viernes, 7 de abril de 2017

Yugoslaviú, Yugoslaviú...!

Desde que me ha peleado con el Grupo Prisa, en vez de escuchar la SER, pongo el radiodespertador a las seis de la mañana con Radio Nacional -de España, quiero decir...-; a mí los peperos me gustan así, que vengan de cara... hoy nos cuentan una noticia que me hace soltar la carcajada...


Tito, en un anticuario: pero aún quedan calles con su nombre...


Después de enterarme de que Trump ha lanzado ya los primeros cincuenta misiles de su, espero, fecundo mandato -se ha contenido, el angelito, tantos días en el cargo sin disparar ninguno...-, oigo que la Guardia Civil, o el Servicio de Vigilancia Fiscal, o los dos, han intervenido un velero cargado de droja: hasta ahí, todo normal. Lo bueno viene ahora; el capitán era serbio, y la tripulación, croata...

Mi corazón unionista, e incluso moderadamente jacobino y cartesiano, salta de alegría, y me parece escuchar el castañeo de los dientes del esqueleto del Camarada Tito, esmelicándose allá en su tumba... ¡tanta in-indá-indapendensiá, tanto liarla parda, para montar luego "joint ventures" para el trapicheo...!

La cosa viene de antiguo; en 2008, en Ljubljana, todo el bellísimo centro de la ciudad estaba ocupado por canchas de basket, donde se disputaba una liguilla entre... los países independientes de la antigua Yugoslavia. Sólo faltaba Kosovo. Ganaron los serbios, posiblemente porque llevaban la animadora más vistosa, y allí les entregaron ceremoniosamente un cheque... le comentaba yo a Blanca: "¿Te imaginas, en los años cincuenta, en España, un partido de fútbol entre Falange y el Partido Comunista...?"...

Servia vs. Croacia...

Fijaos en los equipos... Cna Gora es Montenegro; eso que empieza por "H" es Croacia...



Siempre he tenido un respeto imponente hacia la figura de Josip Broz, Tito... hijo de croata y eslovena, consiguió mantener juntos a tanto hijo de su padre y de su madre sin cometer demasiadas barbaridades... durante la Guerra de España, de acuerdo con su biografía oficial, contribuyo desde París a organizar las Brigadas Internacionales, pero nunca -él insistía en aclararlo así- puso los pies en nuestro país: yo tengo al respecto una información muy distinta.

Una persona muy querida, oficial del Ejército Popular -oficial, no ex-oficial; "La autoridad legítima que me nombró no ha tenido a bien cesarme", decía- me contó lo siguiente: durante la Batalla de Teruel, la unidad que mandaba se vio rodeada por tropas enemigas superiores en número -y, supongo yo, bien provistas de coñac "Tres Cepas"- El oficial, contraviniendo las órdenes -que, como es sabido, siempre son de resistir hasta el último hombre- logró replegarse sobre su retaguardia, salvando la vida de sus soldados. Como cabía esperar, le formaron Consejo de Guerra; cuando ya le olía la cabeza a pólvora, compareció voluntariamente ante el Tribunal un "Asesor soviético", que declaró que la maniobra era plenamente justificada, se había ejecutado impecablemente, y gracias a la iniciativa del oficial se había evitado un hundimiento catastrófico de toda la línea del frente. Los cargos fueron inmediatamente retirados: años después, cuando su foto estaba todos los días en la prensa mundial, como el "Comunista bueno" que le había plantado cara a Stalin, el oficial reconoció al "Asesor soviético"; el ahora Mariscal Tito.

Esa información, procedente de fuente absolutamente fiable -si sus hijos, que leerán esto, me autorizan, daré su nombre y grado, pero nada más...- parece confirmar la de una señora de Barcelona, que juraba que el hijo que tenía era de Tito, al que había conocido -se supone que carnalmente- sin moverse de su ciudad natal: el Internacionalismo es fuerte, muy fuerte, pero no lo suficiente para dejar preñada a una señora a mil kilómetros de distancia... a lo mejor por eso negaba Tito su presencia en España, los juicios por reconocimiento de paternidad siempre son un coñazo...

Cuenta Leonardo Padura en su libro "El hombre que amaba a los perros", que aprovecho para recomendaros vivamente,  otra anécdota de la relación entre Stalin y Tito: a raíz de su sonada ruptura, Stalin, muy en su línea, envió a Yugoslavia varios agentes secretos, con órdenes de matarlo: todos fueron interceptados. Al final, Tito se enfadó: "¿Ya vale, no...? como vuelvas a enviar a otro más, envío yo a uno de los míos... ¡uno solo, pero ese te mata, por la gloria de mi madre...!" Stalin tomó nota, y se comportó...

¡Slava Tito, qué caramba....!

Caídos en las Brigadas Internacionales: Slava Padlin!




jueves, 6 de abril de 2017

... Viene el Domingo de Ramos...

... y, de repente, te das cuenta de que ya estás en Semana Santa: eso de seguir la Pascua Judía no deja de ser un lío; cada año cambia la fecha; éste es de los tardanos...



Ya instalan los puestos de palmas en Rambla Catalunya: no son muchos; a juzgar por la demanda que prevén, la clientela -la parroquia, nunca mejor dicho- de la Conferencia Episcopal no pasa por sus mejores momentos, a pesar de la X en la casilla... prefiero no tocar el tema, ayer vi el borrador de la Declaración de Renta, y tengo que devolverle a Montoro todo lo que me ha pagado este mes... como se suele decir, ojalá se lo gaste en botica, y ya viene a ser eso, vistos los gastos en Farmacia del Sistema Nacional de Salud...

Coincido con Blanca en que el olor de las palmas nos gusta: me extraña, ella tan alérgica a las cosas de los curas... es verdad, es un olor fresco, vegetal, primaveral (pero no alérgeno, ya está visto)... uno de esos olores que, de repente, te devuelve a la infancia... para mí, es el olor a mi casa en las mañanas del Domingo de Ramos; conflictivas mañanas: soy el mayor de seis hermanos; de cinco, a efectos prácticos, porque cuando nació la pequeña yo ya me afeitaba, y no se aplica lo que sigue: en mi condición de primogénito, era el primero en estar lavado, peinado y vestido, y tenía que esperar a que acabasen de arreglar a mis hermanos, sin ensuciarme ni estropear demasiado la ropa que se solía estrenar para la ocasión; en la práctica, eso equivalía a esperar en posición firmes, y así me recuerdo, en el distribuidor junto a los lavabos, pasando el peso de un pie a otro... los zapatos solían ser negros de charol, los calcetines, blancos... por la corbata no había problema; de pequeños, eran de falso nudo, con una goma al cuello; tenía una con un cierre metálico sumamente complicado, que se enganchaba al cuello de la camisa... más adelante, con corbatas normales, aunque pequeñas, mi padre me enseñaba a hacerme el nudo: era el nudo Windsor, elegante, eso sí, pero complicado para un patazas como yo, que ni siquiera he aprendido a hacerme correctamente el lazo en los cordones de los zapatos; uso un invento propio... en cuanto pude, aprendí el más  sencillo, y de él he ido tirando a lo largo de toda una vida de encorbatado, hasta tiempos recientes...

Luego, por supuesto venía la Misa, larga, larga, no sé si mas larga de lo habitual... pero todos estábamos esperando al final, cuando, tras ser bendecidas, golpeábamos el suelo con el extremo de las palmas. De los palmones, los largos porque las palmas, laboriosamente trabajadas, sólo las llevaban las niñas, y no recuerdo que golpeasen nada con ellas. Se veía -por lo menos, en Barcelona, en Boltaña era distinto- muy poca gente con la cosa original; el ramo de olivo. Los más brutos dejaban el extremo transformado en una especie de escoba: yo, niño modosito, nunca me excedía... y luego aún venía la sesión fotográfica, a cargo de mi abuelo Julio... llegabas a casa hecho polvo, con unas ganas locas de ponerte cómodo...

Ahora paso frente a los puestos, aún cerrados; sólo está abierto, y con la mercancía instalada, el de una señora, que vende cosas para colgar en palmas y palmones; cuando yo era pequeño sólo se colgaban adornos en las palmas de las niñas, generalmente rosarios de caramelo azucarado, que luego, en plan iconoclasta, nos comíamos. Los niños sólo llevábamos en el palmón un lazo. En mi caso, lo recuerdo con la bandera nacional. Nacional de España, no sé si me entendéis, aunque sin el águila que se estilaba entonces... sigue habiendo rosarios -o collares- de cuentas azucaradas, junto a todo tipo de chuches, pero veo también una aguerrida formación de blancos stormtroopers -aunque ningún Dart Vader-, espidermames, ¡bailarinas de flamenco!, y varios ejemplares del Increíble Hulk...  ¿pero habrá niño que se acuerde del Increíble Hulk...?.. lástima que las mamás de mi nieto Pablo tampoco sean muy de curas -ni viceversa, todo hay que decirlo...-, me gustaría comprarle para el palmón, qué se yo, una Pepa Pig y alguno de los componentes de la Patrulla Canina, seguramente el Bombero, que queda como más pacifista y en el espíritu de la festividad...

Me alejo de las palmas y palmones intentando retener su olor, amortiguado por los plásticos en que aún están envueltos: veo venir hacia mí un caballero trajeado; con un traje informal, pero traje; no se ven muchos a estas horas... ya casi ha pasado a mi lado, cuando lo reconozco; es un viejo amigo y camarada, magistrado ahora por el Cuarto Turno... voy a saludarle, pero veo que va absorto, mirado al frente y con una ligera sonrisa; irá pensando en los contenciosos del día... he podido darme cuenta de que lleva la cremallera de la bragueta bajada, pero tampoco es cuestión de llamarlo a gritos, en plena Rambla de Catalunya, para decírselo... ya le avisará el Secretario Judicial, que para eso están... o, si no, con la toga puesta, tampoco se verá, no es un tema grave....


martes, 4 de abril de 2017

Pequeñas observaciones matutinas

Cada mañana, a las siete, acompaño a Blanca a su trabajo, en Rambla Catalunya-Diputació; bajamos andando, y andando vuelvo a subir, a paso rápido, pero procurando no bracear demasiado, como hace Rajoy... una horita justa, el doble de lo que recomiendan para no entrar en la peligrosa categoría de los sedentarios... mientras bajo, vamos hablando de cualquier tema organizativo, sea doméstico, sea laboral -suyo, por supuesto-, pero, al subir solo, me dedico a una de mis tareas favoritas: observar: ¿Que qué observo...? gentes y cosas; de las cosas hablo con frecuencia; hoy lo haré de las gentes...

El Lector Solitario; va vestido de contratista americano en Irak; M65 negra, gorra de beisbol negra... baja con la vista fija en un cacharro, no sé si e-book o tablet: sólo se detiene -eso sí, rigurosamente- en los semáforos... desde que lo veo ha tenido tiempo de leerse entera "A la búsqueda del Tiempo Perdido", aunque, a lo peor, sólo lee el número diario del "Sport", nunca se sabe...

La Alegre Latina: gordota y con unas mallas increíblemente ajustadas, habla por el móvil sin parar, gesticulando y sonriendo... ¿con quién hablará..? con su Tierra, ni pensarlo; allí estarán entonces en el primer sueño... ¿Un novio cuantitativista y simpático, como ella...? ¿Una amiga, a la que siempre tiene nuevas aventuras de contar...? ver gente tan alegre a las siete y media te levanta el ánimo...

El Hipster del Culo Prieto: es menudito, con la barba rubia cuidadosamente recortada, un chaquetón azul marino cruzado, como de lobo de mar menudito... anda muy rápido, con el culo muy prieto, y taconeando con unos zapatos negros bien lustrados....

El islamista Radicalizado: se distingue fácilmente del hipster porque lleva chilaba y se ha afeitado el bigote: éste también habla con el móvil, a gritos, como si estuviese intentando convencer a un amigo para que se sume a la Yihad, y el otro le contestase que para este fin de semana ya tenía plan... ahora que caigo, hace días que no lo veo... o lo han pillado los mozos en una redada, o se ha ido a inmolarse a Mosul... o ha caído en una profunda crisis de identidad, se ha afeitado del todo, y se ha entregado a los ilícitos placeres del Navidul...

Personal diverso del ramo de la Construcción: uniformados -pantalones con refuerzos, botas de seguridad, manchas de yeso...- esperan en la puerta de las obras a que llegue el capataz, para enganchar... los hay de todos los países, incluso de aquí... la auténtica Internacional, hoy por hoy, es la de los currantes, sin nadie que les ofrezca ni la menor esperanza de emancipación... "¿de dónde saldrá el martillo, verdugo de esta cadena...?"

Chicos y chicas jovencitos, muy jovencitos, con pintas de ir al colegio... las chicas, en uniforme de colegio de monjas, como el que usa Bernardette para poner más cachondo aún a Wollowitz: los chicos, bambas sin calcetines, pantalones cortos, hoodies con la hood puesta y skateboard debajo del brazo...

Homelesses varios: alguno duerme sobre un banco, envuelto uno en una manta fucsia de forro polar: otro está ya levantado: lleva una gran bolsa de viaje, como si fuese un turista mochilero esperando a que le abran el hostel; pero te das cuenta de que lo has visto ya varias veces, y sospechas que ha emprendido un viaje a ninguna parte...

César, un compañero de trabajo, del trabajo de cuando yo trabajaba... siempre amable, me saluda, pero me mira como los activos miran a los jubilados, que no es muy distinta de la forma en que los vivos miramos a los fantasmas...

El Loco Que Habla Solo: mucho cuidado: puede ser, simplemente, que hable por un móvil con el "sin manos": pero te das cuenta de que no se ven cables por ningún sitio... una víctima más de la colusión entre la Antipsiquiatría y el Asalto al Estado del Bienestar: los enfermos mentales deben integrarse en la Sociedad; muy bonito, si tienen una familia que les apoye y les recuerde que deben tomarse la pastilla... los que no, a la p... calle.... Por lo menos, antes, las monjitas los tenían lavados, peinados y comidos, aunque les atasen las manos si les daba -que siempre les daba- por tocársela...

Ciclistas por el paseo central; está prohibido, pero, en un país en que las más altas instancias se pasan por el forro al Tribunal Constitucional, calculad el respeto que se le pueden tener a las Ordenanzas Municipales... además, los guardias urbanos, que están de culo con la alcaldesa comunita, si los viesen pasarían por completo... queremos construir la Dinamarca del Sur, pero sin daneses, con salvajes y anárquicos hispanos que, encima, no se dan cuenta de lo que son... aunque, bien mirado, visto lo que votan, ni siquiera los daneses de ahora son aquellos que yo admiraba... la crisis de la Socialdemocracia nos ha dejado sin mitos; hasta las mozas se habrán vuelto más estrechas, seguro...

La Señora Rubia de Toda la Vida: nos la encontrábamos en el autobús hace más de veinte años: me dice Blanca que tiene un kiosko cerca de su trabajo. me resulta tan familiar como yo le debo resultar a ella: un día la saludaré...

La Muchacha de las Piernas Infinitas: más de metro setenta. Cada pierna; la chica, mucho más. Encima, va con tacones... me sirve de liebre; la veo delante mío, intento seguir su paso, pero con esas zancadas, imposible... la veo perderse en la lejanía, y yo con la lengua fuera...

El Pobre Madrugador Que Se Cambia de Acera: de hecho, ya está en su puesto de trabajo a las siete, cuando bajamos: los días en que no está, seguro que ha elegido la acera de enfrente de la Diagonal. Usa un gran cartel de cartón, donde explica, como cabía esperar, desgracias...

Mi Amigo Chamarilero. Brocanter, en Catalán, suena más fino; creo que ya ha ascendido a la categoría, mucho más honrosa, de Anticuario. Veranea también en Boltaña, su hermano y su mujer son amigos nuestros de toda la vida... su tienda es una pequeña maravilla, llena de cosas que le compraría, pero Blanca me tiene muy limitada la autonomía a la hora de volver a casa con un teléfono negro, un paquete de tebeos, o un diente de diplodocus... "pongos", los justos...

El Kioskero Que Me Retiró el Saludo, cuando dejé de comprar "El País"; él y su jefe -o padre-, a los que cada mañana se lo compraba, se lo tomaron como una afrenta personal: me supo muy mal, porque eran -supongo que siguen siéndolo- gente encantadora. Pero no me saludan ni a tiros... nuestra amistad fue una víctima más de la indescriptible deriva ideológica de PRISA y Juan Luís Cebrián... otros han perdido más...

La Chica Guapa de la Primitiva: tiene la lotería del pasaje: le he comprado la Primitiva durante años, y aún lo sigo haciendo de vez en cuando, aunque ahora -codicioso como soy- sólo compro cuando hay bote gordo, o los euromillones, para ejercer de europeísta en estos tiempos tan necesitados... ella sí me saluda, aunque ya no soy tan habitual como antes....

La Compañera del Taichi; reciente adquisición: al gimnasio viene siempre impecablemente equipada, aunque allí predomina lo oriental-casual; la primera vez que me la encontré en la calle, por lo visto me saludó y yo no me enteré; va tan impecable como al gimnasio pero, claro, en otro estilo... iba a decirle "Perdona, pero no te reconocí vestida...", pero me di cuenta a tiempo de que podía sonar un tanto equívoco...

Llego a casa, y aún hago diez minutos de mancuernas: sigo el consejo de mi personal trainer argentino, hace ya unos años, que me dijo: "Los viejitos.... esto... los señores de su edad, también tenés que muscular... algo...."; noventa de bíceps, treinta de dorsales y pectorales; para aprovechar el tiempo, cuento en Alemán: "Ein und zwanzig, zwei und zwanzig..."  si aún así estoy como un tocino, es que es genético, lo siento, yo no puedo hacer más...






miércoles, 8 de marzo de 2017

"A usted... ¿cómo le llaman...?"

Así se nos dirigía un profesor que tuve en Bachillerato, un magnífico profesor de Literatura, culpable en parte de mis aficiones... porque es verdad, muy pocas veces "nos" llamamos; nuestro nombre nos lo ponen otros, lo usan otros, y trabajo nos cuesta cuando pretendemos, por ejemplo, que dejen de llamarnos por un apodo y lo hagan de otra manera...




Viene esto a cuento porque he leído que en breve, si no se ha presentado ya, se hará pública una lista de los nombres aragoneses de los Tresmiles de nuestro Pirineo: estoy deseando verla, para estudiarla y, después, modificar los hábitos adquiridos con los años... o no, según el caso. Y que conste que es un interés meramente platónico: o muy rápidamente se abaratan e incrementan su capacidad de carga los drones, o veo seriamente improbable que llegue yo a hollar una de esas cumbres, ya que, incluso en mis mejores momentos, me quedé a pocos metros de "hacer" un Tres Mil... me gusta verlos desde donde ahora puedo, desde abajo, admirarlos, fotografiarlos, y darles su nombre correcto... y eso no siempre es fácil, partiendo del hecho de que las montañas no están rotuladas, la cartografía disponible no permite, a veces, identificarlos adecuadamente y, por si algo faltase, es posible que sobre el nombre correcto de un pico haya más de una opinión... un poco de normalización, por lo tanto, es, por mi parte, entusiásticamente recibida.

Siempre he pensado que parte del problema reside en que los nombres de las montañas no siempre han tenido la importancia que les damos ahora; de un libro descacharrante, "El Antropólogo inocente", de Nigel Barley, aprendí hace años que el Ser Humano, en su innata vagancia -economía de medios, por decirlo en fino- no está especialmente interesado más que en aquello de lo que puede extraer un beneficio más o menos inmediato o, por el contrario, representa un peligro para él: durante siglos y siglos -y, por lo menos, tres o cuatro idiomas distintos- nuestro Pirineo ha estado poblado por sociedades pastoriles, viviendo siempre en el margen de la subsistencia, en un clima hostil, condiciones que difícilmente facilitaban ni hacían necesaria una exploración del territorio que no estuviese directamente ligada a sus necesidades; las tierras de pasto o de labor, los bosques donde se podía obtener madera y caza, las minas, los ríos, las fuentes, los puertos y pasos que te comunicaban con territorios vecinos... eran lugares necesarios, conocidos, apropiados y nombrados: pero las cumbres... si no sospechaba que se le había perdido una oveja por ahí arriba, ¿qué interés podía tener un sobrarbense de hace trescientos años en subir a un Tres Mil...? ¿Exponerse a romperse una pierna, accidente que, sin GREIM, era la muerte segura o, peor aún, la invalidez...?

Por supuesto, había otro interés hacia las montañas; el mágico, suponerlas refugio de las deidades que, más o menos, regulaban sus vidas, especialmente enviándoles tronadas, pedregadas, borrascas y otros alicientes por el estilo... pero ni ese interés ni el meramente orientativo ("Por allí... por allá...") requerían una gran precisión: aún hace algunos años recuerdo que, un día de borrasca, un anciano me decía: "Está nevando en os Puertos..."; los puertos, las estivas, los pasos y los pastos, tenían importancia: las cumbres... ahí estaban, ni molestaban ni importaban demasiado.

Seguramente el interés por parte de nuestros paisanos se disparó cuando llegaron gentes de fuera de las montañas que querían conocerlas, subir a ellas... y necesitaban los servicios de los montañeses como guías: es muy probable que alguno se apuntase sin tener ni idea de por dónde diablos se subiría ahí arriba, pero no era gran problema, costumbre de andar por peñas y riscos no le faltaba a ninguno... primero fueron cartógrafos militares, trazando la raya fronteriza con Francia, pero enseguida empezaron los visitantes extranjeros: nos llegaban los aires del Romanticismo y el descubrimiento del Paisaje, cuanto más pintoresco -propio de pintores-, mejor... lo que hasta entonces eran, meramente obstáculos, dificultades para ganarse la vida lo más placenteramente posible, que es a lo que cualquier persona sensata aspira, pasaban a ser ahora panoramas gigantescos, escenarios grandiosos, retos que estaban ahí para que gentes con las necesidades materiales resueltas -nuestros montes se pueblan de condes, princesas y rentistas- se jueguen la crisma por el placer, descrito como sublime, de contemplar paisajes desconocidos y, a ser posible, torcerse el tobillo en una garganta que se presentaba, ahora, como infernal, caótica, aterradora... cuando hasta aquel momento había sido, sencillamente, un fastidio.


¿Consecuencia inmediata...? Que los nombres de nuestras montañas fueron puestos por gentes procedentes de otras tierras, los que de verdad estaban interesados en ellas; transcribiendo con mejor o peor oído los nombres que mascullaban los lugareños -que, estoy seguro, muchas veces los inventarían, para cimentar su fama de guías avezados- o, sencillamente, poniendo nombres nuevos, en autohomenaje a otros descubridores como ellos, o fruto de sus fértiles imaginaciones, espoleadas por el calentón de la conquista de las cumbres.

Y no tiraron por lo bajo, no... llenaron nuestros mapas de Infiernos, Diablos, Maldiciones, historias mitológicas... no de la mitología local antigua, perdida ya desde siglos atrás, desconocida hasta por los lugareños, sino por recreaciones cultas de la Mitología clásica, conocida, tan solo, por los curas, como mucho, si habían prestado atención a los Clásicos en el Seminario... que se superponía a la mitología mucho más hogareña, de santos y vírgenes, que el pueblo realmente existente manejaba en terrenos situados a cotas accesibles... podíamos decir que hasta los 2.500 metros, más o menos a la cota del Pino Negro, llegaban los santos y las vírgenes de las beatas y los curas, y, a partir de allí, empalmaban con los territorios de los Atlantes, Roldán, Hércules o el Gigante Gerión, al que, os lo puedo jurar, he oído también mencionar hablando de pedregales de nuestras montañas.

Hay un caso paradigmático en Sobrarbe, y, además, afecta al macizo más característico, y que da nombre a nuestro Parque Nacional: Monteperdido, el Monte Perdido.

Parece clara la incongruencia de llamar "Perdido" a un macizo montañoso que se ve desde distancias increíbles: yo he podido divisarlo -y no soy un halcón, sino más bien miope- desde la vertical del Aeropuerto de Barcelona y desde una de las Torres del Pilar, a 300 y más de 200 kilómetros, respectivamente; desde La Panadella, desde Belchite... se ve también desde el Moncayo y, recientemente vi una foto obtenida desde tierras de Teruel... perdido, por lo tanto, no es que esté... si bien es cierto que, según te vas acercando a él, desaparece, salvo en Pineta, donde su cara Norte domina el valle... mucha de la gente que visita Ordesa se vuelve a casa sin haberlo visto si no llega a Soaso; por ejemplo, si viene desde Zaragoza o Huesca, pierde su última oportunidad en Monrepós... si sube desde Barcelona, en L'Ainsa... aunque desde el castillo de Boltaña, el observador avezado puede llegar a ver la puntita de su cumbre.

Por supuesto, el nombre se puso desde Francia, donde la cumbre del Perdido apenas si se avista desde algún lugar muy concreto del Valle de Gèdre, precisamente donde hay un Hotel du Mont Perdu... franceses fueron quienes primero se interesaron por él, por decirlo así, deportivamente -Heredia subió estando de servicio-, y franceses quienes le dieron su nombre... ¿si los guías nativos les hubiesen dicho que "aquello" se llamaba de otra manera, hubiesen ellos contestado: "Ah, mais non, ça s'apelle Mont Perdu, monsieur..!"? lo dudo, el toque exótico hubiese ganado... seguramente el tema del nombre ni se planteó... de cualquier manera, seguimos sintiéndonos ligeramente incómodos con "Monteperdido"; meterle mano al nombre implicaría nada menos que una modificación legislativa, ya que ha dado nombre, junto con Ordesa, a nuestro Parque Nacional; además, ¿qué ponemos en su lugar...? ¿Optamos por "Aso", como creo recordar que proponía el Dr. Plá, nuestro erudito boltañés de adopción...? creo que se plantea otra opción, "Puntón de Treserols", a la espera estoy de la famosa lista... pero no dejo de recordar que la cúspide de la Peña Montañesa recibe el nombre "popular" de "Puntón d'o Libro", que, supongo, hace referencia al libro de firmas -del que ya he conocido varias reencarnaciones- que difícilmente puede llevar allí demasiados años, y que vendría a ser como dar categoría de "Nombre popular" al "Tozal d'o repetidor de Vodafone", pongo por caso...

Pero es que el nombre de todo el macizo también ha sufrido sus altibajos: por lo menos, en este caso sí se conservaba un nombre popular: Treserols. "Erol", posiblemente preromano, lo encontramos también en la mismísima Barcelona, en la Serra de Collserola, "Coll s'Erola", pero... "Tres"? ¿Por qué no cuatro? De hecho, desde muchos lugares, el Cilindro queda escondido detrás de Monteperdido, y aparece como tercera cima, más baja, pero no por ello menos impresionante, la Punta de las Olas... podríamos concluir que los Tres Erols de Treserols, como los Tres Mosqueteros, son cuatro... pero el "Tres" tiene un prestigio mágico que difícilmente puede disputarle el "Cuatro", y así lo vemos, pocos cientos de metros al Este, cuando las Sucas o Zucas, las "Tres Marías"... vuelven a ser cuatro.

Treserols, como nombre, tenía un problema; ¿Qué c.... era un "Erol"? Rápidamente se encontró una solución: serían las "Tres Sorores", las Tres Hermanas, y eso daba un bonito juego a leyendas varias, tres hijas de un rey, tres damas de alta alcurnia -no podían ser tres cabreras, claro, aunque la tierra daba muchas más cabreras que princesas-, hechizos, maldiciones, petrificaciones... hasta Sender se sumó al carro, en una novela menor... las "Tres Sorores" siguen oyéndose, supongo que cada vez menos, pero se tarda años en reconducir situaciones así...

El Cilindro tuvo la inmensa suerte de parecer justamente eso, un Cilindro: pese al pliegue en su pared Este, llamado "la gamba", nadie, que yo sepa, se ha atrevido a hablar de la "Gamba de Marboré",o "Marmoré", que esa va a ser otra... pero la segunda cumbre del macizo conoció uno de los rebautizos de "Clase dos"; para honrar al Barón Ramond de Carbonières, pasó a ser llamado "Soum de Ramond"

No seré yo quien discuta los innumerables méritos de Louis Ramond de Carbonnières, amigo de Napoleón, Barón del Imperio, Prefecto, montañero, botánico... llevan su nombre tres cimas, un endemismo -la Ramonda pyrenaica-, una festuca... me tengo prometido aprovechar un viaje a París para visitar su tumba, en el romántico cementerio de Montmartre. Además, el nombre de su cima -consta que subió a Monteperdido al tercer intento, pero no sé si pasando antes por ella- ha quedado ya perfectamente integrado: Sunderamón, así tal cual... pero... aquí si parece claro que el nombre primigenio, o, por lo menos, el más nativo, sería Pico de Añisclo... Barón, su Soum peligra...

Como peligran también nombres de personas ante cuyo recuerdo debemos todos los que amamos estas tierras quitarnos la boina: Lucien Briet, mi amado Briet, que podría quedarse sin Mallo Gran, reducido a su monumento, eso sí, junto a la pradera de Ordesa que tanto quiso... Schrader, el Príncipe de la Moscowa -¡el hijo del Mariscal Ney, otro amigo de Napoleón!-, Lady Lyster, a la que imagino con sus enaguas almidonadas triscando por su Corredor, allá por el Vignemale, en realidad Vinhamala, en realidad, por nuestro lado, Comachibosa...

Siempre he sido amigo de paños calientes; propongo, por lo tanto, una solución de síntesis, de compromiso... demos a nuestros montes los nombres más apropiados posibles, aquellos que tengan un arraigo en la memoria de nuestras gentes, en el supuesto de que aún puedan encontrarse vestigios, más o menos creíbles, de cómo llamaron a aquellas montañas quienes junto a ellas -que no en ellas; ahí no vivía nadie en su sano juicio- vivían... pero no dejemos caer en el olvido aquellos otros bautizos que recordaban a gentes dignas merecedoras de eso y de más... me apunto a caballo ganador, porque imagino que esa será la solución real: yo la institucionalizaría: nombre oficial: Pico Añisclo/Sunderamón, así tal cual, con su barra inclinada.... honraremos así a nuestros Antepasados, y también a nuestros Antecesores en el amor a las montañas...









jueves, 23 de febrero de 2017

Mi 23-F

Hay días que difícilmente olvidarás; siempre se habla -para los que ya somos mayores- del asesinato de Kennedy; ya dentro del Siglo XXI, el 11 de Septiembre -el de las Torres Gemelas, no los innumerables de aquí...-; para los españoles de mi generación, sin dudarlo, ese día es el 23 de Febrero de 1981.


Por aquellas fechas, compatibilizaba yo mi condición de profesor a tiempo parcial en la Facultad de Ciencias Económicas de la UB (entonces, simplemente, "La Central") con mi dedicación mayor, la de funcionario de la extinta Organización Sindical, adscrito al Gobierno Civil de Barcelona como Asesor Técnico: el nombre, ligeramente excesivo, no explicaba bien mis funciones; a disposición del Gobernador Civil, completábamos la reducida plantilla de Técnicos Superiores que, al proceder directamente de la Administración Civil del Estado, nos miraban por encima del hombro; entre los fachas también había -y supongo que hay- categorías, no os creáis... teníamos, además, la fama de ser personas de la confianza directa de Rodolfo Martín Villa -al que, por cierto, no tuve el gusto de conocer-; cumplíamos funciones muy variadas; generalmente, relacionadas con los numerosísimos conflictos colectivos laborales, en una época en que la crisis era tanto o más grave que ahora, pero la gente aún no había perdido la extraña costumbre de luchar por sus derechos.

La tarde del 23 de Febrero, en que debía celebrarse la sesión de investidura, en el Congreso de Diputados, de Leopoldo Calvo Sotelo, sucesor de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno, llegué a la Facultad de Económicas bastante antes de mi hora de clase en el curso nocturno, para prepararla con tranquilidad en el Seminario; como solía hacer, pasé antes por el bar, a tomarme mi cafelito vespertino, y allí me sorprendió la voz del camarero.. "¡Señor Revilla, Señor Revilla, al teléfono...!" Os recuerdo que los teléfonos, entonces, eran cosas fijas e impersonales, y la gente hacía esas cosas, llamaba a los lugares donde podías estar, y allí te buscaban... era mi mujer, Laura Toribio, abogada entonces de Comisiones Obreras, con una noticia sumamente alarmante; al parecer, un grupo de guardias civiles había asaltado el Congreso, deteniendo a todos los diputados... ella se iba a casa, y me aconsejaba hacer lo mismo...

Enseguida, otros y yo difundimos la noticia por la Facultad... espontáneamente, nos reunimos en asamblea en el hall, frente a la entrada del bar; cada uno iba aportando informaciones, cada vez más alarmantes... todo parecía indicar que había un Golpe de Estado en marcha, de alcance desconocido pero, desde luego, nada tranquilizador: apenas si llevábamos seis años de Democracia, y el sentimiento era general... "¡Por favor, otra vez, no...!"... ¿qué hacer? Pronto se oyeron propuestas más o menos prácticas: asamblea permanente, salir a la calle... un compañero propuso formar barricadas con los automóviles del parking para evitar que saliesen "los tanques" del vecino Cuartel del Bruch: yo sabía que los tanques no estaban allí, sino en Sant Boi, pero no dejaba de sentir un sudor frío pensando en las letras que me faltaban por pagar de mi 127...

Quien remató la situación fue nuestro querido Manuel Sacristán: el respetado teórico marxista, ya muy mayor -aquel día me di cuenta- tenía, además -y eso no lo sabíamos- a su mujer gravemente enferma, falleció poco después; estaba literalmente desmoralizado... nos informó de que los tanques corrían ya por las calles de Valencia, y nos dijo que él se iba a casa... enmudecimos y, en pequeños grupitos, abandonamos la asamblea.

Yo lo tenía muy claro; ya que allí, como solíamos decir, no "había condiciones", mi lugar estaba en el Gobierno Civil: a Belloc padre, mi primer Gobernador, lo había sustituido hacía poco Josep Coderch, un diplomático gironí, amigo personal de Suárez, y con el que apenas si había tenido yo relación, pero que me parecía persona comprometida con los ideales democráticos: estaba seguro de que se pondría, sin dudar, del lado de la Constitución, y hacia allá me dirigí, con negros presentimientos... es verdad, el Palacio del Gobierno Civil se daba un aire con La Moneda santiaguina, y tocaba yo madera...

Soy un auténtico maniático en lo referente a repostar combustible, hasta el punto de que puedo pasar meses sin ver la luz de la "reserva"; pues aquel día apenas si llevaba gasolina para llegar al Gobierno Civil: me tocó hacer más de media hora de cola en una gasolinera, rodeado de conductores cabizbajos y silenciosos... las gente, por la calle, caminaba rápido, casi corriendo, camino de sus casas; muchos llevaban bolsas de compra; aquel día, en muchos supermercados se agotaron las existencias de arroz, azúcar, aceite, conservas... el recuerdo de la Guerra Civil y sus problemas de abastecimientos aún estaba vivo, si no en mi generación, si en la de mis padres...

Llegué al Gobierno Civil; por aquel entonces, yo era, oficiosamente, el "rojo" de la casa, aunque había decidido no asumir ninguna militancia ni política ni sindical, para no comprometer mi imparcialidad en los asuntos, muchas veces delicados, en que me tocaba intervenir: por eso no me extrañó ver la cara de disgusto con que me recibía, el la puerta, un compañero ligeramente más conservador -fiscal, y ex-censor, por cierto- "¿Qué vienes a hacer aquí...?" me preguntó, sin demasiada cordialidad... en aquel momento, apartó los faldones de su chaqueta, y pude ver, metida en su cinturón, la inconfundible culata de una Astra 400... siguió mi mirada y aclaró torpemente "La traigo porque no sabemos hasta que hora vamos a estar aquí esta noche..." Desde aquel momento, tuve la sensación de que, si la cosa se complicaba, a lo mejor no salía de aquel Palacio por mi propio pie... eso sí, el "paseillo" me lo darían gente con la que, cada día, me jugaba el café a los "chinos", siempre era un consuelo...

Intenté llegar hasta el despacho del Gobernador Civil; y allí me esperaba la segunda sorpresa de la tarde: dos guardias civiles me cerraron el paso. Dicho así, no suena extraño: pero no eran dos guardias civiles; eran Fulano y Mengano, a los que veía cada día, que me saludaban respetuosamente, con los que me había fumado algún que otro cigarrillo, hablando de sus problemas, los estudios de sus hijos, sus posibles traslados... me dijeron, en este caso muy atentamente, pero con firmeza, que el acceso al despacho del Gobernador estaba prohibido para todos, incluso para mí.

No me quedó más remedio que encerrarme en el mío, y llamarle por el teléfono directo; lo descolgó a la primera; para eso no había problema... "Estoy aquí, a tus órdenes..." "Has venido por el Paseo de Colón" "Si, Excelencia" "¿Cómo estaba Capitanía General...?" "Seis Land Rover en la puerta, y todas las luces encendidas..." Me pareció oír un suspiro de resignación... pocas, muy pocas cosas podía hacer él desde su despacho más o menos sitiado: le conté que los guardias civiles no me habían dejado llegar hasta él: "Tampoco estoy muy seguro de que me dejasen salir a mí", fue su resignada respuesta...

Quedamos en que me iría pasando las llamadas que no pudiese o no quisiese responder: así pasé dos o tres horas tirando balones fuera... una de las conversaciones más surrealistas la mantuve con el Secretario General de Comisiones Obreras en Cataluña, mi querido y respetado José Luís López Bulla, al que aún no había tenido el inmenso placer de conocer; digamos que nuestro primer contacto no fue excesivamente satisfactorio, insistiendo él en la necesidad de movilizaciones populares, y repitiendo yo los mantras que emanaban del Gobierno de Subsecretarios: todo estaba controlado, todo iba a terminar muy pronto, calma y normalidad...

Mientras tanto, repasaba yo la situación de las personas de mi entorno; en primera línea de mis preocupaciones estaba, por supuesto, mi mujer, en aquel momento embarazada de nuestro hijo Borja: como abogado de Comisiones Obreras, muy probablemente sería objetivo de cualquier represalia. También era un posible objetivo mi hermano Ricardo, por sus responsabilidades políticas en Aragón... muchas veces habíamos comentado, bromeando; "¡Si dan un golpe, por la Breca -la Brecha de Rolando- y t'a Francia!"; pero estaba convaleciente de un grave atropello, con el tobillo hecho polvo, ni por la Breca ni por ningún otro sitio podría escapar... por no pensar en mi propia situación, con aquel elemento -y no sabía cuantos más- pululando por el edificio con pistolas...

Es difícil calcular cuantos funcionarios públicos, aquella noche tan larga, pasamos por parecidas tribulaciones: me contaron, tiempo después, una historia muy reveladora, un universitario hacía sus prácticas, como Alférez de Complemento, en una unidad de Caballería: recibió la orden de preparar las autoametralladoras -unos blindados ligeros- con munición, por si tenían que salir... un sargento profesional, con un enorme revólver atado al muslo, le hizo entrar en el cuarto de las escobas: "¡Como me ordene disparar contra el Pueblo, mi alférez, me mato, y lo mato, y... !", dijo, desenvainando el revólver... "¡No, coño, tranquilo, que soy de los tuyos...!" "¡Pues entonces, matemos al Teniente Coronel, y repartamos las armas al Pueblo...!" "¡Joder, no seas bruto.... si nos mandan salir, media vuelta y nos vamos con los chicos y las tanquetas a Francia...!" Yo, ni eso podía...

Ya muy avanzada la noche, sonó de nuevo el teléfono; era el Gobernador; le acababan de llamar de Madrid, el Rey iba a salir dentro de media hora en la Tele, estaba todo arreglado... "¡Vayámonos a casa, y descansemos- dijo-, que mañana será un día duro..."

Aún llegué a tiempo de ver en mi casa el discurso del Rey, pero quedaban muchos flecos colgando, con los diputados aún encerrados en el Congreso... simultaneaba la televisión con un transistor conectado a las emisoras que iban desgranando información, y, en un momento de agotamiento, en vez de apagar un cigarrillo en el cenicero -entonces aún fumaba-, lo aplasté contra el transistor; guardé durante años aquel viejo cacharro con su quemadura bien visible, como recuerdo de una noche durilla...

Tuve el tiempo justo de dormir un par de horas, ducharme, y volver al Gobierno Civil... en el ascensor, coincidí con una vieja funcionaria, zaragozana, que siempre nos trataba a los "jóvenes" con un cariño casi maternal... "¡Ya estarás contento...!", me escupió, con todo el desencanto de los reaccionarios que, a aquellas horas, eran conscientes de que habían perdido, quizás por muchos años, su última oportunidad...

Pero aún me quedaba la mayor sorpresa del día; entró en mi despacho uno de los guardias civiles, quizás con el que más amistad tenía; fue verlo y darme cuente de que, con el tricornio puesto, era clavado a Tejero, idéntico bigote... (sin tricornio, no; Tejero era calvo, y mi amigo lucía una abundante mata de pelo)... "¡Qué vergüenza, unos compañeros haciendo esas locuras.... y encima yo, con este bigote...! ¿Cómo voy a salir yo así a la calle...?" "¡Tú sales conmigo, y ahora mismo!", le dije... lo cogí por el brazo y lo arrastré hasta el bar que solíamos frecuentar los funcionarios, prefería ir con él que con mis compañeros habituales, que apenas si me miraban a los ojos... "Fíjate, todo el mundo me mira... pensarán:"Ya lo han soltado"..."! "Sí -respondí yo- pero te han degradado a Guardia Primero..." "Eso sí..", contestó riéndose...

Me gustaría decir que todo acabó bien, pero no fue así; la época de Calvo Sotelo fue dura también; Coderch fue cesado, por suarista, y del nuevo Gobernador Civil, Jorge Fernández, prefiero no decir nada, porque está malito y le deseo una rápida y total recuperación, confiando en Marcelo, su Ángel de la Guarda; a mí me purgaron, y me enviaron a la Generalitat de Catalunya, no se si como castigo a mí o a la Institución de Autogobierno... pero, pocos días antes de dejar el Gobierno Civil, mi amigo, el Guardia Primero bigotudo, vino a verme, muerto de risa... su hermano vivía en Canadá y, el 23-F, la madre de ambos estaba allí visitándolo: la pobre señora se entretenía mirando la tele canadiense, de la que, supongo, no entendía ni una palabra; de repente empezó a llamar a su hijo, a gritos: "¡Fulano, Fulano, ven corriendo... están dando noticias de España, y sale tu hermano... se ha metido en un lío muy gordo...!"





martes, 21 de febrero de 2017

Doppelgänger

Hay en Alemán algunas palabras especialmente inquietantes: "Doppelgänger" es una de ellas...

"Doppelgänger" vendría a ser el "doble" de uno, "el que camina a su lado"... quiere el folkrore doich que los seres humanos tengan su doble; generalmente se considera de mala suerte encontrarse con él, pero no siempre... caminar, antes, se caminaba sólo por la vida; hoy, muchos insensatos como yo pasamos horas caminandopor las Redes Sociales, y quizás no es mal lugar para encontrar a tu Doppelgänger -pronúnciese "Dopeljenjer", más o menos- o, ¿por qué no?, a tus Doppelgängeres, o como diablos se forme el plural aus Deutsch de la palabra...

La verdad es que me he dedicado a tan absurda tarea por un motivo práctico; en Facebook soy mi propio Doppelgänger porque, movido por mi conocida inutilidad para las tareas informáticas, me creé dos perfiles, en vez de uno: el "oficial", por así decirlo, es el que uso cada día, pero tiene un hermanito pobre y abandonado, con sólo 32 amigos, la inmensa mayoría de los cuales están doblados en el otro... pero no todos: por eso, hace un rato, trasteaba buscando si había alguna posibilidad a mi alcance de eliminarlo repescando a los amigos únicos que en él yacen olvidado, y ha sido cuando he dado, de morros, con un doppelgänger con todos los derechos, un medio doppelgänger y un doppelgänger por aproximación.

Mi profesor, mentor y amigo, recientemente fallecido y al que tanto echo de menos, Joaquín Fernández Fernández, difícilmente podría haber abordado esta tarea, al tener dos apellidos millonarios en usuarios y un nombre también frecuentísimo, como comentábamos muchas veces en broma; pero "Revilla" no es un apellido tan común, "Delgado" -al que, por cierto, tan poco honor hago en la báscula- siéndolo mucho más, tampoco está en el "top ten", y Antonio, nombre, ese sí, muy común, se está quedando un poco viejuno y con poca representación entre los jóvenes que, no nos engañemos, son ampliamente mayoritarios en las redes sociales: aún así, me ha sorprendido un poco la parquedad de la cosecha. Además, mis "doppels" son gente de pocas palabras feisbuqueras; poca es la información que de sus vidas ofrecen... veamos qué podemos saber de ellos:

Mi "Doppelgänger-doppelgänger" -o yo soy el suyo, tanto monta... , vive en Miranda de Ebro; no he estado nunca en Miranda, aunque en ella vive un viejo amigo, y la he visto muchas veces, en la lejanía, adornada con sus chimeneas industriales, desde la Autopista, yendo a o volviendo de Bilbao... he recorrido el Ebro desde su nacimiento en Fontibre hasta la Gola de Migjorn, donde sus aguas se diluyen en el Mediterráneo, pero no he dedicado ni un momento a la ciudad burgalesa, la única de las ribereñas que no he pisado... lo digo para vergüenza propia, y con propósito de enmienda: allí vive Antonio Revilla Delgado, con 135 amigos. No hay fotos suyas; en su lugar, una leyenda que lo define como amante de los perros: "Un día dijo Dios: "Amarás a tu prójimo"... y sólo el perro entendió", y otra, bien diferente, que lo aproxima más a mis expresiones habituales, y a las de mi querido José Antonio Labordeta: "El tiempo pone a cada uno en su sitio: pero si vas mandando  a algunos a la mierda, vas adelantando camino".... ¡¡Bien, Doppel, vamos bien por ahí...!!

Del resto de los escasos mensajes que encuentro en su perfil, me parece deducir que pertenece a la Protectora de Animales de Miranda de Ebro, en cuya junta rectora ha habido recientemente algún follón, y que participa activamente en la búsqueda de acogedores para animales desamparados, benemérita actividad: eres hombre de pocas palabras, Doppel,  para un Antonio Revilla Delgado que hable por los codos ya estoy yo, pero me alegra ver que te dedicas a las buenas obras con los perros, bichos nobilísimos; nunca he tenido perro, por diversas circunstancias, pero ha habido perros en mi vida, de los que guardo un recuerdo entrañable, Desde Kazán y Dog hasta Kaiku, pasando por Bruja y Ara, sin olvidar a Lobo, al que mis hijos llamaban "Tío"...

Mis otros dos "Doppels" vienen... ¡del Perú!: Perú tiene con Miranda de Ebro en común que nunca he estado allí, aunque, también en éste caso ya estoy tardando: allí viven Paco Antonio Delgado Revilla y Nayeli Revilla Delgado, que el feis, en su extraña lógica, da también como respuesta a mi búsqueda de ARDes.

Paco Antonio DR vive en Cajamarca, en la Sierra Norte, a más de 2.000 msnm: ciudad famosa porque allí el bruto de Francisco Pizarro -que me perdone mi amigo, su Doppelgänger particular- cometió el crimen de cargarse al Inca Ataualpa, después de haberle cobrado un cuantiosísimo rescate: no debe ser buen lugar para alardear de ascendencia hispana, pero, al parecer, nuestros apellidos -o, por lo menos, los míos- gozan de buena salud: Paco Antonio tiene 74 amigos, parece ser bastante más joven que yo, aparece en fotos familiares junto a los que podrían ser sus padres y, en una de ellas, se da un aire a Vargas Llosas: poco o nada más puede deducirse de su perfil, enigmático Doppel...

Peor es aún el caso de Nayeli Revilla Delgado: por no saber, no sé ni su sexo, porque Nayeli puede ser nombre masculino o femenino, y en sus dos únicas fotos aparecen siempre una pareja joven, con aspecto de galán -él- y joven dama -ella- de película de Bollywood... hay otra foto de una vía introducida en una vena de una mano, que sólo se explica porque, en éste caso, sí hay buena información profesional; Nayeli es médico -dice, así, en masculino-, y prestó sus servicios, primero, en un Hospital Público en El Callao, y ahora en una clínica privada en en Sur del país, en Arequipa. Afirma haber estudiado Enfermería obstétrico-ginecológica, especialidad en la que de poca ayuda me puedes ser, Doppel, lo siento... y nada más...

Y esto es todo; feis ni tan solo me acerca a mis auténticos hermanos Revilla Delgado; también es cierto que, en la vida real, tuve una vez un encuentro con un Doppelgänger físico, encuentro especialmente turbador, porque nos íbamos los dos juntos al Servicio Militar, pero esa es historia que dejo para otro día... Voy a intentar haceros llegar estas líneas, y os agradecería que ampliáseis vuestra información, si os apetece; si no, no pasa nada, tan amigos y tan Doppels.... sabed que, en las entrañas de la Web, tenéis un amigo y un Doppelgänger...




jueves, 12 de enero de 2017

Resurrección

Vaya por delante que no soy, en lo absoluto, partidario de las resurrecciones: de entre los numerosos aspectos positivos de la Muerte, yo destacaría dos: su absoluta e igualitaria radicalidad democrática -todos nos morimos, o nos moriremos, podéis estar seguros- y su carácter de experiencia irrepetible: solo se muere una vez, y, por si hacía falta, así nos lo recuerda el Credo Legionario: si empezamos con excepciones, favoritismos y letra pequeña, la cosa pierde buena parte de su atractivo...

Pero es que, además, no le veo ninguna ventaja práctica a la resurrección: recuerdo que Saramago -muerto y no resucitado- le reprochaba a Jesucristo la resurrección de Lázaro, ya que, en su opinión, ningún ser humano -y menos el pobre Lázaro, del cual no hay en los Evangelios ninguna referencia negativa- merecía el castigo de pasar dos veces por el trance de la Muerte... por no hablar de los aspectos jurídicos y patrimoniales del tema, escalofríos entran... vamos, que no, que no me gustan las resurrecciones, y así lo recordaba hace pocos días en el Feis cuando comentaba, con horror, la posibilidad de que dos famosos cadáveres políticos estuviesen, con cierto disimulo, removiendo la losa de su sepulcro: uno, ya os lo adelanto, es José María Aznar: del otro, ni me atrevo a poner el nombre, dada su merecidísima fama de gafe, de jettatore, pero os ofrezco como pista que lleva el nombre de un rey legendario, y se apellida como un signo aritmético, no digo más...

Sin embargo, leo esta mañana que Carlos Zanón ha iniciado la recuperación para el Mundo de los Vivos Lectores de Pepe Carvalho, y mi opinión cambia por completo...

En primer lugar, Pepe Carvalho, el detective que, de la mano de Manolo Vázquez Montalbán recorrió con su mirada triste y crítica la larga transición de la Barcelona del inmediato postfranquismo a la cosa ésta de ahora, es un personaje potente, próximo, inolvidable, que, como se solía decir, no debería haberse muerto nunca... por supuesto, la temprana e imprevista desaparición de su creador -¡En el aeropuerto de Bangkok, toma escenario inesperado...!- aceleró el proceso, pero ya el último Carvalho mostraba signos evidentes de decadencia, de fin de ciclo, con una Charo retirada de sus actividades habituales -o. por decirlo de otra manera, sometida a un régimen de dedicación exclusiva-, un Bromuro fallecido y un Biscuter entregado profesionalmente a su pasión culinaria... ¿Presintió Manolo su propia muerte, y quiso ir rompiendo, poco a poco, los lazos de Pepe con la vida...? si el propio Flaubert reconocía que Madame Bovary era él mismo, nadie dudaba de la profunda identidad entre Manolo y Pepe que, por lo menos, no requería ninguna operación quirúrgica ni tratamiento hormonal.

Nos han faltado los dos, Manolo y Pepe, y muchas veces, a lo largo de los años transcurridos, he elevado mis oraciones laicas pidiendo su resurrección... Manolo nos ha faltado, sobre todo, a sus compañeros de partido y de ilusiones -me atrevería a decir que, sobre todo, de desilusiones-, que daríamos lo que fuese por escuchar su voz, baja y ronca, de persona profundamente tímida desde la fortaleza de su inteligencia, comentando los acontecimientos actuales en este rincón de Mundo, sin caer en las suposiciones sobre sus hipotéticos posicionamientos que la han atribuido personas muy próximas a él, pero distintas, como todos somos distintos de los demás... y Pepe nos falta, además, a muchísimos más, acostumbrados a ver cómo el bisturí de su mirada irónica y, curiosamente, también compasiva, abría en canal los abcesos de una Sociedad mediocre e hipócrita, la nuestra... Incluso yo, en mi modestia, caí en la tentación de ofrecerle a Pepe un breve cameo en uno de mis cuentos del Oso, el más circunstancial, salvaje e impublicable de todos... Pepe se merece, los Carvalhistas todos nos merecemos, su vuelta a la Vida, aunque sea una vuelta a las miserias y los desengaños, pero también a algún platillo delicioso, algún Malta sumamente potable, y algún polvo furtivo, inesperado y jubiloso, esas alegrías que, generosa al fin y al cabo, muchas veces nos ofrece la Vida, y con las que difícilmente podrá competir la densa calma de la Muerte.

Pero es que, además, Carlos Zanón me parece admirablemente dotado para llevar adelante esta operación: hay en él una mirada sobre la Sociedad suficientemente aguda para descubrirla desnuda, sin ilusorios disfraces, cruda tal como es... es también poeta, como Manolo, pero quizás ahí se acaban las semejanzas entre el maduro, miope, calvo y reflexivo intelectual, perdidas ya las ilusiones colectivas, e incluso quizás las individuales, y el hombre mucho más joven, con mucha más energía -esa es la impresión que de él saqué, la única vez que hablamos-, que posiblemente nunca se ha hecho demasiadas ilusiones, ni históricas, ni de las otras,  pero que se sabe afortunado por haber cruzado aguas sumamente revueltas, donde tantos y tantos han naufragado, y haber llegado a la otra orilla en buen estado, y disfrutar ahora de la serenidad que le permite mirar hacia atrás y ver, desde un lugar seguro -o eso, por lo menos, le deseo- pozos, trampas y arrecifes... su Carvalho no será el Carvalho Montalbán, ni falta que le hará, seguramente, pero será, y si no, al tiempo, otro Carvalho eterno e imprescindible.

Una sola cosa me preocupa: no puedo ver a Carlos Zanón separado de nuestro común Guinardó natal: hay entre nosotros una generación de diferencia, nuestras calles son las mismas -bueno, con nombres catalanizados: Varsovia- Varsòvia.... pero... ¡cómo habían cambiado...! Aún acerté a ver bares de camareras -como el eterno Marlène, con su incongruente casco prusiano de la Primera Guerra Mundial, nada que ver con los mucho más prácticos de la Segunda-, pero no el denso ambientillo y los personajes tempranamente derrotados por una Historia demasiado rápida y el brutal impacto del desembarco de la Química Recreativa que Carlos nos retrata... pero aún así, cada vez que voy a ver a mi madre, paso, con un estremecimiento, por la entrada del pasaje que un papel tan importante juega en una de sus novelas, quizás la más turbadora de todas ellas, y la que me "colgó" definitivamente de su autor.

Le propongo a Carlos Zanón un sencillo giro argumental: Pepe ha perdido su "torre" de Vallvidrera; la anciana propietaria que se la alquilaba por un precio razonable ha fallecido, y sus ávidos herederos se la han vendido a un "Fondo Buitre" que, rápidamente, y mediante novedosas tácticas de "mobbing" inmobiliario, han conseguido expulsarlo, para construir en ella un hotelito "con encanto": con sus ahorros, y contando con la generosa pensión que aún recibe de la CIA, ha comprado un pequeño sobreático en, digamos, la Fuente Fargas, la Font d'en Fargas, no le hagamos perder demasiado status, es un sitio que está muy bien, pero a pocos minutos andando de la Avinguda de la Mare de Dèu de Montserrat. Desde allí sigue teniendo a sus pies Barcelona, pero una Barcelona diferente: ya no es el Sarriá exmenestral y bienestante, de poéticas y deliciosas confiterías, el Sant Gervasi de damas de lencería negra fina, que tanto le ponían a Pepe -y a Manolo-, y, al fondo y hasta el mar, el ordenado damero del Eixample, roto al final por el caos medieval y multicultural del Casc Antic: ahora verá desde su terracita con geranios el Carmelo, de baterías antiaéreas y antifascistas y derrumbamientos chapuceros y tresporcientistas, nido de nouvinguts que ya no son nuevos, el Turó de la Peira, Verdún, Horta, sus casitas de veraneantes barceloneses rodeadas de ladrillos desarrollistas, la Meridiana, la Verneda, el Barri del Besos, las Tres Chimeneas del Chernóbil barcelonés, que nadie sabe bien qué hacer con ellas, Santa Coloma, la Santaco cada día más oriental, Badalona, Sant Adriá, con su Ciudad de los Gitanos aún no cantada por un nuevo Lorca... una Barcelona no menos viva, sino al contrario, no menos auténtica, sino al contrario... se acomodará en su Sillón Poang -la pensión de la CIA da para Ikea, pero poco más-, encenderá su chimenea de piedra artificial Leiro, y arrojará a las llamas, como en una pira hindú, como en un funeral vikingo -seguro que empezará por ahí- algún buen libro de Vázquez Montalbán...