Por circunstancias de la vida, leo las últimas páginas de una novela profundamente barcelonesa durante una breve estancia en Madrid...siempre viene bien una cierta distancia emocional para esas cosas...
No es ningún secreto mi preferencia por la obra de Carlos Zanón, no confundir con Carlos Ruiz Zafón, cuya obra no menosprecio, pero no sigo... esperaba su última novela, Taxi y, como cabía suponer, no me ha defraudado...
Me unen a Zanón afinidades digamos geográficas, y me separan años y experiencias: nos hemos movido por las mismas calles, con algo más de quince años de diferencia, ese microcosmos que tiene por eje la Avenida Virgen de Montserrat (ahora Mare de Déu de), ¡Jose, el prota, vivía en casa de sus padres en la Calle Arco Iris, cuántos, qué pocos la conoceremos...! Pero esos años de diferencia, y unas preferencias musicales muy distintas, nos sitúan en realidades paralelas... bueno, no tan paralelas... yo más bien en el primer Dylan, Paco Ibáñez y los cantautores de aquí, él en sus Clash, que escucho en éste momento, como homenaje a su "Sandinista!"... yo, que estuve a un paso de irme a Nicaragua, Sandinista de verdad, cooperante con AK en los momentos más duros de la "Contra"... también hay en su obra -y en ésta, con cierto protagonismo- referencias a la química recreativa que diezmó su generación, y de la cual me mantuve siempre al margen, dejando aparte cuatro porretes... pero nuestros pies han pisado la misma ciudad, la hemos amado, cada uno a su manera...
He ido leyendo criticas de su novela, sumamente elogiosas... como no podía ser de otra manera, todos hemos captado el evidente vínculo con la Odisea, descubriendo que, después de Homero -que igual ni siquiera existió-, poco más se ha escrito de nuevo sobre un personaje que afronta pruebas y más pruebas en un largo camino de vuelta a casa, aunque este Ulises no tenga malditas las ganas de volver a ver a su Penélope, folle mucho por el camino, Polifemo lo ponga a gusto -aunque él se vengue hundiéndole su cueva-, y su Telémaca con pecas solo se deja ver, lejana e improbable, al final...
Pero hay otro elemento en esta obra que salta a la vista de los iniciados: la atraviesa un profundo impulso pijoapartesco: Pijoaparte es el improbable apodo de un personaje de Juan Marsé, arquetipo del charnego desclasado que busca su lugar al sol en la sociedad -alta o media- catalana de Cataluña a través de una nativa, Pocahontas sin mazorcas ni pavos silvestres, pero sí con tortells de nata los domingos... esa pulsión que todos los charnegos de ley hemos sentido, en vano, vana como todas las fantasías, y que hoy tan bien ejemplariza ese diputado guapito de cara y de boquita de piñón, de tuit fácil, sueño húmedo de tantas jóvenes indepes, ninguna de las cuales osaría llevarlo a casa de su abuela, el día de Sant Esteve, a comer los canelones, por miedo a que se llevase las cucharillas de plata en el bolsillo de los tejanos de pitillo... Jose, que demuestra ser de buen diente en sus relaciones sentimentales -por llamarlas de alguna forma, aunque el él hasta lo más epidérmico tiene un hondo contenido sentimental- se rinde ante Llámamenat, su sueño de algo más allá, más allá de su realidad, y de ella le viene la más profunda decepción, esas decepciones que sólo pueden proporcionarnos las cosas que, por un momento nos han parecido al alcance, y luego se alejan... Zanón está inmerso en la tarea de dar continuidad a las obras detectivescas de Vázquez Montalbán; imaginaos con qué ganas estoy esperando ver el resultado de esa tarea, y creo -vamos, estoy seguro- que hay algunas cosas carvallescas en Jose... Carvalho, ese pijoaparte de manual...
Hay en la obra un cameo de Jesús, que, por momentos, recuerda al Jesús en el que todos estáis pensando. Y hay un momento terrible en que parece que una vena de la peor violencia, la que se ejerce sobre los inocentes, va a hacer su aparición... "¡No, otro "no llames a casa", no...!" casi gritas... pero la madre -Jose es un Ulises con madre, una madre de tupper, de esas que te amarran a la realidad- resuelve airosamente la situación, y respiras... ni siquiera Llámamenat se merece eso...
Tiene, por último, la novela uno de los finales más abiertos que recuerdo, uno de esos finales que están pidiendo a voces una continuación... una jugarreta del Destino ha roto el vínculo de Jose con su vida anterior: si Musil escribiese su obra ahora la llamaría "El Hombre sin Móvil", y lo dejamos, en dirección al Norte brumoso, en la compañía más sugerente -por la moza- e inquietante-por el mozo- que podamos imaginar, garantía de que sus problemas no sólo no han acabado, sino que acaban de empezar, y ya puedes apostar que nunca alcanzará ese reposo en las verdes praderas de la Bretagne... deja detrás cosas que, algún día, deberá resolver, una búsqueda que, sin duda, tendrá que afrontar, una madre de tupper... ¡porfa, Carlos, no nos dejes así...!
PD: el cabrón con pintas que hay en mí no puede desperdiciar la oportunidad de no pasarle una ni siquiera a Zanón: página 15: "apretando un poco demasiado el embrague": imposible; el Prius es automático... me lo confirma un taxista que conduce uno, un joven educado y leído; le recomiendo "Taxi"... si te he ganado otro "fan" -que seguro, si me hace caso- me perdonarás esta pequeña maldad...
miércoles, 18 de octubre de 2017
jueves, 5 de octubre de 2017
Sindicalismo para esquiroles: ejemplos prácticos.
Cosas veredes, Sancho, que harán hablar las piedras... (apócrifa, atribuida a Don Quijote, quizás es de su cuñado)
Ha sido para mí motivo de honda satisfacción contemplar el espectáculo de mis excompañeros, funcionarios de la Generalitat de Catalunya, secundando como un solo hombre y una sola mujer, al igual que los heroicos proletarios bolcheviques de la Acería Putilov, ahora vendrá a hacer cien años, una jornada de huelga; si Isona Passola tuviese el temple de Eisenstein, y Lluis Llach el nervio y la furia de Shostakovich, ¡Qué hermosa obra de arte podrían legarnos, urdiendo tan épicos mimbres...!
Y la cosa es mucho más de admirar, porque, cuando yo formaba parte de él -y tampoco hace tantos años de eso- era un colectivo más bien comodón, manso, sufrido, pastueño... y me atribuyo una dosis de culpa, pues en el tiempo en que ejercí de representante sindical, encuadrado en el Sindicato de la Administración de la Generalitat, de Comisiones Obreras, es obvio que fracasé en mis vanos intentos de insuflar conciencia de clase y firmeza revolucionaria en sus corazones y sus mentes, por no mencionar otros órganos donde el vulgo sitúa habitualmente -sin ninguna base científica- dichos sentimientos.
Cuando, después de debatirlo en asambleas a las que solía asistir una fracción mínima de la plantilla, nos decidíamos a convocar una jornada de paro, a la hora del comienzo del horario laboral me constituía en piquete informativo unipersonal, en la puerta de mi Departament, con un fajo de papeles en la mano: era gracioso verme allí, de americana y corbata -no iba a disfrazarme de borroka para la ocasión; iba de diario-, intentando convencer a mis compañeros para que secundasen la jornada de "lucha"... una vez me pilló de esa guisa el Secretario General de la Confereración, José Luís López Bulla -también siempre correctamente vestido, por cierto- y se reía, considerándome "El piquete más elegante que había visto nunca"...
¿Eran efectivos mis esfuerzos...? escasamente... en una de esas ocasiones, poco antes de comenzar la jornada laboral, subí a dejar algo en mi mesa, y, ante mi sorpresa, descubrí que mis compañeros de trabajo se habían conjurado para llegar un cuarto de hora antes -cosa insólita, por cierto- para que, como uno me contó que se había dicho, "El Revi no se enfade..."... allí estaban, charlando y tomando café, sin atreverse a mirarme a los ojos... reconozco que es una de las pocas veces en mi vida en que perdí un poco los papeles, y les grite: "¡Ya que habéis venido para que no os descuenten el día, poneos a trabajar por lo menos, cabrones...!"... no me lo tomaron en cuenta y, en las siguientes elecciones sindicales, me votaron otra vez... y que conste que los sueldos que cobrábamos eran bajos, siempre por debajo de nuestras expectativas, por supuesto, aunque quizás no de nuestros merecimientos, pero no hasta el extremo de que una familia pudiese pasar hambre si, aquel mes, cobraba 29 en vez de 30 días... aunque también es cierto que cuando nos llegaba la nómina con el descuento a los cuatro rojos que habíamos parado, siempre te llevabas el susto... "¿C...., tanto cobro por día...?"
Pues bien; ha sido jubilarme yo -aunque ya hacía años que no ejercía- y esa alegre bandada de esquiroles que saltaban de pino en pino se ha transformado en manada de leones combativos, unidos tras sus sindicatos convocantes - alguno de los cuales ni tan solo me suena-, y han conseguido detener por un día la máquina de la Administración... cierto es, todo hay que decirlo, tras una jornada en que muchos de mis conciudadanos descubrieron, al igual que el joven Buda al abandonar el Palacio de sus padres, una de las crudas verdades de la vida; la policía pega... algunos ya lo sabíamos de antes, yo he visto pegar a policías de diversos regímenes y colores, y aún guardo el recuerdo de una carga de las CRS en las calles del republicano y democrático París que me puso los colgajillos en la garganta, pero, al parecer, para muchos felices mortales -felices hasta aquel día, por lo menos- el Domingo fue su Primera Comunión.
Tras mi asombro y mi admiración, viene mi reflexión... ¿Dónde fallábamos...? ¿En qué nos equivocábamos....? analizo, analizo, y llego a una conclusión, seguramente parcial y errónea... "Quizás, si les hubiésemos dicho que no les iban a descontar el día..."
miércoles, 4 de octubre de 2017
Monarquía Constitucional, para dummies
Más tranquilo mi feisbuck, después de la poda de amigos que me alteraban las coronarias, prosigo con mi verdadera vocación: instruir deleitando...
Del mismo director de "Francisco, el Papa que nos gusta a los ateos", algunos esperaban oir anoche a "Felipe, el Rey de España que gusta a republicanos e independentistas": craso error.
Ser Rey Constitucional es un chollo, no lo negaré; pero no deja de tener sus aspectos negativos: por ejemplo, no estimula nada, pero nada, la creatividad; debes ser repetitivo, predecible, moverte por carriles bien trazados... por eso los discursos de los reyes constitucionales suelen ser anodinos, auténticos coñazos, monumentos al gris.
Lo que hubiese creado una crisis institucional aún más profunda, si cabe, habría sido que, ayer, el rey se saliese de los argumentos y las posturas mantenidas, erre que erre, por el Gobierno de la Nación. Porque al rey, eso es obvio, no lo ha votado nadie, pero el Gobierno expresa una mayoría parlamentaria salida de las urnas. La única mayoría que fue posible. Otra cosa es que uno se pregunte por el por qué de tan curioso fenómeno, pero eso nos llevaría lejos...
¿Es el rey una marioneta...? ¿Es un muñeco de ventrílocuo...? Exactamente, no otra cosa.... la Constitución le añade unas cuantas competencias nominales, pero Dios le libre de intentar ejercerlas... en el Reino Unido, el Discurso anual de la Reina lo escribe el Primer Ministro -o los que le escriben el discurso al Primer Ministro-, todo el mundo lo sabe, nadie se llama a engaño... ella, luego, puede improvisar algo en las inauguraciones de exposiciones de flores, pero tampoco parece que se caliente demasiado los cascos. Ni falta que hace. En la Dinamarca del Norte, los que habéis visto "Borgen" ya sabéis lo que pinta el monarca...
¿Que la situación exigía un pronunciamiento más matizado...? No se me ocurre... a hacer eso, a intervenir un poquito más allá de la Constitución, a lo que tan aficionado era su bisabuelo Alfonso, se llamaba "borbonear": le costó el exilio. Malas lenguas afirman que su padre borboneó a Suárez; del resultado, el 23-F, nos acordamos todos... los que querían que el rey hablase, ayer quedaron satisfechos; hablar, habló. Pero dijo lo que dice el Gobierno, como no podía ser de otra manera... un Presidente de la República Española, con idénticas competencias constitucionales, hubiese dicho exactamente lo mismo. El Manuel Azaña de 1932, no me atrevo a afirmarlo: el de 1938, seguro...
Otra cosa es el tono... este hombre, forzoso es decirlo, no es la alegría de la huerta; no tiene un pelo de campechano... ayer su discurso fue deprimente; tenso, preocupado, no excesivamente seguro... exactamente como estoy yo, por otra parte... a ver si va a ser verdad eso de que está muy bien preparado; cuando, a tu alrededor, todos pierden la cabeza, y tú permaneces sereno, seguramente no has captado la auténtica gravedad de la situación...
Decía ayer un amigo que se había hecho el "Harakiri" en público. Dejando aparte la incorrección del término (se dice "seppuku"), no estoy de acuerdo: si tan bien preparado está, sabe perfectamente que su suerte está ligada, exclusivamente, a la Constitución de 1978; lo único que le separa de la cola del INEM es la vigencia de esa Constitución, y es normal que se obstine en defenderla: si vuelve a haber un consenso constitucional algún día, será en torno a alguna forma de República. Y, ni que decir tiene, yo votaré por ella. Lo cual no impide que, en el momento en que tantos y tantos lo ponen a parir, no considere justo escribir yo estas líneas, desde mi solidaridad hacia el que es, en última instancia, un hijo de familia disfuncional...
Del mismo director de "Francisco, el Papa que nos gusta a los ateos", algunos esperaban oir anoche a "Felipe, el Rey de España que gusta a republicanos e independentistas": craso error.
Ser Rey Constitucional es un chollo, no lo negaré; pero no deja de tener sus aspectos negativos: por ejemplo, no estimula nada, pero nada, la creatividad; debes ser repetitivo, predecible, moverte por carriles bien trazados... por eso los discursos de los reyes constitucionales suelen ser anodinos, auténticos coñazos, monumentos al gris.
Lo que hubiese creado una crisis institucional aún más profunda, si cabe, habría sido que, ayer, el rey se saliese de los argumentos y las posturas mantenidas, erre que erre, por el Gobierno de la Nación. Porque al rey, eso es obvio, no lo ha votado nadie, pero el Gobierno expresa una mayoría parlamentaria salida de las urnas. La única mayoría que fue posible. Otra cosa es que uno se pregunte por el por qué de tan curioso fenómeno, pero eso nos llevaría lejos...
¿Es el rey una marioneta...? ¿Es un muñeco de ventrílocuo...? Exactamente, no otra cosa.... la Constitución le añade unas cuantas competencias nominales, pero Dios le libre de intentar ejercerlas... en el Reino Unido, el Discurso anual de la Reina lo escribe el Primer Ministro -o los que le escriben el discurso al Primer Ministro-, todo el mundo lo sabe, nadie se llama a engaño... ella, luego, puede improvisar algo en las inauguraciones de exposiciones de flores, pero tampoco parece que se caliente demasiado los cascos. Ni falta que hace. En la Dinamarca del Norte, los que habéis visto "Borgen" ya sabéis lo que pinta el monarca...
¿Que la situación exigía un pronunciamiento más matizado...? No se me ocurre... a hacer eso, a intervenir un poquito más allá de la Constitución, a lo que tan aficionado era su bisabuelo Alfonso, se llamaba "borbonear": le costó el exilio. Malas lenguas afirman que su padre borboneó a Suárez; del resultado, el 23-F, nos acordamos todos... los que querían que el rey hablase, ayer quedaron satisfechos; hablar, habló. Pero dijo lo que dice el Gobierno, como no podía ser de otra manera... un Presidente de la República Española, con idénticas competencias constitucionales, hubiese dicho exactamente lo mismo. El Manuel Azaña de 1932, no me atrevo a afirmarlo: el de 1938, seguro...
Otra cosa es el tono... este hombre, forzoso es decirlo, no es la alegría de la huerta; no tiene un pelo de campechano... ayer su discurso fue deprimente; tenso, preocupado, no excesivamente seguro... exactamente como estoy yo, por otra parte... a ver si va a ser verdad eso de que está muy bien preparado; cuando, a tu alrededor, todos pierden la cabeza, y tú permaneces sereno, seguramente no has captado la auténtica gravedad de la situación...
Decía ayer un amigo que se había hecho el "Harakiri" en público. Dejando aparte la incorrección del término (se dice "seppuku"), no estoy de acuerdo: si tan bien preparado está, sabe perfectamente que su suerte está ligada, exclusivamente, a la Constitución de 1978; lo único que le separa de la cola del INEM es la vigencia de esa Constitución, y es normal que se obstine en defenderla: si vuelve a haber un consenso constitucional algún día, será en torno a alguna forma de República. Y, ni que decir tiene, yo votaré por ella. Lo cual no impide que, en el momento en que tantos y tantos lo ponen a parir, no considere justo escribir yo estas líneas, desde mi solidaridad hacia el que es, en última instancia, un hijo de familia disfuncional...
lunes, 2 de octubre de 2017
Hobbes para dummies...
Con las imágenes de descalabrados del 1 de Octubre bien frescas, unas breves reflexiones sobre el tema:
1:- Estado democrático no es aquel que no ejerce violencia física sobre vidas y haciendas de sus ciudadanos; eso sería una ONG, pongo por caso; Estado democrático es el que lo hace única y exclusivamente en forma legítima y proporcional. Y en exclusiva; en un Estado democrático, nadie puede tomarse la justicia por su mano: la justicia -violenta- la monopoliza el Estado; desde el vigilante de zona azul que manda a la grúa para que te retire el coche hasta el Jefe del Estado Mayor de la Defensa que envía los F-18 a bombardear Belgrado. Si lo haces tú, te la cargas...
2.- Legitimidad indica eso, que una ley o una orden judicial son precisas para poder ejercer la violencia: no basta con el libre albedrío o el sentido común de los agentes encargados de, eventualmente, aplicarla. Instrucciones escritas, por favor, siempre que sea posible.
3.- Proporcionalidad; siempre, siempre, proporcionalidad. Y no es fácil navegar en esas aguas... un policía te dice: "¡Circule!"; tú contestas: "¡Vale, vale, pero sin avasallar...!"; el policía te abre la cabeza de un porrazo: mal, no proporcional, tarjeta roja directa. Tú eres moro, llevas un cinturón de botes de coca-cola envueltos en albal, se lo enseñas al policía y gritas: "¡Allahú akbar!"; el policía te cose a tiros; proporcional, claveles en el capó del coche y, tú, ajo y agua...
4.- Defensa; siempre puedes alegar ante la Justicia la falta de proporcionalidad en la respuesta del policía. No lo tienes fácil porque, en éste caso, juega en su favor la presunción de inocencia, eres tú quien tiene que demostrar que se ha pasado... los videos de móvil, y no digamos ya las go-pro- están revolucionando mucho este campo... De todas maneras, si eres moro y te han cosido a tiros, no hay video que valga, chaval...
5.- Todo eso debe saberlo muy bien todo el que vive en un Estado, es decir, todo el mundo. También los que aspiran a montarse estado propio. Pero esos ya lo saben... ¿recordáis en Conseller Puig que salía en "Polònia" con un bate de béisbol..? Deseo que el herido de ayer no pierda su ojo, pero tengamos presente que el primer ojo caído en una calle de Barcelona en democracia fue por culpa de una pelota de los Mossos que, como suele suceder en estos casos, se disparó sola...
6.- Si algún día te toca vivir en un estado no democrático -no lo descartes a priori-, la cosa se agrava: pero, en esencia, sigue siendo lo mismo: te toca correr: en la foto de Paco Elvira, Facultat de Ciéncies Económiques de Barcelona, circa 1970, estoy yo, en la parte baja de la imagen, mirando hacia atrás, corriendo delante de los "grises". El que mandaba a los que mandaban a los que mandaban a aquella gente no había ganado ningunas elecciones, sino una guerra civil, aunque justo es decir que había arrasado en dos referendums, dos... Mucho indocumentado afirma que aún no ha muerto... si fuese verdad, no lo podrían afirmar, por lo menos impunemente... con todos los defectos de lo de ahora, la verdad, me quedo con el Régimen del 78. Hasta hoy, que ya es decir...
1:- Estado democrático no es aquel que no ejerce violencia física sobre vidas y haciendas de sus ciudadanos; eso sería una ONG, pongo por caso; Estado democrático es el que lo hace única y exclusivamente en forma legítima y proporcional. Y en exclusiva; en un Estado democrático, nadie puede tomarse la justicia por su mano: la justicia -violenta- la monopoliza el Estado; desde el vigilante de zona azul que manda a la grúa para que te retire el coche hasta el Jefe del Estado Mayor de la Defensa que envía los F-18 a bombardear Belgrado. Si lo haces tú, te la cargas...
2.- Legitimidad indica eso, que una ley o una orden judicial son precisas para poder ejercer la violencia: no basta con el libre albedrío o el sentido común de los agentes encargados de, eventualmente, aplicarla. Instrucciones escritas, por favor, siempre que sea posible.
3.- Proporcionalidad; siempre, siempre, proporcionalidad. Y no es fácil navegar en esas aguas... un policía te dice: "¡Circule!"; tú contestas: "¡Vale, vale, pero sin avasallar...!"; el policía te abre la cabeza de un porrazo: mal, no proporcional, tarjeta roja directa. Tú eres moro, llevas un cinturón de botes de coca-cola envueltos en albal, se lo enseñas al policía y gritas: "¡Allahú akbar!"; el policía te cose a tiros; proporcional, claveles en el capó del coche y, tú, ajo y agua...
4.- Defensa; siempre puedes alegar ante la Justicia la falta de proporcionalidad en la respuesta del policía. No lo tienes fácil porque, en éste caso, juega en su favor la presunción de inocencia, eres tú quien tiene que demostrar que se ha pasado... los videos de móvil, y no digamos ya las go-pro- están revolucionando mucho este campo... De todas maneras, si eres moro y te han cosido a tiros, no hay video que valga, chaval...
5.- Todo eso debe saberlo muy bien todo el que vive en un Estado, es decir, todo el mundo. También los que aspiran a montarse estado propio. Pero esos ya lo saben... ¿recordáis en Conseller Puig que salía en "Polònia" con un bate de béisbol..? Deseo que el herido de ayer no pierda su ojo, pero tengamos presente que el primer ojo caído en una calle de Barcelona en democracia fue por culpa de una pelota de los Mossos que, como suele suceder en estos casos, se disparó sola...
6.- Si algún día te toca vivir en un estado no democrático -no lo descartes a priori-, la cosa se agrava: pero, en esencia, sigue siendo lo mismo: te toca correr: en la foto de Paco Elvira, Facultat de Ciéncies Económiques de Barcelona, circa 1970, estoy yo, en la parte baja de la imagen, mirando hacia atrás, corriendo delante de los "grises". El que mandaba a los que mandaban a los que mandaban a aquella gente no había ganado ningunas elecciones, sino una guerra civil, aunque justo es decir que había arrasado en dos referendums, dos... Mucho indocumentado afirma que aún no ha muerto... si fuese verdad, no lo podrían afirmar, por lo menos impunemente... con todos los defectos de lo de ahora, la verdad, me quedo con el Régimen del 78. Hasta hoy, que ya es decir...
viernes, 30 de junio de 2017
Mi vida como gato de Schrödingen
Generalmente, desde que me jubilé, escribo sobre lo que me da la real gana: es un sentimiento muy agradable, de verdad. Hoy voy a hacer una excepción, y escribiré sobre algo que, por gusto, nunca hubiese experimentado; pero las cartas salen como salen, y hay que jugar con ellas, en fin...
El gato de Schrödingen es un curioso felino, lo único que sobre la física cuántica que conocemos los que hemos entrado en contacto con ella a través de Sheldon Cooper: aquí os dejo una explicación de la famosa paradoja...http://www.astromia.com/astronomia/paradojagato.htm, aunque siempre recuerdo el comentario de Penny, desde su filosofía de la Arkansas profunda: "A mi hermano también se le quedó encerrado un gato dentro de un arcón... pero no hizo ninguna falta abrirlo para saber que dentro había un gato muerto..."
La verdad, nunca se me había ocurrido plantearme la paradoja desde el punto de vista del gato, hasta que he descubierto que esa, exactamente, es la situación en que se encuentra cualquier enfermo a la espera de una prueba clínica; tú estás como estás, incluso, muchas veces, sin ninguna molestia física digna de mención: pero sólo el resultado de la prueba, que va corriendo por sus procedimientos propios, que te son enteramente ajenos, te leerá el futuro, te explicará, con bastante claridad, si estás jodido, muy jodido, o extremadamente jodido... abrirá la caja, y el gato estará vivo... o no...
Todo el proceso se inicia cuando, una mañana, en Boltaña, descubro que mi orina es anormalmente oscura. Entre mi dormitorio y los lavabos hay, exactamente, cincuenta y cuatro escalones; no os extrañará que utilice lo que los antiguos llamaban, en bella expresión, "vaso de noche"; no le doy excesiva importancia, pero el fenómeno se repite siete días después; recuerdo un antiguo consejo: "Mea claro, y hazle una higa al médico"; el equivalente moderno de la higa es el dedo medio tieso, lo que el hijo de una amiga llama "el dedo de insultar"... no, no estoy meando claro, y la prudencia aconseja evitar cualquier gesto ofensivo y comentar el tema con un médico.
Gracias al peculiar sistema sanitario imperante en Catalunya y en buena parte de la España urbana, donde coexisten la sanidad pública y la privada, tengo médicos de cabecera donde elegir; me decido por el que más rápidamente me puede atender, el que corresponde a la mutua privada; desgraciadamente se ha fracturado un brazo, pero me dirigen a una doctora para mí desconocida: es una agradable sorpresa; una señora aún joven, grande y guapa, que me recibe de pie, en la puerta de su consulta, presentándose, sonriendo y mirándome a los ojos: debo decir que la inmensa mayoría de los médicos que llevo tratados en estos días actúan así: yo lo establecería como prueba selectiva para el ingreso en la Facultad de Medicina: en cuarenta años de funcionario, jamás he recibido a nadie en mi despacho sin acogerlo con un saludo y una sonrisa en la puerta...
Tengo dos temas que consultar con la doctora: una persistente tendinitis en el Talón de Aquiles, y el asuntillo de la orina oscura: me ordena un análisis de orina y, curiosamente, dedicamos más rato a la tendinitis, con prácticas de estiramiento... sobre la orina... pueden ser tantas cosas, no adelanta opiniones hasta ver el resultado de los análisis...
El seis de junio termina mi curso de Alemán; lo celebro con mi Lehrerin y mis compañeras con un vermut en mi casa; yo aporto zumo de manzana y, sobre todo, botellas de cerveza blanca, la Weissbier, una de mis favoritas; me bebo dos botellas de medio litro... cuando me despido de mis invitadas, consulto el móvil; tengo disponibles los resultados del análisis: hay sangre, bastante sangre...
Son , más o menos, las dos del mediodía: localizo a mi nueva doctora de cabecera, que me programa una ecografía para las cuatro, dos horas después... con dos litros de agua en mi cuerpo, me tiendo sobre la camilla: el médico, la mirada en la pantalla, va cantando... "Riñones, limpios.... uréteres, limpios... hummm..." al llegar a la vejiga, se ha hecho el silencio... reemprende: "próstata, normal...." me extiende las fotos y el informe, y me aclara... "Aquí, en la vejiga, hay una verruguita, hay que sacarla..." en el informe, "verruguita" se abrevia "Tm", para que quede claro... en dos horas escasas he pasado de ser un alegre estudiante de Alemán con un litro de Weissbier encima, a ser el feliz propietario de un tumor en la vejiga, seguramente canceroso... me aclara el médico que, en un 90% de casos, lo son, aunque también en un 90% de casos son poco agresivos...
Mi hermano pequeño acaba de pasar por esa experiencia hace pocos meses; eso me evita hacer lo que tanto odian los médicos; lanzarme en tromba sobre el Google; ya lo hice con mi hermano, y estoy bastante informado sobre el tema... la visita, cuatro días después, con el urólogo, confirma la impresión: pero aún no puede fijar fecha de operación; tiene pendiente un congreso en Madrid, y prefiere derivarme a otro equipo, que podrá operarme antes; cree que, desde el punto de vista de la enfermedad, un retraso no sería importante, pero se pone en mi lugar...
Así, el 16 de junio me encomiendo al equipo de urólogos que van a atenderme: en esta ocasión, me recibe otra doctora joven, de apellido euskaldún y suave acento criollo: me informa de las posibilidades... "los cánceres de vejiga se dividen en los muy, muy malos -no vamos a hablar de ellos- y la mayoría, que son muy, muy puñeteros; pueden reproducirse, se limpian, pueden volverse a reproducir..." le expreso mi deseo de que se trate de un cáncer muy, muy puñetero, pero sin mala intención... me fija la fecha de la intervención: veintisiete de junio,,, cuando ya me despedía, me conduce a la mesa de exploraciones... "aún tengo que reconocerte..."... manipula hábilmente mis colgajos y, como despedida, me mete un dedo en el culo... "no te preocupes, tengo la mano muy chiquitita..." la verdad es que ni lo noto...
¿Pueden empeorar las cosas...? ¡Por supuesto...! atravesamos una ola de calor sahariano y, como suele sucederme en esos casos, arrastro un catarro de campeonato... toso sin cesar, tengo algo de fiebre, Blanca está preocupadísima, por si me retrasan aún más la fecha de la intervención... paso diez días tosiendo, sudando, apenas durmiendo, no tengo cabeza casi ni para leer, la programación veraniega de las televisiones es la mierda habitual... me impongo, como disciplina, ir colgando cada día alguna cosilla en el feis... electro plano, plano... el fin de semana viene mi hija con mi nieto, y celebramos el 90 cumpleaños de mi madre... por lo menos algo me distraigo.
Y llega el día 27... a eso de la una y media de la madrugada, cuando apenas había conciliado el sueño, nos despierta un estruendo que, medio dormido, confundo con un trueno.... pero ha sido dentro de mi casa... de un salto, estoy de pie, y entro en nuestro cuarto de baño; media mampara de la ducha ha estallado, y el suelo está sembrado de miles de fragmentos de cristal, teóricamente de seguridad... "Lo que nos faltaba, un cuarto de baño Swarowsky", pienso... milagrosamente, nos volvemos a dormir.
Preparo el equipaje de clínica... ¿qué se lleva uno a una operación....? neceser, por supuesto, cargador del móvil, alguna camiseta, por si hace frío, ¿calzoncillos...? bueno, por si acaso... unas chanclas... mi yukata, una especie de kimono japonés, voy a ser un postoperado muy elegante... y que no falte un libro; Blanca me ha regalado una novela sobre las vidas de Saint Exupery y sus compañeros, Mermoz y Guillaumet, mi eterna afición a la Aviación, y el recuerdo de sus picos en el Fitzroy... será un buen compañero y, pese a su considerable tamaño, lo devoraré en dos días...
Badaín llega desde Madrid, y ella y Blanca me acompañan a mi habitación. Una habitación para mí solo, con una magnífica vista sobre Barcelona y, especialmente, el Baix Llobregat, L'Hospitalet, donde nacieron mis hijos, Cornellà, de mis primeras y duras experiencias profesionales, la Zona Franca, el puerto, con sus grúas paralizadas por la huelga de estibadores, las pistas del aeropuerto del Prat, con su continuo trasiego de aviones, yendo y viniendo de tantos sitios a donde quiero volver, y, sobre todo, a tantos y tantos sitios que aún me faltan por conocer... y a mis pies, la autovía por la que, las tardes de los viernes, encaro feliz hacia Boltaña... al lado de la clínica está el Colegio Garbí, de la Fundación Pere Vergés, la descendiente directa de mi querida Escola del Mar; enfrente, la Direcció General d'Esports, donde me ofrecieron un trabajo que rechacé por motivos muy fundados... la vida cierra curiosos bucles...
Se abre la puerta y entra un chico joven, sonriente, en tejanos y camiseta; es el doctor que me va a operar; apellido griego, suave acento criollo... me explica la intervención: intrauretral, resección del tumor... anestesia epidural, sedado, con un poco de suerte, ni me entero... trasmite confianza, y yo soy extremadamente propenso a confiar en la gente...
Pero antes he tenido que pasar por una curiosa experiencia... entre una joven provista de varias maquinillas de afeitar de un sólo uso... "si lo llego a saber, me afeito en casa", le digo... "no se preocupe, hace un momento he tenido que afeitar a otro..." en pocos segundos he dejado atrás la pubertad y observo con desolación el panorama, y el montoncillo de pelos ya grisáceos que se amontonan en el plástico que han puesto bajo mis posaderas... "lávese ahora con betadine... y, cuando le vuelvan a salir, se acordará de mí...", me dice... "Ahora está de moda, ¿verdad...?" acierto a mascullar...
Pero ya está aquí el camillero... me queda ponerme una de esas ridículas batas cortas con el culo al aire, una especie de gorra de baño verde clara, y unos peúcos a juego, de papel, que no sé muy bien para qué van a servirme... la despedida de Blanca y mi hija es rápida y no especialmente dramática, todos estamos deseando que acabe la operación y, francamente, el riesgo quirúrgico es bajo... un par de besos, y ya estoy saliendo de mi habitación con los pies por delante y mi historia clínica sobre las rodillas... el camillero me lleva por los pasillos conversando alegremente, y yo encojo las piernas por precaución, sólo me faltaría ahora una fractura...
Lo que de verdad me sorprende es la entrada en la zona quirúrgica: se abre una compuerta metálica, de dentro sale una oleada de viento frío, mi camilla se encara con el orificio de la compuerta , y es deslizada hacia otra camilla que se encuentra en el interior: entro como barra de pan en el horno del panadero... o como fiambre en el horno crematorio,no puedo dejar de pensar por un momento..
Cientos y cientos de horas de series televisivas sobre hospitales -¡Qué afición...!- me han preparado perfectamente para lo que me espera allí; en una sala grande se afanan cerca de una docena de profesionales vistiendo pijamas azul claro y coloridos gorritos, que parece que ahora se llevan mucho; en diversos estados de conciencia, otra decena de pacientes, en nuestras camillas, esperamos el trance, o nos recuperamos... a la compañera de mi lado, que está ya operada, le dan periódicamente golpecitos en la mejilla... "¡Sandra, Sandra...!" Estoy por ofrecerme a seguir yo dándole... "¡Sandra, coño, que estos señores tienen que cogerme a mí...!" Se despierta, y se la llevan, traen a otros... apenas si tenemos tiempo para que nazca entre nosotros una cierta solidaridad, cada uno va muy a lo suyo... una nueva cara sonriente, el anestesista... me explica cómo va a ir el tema; al entrar en el quirófano, epidural, sedación, y al séptimo cielo...
Entro en el quirófano, quiero decir, me entran... sobre mi cabeza, una deslumbrante lámpara, supongo que de un montón de leds... una vez más, me preguntan qué me van a hacer... "¡Tumor de vejiga!", contesto siempre... supongo que es para comprobar que estoy, como suelen decir, "orientado y consciente"; estoy tentado de decir "¡Cambio de sexo!", sólo por ver qué cara ponen... el anestesista me indica cómo tengo que poner la chepa para la epidural; lo hago a la perfección, me felicita... "!qué bien colaboras, igual que un niño que acaba de nacer, que ha colaborado mucho, os vamos a dar una medalla...!" un poco infantil todo pero, en esos momentos, casi se agradece... noto que algo pesado me entra en la espalda, pero, al mismo tiempo, por la vía me están metiendo otra cosa... y ya no recuerdo más...
De repente, me despierto tiritando de frío... estoy con los brazos en cruz, una talla verde me impide ver qué diablos están haciendo entre mis piernas, pero los oigo hablar entre sí. aunque no entiendo nada... pero, a mi derecha, en un monitor, puedo contemplar el panorama de lo que están viendo ellos; hay unas paredes grises y estriadas, que supongo que son las de la vejiga, una especie de tubo también gris, que va y viene, y un caos rojizo, que imagino que es lo que están cortando... "¡Tengo frío!", acierto a decir... "¡Ponedle calor a este hombre!" dice una voz, me colocan una manta térmica sobre el pecho y un conducto de plástico blanco por el que sale aire caliente... el panorama en el monitor me aburre un poco, me vuelvo a dormir...
Despierto de nuevo en plan Sandra, no noto nada de cintura para abajo... "¡No siento las piernas...!", grita el Rambo que todos llevamos dentro... ni falta que me hace, ya las recuperaré... pasa el rato, y no me mueven, parece ser que faltan camilleros... la sensación, por extraño que parezca, es de aburrimiento, más que de otra cosa... al final, alguien se acuerda de mí, "Subidlo ya, hombre, que lleva despierto mucho rato..." Por el camino, desconecto otra vez, se ve que lo que me han puesto en vena me deja bastante modorro...
La modorra se me pasa de golpe al entrar en la habitación... Blanca, hijos, hermanos -todos- cuñados -bastantes-... se agradece la obra de misericordia -"Visitar enfermos y presos", ¿os acordáis?- y, además te ayuda a sobreactuar un poco... "!Estoy de puta madre, prueba superada...!" me hago un selfie, besos a todos, pero se van enseguida, el AVE espera a los que viven fuera...
Llega el momento del control de daños; de la vejiga, no me duele nada, aunque tampoco sé bien bien cómo duele una vejiga operada; la epidural, poco a poco, va cediendo, empiezo a mover las piernas... pero me veo los tubos de la sonda, y sobre mí cuelgan enormes bolsas de cuatro litros de algo, que supongo suero, con lo que hay que lavarme la vejiga...
Pasa el cirujano... dice las cosas que espero oírle; parece superficial, todo limpio.... peeero... añade algo que no acaba de hacerme tanta gracia; el tumor estaba encima del uréter izquierdo; ha limpiado todo lo que ha visto, cree que no hay nada más... pero prefiere cercionarse; dentro de unos días, cuando baje la inflamación, TAC y descartar que haya empezado a subir uréter arriba.... dos semanitas más de incertidumbre, biopsia aparte...
Se ha hecho de noche, a las once me dan mi primera comida en quince horas, un yogúr natural y pollo a la plancha... he conseguido que me consideren alérgico al tomate, pero por desgracia se han enterado de mi hipertensión, y me han asignado una "dieta cardio"; quiere decir que no voy a probar la sal en dos días, y que incluso me van a negar un mísero croissant para desayunar... desde el punto de vista gastronómico la clínica ha perdido todo interés. Visto lo visto, me duermo, y lo hago de un tirón, hasta cerca de las seis de la mañana...
Transcurre todo el miércoles veintinueve en un absoluto y total aburrimiento... no tengo dolores, pero la sonda molesta, vaya si molesta... aprovecho para leer... el líquido que sale de mi vejiga va pasando del clarete de la Ribera Navarra al pajizo de los blancos con cuerpo... cada vez más transparente... hay algunas visitas, breves, y ya sabéis lo que decía Gracián de lo bueno y breve... vuelve el cirujano, y me confirma que, al día siguiente, fuera sonda y, si consigo mear por medios propios, a casa... "!Mearé!", le digo, sin dudarlo un momento...
Paso la noche casi en vela, entre las molestias de la sonda -por lo menos, han dejado de entrar en mi cuerpo las bolsas de suero; ahora tengo que beber, mucho, pero por el conducto habitual-, y la inquietud por el ratito que supondrá sacármela, así somos de inconsecuentes los humanos... al hacerse de día, oigo el carrito de la enfermera... vamos a proceder al dessondado...
La primera sorpresa es que me desinflan "el globito", que impide que salga de la vejiga: yo, la verdad, ignoraba su existencia, y me he pasado día y medio temiendo arrancármela de un tirón inadvertido... "¡Respire hondo!", me dice, lo hago, y ya está la sonda en su mano... no me despido de ella -de la sonda. quiero decir-, ni falta que me hace...
Ahora toca orinar sin ayudas externas... pero, primero, contemplo con horror el paisaje después de la batalla: el pene no es, para los varones, un órgano cualquiera; es mucho más, ya sabéis que incluso, muchas veces, delegamos en él decisiones de cierta importancia... y la verdad es que el mío, hinchado y enrojecido, ofrece un aspecto deplorable... "!Mire cómo lo tengo!", le digo a una enfermera, levantándome los faldones de la bata... "!Oh!", se le escapa, tapándose la boca con la mano... me siento el tío de la gabardina en un parque público, nunca es tarde para iniciar una carrera de exhibicionista... hay que llamar al cirujano... me dice, por teléfono, que, si no me lo arregla el médico de urgencias, vendrá él, "Y yo te lo arreglo, seguro...."; viene la doctora de urgencias, una señora de mediana edad, curada de espantos... hábilmente maniobra, los pellejos de los que no he prescindido -musulmanes y judíos van a tener razón- vuelven a su lugar, todo resuelto; hago pipí, con molestias, pero hago pipí, cojo la maleta, y salgo de la clínica casi huyendo...
Y así estamos, pendientes de la segunda tanda de pruebas, TAC y biopsia... una cosa sí he comprobado; la mejor cura para una tendinitis del Tendón de Aquiles es un carcinoma de vejiga; del pie ya ni me acuerdo... ahora, una vez más, como el gatito de la caja de Schrödinger, estoy dos cosas a la vez: muy bien -apenas si con alguna molestia al orinar- y muy bien jodido.... pero así es la vida, todos estamos igual, con la diferencia de que yo lo sé... ¿Qué solución queda al filósofo, más que confiar en la suerte....? Ya os lo he contado, me quedo un poco más tranquilo, y me voy a hacer unos udones con pollo y verduritas. Y con sal...
El gato de Schrödingen es un curioso felino, lo único que sobre la física cuántica que conocemos los que hemos entrado en contacto con ella a través de Sheldon Cooper: aquí os dejo una explicación de la famosa paradoja...http://www.astromia.com/astronomia/paradojagato.htm, aunque siempre recuerdo el comentario de Penny, desde su filosofía de la Arkansas profunda: "A mi hermano también se le quedó encerrado un gato dentro de un arcón... pero no hizo ninguna falta abrirlo para saber que dentro había un gato muerto..."
La verdad, nunca se me había ocurrido plantearme la paradoja desde el punto de vista del gato, hasta que he descubierto que esa, exactamente, es la situación en que se encuentra cualquier enfermo a la espera de una prueba clínica; tú estás como estás, incluso, muchas veces, sin ninguna molestia física digna de mención: pero sólo el resultado de la prueba, que va corriendo por sus procedimientos propios, que te son enteramente ajenos, te leerá el futuro, te explicará, con bastante claridad, si estás jodido, muy jodido, o extremadamente jodido... abrirá la caja, y el gato estará vivo... o no...
Todo el proceso se inicia cuando, una mañana, en Boltaña, descubro que mi orina es anormalmente oscura. Entre mi dormitorio y los lavabos hay, exactamente, cincuenta y cuatro escalones; no os extrañará que utilice lo que los antiguos llamaban, en bella expresión, "vaso de noche"; no le doy excesiva importancia, pero el fenómeno se repite siete días después; recuerdo un antiguo consejo: "Mea claro, y hazle una higa al médico"; el equivalente moderno de la higa es el dedo medio tieso, lo que el hijo de una amiga llama "el dedo de insultar"... no, no estoy meando claro, y la prudencia aconseja evitar cualquier gesto ofensivo y comentar el tema con un médico.
Gracias al peculiar sistema sanitario imperante en Catalunya y en buena parte de la España urbana, donde coexisten la sanidad pública y la privada, tengo médicos de cabecera donde elegir; me decido por el que más rápidamente me puede atender, el que corresponde a la mutua privada; desgraciadamente se ha fracturado un brazo, pero me dirigen a una doctora para mí desconocida: es una agradable sorpresa; una señora aún joven, grande y guapa, que me recibe de pie, en la puerta de su consulta, presentándose, sonriendo y mirándome a los ojos: debo decir que la inmensa mayoría de los médicos que llevo tratados en estos días actúan así: yo lo establecería como prueba selectiva para el ingreso en la Facultad de Medicina: en cuarenta años de funcionario, jamás he recibido a nadie en mi despacho sin acogerlo con un saludo y una sonrisa en la puerta...
Tengo dos temas que consultar con la doctora: una persistente tendinitis en el Talón de Aquiles, y el asuntillo de la orina oscura: me ordena un análisis de orina y, curiosamente, dedicamos más rato a la tendinitis, con prácticas de estiramiento... sobre la orina... pueden ser tantas cosas, no adelanta opiniones hasta ver el resultado de los análisis...
El seis de junio termina mi curso de Alemán; lo celebro con mi Lehrerin y mis compañeras con un vermut en mi casa; yo aporto zumo de manzana y, sobre todo, botellas de cerveza blanca, la Weissbier, una de mis favoritas; me bebo dos botellas de medio litro... cuando me despido de mis invitadas, consulto el móvil; tengo disponibles los resultados del análisis: hay sangre, bastante sangre...
Son , más o menos, las dos del mediodía: localizo a mi nueva doctora de cabecera, que me programa una ecografía para las cuatro, dos horas después... con dos litros de agua en mi cuerpo, me tiendo sobre la camilla: el médico, la mirada en la pantalla, va cantando... "Riñones, limpios.... uréteres, limpios... hummm..." al llegar a la vejiga, se ha hecho el silencio... reemprende: "próstata, normal...." me extiende las fotos y el informe, y me aclara... "Aquí, en la vejiga, hay una verruguita, hay que sacarla..." en el informe, "verruguita" se abrevia "Tm", para que quede claro... en dos horas escasas he pasado de ser un alegre estudiante de Alemán con un litro de Weissbier encima, a ser el feliz propietario de un tumor en la vejiga, seguramente canceroso... me aclara el médico que, en un 90% de casos, lo son, aunque también en un 90% de casos son poco agresivos...
Mi hermano pequeño acaba de pasar por esa experiencia hace pocos meses; eso me evita hacer lo que tanto odian los médicos; lanzarme en tromba sobre el Google; ya lo hice con mi hermano, y estoy bastante informado sobre el tema... la visita, cuatro días después, con el urólogo, confirma la impresión: pero aún no puede fijar fecha de operación; tiene pendiente un congreso en Madrid, y prefiere derivarme a otro equipo, que podrá operarme antes; cree que, desde el punto de vista de la enfermedad, un retraso no sería importante, pero se pone en mi lugar...
Así, el 16 de junio me encomiendo al equipo de urólogos que van a atenderme: en esta ocasión, me recibe otra doctora joven, de apellido euskaldún y suave acento criollo: me informa de las posibilidades... "los cánceres de vejiga se dividen en los muy, muy malos -no vamos a hablar de ellos- y la mayoría, que son muy, muy puñeteros; pueden reproducirse, se limpian, pueden volverse a reproducir..." le expreso mi deseo de que se trate de un cáncer muy, muy puñetero, pero sin mala intención... me fija la fecha de la intervención: veintisiete de junio,,, cuando ya me despedía, me conduce a la mesa de exploraciones... "aún tengo que reconocerte..."... manipula hábilmente mis colgajos y, como despedida, me mete un dedo en el culo... "no te preocupes, tengo la mano muy chiquitita..." la verdad es que ni lo noto...
¿Pueden empeorar las cosas...? ¡Por supuesto...! atravesamos una ola de calor sahariano y, como suele sucederme en esos casos, arrastro un catarro de campeonato... toso sin cesar, tengo algo de fiebre, Blanca está preocupadísima, por si me retrasan aún más la fecha de la intervención... paso diez días tosiendo, sudando, apenas durmiendo, no tengo cabeza casi ni para leer, la programación veraniega de las televisiones es la mierda habitual... me impongo, como disciplina, ir colgando cada día alguna cosilla en el feis... electro plano, plano... el fin de semana viene mi hija con mi nieto, y celebramos el 90 cumpleaños de mi madre... por lo menos algo me distraigo.
Y llega el día 27... a eso de la una y media de la madrugada, cuando apenas había conciliado el sueño, nos despierta un estruendo que, medio dormido, confundo con un trueno.... pero ha sido dentro de mi casa... de un salto, estoy de pie, y entro en nuestro cuarto de baño; media mampara de la ducha ha estallado, y el suelo está sembrado de miles de fragmentos de cristal, teóricamente de seguridad... "Lo que nos faltaba, un cuarto de baño Swarowsky", pienso... milagrosamente, nos volvemos a dormir.
Preparo el equipaje de clínica... ¿qué se lleva uno a una operación....? neceser, por supuesto, cargador del móvil, alguna camiseta, por si hace frío, ¿calzoncillos...? bueno, por si acaso... unas chanclas... mi yukata, una especie de kimono japonés, voy a ser un postoperado muy elegante... y que no falte un libro; Blanca me ha regalado una novela sobre las vidas de Saint Exupery y sus compañeros, Mermoz y Guillaumet, mi eterna afición a la Aviación, y el recuerdo de sus picos en el Fitzroy... será un buen compañero y, pese a su considerable tamaño, lo devoraré en dos días...
Badaín llega desde Madrid, y ella y Blanca me acompañan a mi habitación. Una habitación para mí solo, con una magnífica vista sobre Barcelona y, especialmente, el Baix Llobregat, L'Hospitalet, donde nacieron mis hijos, Cornellà, de mis primeras y duras experiencias profesionales, la Zona Franca, el puerto, con sus grúas paralizadas por la huelga de estibadores, las pistas del aeropuerto del Prat, con su continuo trasiego de aviones, yendo y viniendo de tantos sitios a donde quiero volver, y, sobre todo, a tantos y tantos sitios que aún me faltan por conocer... y a mis pies, la autovía por la que, las tardes de los viernes, encaro feliz hacia Boltaña... al lado de la clínica está el Colegio Garbí, de la Fundación Pere Vergés, la descendiente directa de mi querida Escola del Mar; enfrente, la Direcció General d'Esports, donde me ofrecieron un trabajo que rechacé por motivos muy fundados... la vida cierra curiosos bucles...
Se abre la puerta y entra un chico joven, sonriente, en tejanos y camiseta; es el doctor que me va a operar; apellido griego, suave acento criollo... me explica la intervención: intrauretral, resección del tumor... anestesia epidural, sedado, con un poco de suerte, ni me entero... trasmite confianza, y yo soy extremadamente propenso a confiar en la gente...
Pero antes he tenido que pasar por una curiosa experiencia... entre una joven provista de varias maquinillas de afeitar de un sólo uso... "si lo llego a saber, me afeito en casa", le digo... "no se preocupe, hace un momento he tenido que afeitar a otro..." en pocos segundos he dejado atrás la pubertad y observo con desolación el panorama, y el montoncillo de pelos ya grisáceos que se amontonan en el plástico que han puesto bajo mis posaderas... "lávese ahora con betadine... y, cuando le vuelvan a salir, se acordará de mí...", me dice... "Ahora está de moda, ¿verdad...?" acierto a mascullar...
Pero ya está aquí el camillero... me queda ponerme una de esas ridículas batas cortas con el culo al aire, una especie de gorra de baño verde clara, y unos peúcos a juego, de papel, que no sé muy bien para qué van a servirme... la despedida de Blanca y mi hija es rápida y no especialmente dramática, todos estamos deseando que acabe la operación y, francamente, el riesgo quirúrgico es bajo... un par de besos, y ya estoy saliendo de mi habitación con los pies por delante y mi historia clínica sobre las rodillas... el camillero me lleva por los pasillos conversando alegremente, y yo encojo las piernas por precaución, sólo me faltaría ahora una fractura...
Lo que de verdad me sorprende es la entrada en la zona quirúrgica: se abre una compuerta metálica, de dentro sale una oleada de viento frío, mi camilla se encara con el orificio de la compuerta , y es deslizada hacia otra camilla que se encuentra en el interior: entro como barra de pan en el horno del panadero... o como fiambre en el horno crematorio,no puedo dejar de pensar por un momento..
Cientos y cientos de horas de series televisivas sobre hospitales -¡Qué afición...!- me han preparado perfectamente para lo que me espera allí; en una sala grande se afanan cerca de una docena de profesionales vistiendo pijamas azul claro y coloridos gorritos, que parece que ahora se llevan mucho; en diversos estados de conciencia, otra decena de pacientes, en nuestras camillas, esperamos el trance, o nos recuperamos... a la compañera de mi lado, que está ya operada, le dan periódicamente golpecitos en la mejilla... "¡Sandra, Sandra...!" Estoy por ofrecerme a seguir yo dándole... "¡Sandra, coño, que estos señores tienen que cogerme a mí...!" Se despierta, y se la llevan, traen a otros... apenas si tenemos tiempo para que nazca entre nosotros una cierta solidaridad, cada uno va muy a lo suyo... una nueva cara sonriente, el anestesista... me explica cómo va a ir el tema; al entrar en el quirófano, epidural, sedación, y al séptimo cielo...
Entro en el quirófano, quiero decir, me entran... sobre mi cabeza, una deslumbrante lámpara, supongo que de un montón de leds... una vez más, me preguntan qué me van a hacer... "¡Tumor de vejiga!", contesto siempre... supongo que es para comprobar que estoy, como suelen decir, "orientado y consciente"; estoy tentado de decir "¡Cambio de sexo!", sólo por ver qué cara ponen... el anestesista me indica cómo tengo que poner la chepa para la epidural; lo hago a la perfección, me felicita... "!qué bien colaboras, igual que un niño que acaba de nacer, que ha colaborado mucho, os vamos a dar una medalla...!" un poco infantil todo pero, en esos momentos, casi se agradece... noto que algo pesado me entra en la espalda, pero, al mismo tiempo, por la vía me están metiendo otra cosa... y ya no recuerdo más...
De repente, me despierto tiritando de frío... estoy con los brazos en cruz, una talla verde me impide ver qué diablos están haciendo entre mis piernas, pero los oigo hablar entre sí. aunque no entiendo nada... pero, a mi derecha, en un monitor, puedo contemplar el panorama de lo que están viendo ellos; hay unas paredes grises y estriadas, que supongo que son las de la vejiga, una especie de tubo también gris, que va y viene, y un caos rojizo, que imagino que es lo que están cortando... "¡Tengo frío!", acierto a decir... "¡Ponedle calor a este hombre!" dice una voz, me colocan una manta térmica sobre el pecho y un conducto de plástico blanco por el que sale aire caliente... el panorama en el monitor me aburre un poco, me vuelvo a dormir...
Despierto de nuevo en plan Sandra, no noto nada de cintura para abajo... "¡No siento las piernas...!", grita el Rambo que todos llevamos dentro... ni falta que me hace, ya las recuperaré... pasa el rato, y no me mueven, parece ser que faltan camilleros... la sensación, por extraño que parezca, es de aburrimiento, más que de otra cosa... al final, alguien se acuerda de mí, "Subidlo ya, hombre, que lleva despierto mucho rato..." Por el camino, desconecto otra vez, se ve que lo que me han puesto en vena me deja bastante modorro...
La modorra se me pasa de golpe al entrar en la habitación... Blanca, hijos, hermanos -todos- cuñados -bastantes-... se agradece la obra de misericordia -"Visitar enfermos y presos", ¿os acordáis?- y, además te ayuda a sobreactuar un poco... "!Estoy de puta madre, prueba superada...!" me hago un selfie, besos a todos, pero se van enseguida, el AVE espera a los que viven fuera...
Llega el momento del control de daños; de la vejiga, no me duele nada, aunque tampoco sé bien bien cómo duele una vejiga operada; la epidural, poco a poco, va cediendo, empiezo a mover las piernas... pero me veo los tubos de la sonda, y sobre mí cuelgan enormes bolsas de cuatro litros de algo, que supongo suero, con lo que hay que lavarme la vejiga...
Pasa el cirujano... dice las cosas que espero oírle; parece superficial, todo limpio.... peeero... añade algo que no acaba de hacerme tanta gracia; el tumor estaba encima del uréter izquierdo; ha limpiado todo lo que ha visto, cree que no hay nada más... pero prefiere cercionarse; dentro de unos días, cuando baje la inflamación, TAC y descartar que haya empezado a subir uréter arriba.... dos semanitas más de incertidumbre, biopsia aparte...
Se ha hecho de noche, a las once me dan mi primera comida en quince horas, un yogúr natural y pollo a la plancha... he conseguido que me consideren alérgico al tomate, pero por desgracia se han enterado de mi hipertensión, y me han asignado una "dieta cardio"; quiere decir que no voy a probar la sal en dos días, y que incluso me van a negar un mísero croissant para desayunar... desde el punto de vista gastronómico la clínica ha perdido todo interés. Visto lo visto, me duermo, y lo hago de un tirón, hasta cerca de las seis de la mañana...
Transcurre todo el miércoles veintinueve en un absoluto y total aburrimiento... no tengo dolores, pero la sonda molesta, vaya si molesta... aprovecho para leer... el líquido que sale de mi vejiga va pasando del clarete de la Ribera Navarra al pajizo de los blancos con cuerpo... cada vez más transparente... hay algunas visitas, breves, y ya sabéis lo que decía Gracián de lo bueno y breve... vuelve el cirujano, y me confirma que, al día siguiente, fuera sonda y, si consigo mear por medios propios, a casa... "!Mearé!", le digo, sin dudarlo un momento...
Paso la noche casi en vela, entre las molestias de la sonda -por lo menos, han dejado de entrar en mi cuerpo las bolsas de suero; ahora tengo que beber, mucho, pero por el conducto habitual-, y la inquietud por el ratito que supondrá sacármela, así somos de inconsecuentes los humanos... al hacerse de día, oigo el carrito de la enfermera... vamos a proceder al dessondado...
La primera sorpresa es que me desinflan "el globito", que impide que salga de la vejiga: yo, la verdad, ignoraba su existencia, y me he pasado día y medio temiendo arrancármela de un tirón inadvertido... "¡Respire hondo!", me dice, lo hago, y ya está la sonda en su mano... no me despido de ella -de la sonda. quiero decir-, ni falta que me hace...
Ahora toca orinar sin ayudas externas... pero, primero, contemplo con horror el paisaje después de la batalla: el pene no es, para los varones, un órgano cualquiera; es mucho más, ya sabéis que incluso, muchas veces, delegamos en él decisiones de cierta importancia... y la verdad es que el mío, hinchado y enrojecido, ofrece un aspecto deplorable... "!Mire cómo lo tengo!", le digo a una enfermera, levantándome los faldones de la bata... "!Oh!", se le escapa, tapándose la boca con la mano... me siento el tío de la gabardina en un parque público, nunca es tarde para iniciar una carrera de exhibicionista... hay que llamar al cirujano... me dice, por teléfono, que, si no me lo arregla el médico de urgencias, vendrá él, "Y yo te lo arreglo, seguro...."; viene la doctora de urgencias, una señora de mediana edad, curada de espantos... hábilmente maniobra, los pellejos de los que no he prescindido -musulmanes y judíos van a tener razón- vuelven a su lugar, todo resuelto; hago pipí, con molestias, pero hago pipí, cojo la maleta, y salgo de la clínica casi huyendo...
Y así estamos, pendientes de la segunda tanda de pruebas, TAC y biopsia... una cosa sí he comprobado; la mejor cura para una tendinitis del Tendón de Aquiles es un carcinoma de vejiga; del pie ya ni me acuerdo... ahora, una vez más, como el gatito de la caja de Schrödinger, estoy dos cosas a la vez: muy bien -apenas si con alguna molestia al orinar- y muy bien jodido.... pero así es la vida, todos estamos igual, con la diferencia de que yo lo sé... ¿Qué solución queda al filósofo, más que confiar en la suerte....? Ya os lo he contado, me quedo un poco más tranquilo, y me voy a hacer unos udones con pollo y verduritas. Y con sal...
lunes, 22 de mayo de 2017
Montauban, un mercado, una boda y una tumba..
A cincuenta kilómetros de Toulouse, Montauban, una Toulouse pequeñita...
A orillas del Tarn, que es aquí un pacífico río de llanura que ya ni se acuerda de sus gorges; tierra buena, honda, la roca debe estar muchos metros más abajo... por eso se construye con ladrillo, el ladrillo rojo, que da su nombre a estas tres ciudades, Toulouse -que no vamos a visitar esta vez-, Albi y Montauban...
Llegamos en pleno mercado del Sábado por la mañana... hacia allá vamos, como atraídos por un imán: un mercado francés es siempre un lugar digno de visitar, lleno de tentaciones, a las que difícil es resistirse: boulangeries con los panes más insospechados, y todos excelentes, fromageries temáticas; la de cabra la de oveja, la de vaca, con una vaquita de peluche para que no haya dudas... compramos para cenar en el turismo rural donde nos alojamos; la expedición ha quedado reducida a cinco: Nieves y Jesús, nuestros amigos de Sieste y la Ribera del Ebro, médicos. buena compañía para un hipocondriaco como yo, Marithé, boltañesa recriada en Francia, que vive a pocos kilómetros de aquí, Blanca y yo... no es la primera vez que viajamos juntos, un buen equipo... frutas y lègumes de todos los tipos, unos espárragos que Jesús reconoce que tienen muy buena pinta, unas cerezas -aquí el experto soy yo- que, la verdad, ni fu ni fa, y unos fresones, o fresas, vaya usted a saber, de tamaño intermedio, bicónicas, de un aroma y un sabor excepcionales... en un chiringuito, un alegre chacinero fríe en un hornillo una especie de longaniza (en Aragón) o butifarra (en Cataluña); las tiene también envasadas al vacío, con una etiqueta donde pone, en letras grandes, "Narcord": "¿Eso se llama "Narcord"?", pregunto, en mi mejor Francés... "No, no, Narcord soy yo, eso es... du porc, cerdo..", me contesta el buen hombre...
En un rincón, junto al mercado, un "vide-grènier", una venta de trastos procedentes de los desvanes, las falsas... siempre busco, intentando dar con alguna joya, pero solo hay eso, trastos, zarrios... Pero no son como los nuestros; nosotros tenemos botijos, pucheros rotos, esquillas y cepos zorreros; ellos, además, bailarinas descascarilladas de falsa porcelana de Sevres, cajas de pilules de metal esmaltado en colores, ceniceritos, condecoraciones republicanas, cosas de ganchillo... son trastos de país rico, cursis, pero hay que ser rico para llegar a ser cursi...
La Catedral es fea. punto; Montauban fue villa hugonota, la Catedral no sé si lo es, o es católica, pero tiene ese aire severo, desprovisto de adornos, tan característico de la Reforma: por el contrario su antigua Plaza Real, ahora Plaza de la Nación, armónica, en ladrillo rojo, con hondos soportales dobles, es señorial y hermosa; comeremos en una calle vecina, en una mesita de reducidas dimensiones, como es habitual en Francia, pero viendo pasar a la gente, y a la sombra, en un día en que el Sol empieza a apretar, saliendo entre las nubes.
Una vez más, me encanta el raciocinio aplicado a la hostelería; parece que las cartas las haya redactado el mismísimo Descartes, quizás de ahí viene el nombre; tienes tus "formules", de entrante, plato principal -"du jour", que siempre tiene varias opciones- y postre: puedes elegir el tout complet, un entrante y postre, un entrante y plat du jour, un plat du jour, con buen acompañamiento, y postre... con diferentes precios, por supuesto... y, encima de la mesa, la carafe d'eau, perfectamente potable, y gratuita... nada que ver con nuestros rígidos menús de dos platazos y postre, que pagas si o no (siempre convenzo a mis acompañantes para que lo pidan, así como postre doble), o, en el mejor de los casos, te lo cambian por el café, como si valiesen lo mismo...
Después de comer nos acercamos al río, y pasamos por la puerta del Ayuntamiento, en el momento en que empieza a llegar una alegre caravana de coches adornados con flores y lazos de gasa: por supuesto es una boda. Una boda de argelinos. Los chicos, altos y guapos, enfundados en trajes negros con camisa blanca y corbata, tocan panderos; las chicas, morenas, guapísimas, bailan y lanzan gritos tradicionales; se ve alguna chilaba, algún velo, entre la gente mayor... un caballero anciano viste de chilaba blanca y casquete... pero es una boda francesa, republicana, con alcalde -o concejal- con su franja tricolor, leyendo artículos del Código de Napoleón... sus antepasados, obviamente, no son los galos, ni comían jabalí -¡jalufo, jalufo!-, pero son la Francia de hoy y, obviamente la del mañana. Y lo siento, doña Marina, pero eso es lo que hay, y bien contenta puede estar, que han dado al Mundo un Zidane del que, por cierto, poco contentos están hoy mis conciudadanos barceloneses...
Al coche, una vez más, y un corto recorrido hasta el Cementerio de Montauban el objetivo sentimental de mi visita: los cementerios franceses son minerales, feos, suelo empedrado, tumbas de piedra, generalmente artificial, cemento... pocos árboles, siempre cipreses... nada que ver con los vegetales Friedhöfe alemanes, tan verdes, tan mulliditos, que te quedarías... eso sí, han tenido el buen detalle de bautizar a las calles con nombres de pájaros; "Les merles", "les mésonges"... cuando se acaban los pájaros, al fondo del cementerio, una pequeña bandera republicana -española, quiero decir; en Francia todas son republicanas, claro- nos indica que estamos ante la tumba de Don Manuel Azaña Díaz, Presidente que fue de la República, hasta su exilio y dimisión en 1939.
Me doy cuenta, demasiado tarde, de que nunca me he aprendido la letra del Himno de Riego; me sé de corrido la música, que la Ronda de Boltaña siempre toca en sus actuaciones, pero sólo recuerdo el estribillo: "¡Soldados, la Patria nos llama a la lid/juremos por ella vencer o morir!"; y aquella otra estrofa que me enseñaba mi abuela Encarnación, malagueña y de familia liberal, que la habría recibido casi de testigos presenciales: "Si Torrijos murió fusilado/no murió ni por vil ni traidor/que murió con la espada en la mano/defendiendo la Constitución..." así me veo yo, defendiendo la Constitución... en España no tenemos suerte con los himnos: el de ahora, se silba o tararea -unos lo tararean, otros lo silban-, el más cantado, el "Cara al Sol", era un poema de madrileños de familia bien, y la gente no entendía la letra... "Impasible el ademán...", y oían y repetían "¡Imposible, el Alemán..!", se lo cuento a mi profesora, Anette, y se muere de risa... "Ach so, imposible, ja...!" Pero al Presidente hay que rendirle honores, y le canto lo que puedo...
Si vamos a ver, es una pequeña vergüenza tenerlo aquí, en tierra extraña, que lo acogió un poco a contrapelo, y donde murió a los sesenta años, un chaval, yo creo que de pena... pero es casi mejor dejarlo debajo de un no demasiado afortunado monumento, una especie de llamas o estalactitas transparentes, de metacrilato, traspasadas por otra roja, demasiado evidente la sangre... España, incluso la España de ahora, es un choque, un sobreestímulo demasiado fuerte para un espíritu sereno y reflexivo como el suyo; de los problemas que dejó, sólo se han arreglado, precisamente, dos de los que más lo trajeron de cráneo: los jornaleros -en Casas Viejas, los que no han emigrado, cobran el PER-, y el Ejército, definitivamente democratizado y civilizado, yo creo que gracias a la OTAN, con la de carteles que llegué a pegar en su contra... pero los curas siguen haciendo de las suyas -si se enterase de lo de la concertada, él que acabó de los colegios de frailes hasta el pirulo de la boina...-, y Cataluña... después de defender fogosamente el Estatut d'Autonomía, su calvario durante la Guerra Civil se vio enturbiado por la deslealtad sediciosa de Companys y los bandazos internos de un Partido Socialista escindido en facciones irreconciliables... ¿Os suena...?
Descanse usted, Don Manuel, por allá abajo seguimos, a trancas y barrancas... consuélese con sus palabras escritas sobre su lápida: Paz, Piedad y Perdón... en eso estamos, aunque no todos los días... amén.
A orillas del Tarn, que es aquí un pacífico río de llanura que ya ni se acuerda de sus gorges; tierra buena, honda, la roca debe estar muchos metros más abajo... por eso se construye con ladrillo, el ladrillo rojo, que da su nombre a estas tres ciudades, Toulouse -que no vamos a visitar esta vez-, Albi y Montauban...
Llegamos en pleno mercado del Sábado por la mañana... hacia allá vamos, como atraídos por un imán: un mercado francés es siempre un lugar digno de visitar, lleno de tentaciones, a las que difícil es resistirse: boulangeries con los panes más insospechados, y todos excelentes, fromageries temáticas; la de cabra la de oveja, la de vaca, con una vaquita de peluche para que no haya dudas... compramos para cenar en el turismo rural donde nos alojamos; la expedición ha quedado reducida a cinco: Nieves y Jesús, nuestros amigos de Sieste y la Ribera del Ebro, médicos. buena compañía para un hipocondriaco como yo, Marithé, boltañesa recriada en Francia, que vive a pocos kilómetros de aquí, Blanca y yo... no es la primera vez que viajamos juntos, un buen equipo... frutas y lègumes de todos los tipos, unos espárragos que Jesús reconoce que tienen muy buena pinta, unas cerezas -aquí el experto soy yo- que, la verdad, ni fu ni fa, y unos fresones, o fresas, vaya usted a saber, de tamaño intermedio, bicónicas, de un aroma y un sabor excepcionales... en un chiringuito, un alegre chacinero fríe en un hornillo una especie de longaniza (en Aragón) o butifarra (en Cataluña); las tiene también envasadas al vacío, con una etiqueta donde pone, en letras grandes, "Narcord": "¿Eso se llama "Narcord"?", pregunto, en mi mejor Francés... "No, no, Narcord soy yo, eso es... du porc, cerdo..", me contesta el buen hombre...
En un rincón, junto al mercado, un "vide-grènier", una venta de trastos procedentes de los desvanes, las falsas... siempre busco, intentando dar con alguna joya, pero solo hay eso, trastos, zarrios... Pero no son como los nuestros; nosotros tenemos botijos, pucheros rotos, esquillas y cepos zorreros; ellos, además, bailarinas descascarilladas de falsa porcelana de Sevres, cajas de pilules de metal esmaltado en colores, ceniceritos, condecoraciones republicanas, cosas de ganchillo... son trastos de país rico, cursis, pero hay que ser rico para llegar a ser cursi...
La Catedral es fea. punto; Montauban fue villa hugonota, la Catedral no sé si lo es, o es católica, pero tiene ese aire severo, desprovisto de adornos, tan característico de la Reforma: por el contrario su antigua Plaza Real, ahora Plaza de la Nación, armónica, en ladrillo rojo, con hondos soportales dobles, es señorial y hermosa; comeremos en una calle vecina, en una mesita de reducidas dimensiones, como es habitual en Francia, pero viendo pasar a la gente, y a la sombra, en un día en que el Sol empieza a apretar, saliendo entre las nubes.
Una vez más, me encanta el raciocinio aplicado a la hostelería; parece que las cartas las haya redactado el mismísimo Descartes, quizás de ahí viene el nombre; tienes tus "formules", de entrante, plato principal -"du jour", que siempre tiene varias opciones- y postre: puedes elegir el tout complet, un entrante y postre, un entrante y plat du jour, un plat du jour, con buen acompañamiento, y postre... con diferentes precios, por supuesto... y, encima de la mesa, la carafe d'eau, perfectamente potable, y gratuita... nada que ver con nuestros rígidos menús de dos platazos y postre, que pagas si o no (siempre convenzo a mis acompañantes para que lo pidan, así como postre doble), o, en el mejor de los casos, te lo cambian por el café, como si valiesen lo mismo...
Después de comer nos acercamos al río, y pasamos por la puerta del Ayuntamiento, en el momento en que empieza a llegar una alegre caravana de coches adornados con flores y lazos de gasa: por supuesto es una boda. Una boda de argelinos. Los chicos, altos y guapos, enfundados en trajes negros con camisa blanca y corbata, tocan panderos; las chicas, morenas, guapísimas, bailan y lanzan gritos tradicionales; se ve alguna chilaba, algún velo, entre la gente mayor... un caballero anciano viste de chilaba blanca y casquete... pero es una boda francesa, republicana, con alcalde -o concejal- con su franja tricolor, leyendo artículos del Código de Napoleón... sus antepasados, obviamente, no son los galos, ni comían jabalí -¡jalufo, jalufo!-, pero son la Francia de hoy y, obviamente la del mañana. Y lo siento, doña Marina, pero eso es lo que hay, y bien contenta puede estar, que han dado al Mundo un Zidane del que, por cierto, poco contentos están hoy mis conciudadanos barceloneses...
Al coche, una vez más, y un corto recorrido hasta el Cementerio de Montauban el objetivo sentimental de mi visita: los cementerios franceses son minerales, feos, suelo empedrado, tumbas de piedra, generalmente artificial, cemento... pocos árboles, siempre cipreses... nada que ver con los vegetales Friedhöfe alemanes, tan verdes, tan mulliditos, que te quedarías... eso sí, han tenido el buen detalle de bautizar a las calles con nombres de pájaros; "Les merles", "les mésonges"... cuando se acaban los pájaros, al fondo del cementerio, una pequeña bandera republicana -española, quiero decir; en Francia todas son republicanas, claro- nos indica que estamos ante la tumba de Don Manuel Azaña Díaz, Presidente que fue de la República, hasta su exilio y dimisión en 1939.
Me doy cuenta, demasiado tarde, de que nunca me he aprendido la letra del Himno de Riego; me sé de corrido la música, que la Ronda de Boltaña siempre toca en sus actuaciones, pero sólo recuerdo el estribillo: "¡Soldados, la Patria nos llama a la lid/juremos por ella vencer o morir!"; y aquella otra estrofa que me enseñaba mi abuela Encarnación, malagueña y de familia liberal, que la habría recibido casi de testigos presenciales: "Si Torrijos murió fusilado/no murió ni por vil ni traidor/que murió con la espada en la mano/defendiendo la Constitución..." así me veo yo, defendiendo la Constitución... en España no tenemos suerte con los himnos: el de ahora, se silba o tararea -unos lo tararean, otros lo silban-, el más cantado, el "Cara al Sol", era un poema de madrileños de familia bien, y la gente no entendía la letra... "Impasible el ademán...", y oían y repetían "¡Imposible, el Alemán..!", se lo cuento a mi profesora, Anette, y se muere de risa... "Ach so, imposible, ja...!" Pero al Presidente hay que rendirle honores, y le canto lo que puedo...
Si vamos a ver, es una pequeña vergüenza tenerlo aquí, en tierra extraña, que lo acogió un poco a contrapelo, y donde murió a los sesenta años, un chaval, yo creo que de pena... pero es casi mejor dejarlo debajo de un no demasiado afortunado monumento, una especie de llamas o estalactitas transparentes, de metacrilato, traspasadas por otra roja, demasiado evidente la sangre... España, incluso la España de ahora, es un choque, un sobreestímulo demasiado fuerte para un espíritu sereno y reflexivo como el suyo; de los problemas que dejó, sólo se han arreglado, precisamente, dos de los que más lo trajeron de cráneo: los jornaleros -en Casas Viejas, los que no han emigrado, cobran el PER-, y el Ejército, definitivamente democratizado y civilizado, yo creo que gracias a la OTAN, con la de carteles que llegué a pegar en su contra... pero los curas siguen haciendo de las suyas -si se enterase de lo de la concertada, él que acabó de los colegios de frailes hasta el pirulo de la boina...-, y Cataluña... después de defender fogosamente el Estatut d'Autonomía, su calvario durante la Guerra Civil se vio enturbiado por la deslealtad sediciosa de Companys y los bandazos internos de un Partido Socialista escindido en facciones irreconciliables... ¿Os suena...?
Descanse usted, Don Manuel, por allá abajo seguimos, a trancas y barrancas... consuélese con sus palabras escritas sobre su lápida: Paz, Piedad y Perdón... en eso estamos, aunque no todos los días... amén.
miércoles, 17 de mayo de 2017
L'Ariège: de osos, maquis y semillas reales...
L'Ariège es mi agujero negro de los Pirineos. Injustamente, añado...
Subes al Port d'Envalira atravesando resorts de esquí que parecen calles de suburbios urbanos, con algún toquecito de piedra y madera, para que no se diga... tienes frente a ti el circo donde nace el Valira, había olvidado lo bello de ese lugar... tengo intención de subir al viejo Port, por la antigua carretera, pero me parece que va a descargar una tormenta de narices -luego queda en nada-, y opto por el túnel, aunque supongo que será bastante caro... dos o tres minutos bajo las rocas de Pyrene, y al salir...
¡Mocé, parece que hubieses atravesado el Túnel del Tiempo, no el d'Envalira!: al otro lado, laderas de pastos sin fin, hacia el fondo de un estrecho valle, por una carretera que podría ser una antigua calzada romana asfaltada... y ni un alma, nadie, ninguno... algún coche aparcado cerca de una cabaña pastoril, una señal indicando el desvío hacia unas pistas de esquí que se imaginan, pero no se ven... donde antes todo era cemento, iniciativa empresarial y riqueza imponible, hay ahora tan sólo soledad, calma y, seguramente, subvenciones europeas.
Estamos entrando en L'Ariège: es mi agujero negro en los Pirineos: a espaldas de Andorra, el Pallars Sobirà y La Val d'Aran, kilómetros de montaña y bosque que he rodeado muchas veces, pero nunca recorrido... curiosamente, la primera vez que salí de España lo hice siguiendo este mismo camino, en un viaje familiar desde Andorra a -destino habitual de las familias cristianas de le época- Lourdes... me hacía tanta ilusión, que preparé el trayecto etapa a etapa, dibujando el mapa: Ax les Thermes, Foix, Saint Girons, Saint Gaudens... deseoso de practicar mi Francés, todos lo estábamos... creo que fue en esta ocasión cuando mi hermana Pilar saludó con un ceremonioso "Bonjour, Madame!" a un bigotudo y sorprendido gendarme... luego resultaba que cada pueblo estaba lleno de exiliados o emigrantes -o las dos cosas- españoles, que nos recibían al grito de "¡Paisaaaanos..!", aunque supiesen que veníamos de la España Franquista, que les negaba el Pan y la Libertad.
L'Ariège es tierra de maquis -de maquisards- y de osos... en sus montañas, en sus bosques, se escondían los que luchaban contra los ocupantes alemanes o, simplemente, huían del Servicio de Trabajo Obligatorio, que pretendía que sustituyesen en sus fábricas a los obreros alemanes que estaban luchando en el Este... luego, en la práctica, resultaba que muchas veces también los sustituían bajo los tibios edredones de las semidesiertas camas conyugales, pero aún así el atractivo del STO era más bien escaso... los primeros maquisards eran excombatientes españoles, que ya tenían muy claro cómo las gastaba el Nuevo Orden Europeo, que a su olor de grasa de armas y pies sudados en botas altas añadía en España el menos tranquilizador aún de cirios, incienso y sotanas mal lavadas.
Los nazis perdieron la guerra en Rusia, los maquisards salieron del bosque y se transformaron en alcaldes de pueblo con banda tricolor y condecoración en la solapa... y ahora están ocupando su lugar los osos, traídos de Eslovenia... deseo con todas mis fuerzas que nunca más vuelva a haber maquis en los Pirineos, que todo el Mundo y le Monde pueda defender pacíficamente sus ideas, sin necesidad de empuñar la Sten, pero estoy absolutamente a favor del Oso, mi tótem, ese bicho gordo, tragón y huraño con el que tanto me identifico... de acuerdo; de vez en cuando, se le va la mano y se carga alguna oveja, y estoy a favor de que quienes viven de la ganadería sean regiamente compensados por las molestias que puedan causarles los osos; pero su presencia en los bosques, la mera sospecha de que por allí ha podido pasar un oso... nos hace recuperar el encanto de la Naturaleza primigenia, un poco cabrona a veces, justo es reconocerlo, pero pura, libre, inocente, materna y virginal a la vez.
"¿Te gustaría encontrarte en el bosque con un oso...?", me preguntan sus detractores... según y como, depende de la distancia... pero a él tampoco le interesa, para nada, encontrarse conmigo, sin saber si soy un pacífico ecopijo o un depredador como Don Manuel Fraga Iribarne, que gloria haya, deseoso de hacerse un llavero con su "os penis", el huesecillo que tienen los osos dentro de la picha, o, sin ir más lejos, como nuestro campechano Rey Emérito... además, bien mirado, tengo un amigo que ha cazado un oso -negro, pero oso- en Canadá, mientras, que yo sepa, ningún oso ha cazado nunca a ningún amigo mío, ni tan siquiera a un conocido, y eso que les podría dar ideas...
Ax les Thermes es a donde me gustaría que me llevase en una sillita de ruedas mi cuidador andino cuando esté bastante más cascado que ahora: parece aburrido de narices, pero plácido, agradable, limpito, con un casino que prefiero no imaginarme, lleno de señoras gastándose la pensión en las maquinitas, unos baños -termales, por supuesto- con cierto aire decadente, pero actualizados y funcionales, y restaurantes con mesitas al sol y a la sombra, animados y acogedores... comemos en uno de ellos; nos atienden dos chicas muy jóvenes, una nos confiesa que es su primer día de trabajo... son agradables, son monillas, tienen un delantal y un PDA, pero ni idea de lo que se traen entre manos... corre la falsa creencia de que para camarero vale cualquiera dispuesto a trabajar muchas horas por poco dinero: falso: cualquiera -y a la vista está- vale para ministro, pero un buen camarero es una rara joya; bueno, hacen lo que pueden... el plat du jour es un estofado de cordero... os apuesto lo que queráis a que es imposible encontrar en Sobrarbe un restaurante donde ofrezcan estofado de cordero, y será por falta de corderos... éste me recuerda a los que hacía, un día sí y otro no, mi tía Encarnación... por desgracia, lo acompañan de una ratatouille con bien de tomate, que aparto con gesto ofendido... para beber, una Pelfort; en tres días probaré cervezas muy distintas, pero esta, de un cierto aire alemán -o alsaciano, no la liemos- me sabe de maravilla.
Foix -ese pueblo grande, o ciudad pequeña, que nunca sabemos si pronunciar "Foij" o "Fuá"- es nuestra segunda y última etapa en Ariège: tiene una gran periferia de Carrefours y naves industriales, y un casco antiguo agradable y apañado, dominado por el castillo de sus Condes: y ahí se centra mi atención, porque la Casa Condal de Foix- o de Fuá- pudo haber cambiado muchas cosas...
Al fallecer Doña Isabel la Católica, rompiéndose así la imagen que los viejos asociamos al llorado billete de Mil Pesetas, su aún relativamente joven viudo, Don Fernando, el Ligeramente Menos Católico, contrajo matrimonio con Doña Germana de Foix, hija de los condes, y prima del rey de Francia, conprometiéndose a nombrar heredero al posible hijo que tuvieran. Se hubiese deshecho así la unión entre Castilla y Aragón, pivotando el nuevo eje de alianzas hacia el Poderoso Vecino del Norte, que se suponía -sin fundamento alguno- menos voraz que el Poderoso Vecino del Sur.
Si la semilla del Rey, vertida tan generosamente en tantos lugares agradables y acogedores, hubiese conservado un cierto potencial, la Historia hubiese dado un giro sorprendente, y hoy Castilla -capital, Lisboa- y Aragón -capital, Valencia- podrían ser Estados vecinos y amigos, e intercambiarse votos en el Festival de Eurovisión... pero el zagal que tuvieron duró horas... podría haber sido también rey de Nápoles, y hoy una poderosa Camorra aragonesa explotaría oportunidades de negocio más o menos turbio en los Cinco Continentes... pero lo históricamente más probable es que Aragón, sin los Tercios castellanos y el Oro de Indias, hubiese entrado indefectiblemente en el campo gravitatorio del poderoso vecino del Norte; hoy, por ejemplo, Boltagne podría ser la capital del Dèpartement de Cinqué et Ará, llena de Écoles et Lycées republicanos y laicos, hablaríamos poniendo los morros en forma de acento circunflejo, podríamos comer fromages et fuás y beber vin rouge sin que se nos alterase el colesterol, y todas las señoras llevarían lingerie noire de dentelles...
Barajando esas posibilidades, desde la triste situación presente -sin más dentelle noire que la mantilla de la Cospedal el día del Corpus- paseamos por las calles de Foix o Fuá, recordando cómo continuó la insólita historia de Doña Germana; cuentan las malas lenguas -y la Wiki lo recoge- que Don Fernando, intentando mejorar sus perfomances reproductivas, abusó de determinadas infusiones de hierbas, y dejó viudita joven a Doña Germana, encomendándola, eso sí, a los cuidados de su nieto Carlos Primero; y afirman que, cuando llegó el germánico rey y futuro Kaiser, encontró a Doña Germana -su abuelastra- sumamente apetecible, y tuvo con ella más que palabras... ¡Caramba, Don Karl, eso no era una MILF, era toda una GILF...! De aquellos amores locos -"verrückt", si había un alemán por medio- tuvo Doña Germana una hija, y, para cubrir el expediente, la casó el Emperador con un noble tedesco de su séquito, de Brandenburgo, nada menos... que tampoco le duró demasiado a Doña Germana -que, por lo visto, tenía un peligro....-, viéndose obligado el buen Karl a buscarle nuevo marido, y hacerlos virreyes de Valencia, donde acabó sus días, fundando conventos y pasteleando a troche y moche en la política valenciana, que ya apuntaba maneras...
El coche nos espera, y aún quedan kilómetros hasta la Chambre d'Hôtes que nos aguarda, más al Norte, ya en el corazón del Midi...
Subes al Port d'Envalira atravesando resorts de esquí que parecen calles de suburbios urbanos, con algún toquecito de piedra y madera, para que no se diga... tienes frente a ti el circo donde nace el Valira, había olvidado lo bello de ese lugar... tengo intención de subir al viejo Port, por la antigua carretera, pero me parece que va a descargar una tormenta de narices -luego queda en nada-, y opto por el túnel, aunque supongo que será bastante caro... dos o tres minutos bajo las rocas de Pyrene, y al salir...
¡Mocé, parece que hubieses atravesado el Túnel del Tiempo, no el d'Envalira!: al otro lado, laderas de pastos sin fin, hacia el fondo de un estrecho valle, por una carretera que podría ser una antigua calzada romana asfaltada... y ni un alma, nadie, ninguno... algún coche aparcado cerca de una cabaña pastoril, una señal indicando el desvío hacia unas pistas de esquí que se imaginan, pero no se ven... donde antes todo era cemento, iniciativa empresarial y riqueza imponible, hay ahora tan sólo soledad, calma y, seguramente, subvenciones europeas.
Estamos entrando en L'Ariège: es mi agujero negro en los Pirineos: a espaldas de Andorra, el Pallars Sobirà y La Val d'Aran, kilómetros de montaña y bosque que he rodeado muchas veces, pero nunca recorrido... curiosamente, la primera vez que salí de España lo hice siguiendo este mismo camino, en un viaje familiar desde Andorra a -destino habitual de las familias cristianas de le época- Lourdes... me hacía tanta ilusión, que preparé el trayecto etapa a etapa, dibujando el mapa: Ax les Thermes, Foix, Saint Girons, Saint Gaudens... deseoso de practicar mi Francés, todos lo estábamos... creo que fue en esta ocasión cuando mi hermana Pilar saludó con un ceremonioso "Bonjour, Madame!" a un bigotudo y sorprendido gendarme... luego resultaba que cada pueblo estaba lleno de exiliados o emigrantes -o las dos cosas- españoles, que nos recibían al grito de "¡Paisaaaanos..!", aunque supiesen que veníamos de la España Franquista, que les negaba el Pan y la Libertad.
L'Ariège es tierra de maquis -de maquisards- y de osos... en sus montañas, en sus bosques, se escondían los que luchaban contra los ocupantes alemanes o, simplemente, huían del Servicio de Trabajo Obligatorio, que pretendía que sustituyesen en sus fábricas a los obreros alemanes que estaban luchando en el Este... luego, en la práctica, resultaba que muchas veces también los sustituían bajo los tibios edredones de las semidesiertas camas conyugales, pero aún así el atractivo del STO era más bien escaso... los primeros maquisards eran excombatientes españoles, que ya tenían muy claro cómo las gastaba el Nuevo Orden Europeo, que a su olor de grasa de armas y pies sudados en botas altas añadía en España el menos tranquilizador aún de cirios, incienso y sotanas mal lavadas.
Los nazis perdieron la guerra en Rusia, los maquisards salieron del bosque y se transformaron en alcaldes de pueblo con banda tricolor y condecoración en la solapa... y ahora están ocupando su lugar los osos, traídos de Eslovenia... deseo con todas mis fuerzas que nunca más vuelva a haber maquis en los Pirineos, que todo el Mundo y le Monde pueda defender pacíficamente sus ideas, sin necesidad de empuñar la Sten, pero estoy absolutamente a favor del Oso, mi tótem, ese bicho gordo, tragón y huraño con el que tanto me identifico... de acuerdo; de vez en cuando, se le va la mano y se carga alguna oveja, y estoy a favor de que quienes viven de la ganadería sean regiamente compensados por las molestias que puedan causarles los osos; pero su presencia en los bosques, la mera sospecha de que por allí ha podido pasar un oso... nos hace recuperar el encanto de la Naturaleza primigenia, un poco cabrona a veces, justo es reconocerlo, pero pura, libre, inocente, materna y virginal a la vez.
"¿Te gustaría encontrarte en el bosque con un oso...?", me preguntan sus detractores... según y como, depende de la distancia... pero a él tampoco le interesa, para nada, encontrarse conmigo, sin saber si soy un pacífico ecopijo o un depredador como Don Manuel Fraga Iribarne, que gloria haya, deseoso de hacerse un llavero con su "os penis", el huesecillo que tienen los osos dentro de la picha, o, sin ir más lejos, como nuestro campechano Rey Emérito... además, bien mirado, tengo un amigo que ha cazado un oso -negro, pero oso- en Canadá, mientras, que yo sepa, ningún oso ha cazado nunca a ningún amigo mío, ni tan siquiera a un conocido, y eso que les podría dar ideas...
Ax les Thermes es a donde me gustaría que me llevase en una sillita de ruedas mi cuidador andino cuando esté bastante más cascado que ahora: parece aburrido de narices, pero plácido, agradable, limpito, con un casino que prefiero no imaginarme, lleno de señoras gastándose la pensión en las maquinitas, unos baños -termales, por supuesto- con cierto aire decadente, pero actualizados y funcionales, y restaurantes con mesitas al sol y a la sombra, animados y acogedores... comemos en uno de ellos; nos atienden dos chicas muy jóvenes, una nos confiesa que es su primer día de trabajo... son agradables, son monillas, tienen un delantal y un PDA, pero ni idea de lo que se traen entre manos... corre la falsa creencia de que para camarero vale cualquiera dispuesto a trabajar muchas horas por poco dinero: falso: cualquiera -y a la vista está- vale para ministro, pero un buen camarero es una rara joya; bueno, hacen lo que pueden... el plat du jour es un estofado de cordero... os apuesto lo que queráis a que es imposible encontrar en Sobrarbe un restaurante donde ofrezcan estofado de cordero, y será por falta de corderos... éste me recuerda a los que hacía, un día sí y otro no, mi tía Encarnación... por desgracia, lo acompañan de una ratatouille con bien de tomate, que aparto con gesto ofendido... para beber, una Pelfort; en tres días probaré cervezas muy distintas, pero esta, de un cierto aire alemán -o alsaciano, no la liemos- me sabe de maravilla.
Foix -ese pueblo grande, o ciudad pequeña, que nunca sabemos si pronunciar "Foij" o "Fuá"- es nuestra segunda y última etapa en Ariège: tiene una gran periferia de Carrefours y naves industriales, y un casco antiguo agradable y apañado, dominado por el castillo de sus Condes: y ahí se centra mi atención, porque la Casa Condal de Foix- o de Fuá- pudo haber cambiado muchas cosas...
Al fallecer Doña Isabel la Católica, rompiéndose así la imagen que los viejos asociamos al llorado billete de Mil Pesetas, su aún relativamente joven viudo, Don Fernando, el Ligeramente Menos Católico, contrajo matrimonio con Doña Germana de Foix, hija de los condes, y prima del rey de Francia, conprometiéndose a nombrar heredero al posible hijo que tuvieran. Se hubiese deshecho así la unión entre Castilla y Aragón, pivotando el nuevo eje de alianzas hacia el Poderoso Vecino del Norte, que se suponía -sin fundamento alguno- menos voraz que el Poderoso Vecino del Sur.
Si la semilla del Rey, vertida tan generosamente en tantos lugares agradables y acogedores, hubiese conservado un cierto potencial, la Historia hubiese dado un giro sorprendente, y hoy Castilla -capital, Lisboa- y Aragón -capital, Valencia- podrían ser Estados vecinos y amigos, e intercambiarse votos en el Festival de Eurovisión... pero el zagal que tuvieron duró horas... podría haber sido también rey de Nápoles, y hoy una poderosa Camorra aragonesa explotaría oportunidades de negocio más o menos turbio en los Cinco Continentes... pero lo históricamente más probable es que Aragón, sin los Tercios castellanos y el Oro de Indias, hubiese entrado indefectiblemente en el campo gravitatorio del poderoso vecino del Norte; hoy, por ejemplo, Boltagne podría ser la capital del Dèpartement de Cinqué et Ará, llena de Écoles et Lycées republicanos y laicos, hablaríamos poniendo los morros en forma de acento circunflejo, podríamos comer fromages et fuás y beber vin rouge sin que se nos alterase el colesterol, y todas las señoras llevarían lingerie noire de dentelles...
Barajando esas posibilidades, desde la triste situación presente -sin más dentelle noire que la mantilla de la Cospedal el día del Corpus- paseamos por las calles de Foix o Fuá, recordando cómo continuó la insólita historia de Doña Germana; cuentan las malas lenguas -y la Wiki lo recoge- que Don Fernando, intentando mejorar sus perfomances reproductivas, abusó de determinadas infusiones de hierbas, y dejó viudita joven a Doña Germana, encomendándola, eso sí, a los cuidados de su nieto Carlos Primero; y afirman que, cuando llegó el germánico rey y futuro Kaiser, encontró a Doña Germana -su abuelastra- sumamente apetecible, y tuvo con ella más que palabras... ¡Caramba, Don Karl, eso no era una MILF, era toda una GILF...! De aquellos amores locos -"verrückt", si había un alemán por medio- tuvo Doña Germana una hija, y, para cubrir el expediente, la casó el Emperador con un noble tedesco de su séquito, de Brandenburgo, nada menos... que tampoco le duró demasiado a Doña Germana -que, por lo visto, tenía un peligro....-, viéndose obligado el buen Karl a buscarle nuevo marido, y hacerlos virreyes de Valencia, donde acabó sus días, fundando conventos y pasteleando a troche y moche en la política valenciana, que ya apuntaba maneras...
El coche nos espera, y aún quedan kilómetros hasta la Chambre d'Hôtes que nos aguarda, más al Norte, ya en el corazón del Midi...
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