martes, 17 de abril de 2018
"¡A Pepe Rubianes con Juan de Borbón, por favor...!"
No todos los días le ponen una calle a un amigo tuyo... la lástima es que la anécdota de la alcaldesa tonta que se hace un lío con militares y movimientos políticos haya empañado el hecho...
Mi primer recuerdo de Pepe Rubianes... era exactamente como el gato de Cheshire: entré a oscuras en el Aula magna de la Facultad de Económicas, donde ensayábamos los del TUC, el Teatro Universitario de Cámara, y un amigo me presentó a una sonrisa, con muchos más dientes de los habituales, que flotaba en medio de las tinieblas... "¡Pepe, Antonio...!" fueron las poco imaginativas primeras palabras que cruzamos... recuerdo perfectamente ese día, porque me enamoré: no de Pepe, por supuesto, vaya par de heteros estábamos hechos: de una chica... el amor no me duró mucho, no cuajó... pero aún sigo siendo amigo de Pepe, por años que lleve muerto...
Dejando aparte los alocados años del TUC - yo militaba en el Teatro desde Septiembre hasta el impreciso día en Febrero en que me despertaba en la cama con sudores fríos, y me daba cuenta de que debía ponerme a estudiar como un cabrón para sacar adelante las dos carreras en que estaba metido- mis amistades con Pepe eran, generalmente, nocturnas, muy habitualmente, de fiesta, con cierta frecuencia, algo etílicas... era amistad entre amigos, porque todo el Mundo quería ser amigo de Pepe, y generalmente todo el Mundo lo lograba... no teníamos intimidad, pero Pepe sabía siempre, por gente que le rodease, acercarse a ti, estar allí... esas amistades de edad temprana, que te van marcando poco a poco...
La vida se nos fue complicando; él siguió en el Teatro; yo no me alejé demasiado: docencia universitaria, administración pública... ya no nos veíamos apenas sólo en reencuentros gozosos, generalmente nocturnos, festivos, etílicos... pronto esos encuentros fueron ya casi imposibles... me llegaban noticias por terceros: "¡Pepe actúa en tal sitio! ¡Pepe actúa en tal otro...!"...
Nos reencontramos en el lugar más imprevisible: las Eras Altas de Boltaña... Pepe estaba empezando a volar solo, aunque un "bolo" en mi pueblo, por mucho que a mí me guste, tampoco era un éxito profesional en toda línea... cuando me vio, casi se cae de la sorpresa... nos abrazamos, riendo como locos... "¡Parece "Ésta es su vida"!, decía, recordando aquel programa de la tele en que hacían aparecer ante el homenajeado viejos amigos... me dedicó la función, ante el asombro de los más conservadores de mis convecinos, que no entendían que el chico de Revilla, tan formal, fuese amigo de aquel cómico que juraba como un carretero y se reía de lo más sagrado... después, algunas copas, y la promesa, siempre la misma, siempre tan difícil de cumplir, de vernos más a menudo...
A partir de entonces, cada vez que Pepe estrenaba en Barcelona, esperaba yo tres o cuatro días para comprar mi entrada... jamás lo avisé, ni se me ocurrió pedirle una entrada gratis, de la misma manera -supongo- que él no intentaba pagar menos impuestos alegando que tenía un amigo funcionario -de hecho, tenía muchos-... tardaba pocos minutos en descubrirme entre el público... "¡Coooño, si está ahí mi amigo Antonio...!", gritaba, haciendo que todas las miradas de la sala me perforasen... a partir de entonces, la función era un diálogo monodireccional.... "¿Antonio, te acuerdas de esto...? ¿Te acuerdas de lo otro...?... ¿Cooooño, no te rías tanto, que te va a dar algo...!" Mis vecinos de asiento se mosqueaban, suponían que yo era parte de la compañía, que estaba todo preparado... quedábamos a continuación, generalmente en el "Raval", el bar de su ex: unas veces venía, otras no... es igual, yo sabía que nuestras vidas se regían por parámetros distintos... ya nos veríamos con más calma la próxima vez... o no, como el día de Sant Jordi, en que me lo encontré firmando libros en pleno Passeig de Gràcia, y también la liamos buena, abrazándonos entre carcajadas entre sus admiradores... nunca leí un libro suyo, por cierto, tampoco sé cuantos escribió, y siempre me propongo buscarlos y comprarlos, ahora que ya es de lo poco que me puede quedar de él...
Pepe se vino a vivir a Enric Granados, a pocos metros de mi despacho, y eso facilitó diversos encuentros fortuitos, diversos cafés, abrazos, risas, las eternas promesas de vernos más... un día sucedió algo absolutamente inesperado: me llamó para pedirme un pequeño favor... es de las cosas que más me gustan, que me pidan favores los amigos... hice lo que pude... al poco tiempo, me pidió otro, haciéndome aún más feliz...
Hasta que, un día, me llamó para algo completamente diferente; reunía a un grupo de viejos amigos del TUC, para invitarnos a un ensayo de su nuevo proyecto: por primera vez, una obra "seria" del "¡Rubiales, payaso...!" como le llamaban los curas de su colegio... "Lorca somos todos", una obra trabajada, documentada, emocionante, protagonizada por una actriz pequeñita, con acento andaluz -real o perfectamente imitado- caracterizada como el Poeta; ninguna referencia zafia hacia su orientación sexual, por supuesto: esa difícil combinación de sensibilidad a flor de piel y fortaleza de acero que sólo una mujer puede encarnar... por primera vez no me reía en una obra de Pepe, aunque no era la primera vez que se me saltaban las lágrimas... sus amigos del TUC lo abrazamos al terminar la función, creyendo que estábamos asistiendo al nacimiento de un nuevo Pepe, un Pepe que, como me dijo aquel día, entroncaba con nuestros recitales poéticos en el TUC: Celaya, Blas de Otero, Miguel Hernández, Lorca, por supuesto... ¿Cómo íbamos a sospechar que el nuevo Pepe era, también, por desgracia, el último Pepe...?
A partir de aquel momento, Pepe sólo me dio disgustos...
El primero, además, lo presencié en directo, cosa rara porque ese botón, en mi mando a distancia, cría telarañas: bastante tengo con pagarla, para encima tener que verla... a ver cómo lo explico yo: Lola Gaos, toda una señora, dijo que no le importaría hacer un papel de fascista en una obra progresista, pero que jamás haría de comunista en una obra fascista... las cosas que dijo Pepe en TV3, dichas en TV1, por no decir en la 13, me hubiesen hecho soltar la carcajada: pero en ese lugar, con ese presentador, ante la audiencia de Tietes Maries de comarques, propia de la cadena y la hora, gente más de Joan Capri que de él... mi sensación, y lo digo con pena, fue de concesión innecesaria, ante el aplauso facilón y el gesto de alegría del presentador, orgulloso de poder ofrecer a sus amos el espectáculo de un perfecto "maldito" debidamente domado y en línea con el espíritu de la Casa... pero a Pepe todo se lo perdonaba... me olía la campaña que se iba a organizar contra él, y me faltó tiempo para enviarle un wasap: breve, tampoco quería felicitarle, porque no lo sentía. "¡Un abrazo!", puse, espero que lo entendiese...
El último disgusto me pilló en Nueva York, en un museo, ante un cuadro de Hopper, uno de mis favoritos... llamaba mi hijo Borja, muy relacionado entonces con La Barceloneta... Pepe había muerto... sabía, como todos, de su enfermedad, pero las últimas noticias habían sido esperanzadoras... el tratamiento estaba funcionando... ya se vio que no... quedaban ya definitivamente suspendidas todas las copas, todos los abrazos, todas las risas que nos quedaban pendientes... quedaba pendiente también decirle que, a veces, en malas compañías, lo mejor es no reirles las gracias... y quedaba tomarle el pelo con su nueva calle, vaya esquina más guapa te han buscado, con Don Juan de Borbón... a poco que fuese tan golfo como su hijo, de cuantas cosas podríais hablar... no me importaría nada asistir a esas charlas... "¡Ya ves, para darme una calle, se la han quitado a tu colega, porque tú también eras almirante.. casi póstumo, pero almirante... el día menos pensado, te la quitan a tí y se la ponen a Lluis Llac, que también navega... hacia Itaca... o al Mas, otro marino, todo el día con el timón a cuestas, buena es esa, con tal de quedar bien... por lo menos, de ti no dirán que eras franquista, que os llevábais como el perro y el gato, y te tuvo toda la vida en la cola del INEM, qué cabrón el viejo... por lo menos te dejó al niño colocado, siempre es de agradecer... ¿Pedimos otra, Señor...?"
miércoles, 7 de marzo de 2018
Dresden, también los buenos hacen cosas malas...
En Diciembre pasado visité, por segunda vez, la ciudad de Dresden, Dresde, decimos nosotros...
Cuando estuve en Praga, nos acompañó en una primera visita a la ciudad una guía colombiana, que vivía allí, así que mi primer contacto con la República Checa -después de las hermosas notas de "Mi Patria", de Smetana, por la megafonía del avión al aterrizar- fue acompañado por el suave acento de las orillas del Pacífico... nos decía: "¿Saben ustedes por qué la ciudad es tan linda...? Porque son mansos, no "peliean", y como no "peliean", no les destrozan la ciudad..."
No es el caso de Dresden, ni de otros que he conocido... y como algún experto en "big data" analice el hecho de que, nacido en Barcelona -que también llevó lo suyo-, he visitado Hiroshima, Gernika, Berlín y Dresden, llegará a la conclusión, sin demasiada base real. de que me atraen especialmente las ciudades que han sido cruelmente bombardeadas... todo lo contrario: las visito con una mezcla de horror, contagio del horror que en ellas se vivió, y sentimiento de culpabilidad, por pertenecer a una Humanidad que tales salvajadas comete...
De hecho, conocí Dresden por motivos laborales: me enviaron a asistir a unas jornadas sobre los Fondos Estructurales europeos, en un momento particularmente dulce: se acababa de inaugurar la azarosa vida del Euro, y Alemania miraba con mal disimulado orgullo la ampliación de la Unión Europea hacia el Este, el "Drang nach Osten" de la geopolítica alemana de siempre, y allí estaban los nuevos socios europeos, deseosos de pillar algún eurillo para remediar su crónica falta de infraestructuras, y hablando obsequiosamente en Alemán... "¡Fíjate -le decía yo a otro hispano: como siempre, nos habíamos agrupado instintivamente por nacionalidades. acogiendo en nuestro grupo, por puro iberismo, al andorrano y al portugués- éstos acaban de ganar la Primera Guerra Mundial; es cuestión de tiempo que ganen la Segunda..."
Para asistir al Triunfo de la Voluntad germana había llegado en un vuelo nocturno, y el taxista que me llevaba al centro de la ciudad, con mal disimulado orgullo, detuvo su coche junto a un puente, para que disfrutase de la vista de los edificios iluminados reflejándose en las aguas del Elba... "Wie Schön!", chapurreé en Alemán, "¡Qué hermoso...!"... y el taxista me debió contestar algo así como: "¿A que sí...?"
Porque a Dresden la llaman "La Florencia del Elba": todas las comparaciones son odiosas, es verdad, pero Dresden es, o era, o fue, una ciudad realmente hermosa; con esa gracia especial de las ciudades con río, sus edificios renacentistas y barrocos bien valían, por sí solos, una visita... pese a que todos, absolutamente todos, habían sido reconstruidos después de la tragedia que se abatió sobre la ciudad.
Entre los días 13 y 15 de febrero de 1945, más de mil cuatrimotores ingleses y americanos machacaron el centro de la ciudad; unas 4.000 toneladas de bombas explosivas e incendiarias, que originaron una "tormenta de fuego" que mató -y ahí las estimaciones varían, como en las manifestaciones- entre 25.000 (según la Guardia Urbana) y 100.000 personas. Prácticamente todas civiles, porque los únicos edificios intactos resultaron ser los cuarteles... todavía se discute si Dresden era un objetivo militar o se trató, simplemente, de una acción gratuita y terrorista, sobre una ciudad atiborrada de refugiados que huían -no sin motivos de peso- del avance soviético, y en un momento en que Alemania estaba ya claramente contra las cuerdas: en todo caso, los responsables de la acción tuvieron la suerte de ganar la guerra, y así asegurarse que no deberían responder ante ningún tribunal, e incluso que una película sobre lo majos que eran arañaría alguna cosa en los "Oscar"... en todos los edificios que visitaría en los días de mi estancia figuraba una placa con tres fechas: construcción del edificio, destrucción "Por los ataques aéreos terroristas anglonorteamericanos del 13, 14 y 15 de Febrero de 1945", y fecha de la reconstrucción por la República Democrática Alemana...
¿Todos reconstruidos...? No, por supuesto: se reconstruyeron los más notables; el resto de la ciudad era -y sigue siendo- más bien rara, con grandes avenidas en el lugar donde debían hacinarse casas medievales o poco más modernas, y edificios de estilo utilitario-socialista, sólidos, pero no excesivamente afortunados desde el punto de vista estético; tonterías, las justas...
Quedó uno por reconstruir; la Iglesia de Nuestra Señora, la Frauenkirchen.
Vale la pena comentar un poco la historia de éste edificio: a finales del Siglo XVII, el Elector -príncipe soberano- de Sajonia, Friedrich August II, casó con la heredera de Polonia, y se convirtió, así, en heredero del trono polaco: para aspirar a reinar en Polonia - como ahora, ni más ni menos- era imprescindible ser católico, y el luterano príncipe no tuvo el menor inconveniente en convertirse, edificando al mismo tiempo una hermosa iglesia papista en el mejor solar de Dresden, junto a sus palacios gemelos, su residencia y la de sus amantes, unidos por un oportuno puentecillo, por si las prisas...
La indignación de sus súbditos, todos devotos protestantes, fue considerable: hoy lo hubiesen resuelto con una cacerolada, pero entonces decidieron darle en los morros en forma más artística, y costearon la construcción de la mayor iglesia de la Cristiandad... reformada: y así nació la Frauenkirchen.
Cuando la bola de fuego originada por el bombardeo alcanzó la Frauenkirchen, ardió como una tea en su interior, pero el exterior permaneció incólume... ¡milagro!... pero milagro efímero; en cuanto cesó el fuego y las piedras se enfriaron, se desplomó como un castillo de naipes.
Así la conocí yo; en ruinas; y no porque mis camaradas del Partido Socialista Unificado de Alemania tuviesen manías hacia las cosas de curas o de pastores -reconstruyeron un montón de iglesias-, sino porque quisieron dejar un recuerdo de lo bordes que podían ser, a veces, las democracias occidentales capitalistas... pero se había producido la Reunificación, y la Nueva Alemania de Kohl no tenía ya necesidad de aquel montón de cascotes; había que reconstruir también la Frauenkirchen, y todo Dresden estaba lleno de urnas de metacrilato donde se recogían las aportaciones populares... me acerqué ceremoniosamente a una de ellas, y deposité un euro; viniendo de un país del Sur, pobre y endeudado, más que suficiente.
Bajo el oropel de la Reunificación latía una realidad distinta; una ciudadana de Dresden, que nos acompañaba, nos explicó lo que estaba pasando... las viejas fábricas socialistas habían sido privatizadas y vendidas a empresas occidentales, que rápidamente las habían cerrado, para vender allí sus productos... los jóvenes no encontraban trabajo, y emigraban al Oeste... sólo se había construido una flamante factoría de Volkswagen, acristalada y transparente, se podía seguir desde la calle todo el proceso fabril; pero sólo se montaba un modelo de lujo, poquísimas unidades... Dresden, como toda la Alemania Oriental, había pasado de ser la región más industrial de la Europa Socialista a uno de los múltiples culos de la Europa Capitalista... en las elecciones se mantenía una fuerte presencia de la Izquierda -es decir. de la izquierda a la izquierda del SPD-, pero cada vez subía más la extrema derecha...
Recuerdo al respecto que, el último día de las jornadas, nos recibió oficialmente el alcalde en el Salón de Gala del Ayuntamiento, donde nos habíamos reunido; ya al llegar, me sorprendió ver un inusual despliegue de antidisturbios: mientras el alcalde nos hablaba, vi por una ventana un numeroso grupo de gente que, formados y caminando marcialmente, se acercaban al edificio: vestían todos cazadoras de cuero, calzaban pesadas botan militares, hacían ondear banderas con los viejos colores imperiales -blanco, negro, rojo....- y gritaban rítmicamente consignas... "¡Coño, los neonazis!", me dije...al alcalde le susurraron algo al oído, se despidió apresuradamente de nosotros, y lo vi acercarse al grupo de manifestantes y hablar con ellos... a nosotros nos sacaron por una puerta lateral, sin darnos demasiadas explicaciones... al día siguiente, los titulares del periódico local me ampliaron la información: el equipo de fútbol de Dresden estaba a punto de ser expulsado de la Bundesliga por deudas, y sus seguidores habían ido a exigir que el Ayuntamiento se hiciese cargo de las mismas.. como podéis suponer, lo habían conseguido...
Conservaba un magnífico recuerdo de Dresden, quería que Blanca la conociese, y, qué caramba, también tenía curiosidad por ver en qué se habían gastado mi euro... por eso, en mi última visita a Berlín, contratamos una excursión a Dresden... no era exactamente igual, en vez de unos luminosos y cálidos días de Mayo -ya dicen los alemanes que "Cada Primavera sólo tiene un Mayo"- era Diciembre y hacía un frío que pelaba, y una excursión en autocar, con unos compañeros mitad anglosajones, mitad israelíes (¿Schadenfreude...?), tampoco es mi ideal de visita, peeeero...
Dresden no me defraudó: sigue siendo una ciudad hermosa, y a Blanca le encantó: coincidimos, además, con los mercados de Navidad, que en Alemania son todo un espectáculo, y, en un Domingo, la ciudad estaba llena y animadísima... pude recorrer los lugares que recordaba, siempre con algún pequeño problema; encontré cerrada la cervecería municipal, en los bajos del Ayuntamiento, donde había comido y bebido muy bien, pero dimos con un restaurante cerca, donde pude probar un guisote de Wildschwein (Chabalín, para los amigos) más que aceptable...
Como os podéis imaginar, visité mi Frauenkirchen. nada que objetar, le han sacado provecho a mi oiro... aunque han usado algunas piedras de la antigua, tiene aún ese cierto aire Exin Castillos de los monumentos recién restaurados, pero ya irá tomando pátina con el paso de los años, le deseo que siga allí en pie hasta, por lo menos, el próximo ataque aéreo terrorista anglonorteamericano... pasamos rápidamente por su interior, porque estaban diciendo Misa, o lo que tengan a bien hacer los protestantes, que en eso no entro... impresionante también, sehr Gut...
Visitamos también un Weinachmarkt de pago... lo hemos visto por primera vez en ésta ocasión, mercados de Navidad donde hay que pagar una pequeña entrada; dentro se parecen más a nuestras ferias medievales, con chicas de falda hasta el suelo y corpiño y chicos de leotardos y chalecos de cuero, vendiendo cosas más o menos artesanales y más o menos viejunas.... para beber, cerveza y gluhwein, ese vino caliente, azucarado y especiado que, lo confieso, me gusta bastante, en fríos días -o, mejor, noches- invernales alemanes... también este año he apreciado una explosión de gluhwein temático, con frutas variadas... muy bien, se pueden beber... no comparto la opinión de un amigo que me decía: "No hay vino, por malo que sea, que se merezca que hagan eso con él..."
Antes de despedirnos de Dresden, en la plaza del Ayuntamiento, la Rathaus, dos monumentos curiosos...
En el centro de un cuidado parterre, la Trümmerfrau, la mujer trabajadora en el desescombro... Alemania fue desescombrada por mujeres, viejos y niños; los jóvenes habían muerto o estaban en lejanos cautiverios... la Trümmerfrau, botas de soldado, mandil y azada en la mano, pañuelo en la cabeza -¡cómo se pondrían de polvo y cenizas...!- mira, confiada, hacia el Futuro, el Zukunft, que allí le prometían socialista... confío en que, por lo menos, le haya quedado una pensión medio decente, en esta tierra despiadada y liberal...
Y ya en la puerta de la cervecería municipal -benemérito servicio público que todo ayuntamiento debería prestar a sus vecinos-, un Baco, borracho como una cuba y en pelota picada, resbalando sobre el lomo de un burro que no parece más sereno que él... como sabéis, hay casi en cada ciudad turística alguna cosa que hacer si quieres volver allí: en Barcelona, beber agua de la Font de Canaletes; en Girona hay que besarle el culo a una leona; en Dresden, vaya por Dios, frotarle la punta del haba a Baco... el bronce está casi desgastado, de tanto roce... yo lo hice en mi primera visita, y funcionó; lo he repetido, mirando a derecha e izquierda para no ser visto por nadie en semejante trance... no me importaría que el prepucio del dios volviese a conducir mis pasos hacia la hermosa ciudad del Elba, auf Wiedersehen, Dresden...
| El Friso de los Electores; todo porcelana... |
Cuando estuve en Praga, nos acompañó en una primera visita a la ciudad una guía colombiana, que vivía allí, así que mi primer contacto con la República Checa -después de las hermosas notas de "Mi Patria", de Smetana, por la megafonía del avión al aterrizar- fue acompañado por el suave acento de las orillas del Pacífico... nos decía: "¿Saben ustedes por qué la ciudad es tan linda...? Porque son mansos, no "peliean", y como no "peliean", no les destrozan la ciudad..."
No es el caso de Dresden, ni de otros que he conocido... y como algún experto en "big data" analice el hecho de que, nacido en Barcelona -que también llevó lo suyo-, he visitado Hiroshima, Gernika, Berlín y Dresden, llegará a la conclusión, sin demasiada base real. de que me atraen especialmente las ciudades que han sido cruelmente bombardeadas... todo lo contrario: las visito con una mezcla de horror, contagio del horror que en ellas se vivió, y sentimiento de culpabilidad, por pertenecer a una Humanidad que tales salvajadas comete...
De hecho, conocí Dresden por motivos laborales: me enviaron a asistir a unas jornadas sobre los Fondos Estructurales europeos, en un momento particularmente dulce: se acababa de inaugurar la azarosa vida del Euro, y Alemania miraba con mal disimulado orgullo la ampliación de la Unión Europea hacia el Este, el "Drang nach Osten" de la geopolítica alemana de siempre, y allí estaban los nuevos socios europeos, deseosos de pillar algún eurillo para remediar su crónica falta de infraestructuras, y hablando obsequiosamente en Alemán... "¡Fíjate -le decía yo a otro hispano: como siempre, nos habíamos agrupado instintivamente por nacionalidades. acogiendo en nuestro grupo, por puro iberismo, al andorrano y al portugués- éstos acaban de ganar la Primera Guerra Mundial; es cuestión de tiempo que ganen la Segunda..."
Para asistir al Triunfo de la Voluntad germana había llegado en un vuelo nocturno, y el taxista que me llevaba al centro de la ciudad, con mal disimulado orgullo, detuvo su coche junto a un puente, para que disfrutase de la vista de los edificios iluminados reflejándose en las aguas del Elba... "Wie Schön!", chapurreé en Alemán, "¡Qué hermoso...!"... y el taxista me debió contestar algo así como: "¿A que sí...?"
Porque a Dresden la llaman "La Florencia del Elba": todas las comparaciones son odiosas, es verdad, pero Dresden es, o era, o fue, una ciudad realmente hermosa; con esa gracia especial de las ciudades con río, sus edificios renacentistas y barrocos bien valían, por sí solos, una visita... pese a que todos, absolutamente todos, habían sido reconstruidos después de la tragedia que se abatió sobre la ciudad.
Entre los días 13 y 15 de febrero de 1945, más de mil cuatrimotores ingleses y americanos machacaron el centro de la ciudad; unas 4.000 toneladas de bombas explosivas e incendiarias, que originaron una "tormenta de fuego" que mató -y ahí las estimaciones varían, como en las manifestaciones- entre 25.000 (según la Guardia Urbana) y 100.000 personas. Prácticamente todas civiles, porque los únicos edificios intactos resultaron ser los cuarteles... todavía se discute si Dresden era un objetivo militar o se trató, simplemente, de una acción gratuita y terrorista, sobre una ciudad atiborrada de refugiados que huían -no sin motivos de peso- del avance soviético, y en un momento en que Alemania estaba ya claramente contra las cuerdas: en todo caso, los responsables de la acción tuvieron la suerte de ganar la guerra, y así asegurarse que no deberían responder ante ningún tribunal, e incluso que una película sobre lo majos que eran arañaría alguna cosa en los "Oscar"... en todos los edificios que visitaría en los días de mi estancia figuraba una placa con tres fechas: construcción del edificio, destrucción "Por los ataques aéreos terroristas anglonorteamericanos del 13, 14 y 15 de Febrero de 1945", y fecha de la reconstrucción por la República Democrática Alemana...
¿Todos reconstruidos...? No, por supuesto: se reconstruyeron los más notables; el resto de la ciudad era -y sigue siendo- más bien rara, con grandes avenidas en el lugar donde debían hacinarse casas medievales o poco más modernas, y edificios de estilo utilitario-socialista, sólidos, pero no excesivamente afortunados desde el punto de vista estético; tonterías, las justas...
Quedó uno por reconstruir; la Iglesia de Nuestra Señora, la Frauenkirchen.
| Cortejo de los Electores: Friedrich es el único que mira al público... |
Vale la pena comentar un poco la historia de éste edificio: a finales del Siglo XVII, el Elector -príncipe soberano- de Sajonia, Friedrich August II, casó con la heredera de Polonia, y se convirtió, así, en heredero del trono polaco: para aspirar a reinar en Polonia - como ahora, ni más ni menos- era imprescindible ser católico, y el luterano príncipe no tuvo el menor inconveniente en convertirse, edificando al mismo tiempo una hermosa iglesia papista en el mejor solar de Dresden, junto a sus palacios gemelos, su residencia y la de sus amantes, unidos por un oportuno puentecillo, por si las prisas...
| Ésta es la Katholische... |
La indignación de sus súbditos, todos devotos protestantes, fue considerable: hoy lo hubiesen resuelto con una cacerolada, pero entonces decidieron darle en los morros en forma más artística, y costearon la construcción de la mayor iglesia de la Cristiandad... reformada: y así nació la Frauenkirchen.
Cuando la bola de fuego originada por el bombardeo alcanzó la Frauenkirchen, ardió como una tea en su interior, pero el exterior permaneció incólume... ¡milagro!... pero milagro efímero; en cuanto cesó el fuego y las piedras se enfriaron, se desplomó como un castillo de naipes.
Así la conocí yo; en ruinas; y no porque mis camaradas del Partido Socialista Unificado de Alemania tuviesen manías hacia las cosas de curas o de pastores -reconstruyeron un montón de iglesias-, sino porque quisieron dejar un recuerdo de lo bordes que podían ser, a veces, las democracias occidentales capitalistas... pero se había producido la Reunificación, y la Nueva Alemania de Kohl no tenía ya necesidad de aquel montón de cascotes; había que reconstruir también la Frauenkirchen, y todo Dresden estaba lleno de urnas de metacrilato donde se recogían las aportaciones populares... me acerqué ceremoniosamente a una de ellas, y deposité un euro; viniendo de un país del Sur, pobre y endeudado, más que suficiente.
Bajo el oropel de la Reunificación latía una realidad distinta; una ciudadana de Dresden, que nos acompañaba, nos explicó lo que estaba pasando... las viejas fábricas socialistas habían sido privatizadas y vendidas a empresas occidentales, que rápidamente las habían cerrado, para vender allí sus productos... los jóvenes no encontraban trabajo, y emigraban al Oeste... sólo se había construido una flamante factoría de Volkswagen, acristalada y transparente, se podía seguir desde la calle todo el proceso fabril; pero sólo se montaba un modelo de lujo, poquísimas unidades... Dresden, como toda la Alemania Oriental, había pasado de ser la región más industrial de la Europa Socialista a uno de los múltiples culos de la Europa Capitalista... en las elecciones se mantenía una fuerte presencia de la Izquierda -es decir. de la izquierda a la izquierda del SPD-, pero cada vez subía más la extrema derecha...
Recuerdo al respecto que, el último día de las jornadas, nos recibió oficialmente el alcalde en el Salón de Gala del Ayuntamiento, donde nos habíamos reunido; ya al llegar, me sorprendió ver un inusual despliegue de antidisturbios: mientras el alcalde nos hablaba, vi por una ventana un numeroso grupo de gente que, formados y caminando marcialmente, se acercaban al edificio: vestían todos cazadoras de cuero, calzaban pesadas botan militares, hacían ondear banderas con los viejos colores imperiales -blanco, negro, rojo....- y gritaban rítmicamente consignas... "¡Coño, los neonazis!", me dije...al alcalde le susurraron algo al oído, se despidió apresuradamente de nosotros, y lo vi acercarse al grupo de manifestantes y hablar con ellos... a nosotros nos sacaron por una puerta lateral, sin darnos demasiadas explicaciones... al día siguiente, los titulares del periódico local me ampliaron la información: el equipo de fútbol de Dresden estaba a punto de ser expulsado de la Bundesliga por deudas, y sus seguidores habían ido a exigir que el Ayuntamiento se hiciese cargo de las mismas.. como podéis suponer, lo habían conseguido...
Conservaba un magnífico recuerdo de Dresden, quería que Blanca la conociese, y, qué caramba, también tenía curiosidad por ver en qué se habían gastado mi euro... por eso, en mi última visita a Berlín, contratamos una excursión a Dresden... no era exactamente igual, en vez de unos luminosos y cálidos días de Mayo -ya dicen los alemanes que "Cada Primavera sólo tiene un Mayo"- era Diciembre y hacía un frío que pelaba, y una excursión en autocar, con unos compañeros mitad anglosajones, mitad israelíes (¿Schadenfreude...?), tampoco es mi ideal de visita, peeeero...
| Primera imagen de una naranja, la "Appelsinne", la "Manzana de China"... |
Dresden no me defraudó: sigue siendo una ciudad hermosa, y a Blanca le encantó: coincidimos, además, con los mercados de Navidad, que en Alemania son todo un espectáculo, y, en un Domingo, la ciudad estaba llena y animadísima... pude recorrer los lugares que recordaba, siempre con algún pequeño problema; encontré cerrada la cervecería municipal, en los bajos del Ayuntamiento, donde había comido y bebido muy bien, pero dimos con un restaurante cerca, donde pude probar un guisote de Wildschwein (Chabalín, para los amigos) más que aceptable...
Como os podéis imaginar, visité mi Frauenkirchen. nada que objetar, le han sacado provecho a mi oiro... aunque han usado algunas piedras de la antigua, tiene aún ese cierto aire Exin Castillos de los monumentos recién restaurados, pero ya irá tomando pátina con el paso de los años, le deseo que siga allí en pie hasta, por lo menos, el próximo ataque aéreo terrorista anglonorteamericano... pasamos rápidamente por su interior, porque estaban diciendo Misa, o lo que tengan a bien hacer los protestantes, que en eso no entro... impresionante también, sehr Gut...
| "Mi" Frauenkirchen... |
| ... y su cúpula... |
Visitamos también un Weinachmarkt de pago... lo hemos visto por primera vez en ésta ocasión, mercados de Navidad donde hay que pagar una pequeña entrada; dentro se parecen más a nuestras ferias medievales, con chicas de falda hasta el suelo y corpiño y chicos de leotardos y chalecos de cuero, vendiendo cosas más o menos artesanales y más o menos viejunas.... para beber, cerveza y gluhwein, ese vino caliente, azucarado y especiado que, lo confieso, me gusta bastante, en fríos días -o, mejor, noches- invernales alemanes... también este año he apreciado una explosión de gluhwein temático, con frutas variadas... muy bien, se pueden beber... no comparto la opinión de un amigo que me decía: "No hay vino, por malo que sea, que se merezca que hagan eso con él..."
Antes de despedirnos de Dresden, en la plaza del Ayuntamiento, la Rathaus, dos monumentos curiosos...
En el centro de un cuidado parterre, la Trümmerfrau, la mujer trabajadora en el desescombro... Alemania fue desescombrada por mujeres, viejos y niños; los jóvenes habían muerto o estaban en lejanos cautiverios... la Trümmerfrau, botas de soldado, mandil y azada en la mano, pañuelo en la cabeza -¡cómo se pondrían de polvo y cenizas...!- mira, confiada, hacia el Futuro, el Zukunft, que allí le prometían socialista... confío en que, por lo menos, le haya quedado una pensión medio decente, en esta tierra despiadada y liberal...
Y ya en la puerta de la cervecería municipal -benemérito servicio público que todo ayuntamiento debería prestar a sus vecinos-, un Baco, borracho como una cuba y en pelota picada, resbalando sobre el lomo de un burro que no parece más sereno que él... como sabéis, hay casi en cada ciudad turística alguna cosa que hacer si quieres volver allí: en Barcelona, beber agua de la Font de Canaletes; en Girona hay que besarle el culo a una leona; en Dresden, vaya por Dios, frotarle la punta del haba a Baco... el bronce está casi desgastado, de tanto roce... yo lo hice en mi primera visita, y funcionó; lo he repetido, mirando a derecha e izquierda para no ser visto por nadie en semejante trance... no me importaría que el prepucio del dios volviese a conducir mis pasos hacia la hermosa ciudad del Elba, auf Wiedersehen, Dresden...
jueves, 22 de febrero de 2018
Oporto, hija de un río...
... y a mí me gustan las ciudades con río... más que las ciudades con mar...
¡¡Un momento...!! ¡Dejadme que me explique, no empecéis a lapidarme...! el mar no tiene nada malo, en lo absoluto, pero lo considero un exceso... tanta agua... ¿para qué....? yo me quedaría, como mucho, con los cien primeros metros, o la cota donde vivan atunes y bacalaos... pero, ¿la Fosa de las Marianas...? ¡¡Diez kilómetros tó p'abajo, poblada de seres feos, de ojos saltones, gambitas de colores, sin sustancia... y las olas... ¡sobrevaloradas!, me he bañado en una piscina en Budapest, con olas, y son bien fáciles de hacer... total, en el mar, lo mejor está en la orilla... los percebes, en las rocas; las ostras, en bateas; las almejas y las chicas en topless, en la arena... aún me gustan las ciudades con mar que parece río, y estoy pensando en San Sebastián, en Santander... pero, en la playa de Barcelona, miras al frente... ¡si aún se viesen al fondo los blancos minaretes de Argel, o, por lo menos, Sa Dragonera y la Serra de Tramuntana..!. ¡nada, una raya monótona, igual a derecha e izquierda, sólo rota por la silueta de algún portacontainers... !
Me gustan los ríos porque son útiles -se pueden beber, puedes hacer molinos-, humildes, y a la medida del Hombre: por lo menos, a la mía; soy hombre de río y animal de gorga, lo sé desde siempre: me gustan los ríos porque, generalmente, se les ve la otra orilla, y sabes que, como nosotros, tienen principio y final, hasta en eso son humanos... y me gustan las ciudades apiñadas junto a un río, volcadas en un río, que nacen del río, y en él encuentran su razón de ser...
Por eso, entre otras cosas, me gusta Oporto; es una ciudad fluvial, su madre es el río, sin río no estaría allí... el "Porto" donde nació es el puerto fluvial del Douro, el Duero... tengo poco trabajado el Duero, y es una pena: lo he visto en sus tierras sorianas que tanto amaba Antonio Machado -ayer un amigo recordaba el triste aniversario de su triste muerte en el exilio-, bajando jovencito de las peñas del Urbión, y lo he cruzad varias veces más, pero pocas, puede decirse que me lo he bebido, pero no lo he vivido... es río tanto o más de vinos que de aguas, en Rueda, en su Ribera... y, por supuestísimo, aquí...
Volcada he dicho, y así está Oporto, volcada en el río... si Roma se fundó sobre siete colinas, Oporto está construida sobre auténticas cordilleras, de dimensiones himalayianas... para ir de un barrio a otro, pocos cientos de metros a vista de passarinho, tienes que coronar ásperos collados, tomar aliento, crestear sobre el vacío y, luego, acometer la cumbre... comentábamos con Blanca que no se veían ciclistas... propongo a los astutos empresarios sobrarbenses de "Zona Zero" que asesoren a sus colegas de Porto para transformar su ciudad en un gigantesco circuito de bici de montaña, aún sabiendo que un fallo en los frenos y eres hombre muerto, descalabrado y ahogado... el lunes tengo prueba de esfuerzo con mi cardiólogo, y digo yo si no me la podrían convalidad por un certificado del ayuntamiento de Oporto: "O senhor António Delgado Revilha ficou no Porto treis dias..."
Te dejas caer por las calles que conducen a la Ribeira, que, si nevasen, serían todas pistas negras, y, en la última revuelta, ya brillan al fondo las aguas del río... y te acercas a su orilla, envuelto en el bullicio humano de los paseos, por la tarde, junto a los animados bares, y te detienes a ver pasar los yates de pijos, los barquitos de turistas, los rabelos...
En los rabelos está una de las claves de Oporto; las viñas donde nace el vino están a bastantes kilómetros, aguas arriba: las uvas se recogen, se pisan (manualmente, iba a decir, pedestremente es lo más correcto), el mosto fermenta, se enbarrican y, transcurrido un tiempo prudencial, los rabelos bajan las barricas hacia las bodegas de Porto, o, más correctamente, de la villa hermana, Vilanova de Gaia, porque Porto acaba en el río... son los rabelos barcas bajas y largas, de bellas maderas, propulsadas a vela las antiguas, las nuevas vaya usted a saber, y -ahora me meto a etimologista- quizás les viene el nombre del largo timón, como un gigantesco rabo, que hunden en las aguas desde su popa... parece que aún siguen funcionando, se ven muchos y en buen estado, dejando aparte los que han sido tuneados para transformarlos en transporte de turistas... al caer la noche, cuando la turistada empieza -empezamos- a desaparecer y las orillas del río recuperan su calma, los millares de gaviotas que, durante en día, se han cagado literalmente en nuestras cabezas, reposan también en las bordas, las vergas y los "rabos" de los rabelos...
Pero más aún que los ríos, me gustan los puentes... no conozco mejor obra del ingenio humano que el puente; lo que acerca, lo que une, lo que facilita el paso de uno a otro lado... bien hacían los romanos -que lo hacían casi todo bien- en tener por supremo magistrado al "Pontífex", el Hacedor de Puentes, y cuantos Pontífices nos harían falta hoy... en Oporto voy servido: el crucerito que haremos por el río se llama "De los seis puentes": los hay de todos los tipos; de autopista, urbanos, de ferrocarril, por uno pasa el "metro"... muchos tienen el inequívoco aire de haberse construido con cargo a los Fondos Estructurales Europeos... por poner faltas, falta uno de gaseoducto -lo he visto en el Danubio-... y, ya poniéndome cruel, uno de Calatrava, son tan divertidos...
Aunque, en realidad, los seis puentes son cinco y uno: O Ponte, el Puente de Don Luis Primeiro, el puente que conocíamos todos los que no conocíamos aún Oporto...
El Puente de Don Luís Primeiro es de Eiffel, el de la torre; se podrá decir de él lo que se quiera, pero el tío dominaba el Mecano: a mí, seguro, me hubiesen sobrado media docena de vigas, y hubiese dejado treinta o cuarenta tornillos sin poner... la Torre Eiffel es un ejemplo de chulería, de ahí queda eso, ¡olé mis c....,!, pero el Puente Don Luís Primeiro es bello y útil, y poco mejor se puede decir de algo o alguien... sus dos niveles reflejan la orografía del lugar; para ir de uno a otro, hay un funicular, o un gasto de por lo menos 1.000 kilocalorías... por el nivel superior, pasan el metro y los turistas, el metro tocando la campanilla como un loco para que se aparten los turistas... por el nivel inferior, coches -pocos- y turistas, muchos más turistas aún...
En el sitio donde se construyó O Ponte hubo, tiempo atrás, un puente de barcas... una pequeña capilla recuerda la catástrofe que allí sucedió cuando, estando las tropas napoleónicas a punto de entrar en la ciudad, miles de vecinos corrían a refugiarse en ella, entraron todos a la vez en el puente, éste se hundió... ya os podéis imaginar... digo yo que Eiffel les podía haber construido el puente gratis, en desagravio por el desastre que causaron sus paisanos, qué menos...
Pero hasta O Ponte tiene truco; está en el lugar más estrecho del río, entre dos colosales columnas rocosas... vi indicaciones de un recorrido geológico interpretativo de la "Foz do Douro", me gustaría que mis amigos zaborrólogos del Geoparque de Sobrarbe me lo explicasen: las rocas donde se asienta O Ponte son oscuras, casi negras, antiguas, muy antiguas, nada que ver con nuestras calizas y areniscas sobrarbenses, que son de anteayer, total, hechas de bichitos... esas piedras del Douro parecen venir del fondo de la noche de los tiempos, de la era de los romanos, qué se yo, o de antes aún... piedras raíces, parece que toda la Península Ibérica se apoye en ellas para no caerse directamente al Atlántico y acabarla de joder de una vez...
A pocos kilómetros de O Ponte, O Douro ya es una lámina mansa, que baña puertos deportivos y edificios de lujo con vistas privilegiadas, dobla una escollera con farito en la punta, y muere dulcemente en el Océano... pero poco interés tiene su muerte, en el fondo, todas las muertes vienen a ser lo mismo, lo diverso y divertido, con un poco de suerte, es la vida, y la vida, a estas alturas, ya queda atrás...
¡¡Un momento...!! ¡Dejadme que me explique, no empecéis a lapidarme...! el mar no tiene nada malo, en lo absoluto, pero lo considero un exceso... tanta agua... ¿para qué....? yo me quedaría, como mucho, con los cien primeros metros, o la cota donde vivan atunes y bacalaos... pero, ¿la Fosa de las Marianas...? ¡¡Diez kilómetros tó p'abajo, poblada de seres feos, de ojos saltones, gambitas de colores, sin sustancia... y las olas... ¡sobrevaloradas!, me he bañado en una piscina en Budapest, con olas, y son bien fáciles de hacer... total, en el mar, lo mejor está en la orilla... los percebes, en las rocas; las ostras, en bateas; las almejas y las chicas en topless, en la arena... aún me gustan las ciudades con mar que parece río, y estoy pensando en San Sebastián, en Santander... pero, en la playa de Barcelona, miras al frente... ¡si aún se viesen al fondo los blancos minaretes de Argel, o, por lo menos, Sa Dragonera y la Serra de Tramuntana..!. ¡nada, una raya monótona, igual a derecha e izquierda, sólo rota por la silueta de algún portacontainers... !
Me gustan los ríos porque son útiles -se pueden beber, puedes hacer molinos-, humildes, y a la medida del Hombre: por lo menos, a la mía; soy hombre de río y animal de gorga, lo sé desde siempre: me gustan los ríos porque, generalmente, se les ve la otra orilla, y sabes que, como nosotros, tienen principio y final, hasta en eso son humanos... y me gustan las ciudades apiñadas junto a un río, volcadas en un río, que nacen del río, y en él encuentran su razón de ser...
Por eso, entre otras cosas, me gusta Oporto; es una ciudad fluvial, su madre es el río, sin río no estaría allí... el "Porto" donde nació es el puerto fluvial del Douro, el Duero... tengo poco trabajado el Duero, y es una pena: lo he visto en sus tierras sorianas que tanto amaba Antonio Machado -ayer un amigo recordaba el triste aniversario de su triste muerte en el exilio-, bajando jovencito de las peñas del Urbión, y lo he cruzad varias veces más, pero pocas, puede decirse que me lo he bebido, pero no lo he vivido... es río tanto o más de vinos que de aguas, en Rueda, en su Ribera... y, por supuestísimo, aquí...
Volcada he dicho, y así está Oporto, volcada en el río... si Roma se fundó sobre siete colinas, Oporto está construida sobre auténticas cordilleras, de dimensiones himalayianas... para ir de un barrio a otro, pocos cientos de metros a vista de passarinho, tienes que coronar ásperos collados, tomar aliento, crestear sobre el vacío y, luego, acometer la cumbre... comentábamos con Blanca que no se veían ciclistas... propongo a los astutos empresarios sobrarbenses de "Zona Zero" que asesoren a sus colegas de Porto para transformar su ciudad en un gigantesco circuito de bici de montaña, aún sabiendo que un fallo en los frenos y eres hombre muerto, descalabrado y ahogado... el lunes tengo prueba de esfuerzo con mi cardiólogo, y digo yo si no me la podrían convalidad por un certificado del ayuntamiento de Oporto: "O senhor António Delgado Revilha ficou no Porto treis dias..."
Te dejas caer por las calles que conducen a la Ribeira, que, si nevasen, serían todas pistas negras, y, en la última revuelta, ya brillan al fondo las aguas del río... y te acercas a su orilla, envuelto en el bullicio humano de los paseos, por la tarde, junto a los animados bares, y te detienes a ver pasar los yates de pijos, los barquitos de turistas, los rabelos...
En los rabelos está una de las claves de Oporto; las viñas donde nace el vino están a bastantes kilómetros, aguas arriba: las uvas se recogen, se pisan (manualmente, iba a decir, pedestremente es lo más correcto), el mosto fermenta, se enbarrican y, transcurrido un tiempo prudencial, los rabelos bajan las barricas hacia las bodegas de Porto, o, más correctamente, de la villa hermana, Vilanova de Gaia, porque Porto acaba en el río... son los rabelos barcas bajas y largas, de bellas maderas, propulsadas a vela las antiguas, las nuevas vaya usted a saber, y -ahora me meto a etimologista- quizás les viene el nombre del largo timón, como un gigantesco rabo, que hunden en las aguas desde su popa... parece que aún siguen funcionando, se ven muchos y en buen estado, dejando aparte los que han sido tuneados para transformarlos en transporte de turistas... al caer la noche, cuando la turistada empieza -empezamos- a desaparecer y las orillas del río recuperan su calma, los millares de gaviotas que, durante en día, se han cagado literalmente en nuestras cabezas, reposan también en las bordas, las vergas y los "rabos" de los rabelos...
Pero más aún que los ríos, me gustan los puentes... no conozco mejor obra del ingenio humano que el puente; lo que acerca, lo que une, lo que facilita el paso de uno a otro lado... bien hacían los romanos -que lo hacían casi todo bien- en tener por supremo magistrado al "Pontífex", el Hacedor de Puentes, y cuantos Pontífices nos harían falta hoy... en Oporto voy servido: el crucerito que haremos por el río se llama "De los seis puentes": los hay de todos los tipos; de autopista, urbanos, de ferrocarril, por uno pasa el "metro"... muchos tienen el inequívoco aire de haberse construido con cargo a los Fondos Estructurales Europeos... por poner faltas, falta uno de gaseoducto -lo he visto en el Danubio-... y, ya poniéndome cruel, uno de Calatrava, son tan divertidos...
Aunque, en realidad, los seis puentes son cinco y uno: O Ponte, el Puente de Don Luis Primeiro, el puente que conocíamos todos los que no conocíamos aún Oporto...
El Puente de Don Luís Primeiro es de Eiffel, el de la torre; se podrá decir de él lo que se quiera, pero el tío dominaba el Mecano: a mí, seguro, me hubiesen sobrado media docena de vigas, y hubiese dejado treinta o cuarenta tornillos sin poner... la Torre Eiffel es un ejemplo de chulería, de ahí queda eso, ¡olé mis c....,!, pero el Puente Don Luís Primeiro es bello y útil, y poco mejor se puede decir de algo o alguien... sus dos niveles reflejan la orografía del lugar; para ir de uno a otro, hay un funicular, o un gasto de por lo menos 1.000 kilocalorías... por el nivel superior, pasan el metro y los turistas, el metro tocando la campanilla como un loco para que se aparten los turistas... por el nivel inferior, coches -pocos- y turistas, muchos más turistas aún...
En el sitio donde se construyó O Ponte hubo, tiempo atrás, un puente de barcas... una pequeña capilla recuerda la catástrofe que allí sucedió cuando, estando las tropas napoleónicas a punto de entrar en la ciudad, miles de vecinos corrían a refugiarse en ella, entraron todos a la vez en el puente, éste se hundió... ya os podéis imaginar... digo yo que Eiffel les podía haber construido el puente gratis, en desagravio por el desastre que causaron sus paisanos, qué menos...
Pero hasta O Ponte tiene truco; está en el lugar más estrecho del río, entre dos colosales columnas rocosas... vi indicaciones de un recorrido geológico interpretativo de la "Foz do Douro", me gustaría que mis amigos zaborrólogos del Geoparque de Sobrarbe me lo explicasen: las rocas donde se asienta O Ponte son oscuras, casi negras, antiguas, muy antiguas, nada que ver con nuestras calizas y areniscas sobrarbenses, que son de anteayer, total, hechas de bichitos... esas piedras del Douro parecen venir del fondo de la noche de los tiempos, de la era de los romanos, qué se yo, o de antes aún... piedras raíces, parece que toda la Península Ibérica se apoye en ellas para no caerse directamente al Atlántico y acabarla de joder de una vez...
A pocos kilómetros de O Ponte, O Douro ya es una lámina mansa, que baña puertos deportivos y edificios de lujo con vistas privilegiadas, dobla una escollera con farito en la punta, y muere dulcemente en el Océano... pero poco interés tiene su muerte, en el fondo, todas las muertes vienen a ser lo mismo, lo diverso y divertido, con un poco de suerte, es la vida, y la vida, a estas alturas, ya queda atrás...
miércoles, 21 de febrero de 2018
Lello e Irmao: el Paraíso existe...
Conforme van pasando los años, la existencia del Paraíso me va pareciendo una hipótesis más interesante, aunque poco probable...
Pero el Paraíso, para ser digno de ese nombre, debe estar necesariamente personalizado, "customizado", como se dice ahora... para algunos debe incluir elementos tan superfluos para mí como grandes estadios repletos de masas abanderadas y aullantes, donde sus equipos favoritos ganen siempre por goleadas con "hat tricks" de sus líderes... no he pisado nada similar desde que tengo uso de razón, ni pienso hacerlo, a no ser que se me manifieste una peculiar demencia senil...
Mi Paraíso requiere equipamientos muy concretos: una gorga de aguas frescas y limpias -y pocos turistas- donde nadar, y, muy especialmente, un sillón Poang -de nada, Ikea- con buena lámpara, o una tumbona en mi terracita de Boltaña... y libros, decenas, centenas, millares de libros para toda una Eternidad, libros variados, todos interesantes, todos absorbentes, interminables y, a la vez siempre cambiantes... libros que te cambien la vida -en este caso hipotético, la muerte-, que te hagan cada día más sabio, o más sensible, o ambas cosas, más adulto y más niño a la vez...
Pero los libros no nacen en los árboles; esa provisión inagotable requiere sus propias fuentes; Bibliotecas o Librerías fluviales, oceánicas, tanto me dan unas u otras, las librerías son más caras, pero para pocas cosas me importa menos gastar el dinero... librerías borgianas, inacabables, eternamente renovadas...
Hay en Porto algo que te aproxima a ese ideal de libraría paradisiaca: porque, además de llena de libros, muchos, muchos libros, también es bella: coincido con mi suegro, Sergi, en que los libros son el más hermoso elemento decorativo, y aquí se aúnan con maderas talladas, toda una selva de madera bellamente labrada, donde se adivinan manos de ebanistas orgullosos de su oficio... hay también cristales, no menos hermosos, y las formas curvas, cálidas, acogedoras... configuran un espacio donde no te importaría nada que se te olvidasen al cerrar y tuvieses que pasar todo un fin de semana allí encerrado, como en un culto y apacible claustro materno... si cerrasen los fines de semana, que no es el caso...
Lello e Irmao, que es el nombre de la librería, ha aparecido en algunas películas especialmente dirigidas al público adolescente, como la librería del Centro de Formación para Magos donde cursó sus estudios Harry Potter; no tengo absolutamente nada en contra de la magia y la brujería, me parece una excelente elección el escenario, y no me importa, al contrario, que esa fama mediática atraiga hacia la Librería una importante cantidad de jóvenes turistas... podrá ser un poco incómodo que un jóven con gorrito de punto te fastidie una buena fotografía, pero te alegras lo indecible de que esos muchachos y muchachas estén allí en aquel momento, y no en otros lugares, porque, seguro, algo de la auténtica magia del lugar se les pegará...
Han tenido, además, la genial ocurrencia de cobrar por la entrada: el precio no es prohibitivo ni disuasorio -aunque, por un poco más, te dan un menú completo a cien metros- y, además, se te reembolsa cuando compras un libro... ¡Cuantos visitantes no habrán caído en la trampa, y saldrán con un libro en las manos, para aprovechar la oferta...! más de una vez he pensado en un sistema promocional ligeramente parecido: ingresar en una librería la nómina, a primeros de més, y que, a finales, me devolviesen el importe que no hubiese podido gastar en libros comprados y leídos... seguro que no estaría tan gordo como estoy...
Pero ni las maderas bellamente talladas ni los miles y miles de títulos en varios idiomas hacen una Librería; detrás de ella son imprescindibles seres humanos cultos, entregados, sacerdotes del Libro, que guíen tus pasos, te aconsejen, te encaminen hacia las fuentes de placer que tanto buscas... en mi República Ideal y Perfecta, empleados de bibliotecas y librerías serían la Casta Sacerdotal, la cumbre de la pirámide social, cuidadosamente seleccionados y formados, los únicos autorizados a vestir túnicas de seda y púrpura, estarían exentos de IRPF y se les debería ceder el asiento, obligatoriamente, en los transportes públicos... en Lello e Irmaos hay personas así, que te toman de la mano, escuchan tus preferencias, buscan con qué saciarlas, y, si no las encuentran, hablan por un pinganillo y se comunican con compañeros que les ayudan...
Tampoco estamos muy aventureros: de acuerdo con nuestro mentor, apostamos por lo seguro: António Lobo Antunes: Blanca se lleva una traducción al Español de "Sobre los ríos que van", y yo me atrevo con un bellísimo ejemplar de su última obra, en su idioma: "Até que as pedras se tornen mais leves que a Água", editada impecablemente, por cierto, por "Don Quixote", la magia de las lenguas hermanas peninsulares, tan próximas y, al mismo tiempo, tan distintas... hasta la bolsa de papel en que nos las entregan es bonita... cuando estamos a punto de salir, un título me salta a la vista: "A máquina de fazer espanhóis", de valter hugo mae, tal y como él lo escribe, aunque con una vírgula como la de la ñ sobre la "a", a ver dónde encuentro yo eso en el teclado del mac... ¿Cómo resistirme...? No lo hago, y vuelvo a pasar por caja, esperando desentrañar los secretos de la existencia de dicha máquina y, si es preciso, iniciar una suscripción popular para comprar la patente...
Pero el Paraíso, para ser digno de ese nombre, debe estar necesariamente personalizado, "customizado", como se dice ahora... para algunos debe incluir elementos tan superfluos para mí como grandes estadios repletos de masas abanderadas y aullantes, donde sus equipos favoritos ganen siempre por goleadas con "hat tricks" de sus líderes... no he pisado nada similar desde que tengo uso de razón, ni pienso hacerlo, a no ser que se me manifieste una peculiar demencia senil...
Mi Paraíso requiere equipamientos muy concretos: una gorga de aguas frescas y limpias -y pocos turistas- donde nadar, y, muy especialmente, un sillón Poang -de nada, Ikea- con buena lámpara, o una tumbona en mi terracita de Boltaña... y libros, decenas, centenas, millares de libros para toda una Eternidad, libros variados, todos interesantes, todos absorbentes, interminables y, a la vez siempre cambiantes... libros que te cambien la vida -en este caso hipotético, la muerte-, que te hagan cada día más sabio, o más sensible, o ambas cosas, más adulto y más niño a la vez...
Pero los libros no nacen en los árboles; esa provisión inagotable requiere sus propias fuentes; Bibliotecas o Librerías fluviales, oceánicas, tanto me dan unas u otras, las librerías son más caras, pero para pocas cosas me importa menos gastar el dinero... librerías borgianas, inacabables, eternamente renovadas...
Hay en Porto algo que te aproxima a ese ideal de libraría paradisiaca: porque, además de llena de libros, muchos, muchos libros, también es bella: coincido con mi suegro, Sergi, en que los libros son el más hermoso elemento decorativo, y aquí se aúnan con maderas talladas, toda una selva de madera bellamente labrada, donde se adivinan manos de ebanistas orgullosos de su oficio... hay también cristales, no menos hermosos, y las formas curvas, cálidas, acogedoras... configuran un espacio donde no te importaría nada que se te olvidasen al cerrar y tuvieses que pasar todo un fin de semana allí encerrado, como en un culto y apacible claustro materno... si cerrasen los fines de semana, que no es el caso...
Lello e Irmao, que es el nombre de la librería, ha aparecido en algunas películas especialmente dirigidas al público adolescente, como la librería del Centro de Formación para Magos donde cursó sus estudios Harry Potter; no tengo absolutamente nada en contra de la magia y la brujería, me parece una excelente elección el escenario, y no me importa, al contrario, que esa fama mediática atraiga hacia la Librería una importante cantidad de jóvenes turistas... podrá ser un poco incómodo que un jóven con gorrito de punto te fastidie una buena fotografía, pero te alegras lo indecible de que esos muchachos y muchachas estén allí en aquel momento, y no en otros lugares, porque, seguro, algo de la auténtica magia del lugar se les pegará...
Han tenido, además, la genial ocurrencia de cobrar por la entrada: el precio no es prohibitivo ni disuasorio -aunque, por un poco más, te dan un menú completo a cien metros- y, además, se te reembolsa cuando compras un libro... ¡Cuantos visitantes no habrán caído en la trampa, y saldrán con un libro en las manos, para aprovechar la oferta...! más de una vez he pensado en un sistema promocional ligeramente parecido: ingresar en una librería la nómina, a primeros de més, y que, a finales, me devolviesen el importe que no hubiese podido gastar en libros comprados y leídos... seguro que no estaría tan gordo como estoy...
Pero ni las maderas bellamente talladas ni los miles y miles de títulos en varios idiomas hacen una Librería; detrás de ella son imprescindibles seres humanos cultos, entregados, sacerdotes del Libro, que guíen tus pasos, te aconsejen, te encaminen hacia las fuentes de placer que tanto buscas... en mi República Ideal y Perfecta, empleados de bibliotecas y librerías serían la Casta Sacerdotal, la cumbre de la pirámide social, cuidadosamente seleccionados y formados, los únicos autorizados a vestir túnicas de seda y púrpura, estarían exentos de IRPF y se les debería ceder el asiento, obligatoriamente, en los transportes públicos... en Lello e Irmaos hay personas así, que te toman de la mano, escuchan tus preferencias, buscan con qué saciarlas, y, si no las encuentran, hablan por un pinganillo y se comunican con compañeros que les ayudan...
Tampoco estamos muy aventureros: de acuerdo con nuestro mentor, apostamos por lo seguro: António Lobo Antunes: Blanca se lleva una traducción al Español de "Sobre los ríos que van", y yo me atrevo con un bellísimo ejemplar de su última obra, en su idioma: "Até que as pedras se tornen mais leves que a Água", editada impecablemente, por cierto, por "Don Quixote", la magia de las lenguas hermanas peninsulares, tan próximas y, al mismo tiempo, tan distintas... hasta la bolsa de papel en que nos las entregan es bonita... cuando estamos a punto de salir, un título me salta a la vista: "A máquina de fazer espanhóis", de valter hugo mae, tal y como él lo escribe, aunque con una vírgula como la de la ñ sobre la "a", a ver dónde encuentro yo eso en el teclado del mac... ¿Cómo resistirme...? No lo hago, y vuelvo a pasar por caja, esperando desentrañar los secretos de la existencia de dicha máquina y, si es preciso, iniciar una suscripción popular para comprar la patente...
miércoles, 7 de febrero de 2018
¡Nos rendimos...!
Cuando uno ha perdido, forzoso es reconocerlo, y obrar en consecuencia...
Está bien; ha ganado... nos rendimos... ese no se baja del burro ni muerto, luego diréis de los aragoneses... ha ganado, y punto: por constante, por pesado, por lo que queráis... le ha ayudado la buena gente, la que reacciona ante la injusticia, aunque no sea injusta, pero a ellos se lo parece... ahí está, ha ganado...
Por favor: decidle que sí a todo, si no, no va a haber manera: ¿Presidente Legítimo...? por supuesto... incluso perpetuo, si quiere, cuando uno es legítimo, ya lo es de por vida... único y legítimo; prometedle que, cada día lectivo, a primera hora, todos los escolares de Cataluña, en sus escuelas, barracones, chozas, tiendas de campaña... mirarán hacia el cielo, con la mano sobre el corazón, y gritarán a pulmón batiente: "No hi ha més President que Puigdemont...!", a lo cual contestará el interino, sustituto o lo que sea: "¡Desconfíe de las imitaciones...!: que los Monjes de Montserrat lo coronen en Santa Gúdula -me lo aprendí de la boda de Fabiola, qué viejo empiezo a ser...-, y que los escolanets canten en su honor el Virolai, que no es el agur jaunak, pero para el caso ya vale...
Si hay que cambiar la ley, se cambia; con la Mesa del Parlament que os habéis montado y la mayoría, podéis hacer lo que os salga del ciruelo, que para eso sirven las mayorías parlamentarias democráticas, ya lo sabéis... o si no la cambiáis, tampoco pasa nada, ya hemos visto el caso que hacéis a las leyes... la Arrimadas, que diga misa, como la dirá en Castellà, sólo se enterarán los desarraigados y los de Cornellà, y con esos ya no contáis... y el Coscu ya no está... para que no se sienta solo ahí arriba, le montáis un Consell de la República, un Consell Suprem de la República, un Consell Suprem de la Suprema República, un Consell Suprem Nacional de la Suprema República... por eso no vamos a discutir... una Asamblea de Electos tampoco estaría mal, no es tanto gasto subir varios cientos de alcaldes a Bruselas... ya no vuela Virgin, pero Ryanair está bien de precio: como sólo irán con la vara, si os ponéis de acuerdo con ellos, os la dejarán llevar en cabina y no tendréis que pagar suplemento... luego las chocolatinas Leonidas del dutyfree ya las podrán subir gratis... decidles que se porten bien, que no monten mucho barullo, los bruselenses ya están acostumbrados a esos follones, tienen cada día agricultores tirando leche y pipí de tocino en las puertas de la Comisión...
Pagadle la Casa: no me refiero al chaletito; quiero decir una Casa Presidencial; Secretarios, secretarias, Jefe de Gabinete, Jefe de Prensa, escoltas, chóferes... es una pena no poder crear una Guardia Presidencial como Dios manda, con sus uniformes de gala y de trapillo, sus relevos... podríais negociarlo con el alcalde del pueblo ese, si le convencéis de que puede ser una atracción turística... cada mediodía, a las 12 en punto, relevo de la Guardia, con la Cobla Presidencial tocando airosas sardanas... estudiad el tema...
Y los que quedéis... montad una Gestora, una Humilde Gestora, una Humilde Gestora del Día a Día... y empezad a hacer, de una p... vez, aquello para lo que cobráis, y no poco... ya sé que hacer funcionar una Autonomía de mierda no "fa trempar", bien lo sé, lo he hecho durante años -gestionar, quiero decir...-... queda muy por debajo de vuestras calificaciones, ya no digamos de vuestros méritos... pero las cosas son así, alguien debe ocuparse de tonterías como la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la precariedad, el pavoroso coste de la vivienda, la falta de política industrial, el lento desmoronamiento del sistema sanitario, la situación del sistema educativo, un modelo de éxito que no consigue que muchos de sus clientes acaben sus estudios con una mínima cualificación... ya sé que esas minucias nunca llegarán a compararse a la plasmación terrenal de la Voluntad de un Pueblo, pero...
¿Que será difícil mantener esa bicefalia...? Para nada, hacedme caso, ahora que no nos oye nadie... para vosotros, muchísimo mejor: ya lo reconocía así la sabiduría popular del vecino país, cuando decía "Del amo y del mulo, cuanto más lejos, más seguro...", aludiendo al comportamiento errático y frecuentemente violento de ambas especies animales... desde su exilio dorado, el Legítimo y su Consejo irán perdiendo contacto con la realidad, sus directrices políticas serán cada vez más teóricas, más inaplicables, y los operativos iréis adoptando la sabia práctica de los Virreyes de Indias, cuando recibían las lejanas órdenes del Rey, allá en la vieja península, a días y días de navegación: "Se acata, pero no se cumple", diréis... y el Legítimo se irá transformando, poco a poco, en una leyenda, una sombra de sí mismo, que vagará, sin gran cosa que hacer, por los cafés de Bruselas, acercándose a las mesas donde escuche hablar en Catalán, para rebañar unas migajas de reconocimiento y, todo hay que decirlo, gorrear algún capuccino, que está todo muy caro y, poco a poco, le iréis cerrando el grifo, es ley de vida...
Está bien; ha ganado... nos rendimos... ese no se baja del burro ni muerto, luego diréis de los aragoneses... ha ganado, y punto: por constante, por pesado, por lo que queráis... le ha ayudado la buena gente, la que reacciona ante la injusticia, aunque no sea injusta, pero a ellos se lo parece... ahí está, ha ganado...
Por favor: decidle que sí a todo, si no, no va a haber manera: ¿Presidente Legítimo...? por supuesto... incluso perpetuo, si quiere, cuando uno es legítimo, ya lo es de por vida... único y legítimo; prometedle que, cada día lectivo, a primera hora, todos los escolares de Cataluña, en sus escuelas, barracones, chozas, tiendas de campaña... mirarán hacia el cielo, con la mano sobre el corazón, y gritarán a pulmón batiente: "No hi ha més President que Puigdemont...!", a lo cual contestará el interino, sustituto o lo que sea: "¡Desconfíe de las imitaciones...!: que los Monjes de Montserrat lo coronen en Santa Gúdula -me lo aprendí de la boda de Fabiola, qué viejo empiezo a ser...-, y que los escolanets canten en su honor el Virolai, que no es el agur jaunak, pero para el caso ya vale...
Si hay que cambiar la ley, se cambia; con la Mesa del Parlament que os habéis montado y la mayoría, podéis hacer lo que os salga del ciruelo, que para eso sirven las mayorías parlamentarias democráticas, ya lo sabéis... o si no la cambiáis, tampoco pasa nada, ya hemos visto el caso que hacéis a las leyes... la Arrimadas, que diga misa, como la dirá en Castellà, sólo se enterarán los desarraigados y los de Cornellà, y con esos ya no contáis... y el Coscu ya no está... para que no se sienta solo ahí arriba, le montáis un Consell de la República, un Consell Suprem de la República, un Consell Suprem de la Suprema República, un Consell Suprem Nacional de la Suprema República... por eso no vamos a discutir... una Asamblea de Electos tampoco estaría mal, no es tanto gasto subir varios cientos de alcaldes a Bruselas... ya no vuela Virgin, pero Ryanair está bien de precio: como sólo irán con la vara, si os ponéis de acuerdo con ellos, os la dejarán llevar en cabina y no tendréis que pagar suplemento... luego las chocolatinas Leonidas del dutyfree ya las podrán subir gratis... decidles que se porten bien, que no monten mucho barullo, los bruselenses ya están acostumbrados a esos follones, tienen cada día agricultores tirando leche y pipí de tocino en las puertas de la Comisión...
Pagadle la Casa: no me refiero al chaletito; quiero decir una Casa Presidencial; Secretarios, secretarias, Jefe de Gabinete, Jefe de Prensa, escoltas, chóferes... es una pena no poder crear una Guardia Presidencial como Dios manda, con sus uniformes de gala y de trapillo, sus relevos... podríais negociarlo con el alcalde del pueblo ese, si le convencéis de que puede ser una atracción turística... cada mediodía, a las 12 en punto, relevo de la Guardia, con la Cobla Presidencial tocando airosas sardanas... estudiad el tema...
Y los que quedéis... montad una Gestora, una Humilde Gestora, una Humilde Gestora del Día a Día... y empezad a hacer, de una p... vez, aquello para lo que cobráis, y no poco... ya sé que hacer funcionar una Autonomía de mierda no "fa trempar", bien lo sé, lo he hecho durante años -gestionar, quiero decir...-... queda muy por debajo de vuestras calificaciones, ya no digamos de vuestros méritos... pero las cosas son así, alguien debe ocuparse de tonterías como la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la precariedad, el pavoroso coste de la vivienda, la falta de política industrial, el lento desmoronamiento del sistema sanitario, la situación del sistema educativo, un modelo de éxito que no consigue que muchos de sus clientes acaben sus estudios con una mínima cualificación... ya sé que esas minucias nunca llegarán a compararse a la plasmación terrenal de la Voluntad de un Pueblo, pero...
¿Que será difícil mantener esa bicefalia...? Para nada, hacedme caso, ahora que no nos oye nadie... para vosotros, muchísimo mejor: ya lo reconocía así la sabiduría popular del vecino país, cuando decía "Del amo y del mulo, cuanto más lejos, más seguro...", aludiendo al comportamiento errático y frecuentemente violento de ambas especies animales... desde su exilio dorado, el Legítimo y su Consejo irán perdiendo contacto con la realidad, sus directrices políticas serán cada vez más teóricas, más inaplicables, y los operativos iréis adoptando la sabia práctica de los Virreyes de Indias, cuando recibían las lejanas órdenes del Rey, allá en la vieja península, a días y días de navegación: "Se acata, pero no se cumple", diréis... y el Legítimo se irá transformando, poco a poco, en una leyenda, una sombra de sí mismo, que vagará, sin gran cosa que hacer, por los cafés de Bruselas, acercándose a las mesas donde escuche hablar en Catalán, para rebañar unas migajas de reconocimiento y, todo hay que decirlo, gorrear algún capuccino, que está todo muy caro y, poco a poco, le iréis cerrando el grifo, es ley de vida...
lunes, 22 de enero de 2018
Paseando por la Nostalgia...
... ¡qué dulce sentimiento...!
Me pregunta hoy una vieja y querida amiga: ¿Y por qué vas tantas veces a Berlín...?": hay un poco de exageración en ello; he ido sólo cuatro veces, en 69 años no es gran cosa, si bien es cierto que las he acumulado en los últimos veinte años, o así, y entonces la frecuencia aumenta considerablemente... le doy la respuesta convencional, no por ello falsa: "¡Es una ciudad tan viva, siempre hay cosas nuevas que ver...!" Pero omito parte de la verdad: revisitar lugares que conoces te permite otro lujo del espíritu; lamentar la pérdida de aquello que te gustó, por algún motivo, y que ha desaparecido ya, dejarte resbalar por la agridulce senda de la nostalgia...
"Mi" Hotel en Berlín, al que nos mantenemos fieles desde la primera visita, tiene dos entradas: una de ellas, la que da en dirección a lo más bullicioso de Alexanderplatz, es un amplio pasillo acristalado, rodeado de locales comerciales; en uno de ellos había, hasta ahora, una deliciosa pastelería; "Pastelería", en Alemania, es un término que no llega a reflejar la realidad en toda su magnitud; un lugar delicioso, lleno de todo tipo de objetos azucarados, glaseados, un Paraíso de olores y colores que presagian sabores y, -¡ay!- obstrucciones varias de las coronarias y agujeros corridos en los cinturones... en uno de mis cuentos, un personaje quedaba irremediablemente adherido al escaparate de dicha confitería, babeando cual cascada pirenáica, y había que arrancarlo de allí a la fuerza... al mediodía y por la noche podías también comer allí, lo hicimos una vez, y eran dignas de mención las voluntariosas pero poco logradas traducciones al Castellano de su carta, donde una simple pechuga de pollo a la plancha podía transformarse en imaginativas "Aves a la flama"... la Pastelería ya no está allí, no queda ni siquiera su delicioso aroma, sustituída por una tienda de una de las muchas telecom, que maldita la falta que nos hacen a los que estamos en "roaming", con unas incongruentes bicicletas estáticas que me hicieron creer, en un primer momento, que se trataba de un gimnasio... y, para más INRI -o "para forro botas", como se decía en mi tierra- tiene justo enfrente la abominación de un Burguer King, un Mcdonals, o algo así, que nos juramos no pisar jamás, salvo peligro de muerte por inanición...
Al otro extremo del Unter der Linden, en la Pariserplatz, justo al lado de la Puerta de Brandenburgo, había un hermoso café, decorado con trampantojos de librería, aunque también podían encontrarse libros reales en estantes distribuídos por sus vastas salas... sus cómodos sofás invitaban a prolongar la estancia un ratito, en un ambiente acogedor... si tenías necesidad de visitar los servicios-problema tan frecuente entre los turistas, siempre lejos de su base-, allí disponías de unos no menos hermosos, dominados por una fuente en oscura piedra verde, y atendido por un eficaz Herr Pipí -y no una Madame Pipí; no era infrecuente entonces encontrar en Berlín lavabos al cargo de caballeros-, al que retribuías dejando una moneda a tu libre elección en un platillo; hoy se ha generalizado indicar que el "servicio" cuesta 0,50 euros... recuerdo de nuestro primer viaje a Berlín, en tiempos del Mark, que el precio en los amplios y futuristas lavabos públicos eran también 0,50... justo la mitad que ahora... dicho café tampoco existe; ha sido reducido a la mínima expresión, un espacio estrecho e incómodo, poco acogedor, desprovisto de su elegante decoración... nos deja el recuerdo de la noche en que caímos en medio de un vernissage o una presentación de algo, con mesitas a la gélida intemperie berlinesa, dotadas de mantitas en sus sillas, donde los invitados -y algún visitante, seguramente confundido por su porte sumamente correcto e incluso elegante- recibían de atentos camareros copas de champagne, cava o sekt...
Nos gusta revisitar Spandau, porque es lo más parecido a un pueblo al que puedes llegar en S-Bahn, o incluso en U-Bahn; allí, en su casco antiguo, habíamos localizado en nuestra última visita un restaurante sumamente cálido y acogedor, con especialidades de la comida tradicional berlinesa, atendido por una amable señora, cuya eficacia llegaba al extremo de lograr explicarme los platos en forma accesible a mi nivel de Alemán... hacia él, la vieja "Casa de la Aduana" -Zollhaus- nos dirígiamos, ya con cierto apetito, cuando descubrimos con horror que se había transformado en un restaurante vietnamita, sospechosamente especializado en sushi, cocina que admiro y de la que disfruto, pero en las antípodas de la sabrosa contundencia que esperaba encontrar...
En nuestra primera visita a Berlín, en cada esquina encontrabas un puesto callejero donde vendían, a precio de saldo, piezas de uniforme soviéticas y de la DDR: gorras y gorros de todos los pelajes, insignias, condecoraciones más o menos falsas... como buen turista, picabas, y tengo en casa bastantes de esas piezas, de dudosa procedencia... incluso -y ese, comprada aquí, en Barcelona- un machete-bayoneta de AK-74... el lugares estratégicos, personajes ataviados con uniformes te invitaban a hacerte fotos de muy dudoso gusto, tentación en la que sólo caían gentes tan desaprensivas como ellos... hoy todo eso ha desaparecido, y sólo encuentras en lugares muy concretos personas de las repúblicas asiáticas de la extinta URSS intentando colocar sus chapkas peludos, seguramente fabricados en China, a pocos metros de las inmensas fábricas donde se manufacturan sombreros mexicanos para venderlos en las Ramblas...
Por supuesto, cada nueva visita te hace descubrir nuevos lugares, que asocias a momentos vividos, y pasan a incorporarse a tus paisajes del alma,,, bueno es que también en esos paisajes se produzca una necesaria rotación, pero siempre queda el recuerdo de los que ya no están más que en nuestra memoria, así van las cosas en la vida...
Me pregunta hoy una vieja y querida amiga: ¿Y por qué vas tantas veces a Berlín...?": hay un poco de exageración en ello; he ido sólo cuatro veces, en 69 años no es gran cosa, si bien es cierto que las he acumulado en los últimos veinte años, o así, y entonces la frecuencia aumenta considerablemente... le doy la respuesta convencional, no por ello falsa: "¡Es una ciudad tan viva, siempre hay cosas nuevas que ver...!" Pero omito parte de la verdad: revisitar lugares que conoces te permite otro lujo del espíritu; lamentar la pérdida de aquello que te gustó, por algún motivo, y que ha desaparecido ya, dejarte resbalar por la agridulce senda de la nostalgia...
"Mi" Hotel en Berlín, al que nos mantenemos fieles desde la primera visita, tiene dos entradas: una de ellas, la que da en dirección a lo más bullicioso de Alexanderplatz, es un amplio pasillo acristalado, rodeado de locales comerciales; en uno de ellos había, hasta ahora, una deliciosa pastelería; "Pastelería", en Alemania, es un término que no llega a reflejar la realidad en toda su magnitud; un lugar delicioso, lleno de todo tipo de objetos azucarados, glaseados, un Paraíso de olores y colores que presagian sabores y, -¡ay!- obstrucciones varias de las coronarias y agujeros corridos en los cinturones... en uno de mis cuentos, un personaje quedaba irremediablemente adherido al escaparate de dicha confitería, babeando cual cascada pirenáica, y había que arrancarlo de allí a la fuerza... al mediodía y por la noche podías también comer allí, lo hicimos una vez, y eran dignas de mención las voluntariosas pero poco logradas traducciones al Castellano de su carta, donde una simple pechuga de pollo a la plancha podía transformarse en imaginativas "Aves a la flama"... la Pastelería ya no está allí, no queda ni siquiera su delicioso aroma, sustituída por una tienda de una de las muchas telecom, que maldita la falta que nos hacen a los que estamos en "roaming", con unas incongruentes bicicletas estáticas que me hicieron creer, en un primer momento, que se trataba de un gimnasio... y, para más INRI -o "para forro botas", como se decía en mi tierra- tiene justo enfrente la abominación de un Burguer King, un Mcdonals, o algo así, que nos juramos no pisar jamás, salvo peligro de muerte por inanición...
Al otro extremo del Unter der Linden, en la Pariserplatz, justo al lado de la Puerta de Brandenburgo, había un hermoso café, decorado con trampantojos de librería, aunque también podían encontrarse libros reales en estantes distribuídos por sus vastas salas... sus cómodos sofás invitaban a prolongar la estancia un ratito, en un ambiente acogedor... si tenías necesidad de visitar los servicios-problema tan frecuente entre los turistas, siempre lejos de su base-, allí disponías de unos no menos hermosos, dominados por una fuente en oscura piedra verde, y atendido por un eficaz Herr Pipí -y no una Madame Pipí; no era infrecuente entonces encontrar en Berlín lavabos al cargo de caballeros-, al que retribuías dejando una moneda a tu libre elección en un platillo; hoy se ha generalizado indicar que el "servicio" cuesta 0,50 euros... recuerdo de nuestro primer viaje a Berlín, en tiempos del Mark, que el precio en los amplios y futuristas lavabos públicos eran también 0,50... justo la mitad que ahora... dicho café tampoco existe; ha sido reducido a la mínima expresión, un espacio estrecho e incómodo, poco acogedor, desprovisto de su elegante decoración... nos deja el recuerdo de la noche en que caímos en medio de un vernissage o una presentación de algo, con mesitas a la gélida intemperie berlinesa, dotadas de mantitas en sus sillas, donde los invitados -y algún visitante, seguramente confundido por su porte sumamente correcto e incluso elegante- recibían de atentos camareros copas de champagne, cava o sekt...
Nos gusta revisitar Spandau, porque es lo más parecido a un pueblo al que puedes llegar en S-Bahn, o incluso en U-Bahn; allí, en su casco antiguo, habíamos localizado en nuestra última visita un restaurante sumamente cálido y acogedor, con especialidades de la comida tradicional berlinesa, atendido por una amable señora, cuya eficacia llegaba al extremo de lograr explicarme los platos en forma accesible a mi nivel de Alemán... hacia él, la vieja "Casa de la Aduana" -Zollhaus- nos dirígiamos, ya con cierto apetito, cuando descubrimos con horror que se había transformado en un restaurante vietnamita, sospechosamente especializado en sushi, cocina que admiro y de la que disfruto, pero en las antípodas de la sabrosa contundencia que esperaba encontrar...
| ¡Adiós, Zollhaus, hola, Sushi...! |
En nuestra primera visita a Berlín, en cada esquina encontrabas un puesto callejero donde vendían, a precio de saldo, piezas de uniforme soviéticas y de la DDR: gorras y gorros de todos los pelajes, insignias, condecoraciones más o menos falsas... como buen turista, picabas, y tengo en casa bastantes de esas piezas, de dudosa procedencia... incluso -y ese, comprada aquí, en Barcelona- un machete-bayoneta de AK-74... el lugares estratégicos, personajes ataviados con uniformes te invitaban a hacerte fotos de muy dudoso gusto, tentación en la que sólo caían gentes tan desaprensivas como ellos... hoy todo eso ha desaparecido, y sólo encuentras en lugares muy concretos personas de las repúblicas asiáticas de la extinta URSS intentando colocar sus chapkas peludos, seguramente fabricados en China, a pocos metros de las inmensas fábricas donde se manufacturan sombreros mexicanos para venderlos en las Ramblas...
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| ¿Quién se haría una foto así...? |
miércoles, 10 de enero de 2018
El día en que salí del armario...
... políticamente hablando, claro: en otras cosas he sido siempre -hasta el momento, debería añadir- de lo más convencional...
El mes de Enero siempre me trae recuerdos de una época especialmente crucial en mi vida: el tiempo que pasé, como funcionario, en la Delegación Sindical de Cornellà de Llobregat, en los convulsos años de la primera transición, 1975 y 1976: el contacto directo con las duras luchas obreras de aquellos meses, en que parecía que todo era posible, el horror de la salvaje represión de Vitoria y del brutal atentado de Atocha... me situaron en una difícil posición personal, ya que mis simpatías se decantaban, cada día más, mientras mi posición de funcionario me forzaba a una neutralidad más y más difícil. Y aún suerte que, en el avanzado estado de descomposición del postfranquismo, la Organización Sindical había prácticamente perdido sus funciones represivas, en las que sólo los más extremistas creían aún, e incluso su colaboración con el aparato represivo del Estado -que, ese sí, seguía engrasado y plenamente operativo- se encontraba bajo mínimos.
Paro siempre hay un día en que no tienes más remedio que posicionarte: ese día, no recuerdo exactamente la fecha, pero sí muy bien el incidente, ya no pude contenerme, e incumplí gravemente mis obligaciones funcionariales: ya veréis lo que pasó.
Cuando hablamos de las luchas sindicales del Baix Llobregat, hablamos casi exclusivamente de Comisiones Obreras, la formación en la que después milité durante largos años... posiblemente había también sindicalistas de USO, e incluso un viejo y respetado militante al que se conocía como "El de UGT". Uno. No niego que hubiese más, pero yo no los conocí... en las turbulentas circunstancias en que se reconoció la Libertad Sindical, los sindicatos que hasta entonces tenían poca presencia empezaron a proliferar, por medios muy variados, hasta llegar a las muy especiales primeras elecciones sindicales... Comisiones Obreras, consciente de la situación, intentaba frenar esas maniobras -que, objetivamente, debilitaba la fuerza de las reivindicaciones de los trabajadores- mediante la creación de una Intersindical, como se había hecho en la reciente revolución portuguesa- que garantizase la unidad de acción... en esas estábamos.
Me habían cambiado recientemente al Delegado Comarcal, mi superior, y el primer contacto con el nuevo fue especialmente revelador: "Mañana se celebra una Asamblea legal y autorizada -me dijo-; presidirás tú en mi nombre; Comisiones Obreras intentará que se apruebe una moción sobre la creación de la Intersindical y la Unidad Sindical; intervendrán entonces unos representantes de la CNT, oponiéndose: cuidado; pueden ir armados... se organizará un follón; tú, levantas la sesión, y así no se podrán adoptar acuerdos válidos..."
¡La CNT, por la que había sentido yo mis primeras simpatías en mi época sindicalista, hasta el punto de ir a visitarlos en sus humildes locales parisinos, reaparecía ahora, por lo menos sus siglas, en circunstancias sospechosas...! Y, peor aún, podían comparecer con sus míticas Star al cinto... y yo en medio... la operación me parecía absolutamente sucia, y no me costó demasiado adoptar una decisión.
Al día siguiente, justo antes de entrar en la asamblea, me acerqué al más destacado dirigente de Comisiones Obreras, y le dije: "Voy a mear... ¿tú no tienes ganas...?", cogiéndole por el brazo... no sé qué pensaría... ya en la soledad de los lavabos, le conté todo lo que sabía... sonrió... "Muchas gracias, compañero -¡"Compañero", primera vez que me llamaban compañero...!-, no te preocupes, esperábamos algo así, y ya estamos preparados...", fue su respuesta...
La asamblea comenzó, se presentó la moción, y, en aquel momento, al fondo de la sala, dos o tres personas empezaron a lanzar gritos en favor de la "Libertad sindical" -a saber, en contra de la "Unidad"... eran, eso, sólo dos o tres, y las Star, si estaban, no comparecieron... el resto de la asamblea quedó por un momento en silencio...
Silencio roto por un anciano, cabellos blancos, piel curtida por la intemperie... se levantó, rezumando dignidad por todos sus poros, se encaró a los que gritaban al fondo, y, puño en alto, gritó él a su vez: "¡Compañeros....! Yo estuve en la Columna Durruti... y si Buenaventura viviera, gritaría hoy conmigo: ¡Viva la Unidad de la Clase Obrera...!"
Mientras tanto, mientras toda la asamblea, en pie, aplaudía y lanzaba ¡Vivas! a la Unidad Sindical, observé cómo un grupito rodeaba a los que habían interrumpido y, sin ningún signo de violencia, los acompañaba hacia la salida... se reanudó la asamblea, ya sin ningún incidente, se adoptaron los acuerdos por unanimidad, y no me quedó más trabajo que, al levantarla, felicitarlos a todos por el pacífico desarrollo de la jornada...
Mientras me dirigía al despacho de mi jefe, me preparaba mentalmente para el chaparrón de reproches que me caerían encima... "No ha habido incidentes -dije-, se han adoptado los acuerdos,y no he tenido que suspender la asamblea..." "Bueno -me contestó-, casi mejor así..."
Días después, coincidí en un pasillo con uno de los dirigentes de Comisiones; comentamos en plan cómplice la jugada... "¿De dónde sacásteis al viejo de la Columna Durruti...", pregunté... "¿Fulano, quieres decir...? ¡Ese, qué coño va a a haber estado en la Columna Durruti...!", me contestó, riendo...
El mes de Enero siempre me trae recuerdos de una época especialmente crucial en mi vida: el tiempo que pasé, como funcionario, en la Delegación Sindical de Cornellà de Llobregat, en los convulsos años de la primera transición, 1975 y 1976: el contacto directo con las duras luchas obreras de aquellos meses, en que parecía que todo era posible, el horror de la salvaje represión de Vitoria y del brutal atentado de Atocha... me situaron en una difícil posición personal, ya que mis simpatías se decantaban, cada día más, mientras mi posición de funcionario me forzaba a una neutralidad más y más difícil. Y aún suerte que, en el avanzado estado de descomposición del postfranquismo, la Organización Sindical había prácticamente perdido sus funciones represivas, en las que sólo los más extremistas creían aún, e incluso su colaboración con el aparato represivo del Estado -que, ese sí, seguía engrasado y plenamente operativo- se encontraba bajo mínimos.
Paro siempre hay un día en que no tienes más remedio que posicionarte: ese día, no recuerdo exactamente la fecha, pero sí muy bien el incidente, ya no pude contenerme, e incumplí gravemente mis obligaciones funcionariales: ya veréis lo que pasó.
Cuando hablamos de las luchas sindicales del Baix Llobregat, hablamos casi exclusivamente de Comisiones Obreras, la formación en la que después milité durante largos años... posiblemente había también sindicalistas de USO, e incluso un viejo y respetado militante al que se conocía como "El de UGT". Uno. No niego que hubiese más, pero yo no los conocí... en las turbulentas circunstancias en que se reconoció la Libertad Sindical, los sindicatos que hasta entonces tenían poca presencia empezaron a proliferar, por medios muy variados, hasta llegar a las muy especiales primeras elecciones sindicales... Comisiones Obreras, consciente de la situación, intentaba frenar esas maniobras -que, objetivamente, debilitaba la fuerza de las reivindicaciones de los trabajadores- mediante la creación de una Intersindical, como se había hecho en la reciente revolución portuguesa- que garantizase la unidad de acción... en esas estábamos.
Me habían cambiado recientemente al Delegado Comarcal, mi superior, y el primer contacto con el nuevo fue especialmente revelador: "Mañana se celebra una Asamblea legal y autorizada -me dijo-; presidirás tú en mi nombre; Comisiones Obreras intentará que se apruebe una moción sobre la creación de la Intersindical y la Unidad Sindical; intervendrán entonces unos representantes de la CNT, oponiéndose: cuidado; pueden ir armados... se organizará un follón; tú, levantas la sesión, y así no se podrán adoptar acuerdos válidos..."
¡La CNT, por la que había sentido yo mis primeras simpatías en mi época sindicalista, hasta el punto de ir a visitarlos en sus humildes locales parisinos, reaparecía ahora, por lo menos sus siglas, en circunstancias sospechosas...! Y, peor aún, podían comparecer con sus míticas Star al cinto... y yo en medio... la operación me parecía absolutamente sucia, y no me costó demasiado adoptar una decisión.
Al día siguiente, justo antes de entrar en la asamblea, me acerqué al más destacado dirigente de Comisiones Obreras, y le dije: "Voy a mear... ¿tú no tienes ganas...?", cogiéndole por el brazo... no sé qué pensaría... ya en la soledad de los lavabos, le conté todo lo que sabía... sonrió... "Muchas gracias, compañero -¡"Compañero", primera vez que me llamaban compañero...!-, no te preocupes, esperábamos algo así, y ya estamos preparados...", fue su respuesta...
La asamblea comenzó, se presentó la moción, y, en aquel momento, al fondo de la sala, dos o tres personas empezaron a lanzar gritos en favor de la "Libertad sindical" -a saber, en contra de la "Unidad"... eran, eso, sólo dos o tres, y las Star, si estaban, no comparecieron... el resto de la asamblea quedó por un momento en silencio...
Silencio roto por un anciano, cabellos blancos, piel curtida por la intemperie... se levantó, rezumando dignidad por todos sus poros, se encaró a los que gritaban al fondo, y, puño en alto, gritó él a su vez: "¡Compañeros....! Yo estuve en la Columna Durruti... y si Buenaventura viviera, gritaría hoy conmigo: ¡Viva la Unidad de la Clase Obrera...!"
Mientras tanto, mientras toda la asamblea, en pie, aplaudía y lanzaba ¡Vivas! a la Unidad Sindical, observé cómo un grupito rodeaba a los que habían interrumpido y, sin ningún signo de violencia, los acompañaba hacia la salida... se reanudó la asamblea, ya sin ningún incidente, se adoptaron los acuerdos por unanimidad, y no me quedó más trabajo que, al levantarla, felicitarlos a todos por el pacífico desarrollo de la jornada...
Mientras me dirigía al despacho de mi jefe, me preparaba mentalmente para el chaparrón de reproches que me caerían encima... "No ha habido incidentes -dije-, se han adoptado los acuerdos,y no he tenido que suspender la asamblea..." "Bueno -me contestó-, casi mejor así..."
Días después, coincidí en un pasillo con uno de los dirigentes de Comisiones; comentamos en plan cómplice la jugada... "¿De dónde sacásteis al viejo de la Columna Durruti...", pregunté... "¿Fulano, quieres decir...? ¡Ese, qué coño va a a haber estado en la Columna Durruti...!", me contestó, riendo...
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