Ayer comentaba que había pasado el día en los bellísimos parajes de La Valle de Laspuña, y, de pasada, citaba la observación allí de un "Hombre Granizo" -o "Grandizo", que de las dos formas lo he visto escrito- hace ya más de cuarenta años. Algunos amigos me piden información adicional sobre el tema... ¡Con mucho gusto!
En una aburrida mañana de mi pacífico Servicio Militar, vinieron a verme, alborozados, dos compañeros de armas, aunque eso fuese mucho decir, porque solo tocábamos máquinas de escribir y escobas... "¿Antonio, tu eres medio de Boltaña, no? ¿Has leído lo que viene hoy en el Heraldo...?"
Pese a mis buceos por el gúguel, no he podido rescatar ninguna información al respecto; se lo pediré a mi madre, que es mucho mejor que yo buscando noticias antiguas: brevemente, y según recuerdo, los hechos descritos en el Decano de la Prensa Aragonesa eran los siguientes: unos leñadores (¿dos...? ¿más...?), que se encontraban en La Valle de Laspuña, entregados a las labores propias de su oficio, fueron sorprendidos por la aparición de un ser con las siguientes características: a) apariencia general humana. b) muy grande c) en pelotas, pero extremadamente peludo y c) dotado de una notable mala leche, porque avanzaba hacia ellos gritando y gesticulando, lanzándoles piedras, palos y -ahí ya no sé si entra en juego mi perversa imaginación - excrementos, ignoro si propios o cagajones de jabalí, tan abundantes -los jabalíes y los cagajones- en aquella zona.
Los leñadores, poco inclinados al heroísmo, emprendieron rauda y vergonzosa fuga.. al día siguiente -¿reconfortados con alguna copita de coñac?- volvieron al lugar de los hechos, y encontraron el torno metálico de grandes dimensiones que utilizaban para sacar troncos del bosque -creo recordar que le llamaban "El piojo"- completamente aplastado bajo piedras gigantescas. Fin de la información.
Ya en su momento, el tema me intrigó... una primera explicación corrió entre mi círculo de amistades... "¡Un maquis, superviviente de los que por allí campaban en los años 40...!" Rápidamente la descarté; el más joven maquis de 1945 debería andar ya cerca de la cincuentena, edad poco propicia para ir dando tumbos por el monte, habiéndose desprendido de su zamarra de cuero y su metralleta Sten, y, además, no constaba que hubiese lanzado "¡Vivas!" a la República ni se hubiese cagado en la madre del Jefe del Estado...
Mis explicaciones iban por otros caminos que, paulatinamente, la Ciencia ha ido confirmando: ahora es comunmente aceptado que nuestros antepasados Homo sapiens sapiens mantuvieron relaciones lo suficientemente próximas con otras especies humanas -los Neandertales y los Demisovanos- como para intercambiar dotación cromosomática... eso no quiere decir, necesariamente, que las relaciones fuesen pacíficas; no es infrecuente intercambiar dotaciones cromosomáticas con individuos con los que se mantienen relaciones problemáticas y, de hecho, muchos bufetes de abogados viven de eso... no me resulta difícil imaginar al Sapiens Sapiens mirando a los ojos de la Neandertala y diciéndole: "No eres tú... soy yo... ¡y deja de emitir sonidos guturales por tu poco desarrollada glotis!", y a la pobre Neandertala, con lágrimas en los ojos, pensando,,, "¡Siempre nos quedará Atapuerca...!" ¿Qué tendría de extraño que, en algunos pocos y privilegiados lugares, hayan sobrevivido poblaciones residuales de descendientes de aquellas lejanas relaciones, cuya guarda y custodia no fue encomendada a ninguno de sus progenitores, y que se han mantenido en la clandestinidad, evitando en todo lo posible las relaciones con sus evolucionados parientes..?
Hay, junto a nuestro Hombre Granizo, dos casos perfectamente documentados; en las altas tierras del Himalaya, entre Nepal y el Tibet, campa desde siempre el Yeti, del que ya nos daba noticias en sus viajes una fuente tan fiable como Tintín, el famoso reportero de "Le p'tit Vingtième". Creo que la última referencia procede de unos montañeros japoneses que, en 2008, han logrado fotografiar sus huellas y, creedme, lo que dicen los "japos" va a misa, aunque sea misa sintoísta...
Las heladas tierras de las Montañas Rocosas (O "Rocallosas", en las deliciosas traducciones al Latinoamericano de tantas y tantas películas) son zona de campeo del Sasquatch o "Big Foot", el Pie Grande: (por cierto, ¿Por qué "foot" y no "feet"...? ¿Vá siempre a la pata coja...?): en ese caso, tratándose de zonas más frecuentadas y con personal más dotado de adelantos tecnológicos, las pruebas de su existencia son abrumadoras... en los últimos cinco años se han producido más de diez observaciones, cifra muy superior a la de las ruedas de prensa de Rajoy, de cuya existencia nadie duda... en la última, en 2015, Bigfoot fue filmado en el mítico Parque de Yellowstone, ignoro si en compañía de mis amados Yogui y Boo-boo...Se trata de un individuo -o muchos, a saber...- de entre 2,1 y 2,2 metros, nada fuera de lo común en equipos de basket, y bastante por debajo del "techo" aragonés, marcado por el sallentino Fermín Arrudi, fallecido en 1913, que medía 2,29 y pesaba 170 kilos, y cuyos calzoncillos marianos, sostenidos a duras penas por dos mesaches, tengo el gusto de presentaros...
Afirmo, pues, salvo opinión científica mejor fundada, que nos hallamos ante un caso de pequeña población relicta, descendientes de devaneos -o relaciones más formales, vayan ustedes a saber- entre Sapiens Sapiens y Neandertales, acaecidas en los últimos 30.000 años, época en la cual poco o nada ha cambiado en La Valle de Laspuña: seguramente un análisis de ADN confirmaría sin lugar a dudas mi teoría; deberíamos, por lo tanto, buscar cualquier residuo de Hombre Granizo presente en la zona; ante la dificultad de encontrar pelos, me inclino por los excrementos; aconsejo investigar en todos aquellos que no tengan, en sus inmediatas proximidades, uno o varios kleenex...
Parece confirmar mi opinión la reciente filmación de lo que solo puede ser un Hombre Granizo en las pistas de Formigal, el pasado 16 de febrero, aunque, por desgracia, el medio donde fue publicado -Forocoches- no alcance los niveles de común aceptación, por su fiabilidad, que pudiese revestir, por ejemplo, National Geographic.
Sobre el hecho de que aparezcan desnudos y sumamente peludos, solo puedo formular hipótesis; es posible que algún proceso de evolución paralela les haya conducido a aceptar las evidentes ventajas morales y sanitarias del Nudismo, ya que se ven abocados por las circunstancias a la Alimentación Ecológica y, por otra parte -y hablo por propia experiencia- es prácticamente imposible encontrar prendas de ciertas tallas en HyM, Zara y otros establecimientos a precios asequibles... en lo referente al vello corpóreo, la práctica inexistencia en sus lugares de residencia de centros de estética dotados de tecnología laser les imposibilita un depilado medianamente eficaz, ya que debe ser punto menos que imposible hacerlo a la cera o la epilady... si bien es cierto que la visión de un Hombre Granizo con ingles brasileñas podría provocar serios trastornos psíquicos en el infortunado observador... cabe al respecto formular una última precisión: no se han descubierto evidencias cromosomáticas de cruce con Neandertales o Demisovanos en ninguna etnia subsahariana: eso explica que todas las observaciones incidan en el gran tamaño general, sin detenerse en detalles como, sin duda, hubiesen saltado a la vista en un hipotético cruce entre Neandertala y, pongo por caso, senegalés.
Me preguntan también algunos amigos por la posible relación entre el Hombre Granizo y Silván de Tella: tengo mis dudas, por dos fundadas razones: área de distribución, y posición en la Cadena Trófica.
En cuanto al área de distribución, es necesario recordar que entre La Valle de Laspuña y las altas tierras de Tella, pese a su proximidad geográfica, se encuentra un obstáculo difícilmente salvable; la A-138, con su intenso tráfico, sobre todo en verano y, muy especialmente, durante las Fiestas Mayores del mes de Agosto, cuando, además, una parte sustancial de los conductores no se encuentran en pleno uso de sus reflejos... las colisiones con Silvanes y Hombres Granizos estarían a la orden del día y, quizás, como en el caso del Lince Ibérico, hubiesen conducido a ambas especies a los umbrales de la extinción... Por no hablar de las primas que las Compañías de Seguros cobrarían a los conductores sobrarbenses...
Y, en lo referente a sus hábitos alimenticios, poco sabemos de los propios del Hombre Granizo, aunque todo parece indicar que puede mantenerse a base de una dieta generalista y omnívora, similar a la del oso, con preferencia por los alimentos de origen vegetal -hayucos, bellotas, bayas, tubérculos...- setas, miel, y algún aporte ocasional de carroña o de pequeñas presas. Ese carácter generalista y oportunista de su dieta juega, sin duda, a favor de la pervivencia de la especie, si bien es cierto que difícilmente pueda favorecer un despegue poblacional; no creo posible, en las presentes circunstancias, un "baby boom" de Hombres Granizos.
En cuanto a Silván, las informaciones son mucho más precisas; se alimentaba, preferentemente, de ovejas, sin descartar algún pastor, y, dada la proximidad de su guarida al Convento de las Devotas, muy seguramente integraba también a las monjas en su dieta... en este caso, me temo que sus requerimientos tróficos juegan abiertamente en contra de las posibilidades de supervivencia de su especie: en crisis la ganadería ovina de montaña, prácticamente extinguidos los pastores -salvo los eléctricos, que, a estos efectos, no cuentan- y con serios problemas en lo referente a las disponibilidades de monjas, desaparecidas las jugosas novicias, a las cuales hincaba gustoso el diente incluso Don Juan Tenorio, y reducidas las poblaciones existentes a señoras de edad avanzada con zapatones ortopédicos, lamento afirmar que Silván, posiblemente, esté viviendo sus últimas horas como especie habitante de nuestras montañas, si no se producen rápidas y decididas intervenciones de los Poderes Públicos, reintroduciendo la Novicia, complementando las ayudas de la Unión Europea para el Ovino de Montaña y, a ser posible, creando algún Centro de Formación Profesional para pastores.
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lunes, 25 de abril de 2016
lunes, 18 de enero de 2016
San Antón en Sant Esteve...
Durante muchos años celebré mi cumpleaños, el 17 de Enero, participando en "Els Tres Tombs" en Sant Esteve de Palautordera...
Mi cumpleaños -17 de Enero- coincide con la festividad de San Antonio Abad, San Antón, un monje egipcio al que, con ese simpático sincretismo con el que la Iglesia incorporó las creencias paganas a su ecosistema, se le han asignado funciones de protección de los animales, que seguramente correspondían a alguna deidad prerromana; ayer mismo, hablando de mi próximo viaje a Buenos Aires, comentábamos que el Mercado de ganado es el Mercado de Hacienda: Hacienda no somos todos; Hacienda son los bichos útiles, los que nos comemos, o los que trabajan para nosotros... recuerdo la historia montañesa, cuando un vecino relata a otro el año tan horrible que llevan en su casa... "Primero, se murió Padre; después, mi suegro; ahora, un tío... ¡Y aún gracias a Dios que ha entrado la cosa por la gente, que si llega a entrar por los animales... la ruina!" Es, por lo tanto, el día indicado para bendecir a los animales, y en muchas poblaciones de Cataluña se acompaña con una cabalgata que, tradicionalmente, daba tres vueltas a un recorrido: Las tres vueltas, els tres tombs...
Cuando empezamos a montar a caballo en una hípica de Sant Esteve de Palautordera, pronto también nos apuntamos a participar en Els Tres Tombs. Ante la presencia en perfecta formación de los jinetes de una hípica vecina, correctamente uniformados de Andaluces -con sus zahones de cuero, sus chaquetillas, sus sombreros de ala ancha, y unos caballos de Pura Raza Española que quitaban el hipo-, Joan, el propietario de Can Marc, nuestra hípica, decidió que nosotros debíamos vestirnos "de Catalanes", concepto bastante gaseoso, que incluía ponerte una chaqueta más o menos elegante, y -eso sí- una chalina, preferentemente roja.
A mí me gustaba especialmente celebrar así el día de mi cumpleaños -aunque, como es natural, la fiesta se desplazaba hacia el Domingo más próximo- pero, todo hay que decirlo, no era un día cómodo; tenías que estar muy temprano en la hípica, preparar especialmente a los caballos, cepillándolos de polvo y paja, arreglando bien sus cabezadas, limpiando las sillas...- y, después, marchar en cabalgata, caballos y jinetes que muchas veces no coincidían habitualmente... mis mejores paseos a caballo eran siempre en grupo muy reducido -muchas veces, solo con Blanca y Marta, una tía suya pocos años mayor que yo, compañera de aficiones-, a un ritmo marcado por nosotros, que pasaba desde el paseo charlando tranquilamente a, cuando nos apetecía, pedirle a los bichos que demostrasen sus aptitudes... ahora marchábamos más o menos en formación, rodeados de una masa de gente que gritaba, saludaba, y -lo peor de todo- acudía a la bendición acompañada de sus mascotas; gatos, hamsters, periquitos... ¡y perros, el archienemigo de los caballos, que se aterrorizan ante ellos...! Hasta llegué a ver, una vez, a un perroflauta con un hurón encaramado sobre el hombro.
En Can Marc había montado diversos caballos; recuerdo a "Piropo", un tordo rodado muy bonito, con el que tuve el único accidente medianamente grave -me rompí una costilla- aunque no fue culpa suya, en modo alguno... o "Stela", una hermosísima yegua negra, propiedad de una compañera que, a veces, nos dejaba montarla, y que fue un auténtico flechazo -la yegua, no la compañera, aunque también tenía méritos para ello...-, pero llegué a aficionarme mucho a un caballito pequeño y paticorto, pero con unos bríos increíbles, al que le encantaba galopar cuesta arriba, cosa que yo prefería no hacer con ningún otro, para no cansarlos innecesariamente. A Joan le pateaba que yo le pidiese siempre aquel caballo, porque, decía, no iba para nada con mi talla, y, montado en él, parecía ir yo en una "Vespa"... veo fotos, y no dejo de darle la razón. El tema se resolvió cuando otro cliente, enamorado también de él, se lo compró y lo reservó para su uso exclusivo... lo "retiró", vamos, como hacían los señoritos golfos encaprichados de una joven cabaretera.
Ante esa situación, Joan me decantó hacia su elección para mí: el "Negritu": no es el caballo más grande que he montado -monté varias veces un caballo alemán al que tenía que subir con un taburete- pero sí seguramente el más corpulento; tenía sangre de caballo de trabajo, posiblemente de bretón, y un pelaje negro brillante que, sobre todo en invierno, le daba un cierto aire de oso... era, seguramente, el caballo de mejor carácter, más educado, más amable que he conocido; en la pista, era una delicia; ejecutaba sin dilación cualquier ejercicio que le pedías, y con él se iniciaron en la Equitación muchos jóvenes jinetes que, como yo, le estarán eternamente agradecidos.
Pero nadie es perfecto, ni siquiera "Negritu"... con todo su tamaño, era un auténtico cobarde; un cagón, vamos... especialmente, bastaba la proximidad de un perro para que entrase en pánico, y así, nuestros paseos tenían siempre un componente de psicoterapia, tratando yo de infundirle confianza: recuerdo que uno de nuestros recorridos habituales pasaba por un estrecho camino entre dos casas, en una de las cuales vivía un hermoso Pastor alemán que siempre aparecía, ladrando, a nuestro paso, provocando el terror de "Negritu"; según nos aproximábamos, empezaba yo mi terapia: sujetando las riendas, intentaba infundirle aplomo... "¡Venga, Negritu, ahora saldrá nuestro amigo, el perrito, a saludarte; tú, tranquilo...!" mirando siempre en dirección al chalet del perro... una tarde, cuando estábamos en esas, el perro apareció, de repente, en el jardín del chalet vecino... "Negritu", en cuestión de segundos, se levantó de manos, giró sobre sus cuartos traseros, y salió disparado en dirección opuesta, y fue una auténtica suerte que no me partiese yo la crisma en la operación, y que lograse después controlarlo.
Ya supondréis que las cabalgatas de San Antonio Abad constituían para "Negritu" una auténtica tortura... verse entre tantos caballos poco conocidos, rodeado de gente, y con tanto perro más o menos suelto alrededor, lo ponía al borde del colapso: yo, en esos casos, no era ya el jinete, sino su única voz amiga, el único que podía aportarle algo de seguridad... en una ocasión, en la vecina localidad de Santa María, la cabalgata se detuvo, y nos vimos rodeados de gente que quería ver de cerca y tocar a los caballos... "Negritu" pareció sufrir una taquicardia... yo lo palmoteaba, le rascaba entre las orejas, empleaba todos mis recursos, empezando por el más potente, la voz: "Vinga, Negritu, tranquil, no passa rés, Negritu...!" -tenía la costumbre de hablarle en Catalán, que debía ser más familiar para él-... en aquel momento, me di cuenta de que, a pocos centímetros de nosotros, un adolescente de color me miraba con ojos de odio... y me percaté de lo poco políticamente correcto que era el nombre de mi compañero; sonreí al muchacho, como diciendo... "Por supuesto, no va por ti...", pero el mal ya estaba hecho.
El momento cumbre de la cabalgata llegaba cuando, ante la puerta de la iglesia, el cura bendecía, uno a uno, a los asistentes, rociándonos con agua bendita: en una ocasión, cuando llegó nuestro turno, "Negritu" llegó a la conclusión de que aquel señor en enaguas que alzaba una cosa en la mano, apuntando hacia nosotros, no era en absoluto de fiar; puso el turbo, y nos tragamos literalmente al caballo que teníamos delante, dejando al cura con el hisopo en alto.
Pues bien; aquel mismo año, tuve un esguince de pie que me dejó cojo durante mes y pico, y "Negritu" sufrió una grave tendinitis en una pata que puso a su dueño ante la disyuntiva de prescindir de sus servicios, lo cual, en el caso de los caballos, suena ominosamente a albóndigas de Ikea... superamos ambos nuestros problemas y, el San Antón siguiente, fui firme y claro con él: "¡Negritu; este año nos bendicen, por mis c....!" Vio que la cosa iba en serio, y se comportó; recibimos la correspondiente rociada, y gozamos de un año plácido y saludable.
Ayer, en Sant Esteve, vi de lejos a los jinetes que acudían a la iglesia, pero no me apeteció acercarme más; son recuerdos tan bonitos que prefiero no contaminarlos. Al igual que sigo visitando Can Marc, y me gusta hablar un rato con Joan, pero nunca le he preguntado, ni lo haré, por "Negritu": prefiero que, para mí, siga pastando felizmente en un prado, rodeado de otros caballos tan gentiles y tranquilos como él, sin ningún odioso perro a la vista, y que, de vez en cuando, lo monte algún jinete de buen carácter, que le rasque entre las orejas...
Mi cumpleaños -17 de Enero- coincide con la festividad de San Antonio Abad, San Antón, un monje egipcio al que, con ese simpático sincretismo con el que la Iglesia incorporó las creencias paganas a su ecosistema, se le han asignado funciones de protección de los animales, que seguramente correspondían a alguna deidad prerromana; ayer mismo, hablando de mi próximo viaje a Buenos Aires, comentábamos que el Mercado de ganado es el Mercado de Hacienda: Hacienda no somos todos; Hacienda son los bichos útiles, los que nos comemos, o los que trabajan para nosotros... recuerdo la historia montañesa, cuando un vecino relata a otro el año tan horrible que llevan en su casa... "Primero, se murió Padre; después, mi suegro; ahora, un tío... ¡Y aún gracias a Dios que ha entrado la cosa por la gente, que si llega a entrar por los animales... la ruina!" Es, por lo tanto, el día indicado para bendecir a los animales, y en muchas poblaciones de Cataluña se acompaña con una cabalgata que, tradicionalmente, daba tres vueltas a un recorrido: Las tres vueltas, els tres tombs...
Cuando empezamos a montar a caballo en una hípica de Sant Esteve de Palautordera, pronto también nos apuntamos a participar en Els Tres Tombs. Ante la presencia en perfecta formación de los jinetes de una hípica vecina, correctamente uniformados de Andaluces -con sus zahones de cuero, sus chaquetillas, sus sombreros de ala ancha, y unos caballos de Pura Raza Española que quitaban el hipo-, Joan, el propietario de Can Marc, nuestra hípica, decidió que nosotros debíamos vestirnos "de Catalanes", concepto bastante gaseoso, que incluía ponerte una chaqueta más o menos elegante, y -eso sí- una chalina, preferentemente roja.
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| "De Catalanes": Marta, un servidor, Blanca y su prima Alicia... |
A mí me gustaba especialmente celebrar así el día de mi cumpleaños -aunque, como es natural, la fiesta se desplazaba hacia el Domingo más próximo- pero, todo hay que decirlo, no era un día cómodo; tenías que estar muy temprano en la hípica, preparar especialmente a los caballos, cepillándolos de polvo y paja, arreglando bien sus cabezadas, limpiando las sillas...- y, después, marchar en cabalgata, caballos y jinetes que muchas veces no coincidían habitualmente... mis mejores paseos a caballo eran siempre en grupo muy reducido -muchas veces, solo con Blanca y Marta, una tía suya pocos años mayor que yo, compañera de aficiones-, a un ritmo marcado por nosotros, que pasaba desde el paseo charlando tranquilamente a, cuando nos apetecía, pedirle a los bichos que demostrasen sus aptitudes... ahora marchábamos más o menos en formación, rodeados de una masa de gente que gritaba, saludaba, y -lo peor de todo- acudía a la bendición acompañada de sus mascotas; gatos, hamsters, periquitos... ¡y perros, el archienemigo de los caballos, que se aterrorizan ante ellos...! Hasta llegué a ver, una vez, a un perroflauta con un hurón encaramado sobre el hombro.
En Can Marc había montado diversos caballos; recuerdo a "Piropo", un tordo rodado muy bonito, con el que tuve el único accidente medianamente grave -me rompí una costilla- aunque no fue culpa suya, en modo alguno... o "Stela", una hermosísima yegua negra, propiedad de una compañera que, a veces, nos dejaba montarla, y que fue un auténtico flechazo -la yegua, no la compañera, aunque también tenía méritos para ello...-, pero llegué a aficionarme mucho a un caballito pequeño y paticorto, pero con unos bríos increíbles, al que le encantaba galopar cuesta arriba, cosa que yo prefería no hacer con ningún otro, para no cansarlos innecesariamente. A Joan le pateaba que yo le pidiese siempre aquel caballo, porque, decía, no iba para nada con mi talla, y, montado en él, parecía ir yo en una "Vespa"... veo fotos, y no dejo de darle la razón. El tema se resolvió cuando otro cliente, enamorado también de él, se lo compró y lo reservó para su uso exclusivo... lo "retiró", vamos, como hacían los señoritos golfos encaprichados de una joven cabaretera.
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| En la "Vespa"... Irene, al lado |
Ante esa situación, Joan me decantó hacia su elección para mí: el "Negritu": no es el caballo más grande que he montado -monté varias veces un caballo alemán al que tenía que subir con un taburete- pero sí seguramente el más corpulento; tenía sangre de caballo de trabajo, posiblemente de bretón, y un pelaje negro brillante que, sobre todo en invierno, le daba un cierto aire de oso... era, seguramente, el caballo de mejor carácter, más educado, más amable que he conocido; en la pista, era una delicia; ejecutaba sin dilación cualquier ejercicio que le pedías, y con él se iniciaron en la Equitación muchos jóvenes jinetes que, como yo, le estarán eternamente agradecidos.
Pero nadie es perfecto, ni siquiera "Negritu"... con todo su tamaño, era un auténtico cobarde; un cagón, vamos... especialmente, bastaba la proximidad de un perro para que entrase en pánico, y así, nuestros paseos tenían siempre un componente de psicoterapia, tratando yo de infundirle confianza: recuerdo que uno de nuestros recorridos habituales pasaba por un estrecho camino entre dos casas, en una de las cuales vivía un hermoso Pastor alemán que siempre aparecía, ladrando, a nuestro paso, provocando el terror de "Negritu"; según nos aproximábamos, empezaba yo mi terapia: sujetando las riendas, intentaba infundirle aplomo... "¡Venga, Negritu, ahora saldrá nuestro amigo, el perrito, a saludarte; tú, tranquilo...!" mirando siempre en dirección al chalet del perro... una tarde, cuando estábamos en esas, el perro apareció, de repente, en el jardín del chalet vecino... "Negritu", en cuestión de segundos, se levantó de manos, giró sobre sus cuartos traseros, y salió disparado en dirección opuesta, y fue una auténtica suerte que no me partiese yo la crisma en la operación, y que lograse después controlarlo.
Ya supondréis que las cabalgatas de San Antonio Abad constituían para "Negritu" una auténtica tortura... verse entre tantos caballos poco conocidos, rodeado de gente, y con tanto perro más o menos suelto alrededor, lo ponía al borde del colapso: yo, en esos casos, no era ya el jinete, sino su única voz amiga, el único que podía aportarle algo de seguridad... en una ocasión, en la vecina localidad de Santa María, la cabalgata se detuvo, y nos vimos rodeados de gente que quería ver de cerca y tocar a los caballos... "Negritu" pareció sufrir una taquicardia... yo lo palmoteaba, le rascaba entre las orejas, empleaba todos mis recursos, empezando por el más potente, la voz: "Vinga, Negritu, tranquil, no passa rés, Negritu...!" -tenía la costumbre de hablarle en Catalán, que debía ser más familiar para él-... en aquel momento, me di cuenta de que, a pocos centímetros de nosotros, un adolescente de color me miraba con ojos de odio... y me percaté de lo poco políticamente correcto que era el nombre de mi compañero; sonreí al muchacho, como diciendo... "Por supuesto, no va por ti...", pero el mal ya estaba hecho.
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| La uniformidad se relajó... |
El momento cumbre de la cabalgata llegaba cuando, ante la puerta de la iglesia, el cura bendecía, uno a uno, a los asistentes, rociándonos con agua bendita: en una ocasión, cuando llegó nuestro turno, "Negritu" llegó a la conclusión de que aquel señor en enaguas que alzaba una cosa en la mano, apuntando hacia nosotros, no era en absoluto de fiar; puso el turbo, y nos tragamos literalmente al caballo que teníamos delante, dejando al cura con el hisopo en alto.
Pues bien; aquel mismo año, tuve un esguince de pie que me dejó cojo durante mes y pico, y "Negritu" sufrió una grave tendinitis en una pata que puso a su dueño ante la disyuntiva de prescindir de sus servicios, lo cual, en el caso de los caballos, suena ominosamente a albóndigas de Ikea... superamos ambos nuestros problemas y, el San Antón siguiente, fui firme y claro con él: "¡Negritu; este año nos bendicen, por mis c....!" Vio que la cosa iba en serio, y se comportó; recibimos la correspondiente rociada, y gozamos de un año plácido y saludable.
Ayer, en Sant Esteve, vi de lejos a los jinetes que acudían a la iglesia, pero no me apeteció acercarme más; son recuerdos tan bonitos que prefiero no contaminarlos. Al igual que sigo visitando Can Marc, y me gusta hablar un rato con Joan, pero nunca le he preguntado, ni lo haré, por "Negritu": prefiero que, para mí, siga pastando felizmente en un prado, rodeado de otros caballos tan gentiles y tranquilos como él, sin ningún odioso perro a la vista, y que, de vez en cuando, lo monte algún jinete de buen carácter, que le rasque entre las orejas...
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| Con Negritu, a cual más chulo... |
sábado, 30 de mayo de 2015
Tiones y Maciellos...
Publiqué en Facebook unos apuntes que, humildemente, considero una aportación a la Antropología Altoaragonesa: una primera aproximación a la diferenciación entre Tiones y Maziellos, que, en mi opinión, no estaba sufuicientemente clara: como gozó de buena acogida -señal de que se trataba de un tema de interés general-, la reproduzco ahora aquí, añadiéndole, para aumentar su utilidad, una sección de FAQ, ya sabéis, preguntas más frecuentes, sobre el asunto en cuestión: estoy abierto a cualquier aportación de interés que podáis efectuar, eso si, sin dar nombres de maziellos y tiones...
En un mensaje anterior he hecho referencia a "Tiones y maciellos": ahora me doy cuenta de que a muchos de mis amigos y amigas, adornados de todas las gracias, tan solo os falta el auténtico golpe de suerte -porque no hay mérito alguno en ello- de ser total o parcialmente altoaragoneses, y os habréis dicho... WTF? Paso, gustosamente, a informaros:
"Tión" es una categoría demográfica que deriva del peculiar sistema hereditario altoaragonés: al hijo no heredero de la Casa, sólo le quedaba la emigración -las salidas tradicionales: cura, militar, funcionario o, en casas de menos posibles, jornalero- o quedarse en casa, ayudando -"aduyando"- en todo lo que fuera preciso al Señor, su hermano. Ese era el Tión... dada su sumamente precaria situación económica, solía quedarse soltero, y fumaba, bebía e iba de güiskerías con lo que buenamente le daba su hermano.
"Maciello" (o, más correctamente, "Maziello") es uno de los estadios que atraviesa el varón: Si un "mozo", soltero, no se casa o se empareja, transcurrido un periodo prudencial accede a la categoría de Maziello, y ya puede mirar torvamente a las mozas, en los bailes de las fiestas o las barras de los bares, haciendo sonar los cubitos en el vaso del cubata... pasado el tiempo, se le empieza a considerar "Tornizo", cuando sus posibilidades de matrimonio, emparejamiento o cópula gratuita son sumamente escasas. En el momento en que su declive físico es evidente, ingresa en la última categoría: "Restallo". Para entendernos; yo, caso de no estar -como estoy- felizmente emparejado, me situaría en los estadios superiores del "Tornizo", luchando desesperadamente por evitar llegar a "Restallo".
Por lo tanto, si todo Tión pasará, inexorablemente, por las fases de Maziello, Tornizo y Restallo, no todos ellos, ni mucho menos, son Tiones; muchos son amos de casas, desempeñan profesiones bien remuneradas, y atraviesan esa progresión por motivos muy diversos; escasa fortuna en su búsqueda de compañera, orientación sexual oculta por temor al qué dirán, cuestiones de agenda -irlo dejando para más adelante- o, simplemente, desinterés por el asunto, en el convencimiento de que hay otras cosas igual o más gratificantes en la Vida... recuerdo la historia del caballero inglés que lo probó una vez, y comentó: "El placer, efímero; la posición, ridícula, y el esfuerzo, desproporcionado": tornizo de manual.
Con todo mi cariño hacia José Antonio Labordeta -ayer hubiese sido su santo, y se inauguró el Espacio Labordeta en Zaragoza que prometo visitar-, me parece que el "Tión" del que hablaba en su hermosa canción era un maziello o tornizo incipiente, que aún conservaba la esperanza de encontrar una moza que se quisiera casar con él, para formar una familia, y, en las tardadas de Otoño, bajar con ella a Boltaña, momento de la canción en que, casi siempre, se me escapaba una furtiva y varonil lagrimita...
FAQ:
1.- ¿Existen aún los Tiones?
Soy muy pesimista al respecto: íntimamente ligados al Antiguo Régimen de la explotación agropecuaria tradicional, sospecho que han desaparecido frente a las transformaciones socioeconómicas de los últimos años, la mecanización, la Política Agraria Común, la crisis de la ganadería trashumante... prueba de ello es que la mayoría de los pastores -empleo reservado con anterioridad casi en exclusiva a los tiones- son hoy, generalmente, emigrantes extranjeros: en cierta ocasión, vi un rebaño de ovejas conducido por un joven de color, en una imagen que me trasladaba directamente a Kenia: me faltó un pelo para saludarlo levantando mi mano y gritando "¡Yambo!"... posiblemente, el Tión se ha extinguido ante nuestros ojos en estos últimos años, al igual que el bucardo, con la diferencia de que, en este caso, no disponemos de material genético para intentar su clonación, si se considerase interesante hacerlo. Una pérdida irreparable para nuestro ecosistema, y aún hemos tenido suerte de que la Unión Europea no se haya enterado, porque seguramente nos hubiese sancionado por no tomar las medidas adecuadas para su protección.
2.- ¿Ha desaparecido también el Maziello?
En modo alguno: al contrario: el complejo MTR (Maziello, Tornizo, Restallo) es especie en franca expansión, como el chabalín o el corzo, ocupando hoy nichos ecológicos antes impensables. Curiosamente, el IAEST (Instituto Aragonés de Estadística), en su cuidada y amplia información sobre las características demográficas de nuestra tierra, no ofrece información desagregada sobre MTR, carencia aún menos explicable si se considera que ha sido dirigido durante muchos años por un conocido sobrarbense, pero la experiencia empírica nos indica que numerosos factores juegan hoy un papel determinante en su proliferación: citaría, entre otros, la existencia de poderosas alternativas a la relación de pareja -televisión de pago, redes sociales, juegos de ordenador...- que han venido a unirse a las tradicionales -caza y pesca, cartas, bares, fútbol...- y determinan que a muchos mozos no les quede ni tiempo ni ganas para abordar la ardua tarea de ligar. Únase también la actitud de las mozas, entre las cuales se ha difundido un claro escepticismo hacia las soluciones tradicionales, actitud que podría sintetizarse en el cruel, pero realista, comentario que escuché a una de ellas: "Por un señalé de longaniza, ¿vas a llevarte todo o tocino ta casa...?" Auguro un futuro esplendoroso al MTR que ahora, además, puede disfrazarse bajo la glamorosa expresión de "Single", que le quita todo tonillo peyorativo y viejuno; ser MTR es actual, moderno y avanzado...
3.- Si alguien se divorcia, ¿Vuelve a ser Maziello?
Rotundamente, no, aunque es cierto que, en un periodo inicial, maziellea en sus comportamientos, y se le ve por las barras de los bares moviendo los hielos en el tubo del cubata y mirando torvamente a las mozas... pero el caballo que ha conocido la silla y el bocado es mucho más fácil de montar que el potro silvestre: el divorciado ha sido antes un casado, ya ha sido domado, y su naturaleza le lleva, diga lo que diga, hacia la vida en pareja... es cuestión de tiempo y suerte que reincida.
4.- ¿Existen maziellas...?
Mire usted: aquí estamos para contestar preguntas, no chorradas... Tiones y MTR son categorías exclusivamente -preste atención, y tome apuntes, ¡exclusivamente!- masculinas: las mozas que ves por ahí solas, incluso a edades avanzadas, responden a decisiones libres y deliberadas, producto de un cuidadoso análisis coste-beneficio, entre las probables incomodidades que pueden derivarse de su situación, y las muchísimo mayores que se originarían si, en un rapto de compasión, cargasen con según quien. Prácticamente extinguida la vocación religiosa -por lo menos, entre las etnias dotadas de DNI-, tienen un amplio abanico de alternativas a su alcance: la maternidad monoparental, la carrera profesional, las cenas con amigas y karaoke, los viajes al Caribe... todo un Mundo se abre ante ellas, enhorabuena, hermanas...dejáis atrás una vida de cenas recalentadas dos o tres veces esperando a un brutizo que llegaría con dos copas, eructaría, se rascaría, y se metería en la cama sin quitarse los calcetines... ¡y aún habrá a quien le extrañe!
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