..!", se lo cuento a mi profesora, Anette, y se muere de risa... "Ach so, imposible, ja...!" Pero al Presidente hay que rendirle honores, y le canto lo que puedo...

Si vamos a ver, es una pequeña vergüenza tenerlo aquí, en tierra extraña, que lo acogió un poco a contrapelo, y donde murió a los sesenta años, un chaval, yo creo que de pena... pero es casi mejor dejarlo debajo de un no demasiado afortunado monumento, una especie de llamas o estalactitas transparentes, de metacrilato, traspasadas por otra roja, demasiado evidente la sangre... España, incluso la España de ahora, es un choque, un sobreestímulo demasiado fuerte para un espíritu sereno y reflexivo como el suyo; de los problemas que dejó, sólo se han arreglado, precisamente, dos de los que más lo trajeron de cráneo: los jornaleros -en Casas Viejas, los que no han emigrado, cobran el PER-, y el Ejército, definitivamente democratizado y civilizado, yo creo que gracias a la OTAN, con la de carteles que llegué a pegar en su contra... pero los curas siguen haciendo de las suyas -si se enterase de lo de la concertada, él que acabó de los colegios de frailes hasta el pirulo de la boina...-, y Cataluña... después de defender fogosamente el Estatut d'Autonomía, su calvario durante la Guerra Civil se vio enturbiado por la deslealtad sediciosa de Companys y los bandazos internos de un Partido Socialista escindido en facciones irreconciliables... ¿Os suena...?

Descanse usted, Don Manuel, por allá abajo seguimos, a trancas y barrancas... consuélese con sus palabras escritas sobre su lápida: Paz, Piedad y Perdón... en eso estamos, aunque no todos los días... amén.






miércoles, 17 de mayo de 2017

L'Ariège: de osos, maquis y semillas reales...

L'Ariège es mi agujero negro de los Pirineos. Injustamente, añado...




Subes al Port d'Envalira atravesando resorts de esquí que parecen calles de suburbios urbanos, con algún toquecito de piedra y madera, para que no se diga... tienes frente a ti el circo donde nace el Valira, había olvidado lo bello de ese lugar... tengo intención de subir al viejo Port, por la antigua carretera, pero me parece que va a descargar una tormenta de narices -luego queda en nada-, y opto por el túnel, aunque supongo que será bastante caro... dos o tres minutos bajo las rocas de Pyrene, y al salir...

¡Mocé, parece que hubieses atravesado el Túnel del Tiempo, no el d'Envalira!: al otro lado, laderas de pastos sin fin, hacia el fondo de un estrecho valle, por una carretera que podría ser una antigua calzada romana asfaltada... y ni un alma, nadie, ninguno... algún coche aparcado cerca de una cabaña pastoril, una señal indicando el desvío hacia unas pistas de esquí que se imaginan, pero no se ven... donde antes todo era cemento, iniciativa empresarial y riqueza imponible, hay ahora tan sólo soledad, calma y, seguramente, subvenciones europeas.

Estamos entrando en L'Ariège: es mi agujero negro en los Pirineos: a espaldas de Andorra, el Pallars Sobirà y La Val d'Aran, kilómetros de montaña y bosque que he rodeado muchas veces, pero nunca recorrido... curiosamente, la primera vez que salí de España lo hice siguiendo este mismo camino, en un viaje familiar desde Andorra a -destino habitual de las familias cristianas de le época- Lourdes... me hacía tanta ilusión, que preparé el trayecto etapa a etapa, dibujando el mapa: Ax les Thermes, Foix, Saint Girons, Saint Gaudens... deseoso de practicar mi Francés, todos lo estábamos... creo que fue en esta ocasión cuando mi hermana Pilar saludó con un ceremonioso "Bonjour, Madame!" a un bigotudo y sorprendido gendarme... luego resultaba que cada pueblo estaba lleno de exiliados o emigrantes -o las dos cosas- españoles, que nos recibían al grito de "¡Paisaaaanos..!", aunque supiesen que veníamos de la España Franquista, que les negaba el Pan y la Libertad.

L'Ariège es tierra de maquis -de maquisards- y de osos... en sus montañas, en sus bosques, se escondían los que luchaban contra los ocupantes alemanes o, simplemente, huían del Servicio de Trabajo Obligatorio, que pretendía que sustituyesen en sus fábricas a los obreros alemanes que estaban luchando en el Este... luego, en la práctica, resultaba que muchas veces también los sustituían bajo los tibios edredones de las semidesiertas camas conyugales, pero aún así el atractivo del STO era más bien escaso... los primeros maquisards eran excombatientes españoles, que ya tenían muy claro cómo las gastaba el Nuevo Orden Europeo, que a su olor de grasa de armas y pies sudados en botas altas añadía en España el menos tranquilizador aún de cirios, incienso y sotanas mal lavadas.



Los nazis perdieron la guerra en Rusia, los maquisards salieron del bosque y se transformaron en alcaldes de pueblo con banda tricolor y condecoración en la solapa... y ahora están ocupando su lugar los osos, traídos de Eslovenia... deseo con todas mis fuerzas que nunca más vuelva a haber maquis en los Pirineos, que todo el Mundo y le Monde pueda defender pacíficamente sus ideas, sin necesidad de  empuñar la Sten, pero estoy absolutamente a favor del Oso, mi tótem, ese bicho gordo, tragón y huraño con el que tanto me identifico... de acuerdo; de vez en cuando, se le va la mano y se carga alguna oveja, y estoy a favor de que quienes viven de la ganadería sean regiamente compensados por las molestias que puedan causarles los osos; pero su presencia en los bosques, la mera sospecha de que por allí ha podido pasar un oso... nos hace recuperar el encanto de la Naturaleza primigenia, un poco cabrona a veces, justo es reconocerlo, pero pura, libre, inocente, materna y virginal a la vez.

"¿Te gustaría encontrarte en el bosque con un oso...?", me preguntan sus detractores... según y como, depende de la distancia... pero a él tampoco le interesa, para nada, encontrarse conmigo, sin saber si soy un pacífico ecopijo o un depredador como Don Manuel Fraga Iribarne, que gloria haya, deseoso de hacerse un llavero con su "os penis", el huesecillo que tienen los osos dentro de la picha, o, sin ir más lejos, como nuestro campechano Rey Emérito... además, bien mirado, tengo un amigo que ha cazado un oso -negro, pero oso- en Canadá, mientras, que yo sepa, ningún oso ha cazado nunca a ningún amigo mío, ni tan siquiera a un conocido, y eso que les podría dar ideas...



Ax les Thermes es a donde me gustaría que me llevase en una sillita de ruedas mi cuidador andino cuando esté bastante más cascado que ahora: parece aburrido de narices, pero plácido, agradable, limpito, con un casino que prefiero no imaginarme, lleno de señoras gastándose la pensión en las maquinitas, unos baños -termales, por supuesto- con cierto aire decadente, pero actualizados y funcionales, y restaurantes con mesitas al sol y a la sombra,  animados y acogedores... comemos en uno de ellos; nos atienden dos chicas muy jóvenes, una nos confiesa que es su primer día de trabajo... son agradables, son monillas, tienen un delantal y un PDA, pero ni idea de lo que se traen entre manos... corre la falsa creencia de que para camarero vale cualquiera dispuesto a trabajar muchas horas por poco dinero: falso: cualquiera -y a la vista está- vale para ministro, pero un buen camarero es una rara joya; bueno, hacen lo que pueden... el plat du jour es un estofado de cordero... os apuesto lo que queráis a que es imposible encontrar en Sobrarbe un restaurante donde ofrezcan estofado de cordero, y será por falta de corderos... éste me recuerda a los que hacía, un día sí y otro no, mi tía Encarnación... por desgracia, lo acompañan de una ratatouille con bien de tomate, que aparto con gesto ofendido... para beber, una Pelfort; en tres días probaré cervezas muy distintas, pero esta, de un cierto aire alemán -o alsaciano, no la liemos- me sabe de maravilla.



Foix -ese pueblo grande, o ciudad pequeña, que nunca sabemos si pronunciar "Foij" o "Fuá"- es nuestra segunda y última etapa en Ariège: tiene una gran periferia de Carrefours y naves industriales, y un casco antiguo agradable y apañado, dominado por el castillo de sus Condes: y ahí se centra mi atención, porque la Casa Condal de Foix- o de Fuá- pudo haber cambiado muchas cosas...

Al fallecer Doña Isabel la Católica, rompiéndose así la imagen que los viejos asociamos al llorado billete de Mil Pesetas, su aún relativamente joven viudo, Don Fernando, el Ligeramente Menos Católico, contrajo matrimonio con Doña Germana de Foix, hija de los condes, y prima del rey de Francia, conprometiéndose a nombrar heredero al posible hijo que tuvieran. Se hubiese deshecho así la unión entre Castilla y Aragón, pivotando el nuevo eje de alianzas hacia el Poderoso Vecino del Norte, que se suponía -sin fundamento alguno- menos voraz que el Poderoso Vecino del Sur.

Si la semilla del Rey, vertida tan generosamente en tantos lugares agradables y acogedores, hubiese conservado un cierto potencial, la Historia hubiese dado un giro sorprendente, y hoy Castilla -capital, Lisboa- y Aragón -capital, Valencia- podrían ser Estados vecinos y amigos, e intercambiarse votos en el Festival de Eurovisión... pero el zagal que tuvieron duró horas... podría haber sido también rey de Nápoles, y hoy una poderosa Camorra aragonesa explotaría oportunidades de negocio más o menos turbio en los Cinco Continentes... pero lo históricamente más probable es que Aragón, sin los Tercios castellanos y el Oro de Indias, hubiese entrado indefectiblemente en el campo gravitatorio del poderoso vecino del Norte; hoy, por ejemplo, Boltagne podría ser la capital del Dèpartement de Cinqué et Ará, llena de Écoles et Lycées republicanos y laicos, hablaríamos poniendo los morros en forma de acento circunflejo, podríamos comer fromages et fuás y beber vin rouge sin que se nos alterase el colesterol, y todas las señoras llevarían lingerie noire de dentelles...

Barajando esas posibilidades, desde la triste situación presente -sin más dentelle noire que la mantilla de la Cospedal el día del Corpus- paseamos por las calles de Foix o Fuá, recordando cómo continuó la insólita historia de Doña Germana; cuentan las malas lenguas -y la Wiki lo recoge- que Don Fernando, intentando mejorar sus perfomances reproductivas, abusó de determinadas infusiones de hierbas, y dejó viudita joven a Doña Germana, encomendándola, eso sí, a los cuidados de su nieto Carlos Primero; y afirman que, cuando llegó el germánico rey y futuro Kaiser, encontró a Doña Germana -su abuelastra- sumamente apetecible, y tuvo con ella más que palabras... ¡Caramba, Don Karl, eso no era una MILF, era toda una GILF...! De aquellos amores locos -"verrückt", si había un alemán por medio- tuvo Doña Germana una hija, y, para cubrir el expediente, la casó el Emperador con un noble tedesco de su séquito, de Brandenburgo, nada menos... que tampoco le duró demasiado a Doña Germana -que, por lo visto, tenía un peligro....-, viéndose obligado el buen Karl a buscarle nuevo marido, y hacerlos virreyes de Valencia, donde acabó sus días, fundando conventos y pasteleando a troche y moche en la política valenciana, que ya apuntaba maneras...

El coche nos espera, y aún quedan kilómetros hasta la Chambre d'Hôtes que nos aguarda, más al Norte, ya en el corazón del Midi...