Hoy escribía sobre los jesuitas y, claro, he tenido que recordar al Conde de Floridablanca...
Mi abuelo materno, Don Julio Delgado Torres, además de artista -escultor y fotógrafo- fue, durante toda su vida, probo empleado de banca: en aquella época, de un director de banco te podías fiar, no imagino a mi abuelo intentando vender unas preferentes a ningún ancianito; por eso tiendo a darle crédito cuando afirmaba que estábamos emparentados con Don José Moñino y Redondo, primer Conde de Floridablanca. Por vía indirecta, claro, porque Don José no dejó hijos conocidos... si contempláis el retrato de Goya y esta foto de mi abuelo, un cierto aire si se dan, ¿verdad...?
Uno no elige a sus antepasados: Blanca tiene entre los suyos al Ministro de Educación más reaccionario que ha padecido España, que ya es decir... de hecho, tampoco eliges a sus descendientes, ni casi nada... pero lo de Floridablanca, la verdad, me hacía ilusión, porque es un señor que, en líneas generales, me cae muy bien.
Y no porque expulsase de España a los Jesuitas, ni porque estuviese malmetiendo ante el Papa de Roma hasta que logró la disolución de la Compañía, no... a mí los Jesuitas siempre me han merecido un respeto: porque los inventó un vasco, y quiero mucho a los vascos; porque les dieron bien dado a los Protestantes, no hay más que ver lo que hicieron en Praga; porque son elitistas -yo, también, los tontos cada día me dan más repelús- ... Las historias sobre aficiones hacia las partes de tiernos alumnos no son exclusivas de ellos, ni de lejos... además, llegaron al Japón -les alabo el gusto- y, al parecer, les enseñaron a hacer el tempura... Floridablanca me cae bien porque, de entrada, fue un funcionario toda su vida, y fiel servidos del Estado, ascendiendo por sus méritos; fue un ilustrado, avanzado para su tiempo, metió mano dura a los más reaccionarios, se preocupó por las carreteras y, cosa más curiosa, como Presidente de la Junta Suprema Central, fue el primer Jefe del Estado Español que no era rey o regente, algo así como un Protopresidente de la República, cuando el impresentable de Fernando Séptimo andaba entre escondido y secuestrado en Francia... ostentando tal cargo murió, y con esos honores fue sepultado en la Catedral de Sevilla...sólo me hace duelo que no se entendiese con el Partido Aragonés de Aranda, con tan buenas relaciones que ha habido siempre entre Murcia y Aragón...
No mantenemos ningún contacto con el actual Conde de Floridablanca, pero hace ya años leí en la prensa una entrevista que le hacían: al parecer, era el creador de "Pocoyó", un muñequito héroe de historias infantiles que, la verdad, se me había pasado por alto, porque Pablo ya entró a saco en la era de Pepa Pig y la Pawn Patrol: pero lo de "Pocoyó" era una máquina de hacer euros, y el Conde alardeaba de su éxito empresarial, en el Mundo de la Libre Empresa, cantando las excelencias del Capitalismo, loando el esfuerzo personal del Emprendedor, y tirándoles unas cuantas puyas a los desdichados que todo lo confiaban al Estado del Bienestar... nada nuevo, vamos, lo que viene a ser un liberal, o un neocon, como queráis, vaya por Dios...
Ahora he actualizado esa información: al parecer, el Señor Conde no había creado el muñequito, más bien la empresa titular de los derechos sobre él: otro empresario más emprendedor que él le ha hecho -dice- una pirula, le ha desposeído de sus acciones, y está en la ruina, sin "Pocoyó", gastándose lo que no tiene en abogados, pleiteando a diestro y siniestro, y -dice también- "viviendo de la caridad"...
Bueno, pues el Capitalismo es lo que tiene, primo... si vivieses de la PIRMI, nadie vendría a robártela... y conste que no es que me alegre... eso sí: si la cosa aprieta y te tienes que vender el título, no lo pongas en Wallapop: me llamas discretamente, y trataremos de arreglarlo, que algunos ahorrillos tengo, y no te negaré que me haría ilusión ser Conde... sobre todo, para que no saliese de la familia, a ver si me entiendes...
viernes, 22 de marzo de 2019
miércoles, 20 de marzo de 2019
"Mis labios están sellados..."
Envié ayer un mensaje por Facebook bastante críptico, y prometí ampliar la información...
Como recordáis, era una panorámica de Barcelona tomada desde un edificio bastante alto, inequívocamente un hospital o clínica, porque en su patio se veía un amplio espacio de parking reservado a ambulancias... muchos os preguntaríais: "Y, ahora, ¿qué le pasa a ese desdichado...?": pues ahí va la respuesta...
Desde hace bastante tiempo, venía notando una cierta disfonía, es decir, me cambiaba la voz, fenómeno que no se producía desde que tenía, más o menos, doce años... y no precisamente hacia un vozarrón viril y heteropatriarcal, de aguardentoso sargento chusquero de La Legíón, que, en el fondo, me hubiese gustado, sino hacia tonillos ligeramente aflautados y de capón, que poco añadían a mi autoestima... como sabéis -o deberíais saber, de hoy no pasa- una "afonía persistente" es uno de los síntomas a tener en cuenta en la lucha contra el Puto Cangrejo -que sigue atacando sin piedad a familiares y conocidos-, o sea que la cosa podía ser seria... "persistente" es uno de esos "conceptos jurídicos indeterminados" que te enseñan a odiar o amar en la Facultad de Derecho: ¿diez días? ¿mes y medio? ¿seis meses...?
Cuando ya había superado con creces esa cota prudencial, me decidí a hacer lo más sensato: visitar a un ororrinolaringólogo, ORL para los amigos... transcurrida la espera a que nos obligan los de todos conocidos recortes sanitarios, fui atendido por una amable doctora, que me metió un tubo flexible por un orificio nasal, y me sacó de dudas: no, creía que no andaba por ahí el Maligno -de todas formas, la biopsia dirá-, pero sí una lesión que describía, alternativamente, como "un callo" o "una piel levantada, con aspecto de moco", en una cuerda vocal, que había que eliminar por vía quirúrgica, y que, sin duda, era responsable de mi cambio de voz.
Las cuerdas vocales no son cuerdas, sino cuatro repliegues carnosos que cierran -o abren.-nuestra laringe, y que nos permiten hablar y, a los Elegidos de los Dioses, hasta cantar jotas... para operar en ellas -me explicaron- hay que introducir por la boca un tubo metálico de regulares dimensiones... ya empiezo a adquirir cierta práctica en dejarme meter cosas por mis orificios naturales, me pregunto cual será el próximo y qué cosa, pero en el caso que nos ocupa, requeriría Anestesia General... eso ya me hacía menos gracia, pero a ver qué vida...
Y a eso dediqué mi mañana de ayer: ingresé a las siete y media, entré en quirófano una hora después, a las diez subí a mi habitación, y a las tres y media estaba en mi casa, algo atontado -más que de costumbre, quiero decir-, pero con el problema -espero- felizmente resuelto...
De la experiencia en sí, puedo decir que, una vez más, he desarrollado un auténtico síndrome de Estocolmo hacia los profesionales sanitarios: desde el amable camillero que me permitió conservar puestos mis calzoncillos, ahorrándome la infamante braga de papel talla única, que me quedaba casi tanga -"total, ahí no te vamos a tocar..."-, y que desempeñó sus funciones de Barquero Caronte con alegría y precisión, la joven anestesista vitoriana en prácticas, que afirmaba haber casi olvidado su Euskera de Ikastola porque "en casa... ya saben...", la enfermera que me invitaba a pensar, mientras la anestesia surtía su efecto, en un sitio a donde me hiciese ilusión viajar -cité Islandia, el mismo al que quería ir su marido...- además, me han librado de una "lesión hiperqueratósica" -un callo, en Cristiano-, por la módica suma de 1.762,02 Euro, que habéis tenido el detallazo de pagar entre todos, como si hubiese hecho un Verkami... ¡Gracias, qué majos sois...!
Dos únicos problemas: el primero, dieta blanda y fresca; no me preocupa, se me ocurren centenares de cosas deliciosas blandas y frescas: la otra; seis días sin hablar...
Cuando me lo dijeron, casi me hizo gracia... lo tomé como una invitación a la meditación, una semanita Zen... luego me he dado cuanta de que no es tan sencillo renunciar a un hábito tan arraigado como es la comunicación oral... expliqué a Blanca y a mi hijo Borja que debían hacerme preguntas binarias -que pudiese responder con la cabeza -"si", "no"- o encogiendo los hombros -"¡Ni p.... idea!"-, me armé de una especie de libreta y un rotulador especial para caligrafía japonesa, para descubrir, con espanto, que mi escritura es prácticamente ininteligible, después de años y años de teclados de ordenador o de móvil... por las mañanas suelo estar solo en casa, cuando llega Blanca al mediodía suele ser ella quien tiene cosas que contar del Mundo, y todos sabéis que una buena convivencia conyugal -o cuasiconyugal, pero muy buena, como la nuestra-, requiere muchos silencios compartidos y cómplices... pero, aún así, se me escapan palabras... hace media hora he saludado con un prohibido "¡Hola!" al portero de casa, que barría el jardincillo debajo de mi galería... ayer probé a ponerme una tirita cerrando la boca, pero, al sacarla, me dolieron mucho los incipientes pelillos del bigote: hoy, cuando esté acompañado, usaré como mordaza esa braga de cuello de la foto... pero sé que va a ser duro, intentaré consolarme con la Séptima Proposición del Tractatus Lógico-philosophicus de Wittgenstein: "Wovon man nicht sprechen kann, darüber muss man schweigen": "De lo que no se puede hablar, mejor callarse"...
lunes, 4 de febrero de 2019
Carvalho, Zanón, o el arte de dar faisán por liebre...
Acabado anteayer "Carvalho problemas de identidad", de Carlos Zanón, ahí va una primera opinión...
El derecho del autor sobre su personaje -un problema metafísico, mucho más allá de las cuestiones de propiedad intelectual- es uno de los grandes temas de la Literatura de todos los tiempos, y no hay más que ver el rebote de Cervantes contra Avellaneda, que le costó a Aragón que El Quijote viajase a Barcelona sin pasar por Zaragoza... si muchos teníamos expuesto al lado de la maceta del potus aquel poema de Kalil Gibran, "Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida...", calculad cuando esos hijos andan sueltos por el Mundo a caballo de miles y miles -cuantos mal miles mejor- de copias impresas, o digitalizadas y diligentemente pirateadas, y cualquiera puede apropiarse de ellos mediante un bolígrafo o el teclado de un ordenador... además, hay personajes que mueren de muerte prevista, pero, en otros casos, lo hacen en plena juventud, pletórico de facultades y con mucha vida por delante, cuando desaparece, por el motivo que sea, su autor... ese fue el caso de Carvalho, parte de la biografía sentimental de muchos, muchos de nosotros, y era cuestión de tiempo que cualquier, iba a decir desaprensivo, se atreviese a transformarlo en "revenant"... incluso yo, muy humildemente, me acuso de haberle hecho hacer un breve cameo -que no creo que llegase ni a pecado venial- en uno de mis cuentos de El Oso, posiblemente el más salvaje e impresentable y que, por eso -no por el cameo- sólo ha visto la luz en círculos muy íntimos.
Por ese motivo era lógica la decisión de herederos de Manuel Vázquez Montalbán de tomar el toro por los cuernos y asumir el riesgo de patrocinar una resurrección controlada de Carvalho, un Carvalho que sólo había muerto por la muerte de su autor -aunque, premonitoriamente, ya en su última aventura era un Carvalho plenamente crepuscular- y el riesgo se multiplicaba al encargar el asunto a un escritor de la talla de un Carlos Zanón, porque podían esperarse perfectamente las dos cosas que han sucedido: a) que del experimento saliese una magnífica novela y, b) que esa novela sea una novela de Carlos Zanón...
Con Carlos Zanón me une una relación curiosa: es un chico de mi barrio barcelonés -habremos vivido a menos de 500 metros-, pero no de mi tiempo; es mucho más joven que yo... por lo tanto, hemos conocido realidades distintas, porque ni mi barrio era el de Zanón, ni el de ahora es el suyo ni el mío... la primera novela suya que leí -"No llames a casa", ya hablaremos de ella- me deslumbró, recomiendo sus páginas finales a cualquier buen amante de la Novela negra-, todas las restantes me han gustado, e incluso he osado a cruzar unas palabras con él -en "Negra y Criminal, ¿dónde, si no...?-, cosa rarísima en mí, que me atrevo a hablar con cualquiera, salvo con los escritores que me gustan; ante gente superior, me corto mucho: no conseguí decirle nada a Vázquez Montalbán después de tragarnos un mítin entero-hablaba hasta Pasionaria- sentados codo con codo... quiere eso decir que me tenía ganado antes de abrir el libro... quiere eso decir que me extrañó que las primeras páginas se me hiciesen durillas, y quiere eso decir que no me extrañó en lo absoluto que muy pronto entrase de cuatro patas en su juego, me dejase envolver por su encanto, y disfrutase hasta el punto... ¿final...?
Porque la clave de éste Carvalho es, curiosamente, olvidarse de Carvalho: nunca me creí del todo el Carvalho de Vázquez Montalbán, ni creo que él pretendiese que lo creyeramos: Carvalho era él, Manolo, y su pretexto para meter a saco el bisturí del análisis marxista -como lo compartía y éramos camaradas, eso no me preocupaba lo más mínimo, al contrario- en una Sociedad en la que los dos -y muchos más, por supuesto- vivíamos, y ante la cual reaccionábamos de maneras parecidas, aunque Manolo lo hiciese desde unos supuestos éticos y estéticos -entre los que destacaban la Copla, el Barça y el pa amb tomàquet- a cuyo encanto soy completamente ajeno... éste Calvalho, mucho más complicado, curiosamente, me resulta mucho más real, quizás por eso mismo: es el resultado de un juego de espejos: el Autor conoció al Carvalho real, lo encerró en sus novelas, el ser real se resistió -¡llegó incluso a cambiarse temporalmente el nombre!- aunque con poca resolución -no consta que interpusiese ningún procedimiento judicial contra Manolo-, Carvalho ha quedado desamparado ante la muerte del Autor, forzado a ser el único Carvalho realmente existente... y, paradójicamente -¿o no...?- llega a echar de menos al Autor-Secuestrador, en aquellos momentos en que cree que su Calvalho ficticio -y, como tal, menos complejo- resolvería mejor sus problemas que el Carvalho real de carne y hueso... que, como todos sabemos, es tan ficticio como el otro... ¿Os parece complicado...? ¡Pues anda que la vida...!
Como si no bastasen los problemas de identidad, esto, chavales, es una novela negra, y tiene que haber trama de novela negra.... de hecho, hay varias: una trama de cuernos mal llevados y amor prácticamente imposible, con alguna tangencial relación con la política, y un final "Eyes Wide Shut", cómo nos gusta Kubrick a quienes nos gusta..., una trama sórdida de pobres prostitutas asesinadas en lugares inhóspitos y cutres, y con un "malo" cuyo apodo requiere una cierta dosis de valor en la Cataluña de hoy, y una, más compleja aún, donde se combinan dos "hits" de la Crónica Negra barcelonesa de los últimos años con una autoreferencia al protagonista de "No llames a casa", que ha ahondado en su personalidad criminal, meramente utilitaria en la primera, con ciertas dosis de desequilibrio psíquico en esta nueva aparición...
Una novela situada en la Cataluña de hoy, y que se reclama -aunque sea en la forma en que lo hace- del espíritu de Carvalho, no podía dejar de abordar el Tema. y ahí el asunto se complica: porque todos daríamos algún órgano par y prescindible por saber qué opinaría Vázquez Montalbán de lo que está pasando, porque tenemos una cierta idea de qué opinan Herederos de Manuel Vázquez Montalbán -es público-, y porque también tenemos serias sospechas de cual es la opinión de Carlos Zanón... visto lo visto, no es de extrañar que el Tema -hay varias aproximaciones fugaces anteriores- no quede sobre la mesa hasta la penúltima página, cuando el Detective y el Abogado Subirats, hasta el culo los dos de Ardbeg -es un Malt, supongo que caro, intentaré probarlo- hablan abiertamente de ello, evocando un Ulster entre católicos, cosas más raras se han visto, y queda provisionalmente resuelto, precisamente, entre los vapores etílicos, ya sabéis aquello de la "Exaltación de la Amistad"... "Yo quiero la Independencia, Pepe, pero si es a costa de que no seamos amigos, renuncio a ella..." exactamente lo que nos gustaría oír a muchos. A muchos millones, quiero decir, pero no nos lo dicen, ¡cachis...!
Voy a hacer una cosa poco frecuente en mí: ni hoy ni mañana, pero releeré el libro. Y os invito a leerlo a los que no lo hayáis hecho aún, y que contéis sin reparos vuestras impresiones... el título que le he dado a esta breve primera impresión resume mi opinión: Zanón nos da faisán por liebre: esperábamos un sabor recio, directo -la liebre, que sabe a persecuciones a campo abierto, a tomillo y romero- y nos encontramos algo mucho más aromático -aunque no todos los olores sean buenos-, más matizado, con ese inconfundible aroma a final, o a algo ya finalizado hace tiempo, la "podredumbre noble", que en las anteriores novelas de Carvalho estaba en el ambiente, pero no en su aparato digestivo... Pepe está malito: lo que tiene no me da buena espina, para mí que es cáncer, de ésta no lo sacan Zanón y Herederos si no es mediante intervención quirúrgica, tratamiento de radio y quimio -o la inmunoterapia que tan de moda está- o, alternativamente, viaje a Lourdes... porque Carlos Zanón, y eso es curioso en él, al que le gusta jodernos bien jodidos, nos hace un regalo imprevisto: una última palabra, un atisbo de esperanza...
El derecho del autor sobre su personaje -un problema metafísico, mucho más allá de las cuestiones de propiedad intelectual- es uno de los grandes temas de la Literatura de todos los tiempos, y no hay más que ver el rebote de Cervantes contra Avellaneda, que le costó a Aragón que El Quijote viajase a Barcelona sin pasar por Zaragoza... si muchos teníamos expuesto al lado de la maceta del potus aquel poema de Kalil Gibran, "Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida...", calculad cuando esos hijos andan sueltos por el Mundo a caballo de miles y miles -cuantos mal miles mejor- de copias impresas, o digitalizadas y diligentemente pirateadas, y cualquiera puede apropiarse de ellos mediante un bolígrafo o el teclado de un ordenador... además, hay personajes que mueren de muerte prevista, pero, en otros casos, lo hacen en plena juventud, pletórico de facultades y con mucha vida por delante, cuando desaparece, por el motivo que sea, su autor... ese fue el caso de Carvalho, parte de la biografía sentimental de muchos, muchos de nosotros, y era cuestión de tiempo que cualquier, iba a decir desaprensivo, se atreviese a transformarlo en "revenant"... incluso yo, muy humildemente, me acuso de haberle hecho hacer un breve cameo -que no creo que llegase ni a pecado venial- en uno de mis cuentos de El Oso, posiblemente el más salvaje e impresentable y que, por eso -no por el cameo- sólo ha visto la luz en círculos muy íntimos.
Por ese motivo era lógica la decisión de herederos de Manuel Vázquez Montalbán de tomar el toro por los cuernos y asumir el riesgo de patrocinar una resurrección controlada de Carvalho, un Carvalho que sólo había muerto por la muerte de su autor -aunque, premonitoriamente, ya en su última aventura era un Carvalho plenamente crepuscular- y el riesgo se multiplicaba al encargar el asunto a un escritor de la talla de un Carlos Zanón, porque podían esperarse perfectamente las dos cosas que han sucedido: a) que del experimento saliese una magnífica novela y, b) que esa novela sea una novela de Carlos Zanón...
Con Carlos Zanón me une una relación curiosa: es un chico de mi barrio barcelonés -habremos vivido a menos de 500 metros-, pero no de mi tiempo; es mucho más joven que yo... por lo tanto, hemos conocido realidades distintas, porque ni mi barrio era el de Zanón, ni el de ahora es el suyo ni el mío... la primera novela suya que leí -"No llames a casa", ya hablaremos de ella- me deslumbró, recomiendo sus páginas finales a cualquier buen amante de la Novela negra-, todas las restantes me han gustado, e incluso he osado a cruzar unas palabras con él -en "Negra y Criminal, ¿dónde, si no...?-, cosa rarísima en mí, que me atrevo a hablar con cualquiera, salvo con los escritores que me gustan; ante gente superior, me corto mucho: no conseguí decirle nada a Vázquez Montalbán después de tragarnos un mítin entero-hablaba hasta Pasionaria- sentados codo con codo... quiere eso decir que me tenía ganado antes de abrir el libro... quiere eso decir que me extrañó que las primeras páginas se me hiciesen durillas, y quiere eso decir que no me extrañó en lo absoluto que muy pronto entrase de cuatro patas en su juego, me dejase envolver por su encanto, y disfrutase hasta el punto... ¿final...?
Porque la clave de éste Carvalho es, curiosamente, olvidarse de Carvalho: nunca me creí del todo el Carvalho de Vázquez Montalbán, ni creo que él pretendiese que lo creyeramos: Carvalho era él, Manolo, y su pretexto para meter a saco el bisturí del análisis marxista -como lo compartía y éramos camaradas, eso no me preocupaba lo más mínimo, al contrario- en una Sociedad en la que los dos -y muchos más, por supuesto- vivíamos, y ante la cual reaccionábamos de maneras parecidas, aunque Manolo lo hiciese desde unos supuestos éticos y estéticos -entre los que destacaban la Copla, el Barça y el pa amb tomàquet- a cuyo encanto soy completamente ajeno... éste Calvalho, mucho más complicado, curiosamente, me resulta mucho más real, quizás por eso mismo: es el resultado de un juego de espejos: el Autor conoció al Carvalho real, lo encerró en sus novelas, el ser real se resistió -¡llegó incluso a cambiarse temporalmente el nombre!- aunque con poca resolución -no consta que interpusiese ningún procedimiento judicial contra Manolo-, Carvalho ha quedado desamparado ante la muerte del Autor, forzado a ser el único Carvalho realmente existente... y, paradójicamente -¿o no...?- llega a echar de menos al Autor-Secuestrador, en aquellos momentos en que cree que su Calvalho ficticio -y, como tal, menos complejo- resolvería mejor sus problemas que el Carvalho real de carne y hueso... que, como todos sabemos, es tan ficticio como el otro... ¿Os parece complicado...? ¡Pues anda que la vida...!
Como si no bastasen los problemas de identidad, esto, chavales, es una novela negra, y tiene que haber trama de novela negra.... de hecho, hay varias: una trama de cuernos mal llevados y amor prácticamente imposible, con alguna tangencial relación con la política, y un final "Eyes Wide Shut", cómo nos gusta Kubrick a quienes nos gusta..., una trama sórdida de pobres prostitutas asesinadas en lugares inhóspitos y cutres, y con un "malo" cuyo apodo requiere una cierta dosis de valor en la Cataluña de hoy, y una, más compleja aún, donde se combinan dos "hits" de la Crónica Negra barcelonesa de los últimos años con una autoreferencia al protagonista de "No llames a casa", que ha ahondado en su personalidad criminal, meramente utilitaria en la primera, con ciertas dosis de desequilibrio psíquico en esta nueva aparición...
Una novela situada en la Cataluña de hoy, y que se reclama -aunque sea en la forma en que lo hace- del espíritu de Carvalho, no podía dejar de abordar el Tema. y ahí el asunto se complica: porque todos daríamos algún órgano par y prescindible por saber qué opinaría Vázquez Montalbán de lo que está pasando, porque tenemos una cierta idea de qué opinan Herederos de Manuel Vázquez Montalbán -es público-, y porque también tenemos serias sospechas de cual es la opinión de Carlos Zanón... visto lo visto, no es de extrañar que el Tema -hay varias aproximaciones fugaces anteriores- no quede sobre la mesa hasta la penúltima página, cuando el Detective y el Abogado Subirats, hasta el culo los dos de Ardbeg -es un Malt, supongo que caro, intentaré probarlo- hablan abiertamente de ello, evocando un Ulster entre católicos, cosas más raras se han visto, y queda provisionalmente resuelto, precisamente, entre los vapores etílicos, ya sabéis aquello de la "Exaltación de la Amistad"... "Yo quiero la Independencia, Pepe, pero si es a costa de que no seamos amigos, renuncio a ella..." exactamente lo que nos gustaría oír a muchos. A muchos millones, quiero decir, pero no nos lo dicen, ¡cachis...!
Voy a hacer una cosa poco frecuente en mí: ni hoy ni mañana, pero releeré el libro. Y os invito a leerlo a los que no lo hayáis hecho aún, y que contéis sin reparos vuestras impresiones... el título que le he dado a esta breve primera impresión resume mi opinión: Zanón nos da faisán por liebre: esperábamos un sabor recio, directo -la liebre, que sabe a persecuciones a campo abierto, a tomillo y romero- y nos encontramos algo mucho más aromático -aunque no todos los olores sean buenos-, más matizado, con ese inconfundible aroma a final, o a algo ya finalizado hace tiempo, la "podredumbre noble", que en las anteriores novelas de Carvalho estaba en el ambiente, pero no en su aparato digestivo... Pepe está malito: lo que tiene no me da buena espina, para mí que es cáncer, de ésta no lo sacan Zanón y Herederos si no es mediante intervención quirúrgica, tratamiento de radio y quimio -o la inmunoterapia que tan de moda está- o, alternativamente, viaje a Lourdes... porque Carlos Zanón, y eso es curioso en él, al que le gusta jodernos bien jodidos, nos hace un regalo imprevisto: una última palabra, un atisbo de esperanza...
martes, 29 de enero de 2019
Via Laietana, 16-18
Ayer pasaba frente a ese edificio -feo, no le demos más vueltas- y reflexionaba sobre hasta qué punto ha estado ligado a mi vida...
Pisé por primera vez Via Laietana 16-18 creo que en 1969, cuando Joaquín Fernández -el hombre que me orientó hacia los estudios de Economía, y de cuya mano entré también en el Departamento de Estructura Económica, una de las personas a quien más debo y, además, un amigo entrañable y divertido- fue nombrado Director Provincial de Cooperativas de la entonces llamada Organización Sindical: ni él ni yo sabíamos gran cosa de cooperativas, pero nos pusimos rápidamente a estudiar el tema -yo, Robin gordo de un Batman bajito y moreno y, además, trabajando "en negro"-, y descubrimos un movimiento social que coincidía mucho con nuestros planteamientos políticos, que podríamos situar en aquel momento en un sindicalismo autogestionario, que ya tenía bastante más de Ángel Pestaña que de José Antonio, aunque a Joaquín, por profundas lealtades biográficas, le costaba admitirlo...
Otra cosa era su situación en aquel entonces de la Historia de España -había habido algunos pufos sonados, uno de los cuales me había pasado muy, muy cerca- y, sobre todo, su regulación: la vigente ley de Cooperativas, de los primeros Cuarenta, declaraba en su preámbulo, que no engañaba a nadie: "Vencida ya toda ilusión democrática, se hace necesario adecuar las cooperativas a los principios que rigen el nuevo Estado...", y establecía una serie de controles radicalmente incompatibles con su espíritu democrático y apolítico... era, sobre todo, muy duro de aceptar por el Movimiento Cooperativo Internacional que el Delegado Provincial de Sindicatos pudiese vetar el nombramiento de cargos en las cooperativas. Organizamos una reunión con representantes de la Alianza Cooperativa Internacional, que agrupaba a las cooperativas de las democracias occidentales, para intentar convencerles de que, en la práctica, dicha intervención estatal no se aplicaba, pero uno de sus representantes me perseguía con una fotocopia de la Ley de Cooperativas en la mano, y me pedía: -"¿Vito, vito...?"-, que le buscase el artículo donde se establecía el veto oficial...
De todas maneras, conseguimos reactivar la Asociación de Estudios Cooperativos, bajo la presidencia, en su sección catalana, de Albert Pérez Baró, un viejo cenetista, referente del cooperativismo catalán, y con la presencia de Joan Reventós, el fundador del Partit Socialista de Catalunya, que después sería candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat, con escaso éxito: me gustaría decir otra cosa, pero no recuerdo ninguna intervención suya de relevancia... como el búho del chiste, no hablaba, pero se fijaba mucho...
Creamos también una Escuela de Gerentes de Cooperativas, con un buen plantel de profesores, y, además de participar en su organización, aproveché para graduarme en su primera promoción... y me integré en el Centro Nacional de Educación Cooperativa, con sede en Zaragoza, participando en numerosas campañas de formación cooperativa por toda España, un trabajo apasionante, que me llevó a lugares poco frecuentado, y me permitió conocer a gentes de una calidad humana fuera de lo común... son algunos de los recuerdos más queridos de mi vida profesional...
El Servicio Militar lo hice ya de viejo, después de casi agotar las prórrogas, ya que mi absoluta incapacidad para trepar por una cuerda hizo perder al Ejército Español un oficial de complemento que, sin duda, le hubiese proporcionado nuevos días de gloria, y supuso, entre otras muchas cosas, una ruptura con Via Laietana 16-18, porque, al volver a la vida civil, los acontecimientos se precipitaron: sin abandonar mi actividad docente en la Universidad, ingresé como interino en el Cuerpo de Economistas de la Organización Sindical, y fui catapultado al frente, es decir, a la Delegación Comarcal del Baix Llobregat, donde los conflictos se estaban agudizando por momentos...
Volví a Via Laietana 16-18, ya superadas las oposiciones a funcionario, por una curiosa circunstancia: mi superior jerárquico fue acusado de ciertas irregularidades administrativas -había utilizado el "Fondo de reptiles" de que disponía para actividades ciertamente reptilianas, pero poco acordes con la rígida integridad moral que regía en la Casa-, y todo su equipo de colaboradores directos -que nada habíamos tenido que ver en el asunto- fuimos enviados a otros destinos administrativos, que más sabían a destierro que a otra cosa... a mí me tocó integrarme en la Unidad de Convenios Colectivos, en Vía Laietana, y se me encargó la estadística de las condiciones salariales pactadas en convenios, al frente de una calculadora eléctrica de aquellas con manivela, yo, que en la "mili" ya había trabajado con ordenadores... la Estadística siempre me ha provocado urticaria, en la Facultad fue la asignatura que más me costó... se truncaba, además, una incipiente carrera politico-administrativa, ya que estaba designado "in péctore" para un importante cargo en La Rioja, que me hubiese posibilitado, en pocos meses, llegar a senador por la UCD, a poco que hubiese sabido menear el culo por los pasillos adecuados... no me recuperé nunca de ese golpe.
Cuando ya estaba considerando seriamente la posibilidad de tirar la p... calculadora por la ventana, que daba a la Calle Argentería, entonces Platería, el Destino vino en mi ayuda: por una curiosa modificación legal, hubo que renegociar, en plazo muy breve, la totalidad de los convenios colectivos vigentes: se tocó generala, y nos vimos entregados a un ritmo frenético, donde lo mismo me tocaba asesorar a los representantes de los trabajadores que presidir las deliberaciones de los convenios... unos meses de un trabajo intenso, pero sumamente gratificante que, además, me permitió recuperar el favor de mis superiores, lo que se tradujo en mi adscripción, como Asesor Técnico, al Gobierno Civil de la Provincia, si bien es cierto que sólo tuve que competir con un compañero -y buen amigo- que, previamente, se había declarado trotskista, y había estado mezclado en un confuso asunto relacionado con un subfusil Sten, una pistola Luger y dos granadas de mano, lo que, sin duda, no influyó favorablemente en sus expectativas...
Mi siguiente contacto con Via Laietana 16-18 se produjo en circunstancias bien distintas: legalizados los sindicatos, el edificio fue asignado -en salomónica decisión- a Comisiones Obreras y la CGT, dividiéndoselo con criterios parecidos a la ocupación de Berlín o, mejor, el Paralelo 38 entre las dos Coreas: afiliado yo a Comisiones Obreras, lo he frecuentado con regularidad, en particular cuando fui elegido a la Ejecutiva de mi Sindicato de la Función Pública, gracias, sobre todo, a mis éxitos sindicales en mi Departament, donde no conseguí, tras partirme los cuernos por la cepa, que el porcentaje de participantes en las huelgas que convocábamos llegase a los dos dígitos pero, eso si, cuando llegaban las elecciones, para compensarme, me votaban mayoritariamente...
Y ahí sigue Via Laietana 16-18, rodeado de redes metálicas para evitar que los fragmentos de su fachada, en avanzado estado de descomposición, le partan la crisma a algún transeúnte... ¡Por muchos años...!
Pisé por primera vez Via Laietana 16-18 creo que en 1969, cuando Joaquín Fernández -el hombre que me orientó hacia los estudios de Economía, y de cuya mano entré también en el Departamento de Estructura Económica, una de las personas a quien más debo y, además, un amigo entrañable y divertido- fue nombrado Director Provincial de Cooperativas de la entonces llamada Organización Sindical: ni él ni yo sabíamos gran cosa de cooperativas, pero nos pusimos rápidamente a estudiar el tema -yo, Robin gordo de un Batman bajito y moreno y, además, trabajando "en negro"-, y descubrimos un movimiento social que coincidía mucho con nuestros planteamientos políticos, que podríamos situar en aquel momento en un sindicalismo autogestionario, que ya tenía bastante más de Ángel Pestaña que de José Antonio, aunque a Joaquín, por profundas lealtades biográficas, le costaba admitirlo...
Otra cosa era su situación en aquel entonces de la Historia de España -había habido algunos pufos sonados, uno de los cuales me había pasado muy, muy cerca- y, sobre todo, su regulación: la vigente ley de Cooperativas, de los primeros Cuarenta, declaraba en su preámbulo, que no engañaba a nadie: "Vencida ya toda ilusión democrática, se hace necesario adecuar las cooperativas a los principios que rigen el nuevo Estado...", y establecía una serie de controles radicalmente incompatibles con su espíritu democrático y apolítico... era, sobre todo, muy duro de aceptar por el Movimiento Cooperativo Internacional que el Delegado Provincial de Sindicatos pudiese vetar el nombramiento de cargos en las cooperativas. Organizamos una reunión con representantes de la Alianza Cooperativa Internacional, que agrupaba a las cooperativas de las democracias occidentales, para intentar convencerles de que, en la práctica, dicha intervención estatal no se aplicaba, pero uno de sus representantes me perseguía con una fotocopia de la Ley de Cooperativas en la mano, y me pedía: -"¿Vito, vito...?"-, que le buscase el artículo donde se establecía el veto oficial...
De todas maneras, conseguimos reactivar la Asociación de Estudios Cooperativos, bajo la presidencia, en su sección catalana, de Albert Pérez Baró, un viejo cenetista, referente del cooperativismo catalán, y con la presencia de Joan Reventós, el fundador del Partit Socialista de Catalunya, que después sería candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat, con escaso éxito: me gustaría decir otra cosa, pero no recuerdo ninguna intervención suya de relevancia... como el búho del chiste, no hablaba, pero se fijaba mucho...
Creamos también una Escuela de Gerentes de Cooperativas, con un buen plantel de profesores, y, además de participar en su organización, aproveché para graduarme en su primera promoción... y me integré en el Centro Nacional de Educación Cooperativa, con sede en Zaragoza, participando en numerosas campañas de formación cooperativa por toda España, un trabajo apasionante, que me llevó a lugares poco frecuentado, y me permitió conocer a gentes de una calidad humana fuera de lo común... son algunos de los recuerdos más queridos de mi vida profesional...
El Servicio Militar lo hice ya de viejo, después de casi agotar las prórrogas, ya que mi absoluta incapacidad para trepar por una cuerda hizo perder al Ejército Español un oficial de complemento que, sin duda, le hubiese proporcionado nuevos días de gloria, y supuso, entre otras muchas cosas, una ruptura con Via Laietana 16-18, porque, al volver a la vida civil, los acontecimientos se precipitaron: sin abandonar mi actividad docente en la Universidad, ingresé como interino en el Cuerpo de Economistas de la Organización Sindical, y fui catapultado al frente, es decir, a la Delegación Comarcal del Baix Llobregat, donde los conflictos se estaban agudizando por momentos...
Volví a Via Laietana 16-18, ya superadas las oposiciones a funcionario, por una curiosa circunstancia: mi superior jerárquico fue acusado de ciertas irregularidades administrativas -había utilizado el "Fondo de reptiles" de que disponía para actividades ciertamente reptilianas, pero poco acordes con la rígida integridad moral que regía en la Casa-, y todo su equipo de colaboradores directos -que nada habíamos tenido que ver en el asunto- fuimos enviados a otros destinos administrativos, que más sabían a destierro que a otra cosa... a mí me tocó integrarme en la Unidad de Convenios Colectivos, en Vía Laietana, y se me encargó la estadística de las condiciones salariales pactadas en convenios, al frente de una calculadora eléctrica de aquellas con manivela, yo, que en la "mili" ya había trabajado con ordenadores... la Estadística siempre me ha provocado urticaria, en la Facultad fue la asignatura que más me costó... se truncaba, además, una incipiente carrera politico-administrativa, ya que estaba designado "in péctore" para un importante cargo en La Rioja, que me hubiese posibilitado, en pocos meses, llegar a senador por la UCD, a poco que hubiese sabido menear el culo por los pasillos adecuados... no me recuperé nunca de ese golpe.
Cuando ya estaba considerando seriamente la posibilidad de tirar la p... calculadora por la ventana, que daba a la Calle Argentería, entonces Platería, el Destino vino en mi ayuda: por una curiosa modificación legal, hubo que renegociar, en plazo muy breve, la totalidad de los convenios colectivos vigentes: se tocó generala, y nos vimos entregados a un ritmo frenético, donde lo mismo me tocaba asesorar a los representantes de los trabajadores que presidir las deliberaciones de los convenios... unos meses de un trabajo intenso, pero sumamente gratificante que, además, me permitió recuperar el favor de mis superiores, lo que se tradujo en mi adscripción, como Asesor Técnico, al Gobierno Civil de la Provincia, si bien es cierto que sólo tuve que competir con un compañero -y buen amigo- que, previamente, se había declarado trotskista, y había estado mezclado en un confuso asunto relacionado con un subfusil Sten, una pistola Luger y dos granadas de mano, lo que, sin duda, no influyó favorablemente en sus expectativas...
Mi siguiente contacto con Via Laietana 16-18 se produjo en circunstancias bien distintas: legalizados los sindicatos, el edificio fue asignado -en salomónica decisión- a Comisiones Obreras y la CGT, dividiéndoselo con criterios parecidos a la ocupación de Berlín o, mejor, el Paralelo 38 entre las dos Coreas: afiliado yo a Comisiones Obreras, lo he frecuentado con regularidad, en particular cuando fui elegido a la Ejecutiva de mi Sindicato de la Función Pública, gracias, sobre todo, a mis éxitos sindicales en mi Departament, donde no conseguí, tras partirme los cuernos por la cepa, que el porcentaje de participantes en las huelgas que convocábamos llegase a los dos dígitos pero, eso si, cuando llegaban las elecciones, para compensarme, me votaban mayoritariamente...
Y ahí sigue Via Laietana 16-18, rodeado de redes metálicas para evitar que los fragmentos de su fachada, en avanzado estado de descomposición, le partan la crisma a algún transeúnte... ¡Por muchos años...!
jueves, 20 de diciembre de 2018
Presidentmontilla
Hoy me he cruzado en la calle con José Montilla... expresident de la Generalitat...
José Montilla tiene su despacho institucional justo en un lugar por donde paso cada día: ya es preocupante lo geográficamente rodeado que me tienen los Presidents de la Generalitat; sólo me falta el de Waterloo, y no es que lo eche de menos... bajaba Montilla de su coche oficial, acompañado por su escolta, cabizbajo y ensimismado; ni se me ha ocurrido saludarle, seguro que no se acuerda de mí...
Montilla fue mi último President de la Generalitat o, por decirlo así, el último al que serví fielmente como funcionario: del siguiente, el Astut, sólo esperaba el cese, y me tuvo con el corazón en vilo -defendido durante un tiempo por un Director General providencial, gracias, amigo Joan- hasta que, definitivamente, me cesó (por persona interpuesta, por supuesto, no tenía yo nivel para aspirar a un rayo directo de Júpiter), cuando sólo me quedaban ya seis meses para jubilarme: pero con Montilla estaba yo de lo más activo...
Y eso que habíamos empezado mal; Montilla le arrebató la alcaldía de Cornellá a mi compañero del PSUC Frederic Prieto que, además, había sido mi último cura en mi época final de práctica religiosa, y mi último confesor hasta que empecé a confesarme en este Blog; pero amistades comunes me alababan su seriedad y laboriosidad, y, por cierto, su actual esposa es una vieja conocida de la Facultad, y aunque no he hablado del tema con ella, han tenido trillizos, prueba también de un cierto nivel de compenetración... después del subibaja continuo y desconcertante de la presidencia de Maragall -y no, no era aún la enfermedad; Pasqual era así, tal cual...- la llegada de Montilla a la Presidencia auguraba tiempos de calma, tranquilidad y gestión... también despertaba mi simpatía por las críticas que le dirigían los más cerriles por el hecho culpable de ser andaluz, llamarse José, y no saber decir "Ádhuc" y "nogensmenys", palabras que nunca he tenido necesidad de utilizar en mi larga vida de catalanoparlante laboral...
¿Qué pasó...? Nos pilló el Tren de la Historia o, más castizamente, el carrito del helao: la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut d'Autonomía dio un vuelco al panorama político catalán, despertó demonios familiares aparentemente -sólo aparentemente- dormidos, y José Montilla padeció un grave caso de Síndrome del General de la Rovere, aquel estafador que, haciéndose pasar por general del ejército italiano, es detenido por los alemanes, condenado a muerte, y da un ejemplo de dignidad a sus compañeros de fortuna, asumiendo el papel del personaje por él creado: el President de la Generalitat de Catalunya José(p) Montilla se puso al frente del rechazo a la sentencia, e ingresó en el prestigioso y exclusivo club de los que convocan una manifestación y no puede seguirla hasta el final porque lo expulsan los manifestantes...
Pero mis recuerdos sobre Montilla, más allá de lo político, entran en aspectos personales: Montilla se sitúa justamente en las antípodas de los tópicos sobre el gracejo andaluz; es soso, profundamente soso... no olvidaré una experiencia casi traumática: lo acompañé a la despedida de un alto cargo militar, en el Palacio de Capitanía: saludó atentamente a sus anfitriones, y se retiró a un ángulo del salón, con una copa en la mano y con una sonrisa triste y distante... una jefa de gabinete perdía el culo entre los grupitos... "¡Dadle conversación, por el amor de Dios, dadle conversación, el President no puede estar ahí sólo...!": le presenté, sucesivamente, a todos los conocidos que pude: con todos tenía una o dos palabras amables, sonreía, y volvía a su mutismo.... probando ya el último recurso, conduje ante él a un coronel jurídico, andaluz, un tío muy simpático y que hablaba por los codos... "President, ¿va mucho por Iznájar...?" le preguntó... su sonrisa se hizo aún más triste... "No, desde lo del pantano, no..., contestó, y volvió a sumirse en su mutismo...
¡Cómo lo entendí, en aquel momento...! ¿Cómo no iba a entenderlo un sobrarbense...? detrás de aquella máscara de atonía había un hombre herido por un pantano, un hombre al que una fuerza superior había arrebatado su paisaje infantil, sus recuerdos de primera juventud... no podemos entenderlo los que, como yo, paseo aún por las calles de Barcelona donde fui niño y joven, y me siento en mi terracita de Boltaña teniendo ante mí, más o menos intacto, el paisaje con el que aprendí a mirar el campo y las montañas... me quedé sin saber qué parte de José Montilla yace en el limo del fondo, hundida en las aguas de un negro pantano... en aquel instante, lo hubiese abrazado, antiprotocolariamente...
Pero tampoco hay que excederse; sigue siendo un soso, y conozco otros que lo llevan mejor... de todas maneras, ¡buenos días, President...!
José Montilla tiene su despacho institucional justo en un lugar por donde paso cada día: ya es preocupante lo geográficamente rodeado que me tienen los Presidents de la Generalitat; sólo me falta el de Waterloo, y no es que lo eche de menos... bajaba Montilla de su coche oficial, acompañado por su escolta, cabizbajo y ensimismado; ni se me ha ocurrido saludarle, seguro que no se acuerda de mí...
Montilla fue mi último President de la Generalitat o, por decirlo así, el último al que serví fielmente como funcionario: del siguiente, el Astut, sólo esperaba el cese, y me tuvo con el corazón en vilo -defendido durante un tiempo por un Director General providencial, gracias, amigo Joan- hasta que, definitivamente, me cesó (por persona interpuesta, por supuesto, no tenía yo nivel para aspirar a un rayo directo de Júpiter), cuando sólo me quedaban ya seis meses para jubilarme: pero con Montilla estaba yo de lo más activo...
Y eso que habíamos empezado mal; Montilla le arrebató la alcaldía de Cornellá a mi compañero del PSUC Frederic Prieto que, además, había sido mi último cura en mi época final de práctica religiosa, y mi último confesor hasta que empecé a confesarme en este Blog; pero amistades comunes me alababan su seriedad y laboriosidad, y, por cierto, su actual esposa es una vieja conocida de la Facultad, y aunque no he hablado del tema con ella, han tenido trillizos, prueba también de un cierto nivel de compenetración... después del subibaja continuo y desconcertante de la presidencia de Maragall -y no, no era aún la enfermedad; Pasqual era así, tal cual...- la llegada de Montilla a la Presidencia auguraba tiempos de calma, tranquilidad y gestión... también despertaba mi simpatía por las críticas que le dirigían los más cerriles por el hecho culpable de ser andaluz, llamarse José, y no saber decir "Ádhuc" y "nogensmenys", palabras que nunca he tenido necesidad de utilizar en mi larga vida de catalanoparlante laboral...
¿Qué pasó...? Nos pilló el Tren de la Historia o, más castizamente, el carrito del helao: la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut d'Autonomía dio un vuelco al panorama político catalán, despertó demonios familiares aparentemente -sólo aparentemente- dormidos, y José Montilla padeció un grave caso de Síndrome del General de la Rovere, aquel estafador que, haciéndose pasar por general del ejército italiano, es detenido por los alemanes, condenado a muerte, y da un ejemplo de dignidad a sus compañeros de fortuna, asumiendo el papel del personaje por él creado: el President de la Generalitat de Catalunya José(p) Montilla se puso al frente del rechazo a la sentencia, e ingresó en el prestigioso y exclusivo club de los que convocan una manifestación y no puede seguirla hasta el final porque lo expulsan los manifestantes...
Pero mis recuerdos sobre Montilla, más allá de lo político, entran en aspectos personales: Montilla se sitúa justamente en las antípodas de los tópicos sobre el gracejo andaluz; es soso, profundamente soso... no olvidaré una experiencia casi traumática: lo acompañé a la despedida de un alto cargo militar, en el Palacio de Capitanía: saludó atentamente a sus anfitriones, y se retiró a un ángulo del salón, con una copa en la mano y con una sonrisa triste y distante... una jefa de gabinete perdía el culo entre los grupitos... "¡Dadle conversación, por el amor de Dios, dadle conversación, el President no puede estar ahí sólo...!": le presenté, sucesivamente, a todos los conocidos que pude: con todos tenía una o dos palabras amables, sonreía, y volvía a su mutismo.... probando ya el último recurso, conduje ante él a un coronel jurídico, andaluz, un tío muy simpático y que hablaba por los codos... "President, ¿va mucho por Iznájar...?" le preguntó... su sonrisa se hizo aún más triste... "No, desde lo del pantano, no..., contestó, y volvió a sumirse en su mutismo...
¡Cómo lo entendí, en aquel momento...! ¿Cómo no iba a entenderlo un sobrarbense...? detrás de aquella máscara de atonía había un hombre herido por un pantano, un hombre al que una fuerza superior había arrebatado su paisaje infantil, sus recuerdos de primera juventud... no podemos entenderlo los que, como yo, paseo aún por las calles de Barcelona donde fui niño y joven, y me siento en mi terracita de Boltaña teniendo ante mí, más o menos intacto, el paisaje con el que aprendí a mirar el campo y las montañas... me quedé sin saber qué parte de José Montilla yace en el limo del fondo, hundida en las aguas de un negro pantano... en aquel instante, lo hubiese abrazado, antiprotocolariamente...
Pero tampoco hay que excederse; sigue siendo un soso, y conozco otros que lo llevan mejor... de todas maneras, ¡buenos días, President...!
jueves, 29 de noviembre de 2018
Buenas noticias sobre mi proceso de socialización
En la apasionante ruta hacia la más absoluta normalidad...
Siempre he sido rarito: no me ha importado demasiado, aunque no puedo dejar de pensar que me ha alejado de algunas satisfacciones normales... he tardado en poder autodiagnosticarme; creo que soy algo así como un Asperger desordenado, si ese síndrome ha sido ya descrito; hoy mismo se lo confesaba a Blanca, cuando, -¡por su culpa!- he tenido que retrasar siete minutos una de mis rutinas matinales... ¡Siete minutos...! "La vida es eterna en cinco minutos", cantaba Víctor Jara... ¡calcula en siete...!
Había en mi vida socioemocional y cultural dos grandes lagunas, dos carencias en principio incomprensibles, y que acentuaban el foso, ya de por sí profundo, que me alejaba del resto de mis conciudadanos y coetáneos: no me importaba el fútbol, y no veía series... en poco tiempo, casi milagrosamente, me encuentro en claras vías de superación de ambas carencias, y las lagunas empiezan a colmatarse...
Lo del fútbol era de traca; nunca he sentido el mínimo interés por el balompié: jugué -poco y mal- al Rugby, pero aprendí a quererlo y respetarlo y, para mí, que alguien sea o haya sido jugador de Rugby supone ya un indicio de fraternidad emocional: pero mis pocas experiencias con el fútbol como deporte fueron siempre decepcionantes, cuando no terroríficas -recibí un balonazo en mis partes que bien cerca estuvo de transformarme en eunuco, aún recuerdo a mis compañeros, a mi alrededor, animándome... "¡mea, mea...!"- y como espectador, ni que decir tiene, simplemente nulas: mi padre se empeñó en llevarme, en varias ocasiones, al campo del equipo del que era fiel seguidor, para descubrir, con desaliento, que me aburría como una ostra, no entendía nada, y sólo estaba interesado en los chupones de anís que me compraba...incluso una vez acompañamos en autocar a ese mismo equipo en un desplazamiento a Zaragoza, donde las turbas enfurecidas - ¿"habíamos" ganado?- amenazaron con tirarnos al Canal... es curioso, pero esa primera experiencia no consiguió enemistarme con Zaragoza, ciudad a la que profeso un profundo cariño, pero sí contribuyó a alejarme más del fútbol: aburrido, en el mejor de los casos, peligroso en otros...
Desde hace unos meses, por motivos estrictamente familiares, nos hemos convertido en seguidores de un equipo de fútbol. Y no de uno cualquiera, sino del mismo del que era hincha mi padre, tócate las narices, para que luego digan del Karma... es un equipo histórico, pero modesto, y eso ya me gusta, porque aporta un toque de distinción, en Barcelona ser seguidor suyo viene a ser, más o menos, como ser ateo en el Vaticano... incluso Blanca ha suspendido temporalmente su militancia "mainstream" y se ha puesto alarmas en el móvil para seguir sus éxitos y -¡ay!- desdichas... de momento"vamos" bien, sorprendentemente bien... "Ya vendrán tiempos peores", pienso yo, estadísticamente pesimista... pero me ha hecho abrirme un poco a esas ignoradas pasiones, recordar que, de pequeñito, tenía un llavero con el escudo del club e incluso no descarto asistir a algún partido, si me invitan, especialmente al enterarme de que en la sala VIP tienen bocadillos y bebidas... para ser medianamente consecuente, en cuanto tenga un momento, prometo aprenderme el nombre de los jugadores, aunque me he llevado un susto al enterarme de que no son once -como cuando coleccionaba los cromos de Chocolates Ametller-, sino veintitantos...
Con las series aún era peor: no puedo decir que las ignorase -como el fútbol, están presentes en nuestras vidas por mil y un caminos-, pero, en este caso, es que no había visto ni un solo episodio de ninguna, si se exceptúa "Band of brothers", que mis hijos me habían regalado en DVD: me estoy refiriendo a las series buenas, a las americanas, a esas que dicen que son el Cine del Siglo XXI, que arrancan pasiones.. ¿Qué sabía de ellas...? que "Los Soprano" iba de gansters, que "True Detective" iba de polis, que "Juego de Tronos" iba de reyes raros y con mala leche... en fin, lo incorporado a nuestro acervo cultural común... era seguidor de las que se habían colado en las televisiones digamos convencionales -especialmente de "The Big Bang Theory"- pero las restantes permanecían, para mí, envueltas en las brumas de lo desconocido... y lo malo es que, potencialmente, esas si me interesaban, pero me autocastigaba encerrado en un, en mí, poco habitual rechazo a la modernidad: generalmente me apunto a todo lo que suena a nuevo, cosas de ser progresista, digo yo, y andaba toqueteando ordenadores cuando muchos a mi alrededor creían que eran invento del Diablo...
Pues bien: tras ceder a los cantos de sirena de los comerciales de Vodafone, anteayer por la mañana un hábil operario nos puso fibra óptica en la tele, a primeras horas de la tarde me di de alta en HBO, y a media tarde ya me había metido en vena dos episodios de "Los Soprano".
¿Qué tiene en común mi vida con la de un ganster de New Jersey? A primera vista, más bien poco, pero confieso que Tony Soprano me resulta tremendamente próximo... ¡hasta nos llamamos igual...! quizás sus reacciones son un poco más violentas y primitivas que las mías -o yo no estoy acostumbrado a ponerlas en práctica- pero tenemos mucho en común,,, yo también hubiese llorado cuando se fueron los patitos, y también me "pone" su psiquiatra... lo único en lo que discrepo es en su gusto a la hora de elegir los nikis que me lleva... me he hecho el firme propósito de limitar su consumo a un episodio -o dos- al día, más o menos como con los polvorones, pero ahora sé que me costará mantener esa moderación...
¿Por qué HBO y no Netfix?, me pregunta Blanca... parece mentira que me pregunte esas cosas... porque estaba la primera en el menú de opciones disponibles, claro... "¡Pero en Netfix hay muchas más series...!", argumenta... las que hay en HBO no me las acabaré en la vida, pienso... luego me entero de que en Netfix está "Narcos"... ¿cómo voy a dejar de ver una serie en la que hay un tío que llama a sus enemigos "gonorrea"? intentaré aprovechar el periodo de un mes gratis... de momento, me concentro en HBO... ¿Reuniré el valor suficiente para sumergirme en "Juego de Tronos"...? ¡Winter is coming...!
Siempre he sido rarito: no me ha importado demasiado, aunque no puedo dejar de pensar que me ha alejado de algunas satisfacciones normales... he tardado en poder autodiagnosticarme; creo que soy algo así como un Asperger desordenado, si ese síndrome ha sido ya descrito; hoy mismo se lo confesaba a Blanca, cuando, -¡por su culpa!- he tenido que retrasar siete minutos una de mis rutinas matinales... ¡Siete minutos...! "La vida es eterna en cinco minutos", cantaba Víctor Jara... ¡calcula en siete...!
Había en mi vida socioemocional y cultural dos grandes lagunas, dos carencias en principio incomprensibles, y que acentuaban el foso, ya de por sí profundo, que me alejaba del resto de mis conciudadanos y coetáneos: no me importaba el fútbol, y no veía series... en poco tiempo, casi milagrosamente, me encuentro en claras vías de superación de ambas carencias, y las lagunas empiezan a colmatarse...
Lo del fútbol era de traca; nunca he sentido el mínimo interés por el balompié: jugué -poco y mal- al Rugby, pero aprendí a quererlo y respetarlo y, para mí, que alguien sea o haya sido jugador de Rugby supone ya un indicio de fraternidad emocional: pero mis pocas experiencias con el fútbol como deporte fueron siempre decepcionantes, cuando no terroríficas -recibí un balonazo en mis partes que bien cerca estuvo de transformarme en eunuco, aún recuerdo a mis compañeros, a mi alrededor, animándome... "¡mea, mea...!"- y como espectador, ni que decir tiene, simplemente nulas: mi padre se empeñó en llevarme, en varias ocasiones, al campo del equipo del que era fiel seguidor, para descubrir, con desaliento, que me aburría como una ostra, no entendía nada, y sólo estaba interesado en los chupones de anís que me compraba...incluso una vez acompañamos en autocar a ese mismo equipo en un desplazamiento a Zaragoza, donde las turbas enfurecidas - ¿"habíamos" ganado?- amenazaron con tirarnos al Canal... es curioso, pero esa primera experiencia no consiguió enemistarme con Zaragoza, ciudad a la que profeso un profundo cariño, pero sí contribuyó a alejarme más del fútbol: aburrido, en el mejor de los casos, peligroso en otros...
Desde hace unos meses, por motivos estrictamente familiares, nos hemos convertido en seguidores de un equipo de fútbol. Y no de uno cualquiera, sino del mismo del que era hincha mi padre, tócate las narices, para que luego digan del Karma... es un equipo histórico, pero modesto, y eso ya me gusta, porque aporta un toque de distinción, en Barcelona ser seguidor suyo viene a ser, más o menos, como ser ateo en el Vaticano... incluso Blanca ha suspendido temporalmente su militancia "mainstream" y se ha puesto alarmas en el móvil para seguir sus éxitos y -¡ay!- desdichas... de momento"vamos" bien, sorprendentemente bien... "Ya vendrán tiempos peores", pienso yo, estadísticamente pesimista... pero me ha hecho abrirme un poco a esas ignoradas pasiones, recordar que, de pequeñito, tenía un llavero con el escudo del club e incluso no descarto asistir a algún partido, si me invitan, especialmente al enterarme de que en la sala VIP tienen bocadillos y bebidas... para ser medianamente consecuente, en cuanto tenga un momento, prometo aprenderme el nombre de los jugadores, aunque me he llevado un susto al enterarme de que no son once -como cuando coleccionaba los cromos de Chocolates Ametller-, sino veintitantos...
Con las series aún era peor: no puedo decir que las ignorase -como el fútbol, están presentes en nuestras vidas por mil y un caminos-, pero, en este caso, es que no había visto ni un solo episodio de ninguna, si se exceptúa "Band of brothers", que mis hijos me habían regalado en DVD: me estoy refiriendo a las series buenas, a las americanas, a esas que dicen que son el Cine del Siglo XXI, que arrancan pasiones.. ¿Qué sabía de ellas...? que "Los Soprano" iba de gansters, que "True Detective" iba de polis, que "Juego de Tronos" iba de reyes raros y con mala leche... en fin, lo incorporado a nuestro acervo cultural común... era seguidor de las que se habían colado en las televisiones digamos convencionales -especialmente de "The Big Bang Theory"- pero las restantes permanecían, para mí, envueltas en las brumas de lo desconocido... y lo malo es que, potencialmente, esas si me interesaban, pero me autocastigaba encerrado en un, en mí, poco habitual rechazo a la modernidad: generalmente me apunto a todo lo que suena a nuevo, cosas de ser progresista, digo yo, y andaba toqueteando ordenadores cuando muchos a mi alrededor creían que eran invento del Diablo...
Pues bien: tras ceder a los cantos de sirena de los comerciales de Vodafone, anteayer por la mañana un hábil operario nos puso fibra óptica en la tele, a primeras horas de la tarde me di de alta en HBO, y a media tarde ya me había metido en vena dos episodios de "Los Soprano".
¿Qué tiene en común mi vida con la de un ganster de New Jersey? A primera vista, más bien poco, pero confieso que Tony Soprano me resulta tremendamente próximo... ¡hasta nos llamamos igual...! quizás sus reacciones son un poco más violentas y primitivas que las mías -o yo no estoy acostumbrado a ponerlas en práctica- pero tenemos mucho en común,,, yo también hubiese llorado cuando se fueron los patitos, y también me "pone" su psiquiatra... lo único en lo que discrepo es en su gusto a la hora de elegir los nikis que me lleva... me he hecho el firme propósito de limitar su consumo a un episodio -o dos- al día, más o menos como con los polvorones, pero ahora sé que me costará mantener esa moderación...
¿Por qué HBO y no Netfix?, me pregunta Blanca... parece mentira que me pregunte esas cosas... porque estaba la primera en el menú de opciones disponibles, claro... "¡Pero en Netfix hay muchas más series...!", argumenta... las que hay en HBO no me las acabaré en la vida, pienso... luego me entero de que en Netfix está "Narcos"... ¿cómo voy a dejar de ver una serie en la que hay un tío que llama a sus enemigos "gonorrea"? intentaré aprovechar el periodo de un mes gratis... de momento, me concentro en HBO... ¿Reuniré el valor suficiente para sumergirme en "Juego de Tronos"...? ¡Winter is coming...!
lunes, 8 de octubre de 2018
En la muerte de Macià Alavedra
En una semana llena de emociones, se me pasó por alto la noticia de la muerte de Macià Alavedra...
Recordaba al respecto un amigo de facebook una de mis máximas favoritas: si no puedes decir nada bueno de un difunto, mejor no decir nada... de Hitler sólo se me ocurriría decir que adoraba a los perros y era muy amable con los niños (rubios), y de Franco aún encontraría alguna cosilla, pero de Macià Alavedra, curiosamente, tengo algunos recuerdos divertidos, de él, uno de los máximos exponentes del llamado "Sector Negocis" de Convergència, que acabó pillado en un señalado proceso judicial...
Macià Alavedra fue, durante unos años, Conseller de Governació y, por lo tanto, mi superior en el Departament en el que presté mis servicios -¡cobrando, por supuesto!- durante buena parte de mi vida laboral como funcionario de la Generalitat: y de aquella época proceden esos recuerdos, que no puedo dejar de evocar en el momento de su muerte...
En una ocasión, no recuerdo si en un Debate de Política General o en una moción que afectaba directamente a "nuestro" Departament, estábamos parte del staff de mi Dirección General metidos en una salita del Parlament, preparando las intervenciones del Conseller... en buena práctica, eso habría correspondido a los asesores parlamentarios, y no a nosotros, que cobrábamos por otros conceptos y, a esas horas, deberíamos estar en otros sitios haciendo otros trabajos, pero las fronteras entre competencias y actividades nunca han estado en la Generalitat excesivamente delimitadas... analizábamos las mociones presentadas por los distintos grupos parlamentarios, cuando entró el Conseller, con muchas prisas, y nos dijo que debíamos estudiar especialmente las propuestas de los Socialistas, con el fin de encontrar elementos que se pudiesen consensuar...
"Aquí hay una cosa de los de Iniciativa...!" empezó a decir mi subdirector...
"¡A los comunistas, que les den por culo!", tronó Macià Alavedra... yo, instintivamente, sujeté el asiento de la silla con las dos manos, intentando proteger mi integridad física; mis compañeros soltaron la carcajada, y el Conseller, que se dio cuanta de que aquel "Rivilla" que andaba por ahí tenía ciertas pintas de rojillo, también se rió, mientras nos dejaba con el encargo...
Por si le quedaba alguna duda, poco tiempo después, en plena campaña para el Referéndum sobre la permanencia en la OTAN, le quedó todo aclarado: yo, como es de suponer, dada mi militancia, defendía activamente el "No", y pasé algunas horas pegando carteles por las calles de Barcelona: si de sabios es rectificar, debo estar llegando a la Sabiduría, porque hoy mi opinión al respecto sería bastante más matizada, no tanto por la contribución que hayamos podido prestar a la defensa de los valores occidentales, sino por los efectos beneficiosos que he apreciado en nuestras propias Fuerzas Armadas, pero... había participado en una marcha nocturna, que terminaba en la Plaça de Sant Jaume, junto al Palau de la Generalitat. Reconozco, también, que era una "Marcha de Antorchas", de esas que tanto gustan en ciertos sectores, aunque yo no llevaba ninguna, siguiendo los sanos consejos, recibidos ya en mi infancia, de no jugar con fuego si no quería, luego, hacerme pipí en la cama... la marcha se estaba disolviendo, y me alejaba, junto con un compañero -que se identifique él si quiere, porque seguramente lo leerá- cuando nos topamos con dos personas que, disimuladamente, salían del Palau de la Generalitat por una puerta lateral: eran Macià Alavedra, envuelto en un abrigo de pelo de camello de lo más británico, y su jefe de gabinete quien, al vernos, se llevó el dedo a los labios, pidiendo discreción...
"¡Conseller, por favor...!" dijimos a coro, nada más lejos de nuestro ánimo que delatar su presencia ante los miles y miles de peligrosos rojos que, en aquel momento, sólo pensaban -pensábamos- en encontrar algo abierto para tomarnos una caña, a altas horas de la noche...
Pocos días después, venía el Presidente del Banco de Crédito Local a firmar unas operaciones de préstamos con el Conseller, para financiar las obras de los municipios afectados por las riadas de 1982: yo era el responsable del tema, había preparado los documentos para la firma, y aparecí ante ellos, cargando con una montaña de expedientes... iba yo, como buen funcionario en acto de servicio, de americana y corbata -conjuntada- y zapatos especialmente lustrados... Macià Alavedra, al verme, no pudo contenerse... "¡Ay, Rivilla... que hoy vienes tan elegante, y la otra noche parecías un Tupamaro....!", me decía, muerto de risa... "Conseller -contestaba yo- hay que vestirse siempre según las circunstancias..."... y me delataba ante el Presidente del Banco de Crédito Local, socialista muy felipista... "¡No te fíes de Rivilla, que quiere que salgamos de la OTAN...!"
Viendo lo bronca que es hoy la vida política en Cataluña, donde tantos puentes se ha roto, no puedo dejar de sonreir ante estos recuerdos de momentos distintos, en que, como es natural, podíamos mantener posiciones políticas muy diferentes, pero siempre dentro de un ambiente de cierto respeto, aunque te enviasen a tomar por culo, pero sin acritud... descanse en paz, Conseller, a pesar de todo...
Recordaba al respecto un amigo de facebook una de mis máximas favoritas: si no puedes decir nada bueno de un difunto, mejor no decir nada... de Hitler sólo se me ocurriría decir que adoraba a los perros y era muy amable con los niños (rubios), y de Franco aún encontraría alguna cosilla, pero de Macià Alavedra, curiosamente, tengo algunos recuerdos divertidos, de él, uno de los máximos exponentes del llamado "Sector Negocis" de Convergència, que acabó pillado en un señalado proceso judicial...
Macià Alavedra fue, durante unos años, Conseller de Governació y, por lo tanto, mi superior en el Departament en el que presté mis servicios -¡cobrando, por supuesto!- durante buena parte de mi vida laboral como funcionario de la Generalitat: y de aquella época proceden esos recuerdos, que no puedo dejar de evocar en el momento de su muerte...
En una ocasión, no recuerdo si en un Debate de Política General o en una moción que afectaba directamente a "nuestro" Departament, estábamos parte del staff de mi Dirección General metidos en una salita del Parlament, preparando las intervenciones del Conseller... en buena práctica, eso habría correspondido a los asesores parlamentarios, y no a nosotros, que cobrábamos por otros conceptos y, a esas horas, deberíamos estar en otros sitios haciendo otros trabajos, pero las fronteras entre competencias y actividades nunca han estado en la Generalitat excesivamente delimitadas... analizábamos las mociones presentadas por los distintos grupos parlamentarios, cuando entró el Conseller, con muchas prisas, y nos dijo que debíamos estudiar especialmente las propuestas de los Socialistas, con el fin de encontrar elementos que se pudiesen consensuar...
"Aquí hay una cosa de los de Iniciativa...!" empezó a decir mi subdirector...
"¡A los comunistas, que les den por culo!", tronó Macià Alavedra... yo, instintivamente, sujeté el asiento de la silla con las dos manos, intentando proteger mi integridad física; mis compañeros soltaron la carcajada, y el Conseller, que se dio cuanta de que aquel "Rivilla" que andaba por ahí tenía ciertas pintas de rojillo, también se rió, mientras nos dejaba con el encargo...
Por si le quedaba alguna duda, poco tiempo después, en plena campaña para el Referéndum sobre la permanencia en la OTAN, le quedó todo aclarado: yo, como es de suponer, dada mi militancia, defendía activamente el "No", y pasé algunas horas pegando carteles por las calles de Barcelona: si de sabios es rectificar, debo estar llegando a la Sabiduría, porque hoy mi opinión al respecto sería bastante más matizada, no tanto por la contribución que hayamos podido prestar a la defensa de los valores occidentales, sino por los efectos beneficiosos que he apreciado en nuestras propias Fuerzas Armadas, pero... había participado en una marcha nocturna, que terminaba en la Plaça de Sant Jaume, junto al Palau de la Generalitat. Reconozco, también, que era una "Marcha de Antorchas", de esas que tanto gustan en ciertos sectores, aunque yo no llevaba ninguna, siguiendo los sanos consejos, recibidos ya en mi infancia, de no jugar con fuego si no quería, luego, hacerme pipí en la cama... la marcha se estaba disolviendo, y me alejaba, junto con un compañero -que se identifique él si quiere, porque seguramente lo leerá- cuando nos topamos con dos personas que, disimuladamente, salían del Palau de la Generalitat por una puerta lateral: eran Macià Alavedra, envuelto en un abrigo de pelo de camello de lo más británico, y su jefe de gabinete quien, al vernos, se llevó el dedo a los labios, pidiendo discreción...
"¡Conseller, por favor...!" dijimos a coro, nada más lejos de nuestro ánimo que delatar su presencia ante los miles y miles de peligrosos rojos que, en aquel momento, sólo pensaban -pensábamos- en encontrar algo abierto para tomarnos una caña, a altas horas de la noche...
Pocos días después, venía el Presidente del Banco de Crédito Local a firmar unas operaciones de préstamos con el Conseller, para financiar las obras de los municipios afectados por las riadas de 1982: yo era el responsable del tema, había preparado los documentos para la firma, y aparecí ante ellos, cargando con una montaña de expedientes... iba yo, como buen funcionario en acto de servicio, de americana y corbata -conjuntada- y zapatos especialmente lustrados... Macià Alavedra, al verme, no pudo contenerse... "¡Ay, Rivilla... que hoy vienes tan elegante, y la otra noche parecías un Tupamaro....!", me decía, muerto de risa... "Conseller -contestaba yo- hay que vestirse siempre según las circunstancias..."... y me delataba ante el Presidente del Banco de Crédito Local, socialista muy felipista... "¡No te fíes de Rivilla, que quiere que salgamos de la OTAN...!"
Viendo lo bronca que es hoy la vida política en Cataluña, donde tantos puentes se ha roto, no puedo dejar de sonreir ante estos recuerdos de momentos distintos, en que, como es natural, podíamos mantener posiciones políticas muy diferentes, pero siempre dentro de un ambiente de cierto respeto, aunque te enviasen a tomar por culo, pero sin acritud... descanse en paz, Conseller, a pesar de todo...
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