domingo, 2 de agosto de 2015

Misión en Asturias: ¡El segundo cuento del Oso, basado en hechos reales!

Hace años, visitando Asturias, recorrimos parte de una antigua vía férrea, transformada, en atención a que atraviesa una de las comarcas más oseras del Principado, en la Senda del Oso, experiencia que os recomiendo vivamente; allí, en un gran cercado, vivían entonces dos osas hermanas y ligeramente maduritas, por no decir viejas: Paca y Tola, creo que rescatadas de un circo, o algo parecido. En ese cercado de Proazas, junto con varias decenas de turistas, fuimos espectadores de los vanos intentos por cubrirlas que hacía Furacu, un enorme oso procedente de la reserva cántabra de Cabárcena, enviado por el Presidente de Cantabria, entonces y ahora, que no es pariente mío, pero que me cae muy bien, aunque sea un poco  bocas... alardeaba de haber cebado a Furacu con las famosas anchoas cántabras, las mismas que regalaba a Juan Carlos en sus visitas en taxi a La Zarzuela.

En la Senda del Oso, Proazas, Astúrias


Parecía que una de las hermanas se ponía a tiro; Furacu acudía solícito, con una  delicadeza insospechada en un bicho tan grande, mordía cariñosamente a la osa en el cuello, se disponía a entrar en acción... y la osa se alejaba, poniendo su trasero a buen recaudo; un "ohhhhh!" de decepción recorría la masa de turistas, y el pobre Furacu refrescaba sus ansias metiéndose en la piscina.. varias veces en nuestra presencia, se repitió la situación, defraudando nuestro deseo de que la cosa tuviese un final feliz, hasta que una cuidadora, dando el tema por imposible, empezó a tirarles manzanas desde el otro lado del cercado...



¡Venga, tonta...!
 



Imaginando situaciones para mi Oso, parece bastante normal que lo enviase a Astúries, a obtener un primer éxito allá donde su colega Furacu había fracasado; pero no podía hacerlo por su cuenta: la vertiente política del asunto requería hacer entrar en el relato a otros personajes. Así aparece por primera vez el Presidente de la Comunidad Autónoma de Aragón, futuro amigo y jefe del Oso, que comparte alguna característica física y biográfica con el personaje real,  con el que tan solo había yo mantenido una breve, pero agradable, conversación, al serle presentado por un amigo común, o se cita de refilón al President Montilla, de la Generalitat de Catalunya, o al propio Consejero de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, que ejerciendo una responsabilidad anterior me había invitado amablemente a una Jornadas... ni que decir tiene que he tomado prestadas sus imágenes públicas bajo mi entera y absoluta responsabilidad, sin que en nada puedan o deban recoger mis personajes ninguna opinión o característica atribuibles a los reales...y en el improbabilísimo caso de que estos cuentos lleguen a sus oídos, espero que los acepten como una mera broma.

Igualmente, en el caso de Furacu...


¡Nada, tío, que hoy tampoco ligo...como si a ti no te hubiese pasado nunca!




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Misión en Asturias


 

 


 ¡Hombre, tú por aquí otra vez, con la cámara a cuestas…. Ya veo, hoy va la cosa de florecitas… pues cambia el objetivo, pon el tele, que queda más natural, y me haces dos posados ahí en la ladera, sácame el lado bueno, y luego ven aquí, que te voy a contar lo que me ha pasado, que, si no lo cuento, reviento…

¿Te acuerdas el día que nos vimos, que yo me iba tan contento porque había olido una hembra en celo…? Pues fui siguiendo el rastro, que cada vez se hacía más intenso, hasta llegar a un calvero en el bosque, donde alcanzaba ya niveles embriagadores, turbadores… cuando más turbado estaba –no te rías, cabrón-, cayó sobre mí una red, y un grupo de tíos con pantalones de pana, que me redujeron en un momento, no sin recibir una buena ración de mangazos por mi parte, que también tengo mi genio. Pero –perspicaz que es uno- ya me di cuenta de que había un ambiente distinto, como de más respeto, no se… ni siquiera comentaron lo gordo que se me había puesto el culo desde la vez  anterior… en un momento, me pareció vislumbrar, entre los árboles, varios Audis negros, tienen los jefes cerca –pensé-, veremos qué pasa…

Pues eso era, claro: me cepillaron para quitarme las brozas  y dejarme más aparente, y se plantó ante mí el mismísimo Presidente de la Comunidad Autónoma, ese, el de la barbita, buen zagal, majo… vosotros tenéis uno un poco soso, ¿verdad?... ¡Ah!, ¿que tú eres medio de aquí…? ya me lo parecía, por el acento, vamos, y que no te veo muy industrioso, si me permites… Pues eso; pidió a sus acompañantes que se apartasen a una respetuosa distancia, se sentó a mi lado, y entró rápidamente en materia:

Resulta que el Principado de Asturias tiene dos osas, dos hermanas un poco mayorcitas, que viven en un cercado en semilibertad –eso dijo, te lo juro, como si la libertad tuviese grados…- y están especialmente interesados en que se reproduzcan: los oseznos, tan simpáticos, tan entrañables –sobre todo, si no los tienes que aguantar tú-… venden mucho, ya se sabe. El Presidente de Cantabria, que es un bocas, les ha prestado varios años un colega, un tal Furaco, para resolver el tema: me pasa un dossier de prensa, y me quedo acojonado… ¡vaya tío!... es un armario, dicen que es medio grizly…. Bueno, pues mucha fachada, pero efectividad, cero: las osas siguen como Yerma, y los asturianos, que llevan gastada una pasta, ya se han cansado y piden resultados. En el último Comité Federal del partido, el Presi de Asturias le pidió al nuestro que le echase una manita, que a Montilla no se atrevía a pedirle nada porque lo veía un poco cabreado con lo de la Sentencia, y éste, que no sabe decir que no, dijo que bueno, y aquí me tienes a mí…

De todas maneras, la responsabilidad me abruma… intento una escapatoria, y le propongo que envíe al Consejero de Medio Ambiente, que es más grande que yo, pero me dice, susurrando, que no puede ser, que es del PAR y que, ya que no tiene ningún oso afiliado al PSOE, prefiere pedírselo a un independiente… ¡sutilezas de los gobiernos de coalición!... me coge por los hombros, me mira fijamente a los ojos, y me dice: “¡Hazlo por el Honor de Aragón!”

¡¡El Honor de Aragón!! Yo, que soy hijo de eslovena, y de padre a saber… que he nacido entre Andorra i l’Ariège, que me siento un ciudadano del Mundo… pero esas chorradas te afectan, te lo aseguro… es lo que tiene el Nacionalismo, que no necesita mucha cabeza, que es una cuestión de tripas… veo, en un momento, revolotear alrededor mío a Agustina, al Conde de Aranda, a Goya, a Ramón y Cajal, a Costa, a Conchita Martínez… Don Luis Buñuel me da un golpecito en la espalda… “¡Anda, zagal, que son dos polvetes, veinte le hubiese echado yo a Catherine Deneuve, si se hubiese dejado….!”  No puedo resistirme, me pongo firmes, levanto el morro, y grito con todas mis fuerzas: “¡¡Señor, si, señor, lo haré…!!”: el Presi me abraza, veo una lagrimita en sus ojos, y se despide de mí aplicando la Ley de Lenguas. “¡¡Muy bien, muchacho/ apa, noi/ entabán, mesache!!”

Enseguida entran los asesores de imagen: me dicen que me han bautizado –sólo para ésta operación, me aclaran- y que, a partir de éste momento, soy “Cachirulo”, y me atan un pañuelito a cuadros alrededor de la cabeza. Me siento un poco ridículo, me recuerda al japonés ese que canta jotas, pero me miro en el espejo, pongo las patas en jarras, y ya empieza a hacerme gracia el asunto…

A partir de aquel momento, qué te voy a contar: ruedas de prensa, tratamiento VIP, unas comidas que te mueres, un traslado en jet privado, una caja acolchada y climatizada, y, cuando me doy cuenta, ya estoy en Asturias, patria querida. Aquello es una pasada, está literalmente lleno de osos; huelo –nosotros ver, vemos poco; nos olemos- lo menos quince o veinte en la misma comarca, yo, que estoy acostumbrado a tener miles de hectáreas para mi solo, da un poco de agobio, no se cómo aguantáis vosotros el “Metro”… y, en medio de un cercado, con su piscinita y todo, me están esperando las chicas.

La primera impresión no es ni buena ni mala: simpáticas, un poco pasaditas de edad para mi gusto, mucho jijí, jajá, pero tienen toda la pinta de ser de las que, cuando bailas lentos, te ponen los codos y hacen la cobra. Feromonas no huelo ni una ni media, un poco a rancio, y a las gotitas de pipí que se les escapan cuando les cuento algún chiste. La mayor, además, fuma. Preveo complicaciones.

Pero lo peor son los espectadores. ¡Es increíble! Alrededor del cercado hay centenares de personas: veo ciclistas, con sus culotes amarillos o verdes pistacho, excursionistas con sombrero y bastones telescópicos, fotógrafos, montones de fotógrafos… ¡Niños! ¡¡Han venido con los niños! ¿Estáis locos? Me imagino la escena, ésta mañana, el papá diciendo a sus hijos. “¡Venga, terminad de desayunar, que tenemos que ir al campo, a ver follar a los osos!”, y el hijo mayor, protestando… “¡Los osos follando, otra vez, no, que es un palo, cuatro culadas y ya está,… prefiero quedarme en casa jugando con la consola…!” y la madre, conciliadora… “¡Venga, Jonathan, cariño, vamos a ver follar a los ositos, y luego haces un trabajo para Naturales, y, si te portas bien, te quito el filtro de Internet y puedes entrar en páginas de chicas…!” Ya no tenéis valores, ni sentido común, ni pudor… coreaban mi nombre. ”¡Cachirulo, cachirulo, oé, oé oé…!! No sabía dónde meterme, la verdad…

Por suerte, llega la noche. Viene también un veterinario, que les pone unas inyecciones a las mocitas, sale la luna llena, susurra el viento entre los árboles,  un cuidador muy alcahuete toca la armónica junto al río…, no voy a entrar en detalles… no, agudo, a mí no hay que ponerme inyecciones.. tenemos un truqui, tenemos un huesecito… si claro, en la minga, donde iba a ser, el os penis, bendito sea, bien se nos vale… ¡Ya te veo la cara de envidia, cabrón...! vosotros, mucha evolución de capacidad craneana, mucho pulgar oponible, y siempre os olvidáis de lo fundamental… ¡Lo que ahorraríais en viagra! ¡La ruina para los sicólogos argentinos, se acabaría aquello de “E’to, lo que vós tenés es un bloqueo emosional….”!.... total, bien, para que negarlo, la cosa salió bien: quedamos tan amigos, nos dimos los teléfonos, y a mi me devolvieron a Valle Añisclo, que se está de coña, y hay poca gente mirando…

Y ahora viene lo mejor: hace unos días me llegan las pruebas y…..¡¡Tachán!! ¡¡Dos de dos, chaval!!, para ser la primera vez, pas mal, ¿verdad? Y aquí no hay que hacer pruebas de ADN… ya las he llamado, y he quedado en pasarme para el bautizo… pero, el más emocionado, el Presidente: parece el abuelo: otra vez ha soltado la lagrimita, me ha abrazado, y me ha dicho que le pidiese lo que quisiera. Pero ya sabes como son los políticos, le he dicho que me haría mucha ilusión comerme un cazador, y enseguida han empezado los peros: que si generan muchos ingresos con  las licencias de caza y los permisos de coto, que si van armados y son peligrosos… pero me ha venido a decir que, si alguien encuentra a faltar un fotógrafo de Naturaleza, que ellos harán la vista gorda…. ¡¡No corras, coño, que es una broma…. Que te vas a matar…..!!

 

 


Julio 2010

 

 

 

 

 


 

jueves, 30 de julio de 2015

Addio, Firenze, addio...!

Nuestra estancia en Florencia finaliza; las últimas horas son intensas...

Comemos justo en frente del Convento, atendidos por una amable señora rubia, tocada con un simpático gorrito de empleada del Metro de Moscú, que se equivoca al traernos los platos, pero corrige su error quitándome de delante una ración de rosbif que ya había empezado, y cambiándomela por los scalopini que había pedido.

Scalopini al lemone...¡rico, rico!


Vamos, de nuevo, paseando hacia el Arno; recorremos un mercadillo que nos recuerda el Zoco de Marrakech, compramos las cosas habituales en plan recuerdo, y yo me dejo llevar por un impulso y le compro a un vendedor ambulante una pieza de cierto interés que ya había visto el día anterior; me la rebaja un 10%, algo es algo: una navaja de los paracaidistas alemanes de la Bundeswehr, que se abre y cierra por gravedad, para ser manipulada con una sola mano mientras con la otra sujetas las cuerdas del paracaídas... está inspirada en la que usaban los Fallschirmjäger de la Segunda Guerra Mundial, que después de frenar durante largo tiempo, en Montecassino, a americanos, ingleses, franceses... ¡y polacos!,  defendieron justamente aquí la Línea Gótica: Una más para mi colección.

Después, algo más allá, saludamos a la "Porchetta", -en realidad, una jabalina- de bronce, símbolo de la ciudad: dicen que trae suerte frotarle el morro, y por eso lo tiene tan brillante: en Dresden, la estatua de bronce es un Baco borracho y desnudo, encima de un burro, y lo que trae suerte frotarle -y le brilla- es justamente la punta de eso que estáis pensando... los turistas tiran monedas a la Porchetta: detrás mismo, sentada, hay una pobre, que pide también alguna monedilla; recibe muchas menos que la Porchetta. Quizás si se dejase frotar la nariz...





Ya junto al Arno, pasamos por la parada del "Tredici"; como no hay ninguno en las proximidades, subimos a un taxi que, por siete euros, nos conduce a San Miniato en el confort de un híbrido climatizado... los billetes de bus costaban los dos, 2,40... por menos de cinco euros, hora y pico esperando. De tontos.

La subida a San Miniato, entre hermosas villas rodeadas de jardines, me recuerda poderosamente la Montaña de Montjuic, sobre Barcelona: también las Ciudades-que-se-pueden-ver-desde-lo-alto-de-una-montaña constituyen una categoría especial: recuerdo, a bote pronto, Budapest, Ljubljana, París, Lisboa, Kioto, San Sebastián... para ver otras, hay que subirse a edificios o artilugios varios -torres de televisión, norias, rascacielos...-, pero nunca es lo mismo: tenían toda la razón quienes me aconsejaron subir a San Miniato: la vista es bellísima... junto a la basílica, un cementerio donde están enterradas diversas celebrities: reconozco en la lista a Giovanni Papini, un escritor que estaba en la cresta de la ola cuando yo empezaba a leer... una comunidad religiosa allí instalada completa sus ingresos fabricando y vendiendo gelatti, cosa que les agradezco comiéndome uno.



En los jardines bajo San Miniato, una pareja posa ante dos fotógrafos: tiene toda la pinta de ser el álbum de una boda inminente, pero no me resisto a fotografiarlos yo, a hurtadillas, porque la escena es italianíssima: un bello ragazzo impecablemente vestido yace, con cierto desmayo, en el banco: sobre su regazo, la ragazza le mira, admirada... parece oirse la voz del muchacho diciendo... "¡Dío, comme Io sonno bello... qué guapo soy, no me beso, porque no me llego...!"



Junto al Bello Narciso y su arrobada pareja, una auténtica feria de alimentos de los dos puntos cardinales de Italia (Sólo tiene Norte y Sur, es tan estrecha...): probamos un poco de todo, comistreando en plan merienda-cena: un bocadillo de porchetta asada, a la que llevaba días deseando hincarle el diente, una cerveza artesana con gusto a castaña, densa y fuerte: las prefiero ligeritas y afrutadas, pero vale la pena probarla: un queso sardo, pero no el que lleva gusanitos vivos, afortunadamente, y algo de lo que había oído hablar mucho y deseaba probar; los "Arancini" ("naranjitas") sicilianos, que son algo así como las "bombas" de patata, rellenos de carne picante -en este caso-, pero revestida de arroz, rebozado y frito: una contundente delicia.

Ha llegado la hora de volver; bajamos andando hasta el Arno, y descubrimos un agradable parque en sus orillas, con chiringuitos muy animados y poblados casi exclusivamente por nativos... lástima que el río, lento y fangoso, no invite a bañarse. Preside la ribera una escultura que, una de dos, o es un Chillida, o es de alguien que le ha echado mucho, pero que mucho morro... 




Llegando ya al Ponte Vecchio, una última sorpresa; sobre unas barcas, en medio del río, se está celebrando una boda; están lejos, pero distinguimos dos chicas en kimono, y creemos, al principio, que se trata de una boda mixta. Bellissimo, l'Italia e il Giappone...! dos de nuestros países favoritos... más adelante, mirando con más detenimiento, ya no estamos tan seguro, porque parece que las chicas han subido a la barca a servir sushi... en otra barca, adornada con la bandera italiana, unos músicos con bellos trajes regionales amenizan la ceremonia.





Como obedeciendo a una consigna, cientos de turistas nos agolpamos en el Ponte Vecchio para asistir al más bello espectáculo que pueda imaginarse, y además a un muy módico precio: la Puesta del Sol sobre el Arno: a lo largo de quince o veinte minutos, el astro aparece entre las nubes y se va hundiendo lentamente, dejando reflejos increíbles sobre las tranquilas aguas. Luego, cuando ya ha desaparecido, el cielo adopta tonos tornasolados, cambiantes a cada pocos minutos... asistimos a esa maravilla en silencio, y nos prometemos que será la última imagen de Florencia que conservaremos en el recuerdo, y no la de su caótica señalización viaria cuando, mañana, al salir, me haga yo el consabido lío y me pierda un par de veces intentando tomar la Autostrada que nos devolverá a casa.





miércoles, 29 de julio de 2015

El Convento de los Dos Frailes

No faltan quienes, aquí y en la lejana China, muestran su extrañeza ante mi felicidad por poder entrar -como fugaz visitante- en algo tan ajeno a mis aficiones conocidas como un convento de la Orden de Predicadores: todo -casi todo- tiene una explicación racional...






Para mí, en primer lugar, el Convento de San Marcos, en Florencia, es el lugar donde vivió largos años y pintó algunas de sus obras más conocidas Fra Angélico: su pìntura, que marca una clara transición desde la estética gótica hacia la nueva sensibilidad renacentista, ha tenido una impensable relación con mi biografía personal, que bien merece una explicación:

Entre los cinco y los once años -una etapa crucial en la vida de todo niño- fui alumno de una institución educativa muy especial: L'Antiga Escola del Mar, del Ayuntamiento de Barcelona. La Escola del Mar era una de las pocas experiencias de la rica tradicíón de renovación pedagógica de anteguerra que había conseguido sobrevivir, y había resurgido, en este caso literalmente, de sus cenizas -el primer edificio de la Escola, en la Barceloneta, fue reducido a pavesas por un proyectil de la Marina italiana-, y mi estancia allí dejó profundas huellas en mi carácter y mi formación que bien merecen ser relatadas con más detalle, y me prometo a mí mismo hacerlo en otra ocasión.

Había en la Escola del Mar una decidida apuesta por la formación cultural y artística de sus alumnos, que se traducía no solo en la importancia dada a las actividades como la biblioteca -una hora diaria de lectura libre de textos elegidos por el propio alumno-, la expresión oral y escrita, la educación musical... sino también en detalles tales como bautizar las clases con nombres relacionados con la Cultura: así, cuando falleció, en 1958, Juan Ramón Jiménez, la clase a la que yo pertenecía ese curso pasó a llamarse "Platero", y dedicamos buena parte de nuestro tiempo al estudio de los aspectos de la obra del poeta que pudiesen ser asimilados por niños de 9 años, que, en realidad, no eran demasiados...

Pues bien: saliendo de "Platero", las carreras escolares divergían: los alumnos que iban a realizar el examen de Ingreso de Bachillerato -y, por lo tanto, orientarse hacia una carrera universitaria o de grado medio -pasaban a "Garbí" -nombre de un viento, que llevaba la barca de la primitiva escuela de la playa- mientras que los destinados a obtener el Certificado de Estudios Primarios que, previsiblemente, finalizaría su periodo de estudios, pasaban a otra clase, llamada "Angélica", porque su aula se hallaba presidida por una reproducción de la Anunciación de Fra Angélico, sin que pueda precisar, por supuesto, si se trataba de la pintada al fresco en el convento florentino, la que posee el Museo del Prado, sobre tabla, o cualquiera de las otras versiones que pintó el fraile.

Hay aquí un punto oscuro, sobre el cual conservo recuerdos contradictorios: aunque, que yo recuerde, no había habido nunca ninguna duda sobre la voluntad de mis padres de que yo siguieses estudios universitarios, fui derivado a "Angélica"; siempre me ha preocupado dilucidar mi responsabilidad en ese error, y pienso que no comuniqué a mis padres, en el momento oportuno, que debían ponerse en contacto con mis profesores. Pero supone una injusticia conmigo mismo atribuirme todo el origen del error cuando, por mi edad, difícilmente se me podía responsabilizar de una decisión así; dejémoslo en que se produjo un malentendido que pagué, cuando finalmente me presenté al examen de ingreso, con un sonoro "suspenso".

De cualquier manera, pasé un curso admirando La Anunciación, y confieso que llegó a apasionarme, hasta el punto que, cada vez que paso por la Gran Vía barcelonesa y contemplo, cerca de la hoy proscrita Plaza de Toros, el atrio de una iglesia que recuerda la loggia donde Fra Angélico sitúa el episodio, la composición de la pintura vuelve vivamente a mi mente. En aquella época era yo un niño piadoso, pero no eran esos los sentimientos que me inspiraba, sino de mera compasión humana ante el destino de aquella pobre muchacha a la cual, sin más motivo aparente que el muy vago de pertenecer a la Casa de David, se le anunciaba, en extrañas circunstancias y por un ser alado, que iba a concebir sin varón, y a jugar un papel destacado en un drama también vagamente anunciado por los profetas, pero del cual- supongo que deducía ya en sus primeros momentos-  iba a sacar en claro, principalmente, habladurías primero, y un profundo dolor después. Todo un marronazo, diríamos ahora...

Presten atención a la valla del fondo... ¿Había un Leroy Merlin en Nazareth...?

La expresión lo dice todo...


El volteriano coñón que habita en mí no puede, de todas maneras, pasar por alto detalles como las policromadas alas del ángel, que causarían sensación en el Carnaval de Sitges, o incluso la suburbana valla de madera que cierra por detrás el panorama, ahorrando mucho trabajo al pintor... sin evitar revolotear hacia lo esencial del tema, la intervención fecundadora de un no menos alado Espíritu Santo, y recordar el comentario del japonés al que se explicaba el Misterio de la Santísima Trinidad: "Honrar padre, entiendo: honrar hijo, también entiendo; pero honrar pájaro..."

Pues allí estaba ante mi aquel bellísimo fresco, situado, de forma poco conveniente en mi opinión, justo al entrar en el piso donde se sitúan las celdas, al pie mismo de la escalera: hubiese preferido verlo al final, después de contemplar los otros frescos que decoran las celdas, en una gradación, un "crescendo" de belleza... A sus pies, un caballero de inequívoco acento británico, exponía su entusiástica interpretación de la obra a tres o cuatro personas, que le escuchaban arrobadas: disimuladamente, girando la oreja, me uní a ellas... poca gente más visitaba el Museo del Convento; otra pareja, me parece recordar, y estoy por decir que nadie más... ganas me entraron de volver a la inmensa cola de l'Accademia y gritar: "¡Seguidme, follow me and fuck the cola, and fuck the buitresa too..!"


Recorrí las celdas, contemplando pues los frescos restantes donde, por lo general, apreciaba rasgos mucho más elementales, sin la maravillosa profundidad que alcanza la mirada de la Virgen en la Anunciación. Blanca mostraba un entusiasmo perfectamente descriptible, e incluso llegó a negarse a entrar en alguna celda donde se representaba la Crucifixión, alegando que lo encontraba demasiado "gore" para su gusto... es curioso, pero no me había dado cuanta de que, en alguno de ellos, la sangre recorre todo el mástil de la Cruz, hasta formar un pequeño charquito a sus pies, de forma innecesaria porque del relato evangélico no se deduce tal efusión: al fin y al cabo, no fue degollado, vamos...  Blanca acusa los estragos de una enseñanza religiosa que, por lo que me cuenta, no estuvo exenta de episodios de absoluta falta de sensibilidad y de un acusado clasismo, imperdonable para su fundamental rectitud. Yo, que -nunca mejor dicho- no dejo de ser un vivalavirgen, tolero mucho mejor esos excesos... quizás con excesiva benevolencia, que tiene más que ver con mi espíritu indolente que con la auténtica bondad.









Y aquí entra en juego, precisamente, el otro monje cuyo espíritu atormentado y socarrado vagaba a mi lado por las salas y las celdas de San Marcos: no era otro que Girolamo Savonarola, dominico también, que vivió años allí, y allí predicó su particular cruzada moralizadora y regeneradora.

Savonarola era un hombre coherente y honesto: denunció, horrorizado, los pecados de una jerarquía eclesiástica absolutamente ajena a los valores evangélicos, y una sociedad que, nominalmente cristiana, vivía sumida en el lujo y la depravación: con su verbo encendido -dicho sea con perdón- arrastró a miles y miles de florentinos, que arrojaron del poder a los todopoderosos Medici, y establecieron ni más ni menos que una República Popular... sus seguidores encendían "Hogueras de las Vanidades", a las que arrojaban sus riquezas, vestidos, perfumes, objetos de arte... ¿os suena..? Por desgracia, la emprendió también con los sodomitas, las aficiones moralizantes no suelen conocer límites... recuerdo que el Voltaire evocado por Cortázar se lamentaba de que se hubiese perdido la memoria de qué hacían los gomorritas; decía que los sodomitas contaban con incontables seguidores de sus prácticas, que consideraban sumamente placenteras; quizás también los gomorritas hubiesen descubierto nuevas formas de placer, lamentablemente sumidas hoy en el olvido...

Savonarola se alió con el Rey de Francia que, bien mirado, tampoco debía de ser un santo, y se enfrentó con la familia Borgia: nuestros paisanos, que hoy consideraríamos, más que familia, "trama", lo intentaron por las buenas; el Papa Borgia ofreció a Savonarola el capelo cardenalicio, que el fraile rechazó indignado; cambiaron entonces de estrategia:  organizaron una revuelta popular entre los florentinos, los "Arrabbiati", que estaban hasta las narices de austeridad, y deseaban algunos lujillos y un poquito de sodomía, lo justo... Los "Arrabbiati" asaltaron el Convento de San Marcos, prendieron allí a Savonarola, y lo entregaron a la restaurada Justicia de la Signoría: fue torturado durante cuarenta días hasta que, con el único brazo que le dejaron sano, firmó todas las autoinculpaciones que le pusieron por delante; después, le dieron garrote vil, quemaron su cadáver en la Piazza de la Signoria, y arrojaron sus cenizas al Arno: finito!




Salgo del convento de los dos frailes meditando sobre vidas tan distintas: al final, del reformador queda un vago recuerdo, mientras aún podremos, durante muchos siglos, deleitarnos con la belleza que creó el pintor... no seré yo quien niegue la necesidad de afrontar los problemas sociales, al contrario, pero siempre con el extremo cuidado de no crear males mayores de los que pretendemos destruir... muy conservador he salido del convento, será que empiezo a tener hambre, y con hambre razono mal... vemos, en la misma plaza, un restaurante con buen aspecto, y hacia él dirigimos nuestros pasos...

lunes, 27 de julio de 2015

Una mañana de mierda... con final feliz.

Solo íbamos a estar una mañana entera en Florencia... y no la empezamos demasiado bien..

En realidad, sí que empezó bien: tras un agradable desayuno en el B&B, entramos en un supermercado cercano, para comprar algunos regalos para padres e hijos... nos encanta, en nuestros viajes, visitar los lugares donde compra su comida la gente de verdad, porque no hay mejor barómetro de la situación social de un país: recuerdo que la visión del surtido de vinos del Somontano en un súper de barrio en San Petersburgo nos explicó más sobre la emergencia de una nueva clase media en la  Rusia putiniana que muchos sesudos artículos de Economía.

Nuestra entrada en el súper de Florencia tuvo también ribetes iniciáticos: sintiéndolo mucho, yo reservo mi síndrome de Stendhal particular para los estantes llenos a rebosar de productos alimenticios o incluso de perfumería y limpieza del hogar, de marcas, variedades, modalidades y opciones desconocidas en nuestro país, a precios perfectamente comparables -e incluso más bajos en algunos casos- y con un aire inequívoco de calidad, tan frecuentes en los Supermercados de la Europa rica: y ese era justamente el debate que sostenía con Blanca a lo largo del viaje: ante las precarias carreteras, las autopistas de dos carriles, el abandono de muchos espacios públicos, preguntaba constantemente: "¿De verdad que son más ricos que España...?" Yo contestaba que así era, que en los llorados tiempos de Zapatero los adelantamos, quizás por un año, en PIB "Per cápita", pero que, luego, en la crisis, ambos habíamos caído, pero nosotros a mayor velocidad: ahora el profesor de Economía que fui -y eso no se deja de ser nunca- ante aquella abundancia de bienes materiales, completaba mi exposición... "Tienen un Estado de mierda, posiblemente incluso peor que el nuestro, pero la gente se las arregla para, a pesar de todo, vivir muy bien... fíjate como van vestidos: cualquier caballero parece el relaciones públicas de una discoteca de a treinta euros el cubata: incluso aquel anciano señor con el que nos cruzamos ayer, con aspecto de estar más p'allá que p'acá -y que luego nos creó un cierto sentimiento de culpa al leer en un periódico que vagaba por la ciudad un "Dismemoriatto"- llevaba una americana de diseño que me hubiese puesto muy a gusto, cuando me ponía americanas... y las bellas señoras..."

Así, en aquel ambiente de superlujo cotidiano que nos hacía sentirnos ciudadanos de la Albania prepostcomunista en un Carrefour, compramos los presentes, los fuimos a dejar en nuestra habitación, y nos lanzamos a descubrir nuevas maravillas florentinas.

Tenía yo especial interés en visitar la Iglesia de San Miniato, situada en lo alto del monte que se alzaba detrás de nuestro hotel, para disfrutar de sus hermosas vistas sobre la ciudad. Pero justamente había amanecido lo que ya nos habían avisado que nos esperaba en Florencia, un día pesado y bochornoso, con ese calor húmedo que tanto temo y que, por suerte, habíamos evitado en todo el viaje. Ni pensar en ponerme a escalar montañas, vamos... pronuncié las palabras fatídicas... "Algún medio de transporte público habrá, digo yo...".

En aquel momento aciertan a pasar dos señoras, una Policía Municipal -que parece de mi edad, o mayor, ¿Cuándo se jubilarán aquí las policías..?- y una informadora turísticas: me orientan amablemente: por supuesto, el autobús Trece, el "tredici; compran ustedes el billete en ese quiosco, van a tal sitio, allí tienen la parada... grazie tante, signore... y para allá que nos vamos.

La parada está en un Lungarno, frente al río, y viendo por encima de los tejados, la torre de la Signoria y el Campanile y la cúpula del Duomo. Veinte minutos después, seguimos allí, contemplando el río, la torre de la Signoria y el Campanile y la cúpula del Duomo. Cuarenta minutos después, seguimos allí, contemplando el rio, la torre de la Signoria, y el Campanile y la Cúpula del Duomo... pasan autobuses de varias líneas, pero ninguno es el Tredici. Compruebo el cartelito de la parada: efectivamente, para allí, los días laborables -es viernes-, aunque con una frecuencia de un trasto por hora... bueno, ya falta menos... cincuenta, sesenta, setenta, ochenta minutos... comprendo que el Tredici no va a pasar, o lo hará cuando le pase por el tubo de escape... decían que, con Mussolini, los trenes italianos llegaban a su hora: lo fusilaron, por germanófilo y rarito.

"Vaffanculo San Miniato!", grito, "¡Vámonos a l'Accademia!"

L'Accademia era el segundo objetivo de la mañana: allí, en un hermoso recinto, recibiendo luz cenital, se expone el original del  David de Miguel Ángel, todo un "must": pero ayer era jueves y hoy -claro-viernes; si ayer dispusimos de los Uffizi casi en solitario para nosotros, hoy densas reatas de compañeros turistas apatrullan las calles florentinas...

Una manzana antes de llegar a l'Accademia ya se oye ese rumor de gente que tanto gusta escuchar en las manifestaciones cuando las convocan los de tu cuerda: llegamos, y nos desmoronamos: hay una cola densa e interminable, gente esperando en todas las posiciones, desde el castrense "firmes" -o el no menos castrense "en su lugar, descansen"- al que se tumba sobre la chepa de su mochila, mirando al cielo, emulando a la cucaracha de Kafka... vamos hacia la puerta, y comprobamos que se entra, cada muchos minutos, en grupos de veinte...

Una joven buitresa, aspecto profesoral y cuaderno en ristre, recorre la cola haciendo proposiciones deshonestas: por el módico precio de cuarenta euros por barba, te ofrece entrar en un falso "Gruppi" -que tienen preferencia- pero, eso si, dos horas después... "Mientras tanto, podéis ir a tomar un café", dice la jodida.... Si no, calcula, por la Pública tenemos cuatro horas de espera, sin abandonar la cola... nos hemos juntado un grupito de españoles, de diversas nacionalidades y regiones, y todos, como los últimos de los Tercios en Rocroy, rechazamos indignados la oferta... pocos minutos después, una pareja abandona sin decir nada el grupito donde reside el orgullo patrio, se acercan a la buitresa, y le cuchichean algo al oído; ella asiente, y escribe en su cuaderno... ¡Plutócratas traidores e insolidarios...! Mi respuesta, ya os la podéis imaginar: "Vaffanculo Miguel Ángel!"... y abandonamos la cola...

La que se ha ido a vaffanculo, entre una cosa y otra, es nuestra única mañana florentina: si fallamos el próximo golpe, podemos darla por perdida... con el "Ay!" en el cuerpo, nos dirigimos al, afortunadamente vecino, Convento de San Marco, donde se pintaron y exponen los frescos de Fra Angélico...

Al llegar, vemos solo una puerta abierta; la del Claustro: allí un simpático caballero nos informa de que, efectivamente, podemos contemplar pinturas: pero no exactamente las de Fra Angélico, sino algo así como la exposición de las obras de un Centro de Día, o un Concurso Municipal de Pintura Rápida: del Fra Angélico ese, ni idea, vamos... desde la puerta ya se ven los colores fosforitos de los acrílicos: con el vello de punta, nos disculpamos ante el amable caballero y salimos, profundamente despistados, de nuevo a la calle.

Sumido en la desesperación,  resigo la fachada del convento, casi palpando sus muros, hasta que descubro una puerta entornada... la empujo, y, tras un mostrador, me sonríe una señora.. "¿Fra Angélico...?", pregunto, agónicamente... "É qui!" me responde... ¡¡Salvada la mañana...!!






sábado, 25 de julio de 2015

"Libro Rojo": el primero de los Cuentos de "El Oso"

Para quitarnos de encima la modorra que provoca la ola de calor que estamos padeciendo, he pensado en publicar algunos -o todos- de los Cuentos de "El Oso".

El Oso es. sin lugar a dudas, mi animal totémico: ya hace unos diez años, empecé a escribir cuentos cuyo personaje principal era, justamente, un Oso debidamente antropomórfico -progresivamente antropomórfico, según iban avanzando los cuentos- en los que aparecía yo mismo, como personaje absolutamente secundario: empezaron como una broma sobre los esfuerzos por mejorar la situación de determinadas especies protegidas -esfuerzos con los que, por otra parte, estoy absolutamente de acuerdo-, pero, ya en el segundo, comenzaron a aparecer en la trama problemas y personajes políticos del momento, y el asunto fue derivando... cinco años no parece un largo espacio de tiempo, pero me doy cuanta de que, en cada caso, tengo que realizar una breve introducción para aclarar cosas que, entonces, y en el reducido grupo de amigos y familiares al que iban destinados los cuentos, daba por sabidas.

A los que habéis leído "Tres días en la Pardina" no os sorprenderá ver reaparecer -aunque brevemente- a un par de sus personajes... también en "La Pardina" aparecían tres de "Quizás el año que viene..." Les coges cariño, y no resistes a la tentación de devolverles algo de vida... El Rey ya no es un campechano cazador, sino un señor más joven con aspecto serio y preocupado, y motivos no le faltan. En cuanto a mi personaje, sigo haciendo fotografías, si puedo en Añisclo, pero ya no soy de Iniciativa -aunque conservo un nostálgico cariño hacia ellos- ni trabajo en programas INTERREG, ni en nada... si os reís un poco, misión cumplida.


Libro Rojo





He cruzado desde Pineta, jugándomela varias veces, por un sendero entre las rocas que, a partir de hoy, bien podría ser conocido como “Paso de l’Onso”, como hay tantos en estas tierras: mis antepasados eran tan andarines y tan descerebrados como yo. Ahora corro, ladera abajo, saltando alegremente, e incluso me permito alguna concesión a la estética de los dibujos animados japoneses y, a veces, me deslizo por la hierba sobre mi panza prominente, asustando al pasar a las mariposas. Bucólico a más no poder, te lo juro… Hace sol y  calor, me canso, y me siento un rato a la sombra de una roca. Contemplo el paisaje, esta mañana radiante de finales de verano en que el aire limpio después de la tormenta de anoche me permite ver, en el horizonte, hasta las montañas más lejanas, ya en tierra baja… miro a derecha e izquierda y,  disimuladamente, me rasco los huevos, dicho sea con perdón.

¿Y por qué tanto sigilo, me preguntas, si no hay ni un alma en kilómetros a la redonda? Mira, perdona, llámame paranoico si quieres, pero me siento uno de los seres más observados de la Tierra. Llevo encima miles de euros en sensores, transmisores, gepeeses, han llenado mi territorio de trampas fotográficas, que se disparan en cuanto pongo una pata en un sendero, me siguen por radio y por satélite, de noche, con visores de infrarojos y, por si fuera poco, hay una legión de friquis que me persiguen obsesivamente para intentar fotografiarme, y no pasan dos días sin que escuche el ruído de las cortinillas de sus cámaras ametrallándome y distinga, detrás de los escondites más inimaginables, los tubos de sus teleobjetivos, blancos los Canon, negros los Nikon. Ya se que a ti también te va ese rollo, no lo critico, no hacéis daño a nadie, pero comprende que esté un poco hasta las narices, no tengo privacy .

Y luego están las abducciones, eso si que es jodido… cuando escucho el “flop” de los fusiles de aire comprimido, y siento el aguijonazo del dardo, que duele como una picadura de tábano, apenas si tengo tiempo para encontrar un sitio blando donde caerme, porque una de las primeras veces me fui de morros contra una roca, y aún se me ve la marca, mira aquí… luego te despiertas en medio de un claro del bosque, con una jaqueca horrible y la boca pastosa, una resaca en toda regla, yo, que soy abstemio –todos deberíamos serlo, fíjate lo que le pasó al pobre Mitrofán con el campechano del Rey…- Ni sé las horas que me han tenido ni lo que me han hecho, solo acierto a ver unos tíos con pantalones de pana y jerseys que, encima, se permiten todo tipo de bromas groseras… “¡Qué gordo se está poniendo, el jodido, tendremos que pedir una grúa, como en las residencias…!”. Parece ser que me pesan, me miden, me cambian las pilas de los cacharros, me meten tubos por todos mis agujeros… si, te lo aseguro, me he enterado de que hay un notas escribiendo una tesis doctoral sobre mis almorranas… ¡Increible!: “Haemorroidal veins in Northern Spain Ursus arctos”… confío en que, cuando la publique, me envíe un ejemplar dedicado, puede ser apasionante…

Peor fue lo de Mamá, por supuesto. Imagínate, una tarde estás en Eslovenia, en el Parque Nacional de Triglav, cerca de donde nace el Sava en el Lago Bohim,  comiendo arándanos feliz y contenta y, de repente, te encuentras saliendo de un cajón en Ariège, rodeada de cámaras de televisión y con una horda de energúmenos con boina jurando que te matarán en cuanto los gendarmes miren para otro lado… Contigo no va, ya sé que eres de Iniciativa, pero qué cabrones… y, además, que la amenaza iba en serio; a una colega suya se la cargaron de un tiro en la espalda, en una batida de jabalíes, alegando legítima defensa, y al tío no le pasó nada, entró y salió, y encima con chulería…

De todas maneras, no me quejo: tengo la E de “Endangered” en el Libro Rojo de los Vertebrados de España, y eso, con los tiempos que corren, es un chollo, es casi como ser funcionario antes de que empezasen los recortes. A vosotros no hay quien os entienda: a las especies más adaptables, capaces de evolucionar, de diseñar estrategias de supervivencia con éxitos poblacionales –las ratas, las palomas, las cucarachas, las gaviotas…- las machacáis: a las más inútiles -el lince ibérico, por ejemplo, ese gilipollas que quiere seguir viviendo de los conejos, como en tiempos de los fenicios, que se dejaría morir de hambre antes de meter su hocico de señorito en una bolsa de basura, que aún no ha aprendido a mirar antes de cruzar las carreteras, con la buena vista que tiene, el tío…- a ese, programas de seguimiento, reproducciones “in Vitro”, reintroducciones… como a nosotros que, si vamos a ver, estamos como estamos por gandules y pichafrías… ¿No intentasteis clonar a la cabra vieja aquella que vivía por la Faja de Pelay… ¡¡Clonaríais, si pudieseis, a los dinosaurios!! ¿Que hay una película sobre eso…? Lo que te digo… ¿No habéis leído a Darwin…?

Hablando del asunto… desde hace un rato, vengo captando un olorcillo… ¡¡feromonas!!. Hace poco que he alcanzado la plena madurez sexual –¡no, gracioso, no me han salido pelillos, ya los tenía antes…!- y eso me indica que, en algún punto relativamente cerca de aquí, hay una hembra de mi especie entrando en celo… lo malo es que puede estar a ochenta kilómetros, tranquilamente… ¡si, prodigioso olfato, eso dicen los libros, ya te contaré lo prodigioso que es esta noche, cuando los montañeros saquen sus calcetines a las ventanas del Refugio de Góriz; los oleré como si estuviese allí mismo…! Ochenta kilómetros, llegas allí, hecho polvo, y te encuentras con que es tu madre o la cursi de tu hermana… no es que tengamos tabúes sobre el incesto, es que, cuando tienes una “E” en el Libro Rojo, el tema de la consanguineidad  hay que tenerlo muy en cuenta, que, si no, podríamos acabar como los Habsburgo. A mí me gustaría que la primera vez  fuese con una francesa: ese chic, ese savoir faire… pero me parece que la única que anda suelta ya no está para esos trotes, y, encima, es la que tiene el culo pelado por la sarna, pobrecilla…. Habrá de ser con alguna primita, tendré que refrescar mi esloveno… Prosim? Hvala!....

Tengo también un pequeño problema técnico: estamos a finales del verano, ya lo he dicho, y ando un poco corto de comida. Pronto vendrán los frutos del otoño y engordaré como un tocino para meterme en mi osera a hibernar, pero ahora la cosa anda complicada: las bayas, o me las he comido yo –si, lo reconozco, me he puesto hasta el culo de bayas…- o se las han llevado los turistas para hacer pacharanes. De la miel, mejor no hablar: las abejas tienen cada día peor carácter, metes las patita en una colmena y te ponen a gusto.. sintiéndolo mucho, no me quedan muchas opciones. Manos a la obra…

El rebaño de ovejas sestea en la hondonada, juraría que son las de Casa Pardina de Crapamote: me acerco sigilosamente, casi de puntillas, con el viento de cara… un perré negro me ladra dos o tres veces, como para cubrir el expediente, y luego sale corriendo: bien hecho, chaval, contigo no va el tema… sigo aproximándome, disimulando, hacia una oveja gorda que me mira con los ojos  muy abiertos, como si dijese “¡Ahí va, que perro tan graaaaaande…!” ¡Pobrinchona!, un zarpazo y ya está lista, tampoco es cosa de hacerla sufrir… uno es un profesional, no un sádico… rápidamente, le abro el vientre con mis garras, y hundo mis fauces en sus entrañas humeantes… sorry, pero somos fieras, no peluches; hacemos estas cosas, y, al fin y al cabo, también Mitterand se comía los pajaritos sin limpiarles las tripas, los gourmets siempre hemos sido unos incomprendidos.

The deed is done, como dijo Macbeth, en pocos minutos me la he comido, y, mientras me lamo las zarpas, veo de reojo como se acercan los buitres, seguidos de cerca por un solitario quebrantahuesos… ¡El quebranta, otro colega de Libro Rojo! A ese, encima, le hacen ponerse un chaleco de plástico naranja, como si estuviese trabajando en una carretera… los buitres, que se preparen, que ahora son muchos, y ya estáis diciendo que si habrá que hacer algo para controlar la población… ¡genocidas, que eso es lo que sois, unos genocidas…!

Bueno, ya he descansado;  mientras las carroñeras acaban con los últimos huesos de la oveja, no me queda más remedio que cumplir con mis obligaciones burocráticas: Del bolsillo que me implantaron en el anca derecha en la última abducción, saco la PDA. Introduzco mi PIN, y el GPS carga directamente la localización del ataque. Ahora paso por el lector óptico el código de barras de la tarjeta de plástico que llevaba en la oreja mi pobre víctima… ¡Exacto, Casa Pardina, Ramón va a pillar un rebote…!. Luego firmo, poniendo mi zarpa sobre la pantalla táctil, y los datos se transfieren al Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, al Departamento de Agricultura, al de Economía, y a la entidad bancaria donde tiene domiciliada su cuenta el damnificado… hummm…. 2100, La Caixa… así que a Barbastro no solo baja para ir de putas, el muy golfo… en tres días –¡bueno, ya serán  siete!-, tendrá abonada la indemnización: es un programa INTERREG, cofinanciado con fondos europeos: desde que funciona, los malos rollos con los ganaderos se han atenuado considerablemente, todo era cuestión de sentarse a hablar, y poner algunos eurillos encima de la mesa. Compruebo el saldo de mi partida; a pesar de que me han reducido un 5%, me queda consignación para ocho o nueve ataques de oveja, quizás puedo pedir una modificación de crédito para poder comerme alguna ternera, creo que con eso llegaré bien al Otoño.

El olorcillo vuelve, ahora lo noto más cerca, a ver si hay suerte y está a menos de cincuenta kilómetros… ¡Venga, chaval, mucho gusto y hasta otra, yo voy pasando, que he quedado….! ¡¡Adioooooossss!!

Julio 2010

martes, 21 de julio de 2015

Cosas que ver en Florencia cuando eres turista...

Después del impacto estético de los Uffizi, Florencia nos esperaba; llegaba el momento de callejear por ella, cámara en ristre, mapa en mano, todos los poros abiertos para absorber tanta belleza suelta...

La Florencia que los turistas visitamos tiene un eje fundamental; el que une el Ponte Vecchio con la Piazza della Signoria y la Piazza del Duomo; más allá, l'Accademia y, a la izquierda -de espaldas al Río- San Lorenzo y las calles adyacentes: el recorrido es breve, pero la intensidad en obras de arte es, sencillamente, apabullante. Y apabullado quedas, os lo aseguro.

La Piazza della Signoria, donde se alza el Palacio desde donde una oligarquía enriquecida por el comercio y la industria gobernaba la ciudad, es el primer hito -el segundo si, como yo, has pasado ya por el Ponte- que ningún turista puede obviar. Desde allí aquellos ricos Medici podían proteger las Artes y las Letras, esas Chucherías del Espíritu -decía Vázquez Montalbán- a las que puede dedicarse el Hombre cuando tiene cubiertas, magníficamente cubiertas, sus necesidades materiales. La Piazza es el ejemplo más claro de dicho poderío: desde la Loggia delle Lanzi -total, el cuerpo de guardia de los lanceros de la Signoría, sin calendarios de tías, sustituidos por Cellinis, y esculturas romanas-, hasta la puerta del Palazzo, custodiada, sin ir más lejos, por el David de Miguel Ángel.




En la Loggia me llama, sobre todo, la atención, el bellísimo Perseo de Benvenutto Cellini: blande tremendo alfanje -"Micidiale", que, en Italiano viene a ser algo así como "que acojona a cualquiera", es la palabra que mejor lo describe- y sostiene en su otra mano la cabeza de Gorgona, que acaba de cercenar. No se concibe como, con semejante instrumento, haya podido hacer un corte tan chapucero, con medio paquete digestivo, respiratorio y vascular, colgando de la cabeza, cuando el tajo debía ser limpio... Benvenutto -que, con la vida que llevó, tenía que haber visto bastantes decapitaciones y decapitados- supongo que incurrió en ese fallo a propósito, para dar más  dramatismo al asunto... a un lado, romanos raptan sabinas, con alborozo... a sus pies, bajo tales escenas de violencia de género y violencia a secas, los turistas descansamos plácidamente.




Una reproducción 1:1 del David de Miguel Ángel se alza en el lugar que ocupó el original, a la izquierda de la entrada del Palazzo. Mi relación con las obras de Miguel Ángel ha sido muy variada: en San Pedro, en Roma, pasé a paso de carga, integrado en un rebaño de turistas, a una distancia considerable de la lejana figurita, no mayor que un click de famóbil, tras un cristal antiproyectiles del 155 que, según decían, era La Pietà; y, al día siguiente, en otra basílica desierta, pude tocar el zócalo del Moisés, impresionante, y pasar ratos y ratos contemplándolo a mi gusto, e incluso podía haberme permitido el lujo de, como hizo su creador, golpear con algún objeto contundente su rodilla y exigirle que hablase: "¡Parla, cane!". Aquí, simplemente, y como veréis luego, tengo que contentarme con admirar la copia... impresionante en su desmesura, por la talla y por las desproporcionadas manos, donde parece concentrarse su fuerza contenida... por suerte su autor no aplicó la misma distorsión a otras partes del cuerpo, que adoptan dimensiones y proporciones clásicas, tranquilizadoras... aunque -y ese es un reproche muy serio que hacerle a Miguel Ángel-... ¡¡ese chico no es judío...!!


David también tiene culo... !y un poco caído, por cierto!


A su lado, Hércules, porra en mano, pone a gusto a Caco, el Ladrón... Ley y  Orden, imagen de antidisturbios  y contestatario, Ley Mordaza pura y dura... cuerpos adultos, trabajados, muchas horas de gimnasio que contrastan vivamente con el efebo de Miguel Ángel... más allá, la Galería degli Uffizi, el enorme edificio desde donde se administraba Florencia y su área de influencia, siempre creciente, a cargo de una miríada de funcionarios, Maquiavelo entre ellos, un respeto...



Del Palazzo Vechio no pasamos del bellísimo patio interior; Florencia te pone continuamente ante eso que los franceses llaman "L'embarras du choix", la necesidad de elegir entre cosas hermosas, dignas de ser admiradas, pero que exigen un tiempo del que no dispones... salimos a la calle y, por vías laterales, nos acercamos a nuestro nuevo destino, la Piazza del Duomo.



Nuevamente, como en el caso del David, el Duomo de Florencia despierta nuestra admiración por su belleza y sus dimensiones: dominado por la cúpula de Brunelleschi, de bellísimas proporciones, todo en ella impresiona, y más que nos impresionará cuando, el día siguiente, la contemplemos en la distancia... río por debajo del bigote -que me afeitaré cuando llegue a Barcelona- pensando que, durante varios años de mi vida, veía desde la ventana de mi despacho la copia a escala reducida de la cúpula de Brunelleschi que coronaba -y corona- el edificio de unos Grandes Almacenes barceloneses, posteriormente adquirido por El Corte Inglés... al igual que no puedo escuchar la bellísima "Recuerdos de La Alhambra" sin evocar, inmediatamente, la conocida marca de salchichas que con ella se anunciaba... en mi República Platónica particular, los responsables de dichas contaminaciones estéticas deberían ser desollados a latigazos y, después, bañados en Tabasco...




De todas maneras, el conjunto formado por Duomo y Campanile -una vez más, separado del edificio principal-, especialmente su ábside, la riqueza de su trabajo en mármoles... configuran uno de los más hermosos espectáculos que hemos podido contemplar en todo el viaje: me gustaría poder decir lo mismo de la fachada, pero he contaminado también mi opinión, al saber que -como la de la Catedral de Barcelona, sin ir más lejos-es un pastiche neogótico del Siglo XIX... no sé si es esnobismo, o, de verdad puede sentirse algo así, pero de un edificio me atrae, sobre todo, su autenticidad, saber que es la obra de unas personas concretas en un momento concreto de la Historia, que dejan en ella su concepto de la belleza, tal y como se entiende entonces, y -por qué no- su alma... y eso difícilmente puede lograrse cuando, fuera ya de aquel tiempo y de aquella concepción estética, le encargan a un buen artesano: "¡Acábala de una p... vez, y que quede parecido al resto, que no "cante", vamos...!" Veremos después la Iglesia de San Lorenzo -¡qué reminiscencias oscenses...!- para la cual se acabó el presupuesto, y se ha quedado sin fachada, con piedras salientes donde, supongo, iban a apoyarse los revestimientos que nunca recibió... mejor así, tal cual, sin añadidos... y si los hay, que sean de la época y la sensibilidad de quienes los hace, por favor...





En cada viaje, raro es que no encuentres un edificio en plena restauración: en nuestra primera visita a Berlín, le tocó a la mismísima Puerta de Brandenburgo, cubierta por una lona -eso si, con su imagen- cortesía de Deutsches Telekom; el año pasado, en Munich, las cúpulas acebolladas de la Marienkirchen revestidas de andamios... en Florencia le toca la china al Battistero, de cuyas bellas proporciones, ocultas tras lonas, solo podemos gozar de sus famosas puertas de bronce esculpido.. como buenos turistas, fotografiamos todo lo que podemos, entre codazos por lo reducido del espacio... lástima, me hubiese gustado poderlo admirar en mejores circunstancias.




En plena Piazza del Duomo, lo que menos podíamos esperar: un alegre grupo de devotos, con sus túnicas imitación hindú, bailan alborozados... "!Hare Krishna, Hare Krishna...!" En medio de uno de los lugares más significativos de la civilización occidental y cristiana, pegan tanto como unos nazarenos -pongo por caso- ante el Taj Mahal... pero allí están, dando saltitos, con sus bongos y hasta una trompeta... los que, hace años, daban la paliza por las Ramblas, por lo menos repartían una especie de polvorones dulzones y de colores sospechosos que, la verdad, nunca me resistí a aceptar... estaban ricos... Estos, ni eso... hay alguna niña bastante mona, "¡Malmetida para devota!", pienso... nos los encontraremos por varios sitios, abundan...




Llevamos vista mucha Florencia; en la tarde del jueves, aún no agobian demasiado los colegas turistas; para mañana esperamos la riada. Nuestra cercanía al hotel nos permite, después de hacer algunas compras, volver a la base, babear un poco ante la primera de las dos puestas de sol sobre el Arno de las que vamos a disfrutar, y estar poco después otra vez en la calle, dispuestos a cenar.


Y no vamos a hacerlo en un sitio cualquiera; en la mismísima Piazza della Signoria, en una terraza al aire libre... no todos los días se cena con David mirándote por encima del hombro: pedimos otra vez el Bistecchio a la Fiorentina, con contorni de zucchini y patatas, pero a la moda del lugar, y bebemos un vino del terreno... A nuestra derecha, dos señoras sudamericanas, de las que tantas veríamos en el viaje, y que  parecen haber ocupado nuestro nicho ecológico en los llorados años de bonanza. A nuestra izquierda, una pareja joven y esbelta, que se meten entre pecho y espalda antipasti, pasta, bistecchio y dolci... envidiamos su capacidad gástrica y, como no, la económica, porque la cena sale algo cara pero... ¿cuantas veces vas a cenar en un comedor decorado por Miguel Ángel y Cellini...?  viendo a los subsaharianos vender extrañas ruedecitas fluorescentes que se elevan hacia el cielo florentino, ya a oscuras, nos despedimos del Palazzo Vechio, de la Loggia dei Lanzi y de la hermosa grúa, un breve paseíto hasta el hotel, y fin de nuestra primera jornada...