lunes, 12 de septiembre de 2016

¡Qué cosas pasan... !

Cuando intentaba publicar la entrada anterior de este Blog en el feis, he recibido un mensaje sorprendente: mi publicación quedaba bloqueada "por motivos de seguridad"

"¡Ay Dios...! ¿Qué he hecho...? He repasado el texto, y tan solo he descubierto una referencia al hecho -cierto, o leyenda urbana, pero yo lo he leído- de que los órganos policiales nipones realizan periódicos encuentros con el equipo contrario, lo cual -a parte de recordarme mi entrañable "tercer tiempo" de los partidos de rugby-, dice mucho de la civilidad y el pragmatismo de unos y otros... ¿sería ese el contenido "inseguro.."?

Pero, recordando que nuestro querido feis se ha mostrado muy activo en bloquear la publicación de fotos de determinados órganos propios de las hembras de los mamíferos, si en ellos se mostraba el pequeño órgano eréctil que facilita la succión, he pensado si la cosa podía venir por aquí, ya que en un punto de la entrada hacía referencia a determinados establecimientos de hostelería, describiendo a las señoras que en ellos atendían con una palabra grosera y de cuatro letras (en singular; en plural, añádase una "s").

Quede bien claro que el uso de dicha palabra no me enorgullece en lo absoluto, ya que no refleja mis auténticos sentimientos hacia dichas damas, que oscila entre el respeto más total hacia quienes asumen dicha función libre y voluntariamente, y mi más plena solidaridad hacia las que lo hacen como víctimas de tratas, extorsiones y chantajes variados, hechos todos dignos de la mayor condena y más eficaz represión. pero, dentro del tono generalmente jocoso que revisten mis entradas, y partiendo de la base de que todos mis Amigos y Amigas son personas adultas, no he creído grave o impropio emplearlo.

Ha bastado con substituirlo por "camareras" para que, -¡Oh, milagro! - los motivos de seguridad desapareciesen, y el castísimo feis permitiese libremente su publicación.

Palabra esa siempre conflictiva: me ha recordado cuando, en primero o segundo de Bachillerato -del Bachillerato de entonces, no dispongo de la tabla de concordancias... once o doce años, vamos...- la buscábamos ansiosamente en los expurgados diccionarios que manejábamos...  nunca aparecía, pero si, curiosamente, su equivalente masculino: "Hombre del que abusan los libertinos": lo cual nos hacía entrar en bucle, buscando, sin obtener demasiada información,"Abusar" y "libertino"...

En fin: querido feis: lo siento mucho, me he equivocado, y no volverá a ocurrir: y si, por cualquier circunstancia, tengo que referirme a las señoras que fuman y tratan de tú a los hombres, usaré el término que empleaba mi querida Tía Encarnación, coronela de beatas: "Las purupupús"...


Sukiyaki...

El placer de comer cosas distintas, en ambientes diferentes, es, para mí, una componente esencial del placer de viajar... luego olvidas muchas cosas, pero sabores y olores siempre se recuerdan, y tienen un enorme poder de evocación...




En el japo que hay al lado de mi casa me han dado una sorpresa muy agradable; han incorporado a su carta un plato, el sukiyaki: eso les ha obligado también a tener una nueva mesa, con fogones incorporados. Ya hemos ido a probarlo, y el efecto ha sido inmediato: un salto atrás de tres años, y un salto al este de 10.000  kilómetros; hasta Kioto, nada menos...

Comimos el sukiyaki en un restaurante de Ponto-cho. se trata de un callejón paralelo al río Kamagawa -al río Kama, "Gawa" quiere decir río-: durante nuestra estancia en Kioto, el río bajaba manso y con poco caudal; justo cuando nos íbamos, llegaba un tifón, y vimos en la tele, atónitos, como sacaban gente en barcas de las casas junto al río, donde pacíficamente habíamos cenado.



Ponto-cho es un callejón lleno de vida y animación, desde primera hora de la mañana, pero al caer la noche es que ya no cabe un alfiler; está lleno de locales dedicados a varios placeres: por ejemplo, no hay geishas, como en el vecino Gion, el barrio al otro lado del río; aquí hay, directamente, bares de camareras. En el mejor de los casos; vimos uno que llevaba el equívoco nombre de "Señora Banana"... tiemblo al pensar en lo que evoca unir las palabras "señora" y "Banana", como para entrar... un cartel, en la puerta, indicaba los precios en función del tiempo; curiosamente, habían eliminado el correspondiente a la visita más rapidita: 30 minutos... supongo que, en tan poco tiempo, no te habrías podido recuperar de la impresión de la sorpresa... los japoneses, tan recatados, pueden ser muy explícitos cuando quieren.



Por si no había bastante riesgo en "Mrs Banana", justo al lado acechaba un enemigo peor: el famoso "Pez Globo", el Fu-gu... sus vísceras contienen una peligrosísima toxina, responsable de envenenamientos, con frecuencia mortales, si el cocinero no ha sido extremadamente diestro a la hora de eviscerarlo... Según dicen, cada año hay víctimas mortales: nosotros nos reímos -¡qué brutos, los japos, comerse una cosa que te puede matar!-, pero nos pasa exactamente lo mismo con las setas, cada año se va alguien al otro barrio por tragarse lo primero que pillan en el bosque... Dicen, eso sí, que el Fu-gu es delicioso, una experiencia extraordinaria, si puedes contarla, claro... los precios de una ración equivalían a un buen ratito con la Señora Banana. Ni se nos ocurrió, claro.



El sukiyaki es algo mucho más tranquilo, no se le conocen efectos secundarios: en una ollita, fundes algo graso y, allí, empiezas a cocinar finas lonchitas de Wagyu, la famosa ternera de Kobe. Es una raza exclusiva del Japón, aunque ahora se esté empezando a criar en otras partes; dicen que la alimentan con cerveza, le dan masajes, y así consiguen esa maravillosa calidad, con la grasa distribuida dentro de la masa muscular en forma de finas hebras, algo así como nuestro cerdo "pata negra"... su sabor es suave y delicado pero, al mismo tiempo, perfectamente reconocible, sabe a vaca, vamos... hay calidades y calidades, las normalitas son bastante caras, y las fuera de serie salen a precio de yate... supongo que nos pusieron algo bastante básico, pero el sabor era extraordinario.

A la carne se le van añadiendo verduritas cortadas en finas tiras -nabo, puerro, col-, setas shiitake y tofu, y una salsa a base de soja, mirin -vinagre de arroz- y azúcar: todo ello se cuece con el jugo de la carne, y, antes de comerse, pueden mojarse en huevo crudo batido... se añaden también udon, ese grueso fideo japonés, de trigo, que es mi favorito, que se rehoga también en la salsa, para así absorber el caldo que ha quedado; todo se aprovecha... curiosamente, el Budismo, tan extendido en Japón, había prohibido tradicionalmente comer carne, en especial la de vacuno, necesario para las tareas agrícolas; la costumbre de comerla fue una de las modernizaciones introducidas en la Era Meiji, la de la apertura del Japón al comercio con los países occidentales.

El sukiyaki es un plato contundente y de días fríos; lo hemos comido a muchos grados en Kioto, y a muchos en Barcelona, y aún, después, se fue nuestro hijo Víctor a jugar al Paddel... a mí, la verdad, me provocó una hermosa siesta... en Kioto nos tocaba volver a casa; al salir del restaurante, ya de noche cerrada, Ponto-cho tenía un cierto aire peligrosillo y macarra, todo lo peligrosilla que puede ser una calle en Japón, donde los jefes de la Yakuza, la mafia local, realizan frecuentes reuniones de coordinación con los mandos de la Policía... sin preocuparnos demasiado, nos dirigimos a nuestro hotel, por calles estrechas y poco iluminadas, disfrutando de la quietud nocturna de Kioto...







miércoles, 7 de septiembre de 2016

Una noche zaragozana...

Especialmente dedicada a Maria Luisa Pérez Arilla, amiga y pariente...


Había llegado yo a Zaragoza en auto-stop, con la idea de visitar a mi hermano Ricardo y, en general, a los amigos que allí residían, que eran legión; sabías cómo empezaban aquellas visitas, pero su evolución era siempre impredecible; éramos jóvenes, teníamos la agenda bastante abierta, y estábamos dispuestos a apuntarnos a lo que fuese.

Sólo así se explica que aceptase la invitación a una fiesta de gala, organizada por la Facultad de Veterinaria: aquí aparezco, en plan jersey de cuello redondo y zapatos sport, rodeado de amigos en smoking -los hermanos Villar, veraneantes entonces en Boltaña, y el mayor de los cuales y su esposa serían después profesores de dicha Facultad- y amigas no menos engalanadas: María Luisa, con unas botas que debía haberse empezado a abotonar tres días antes, Avelina, la que me tiene bien cogido por la riñonada...

No solo no me reprochó nadie mi flagrante ruptura del dress code, sino que me sentaron en la mesa presidencial, entre el Rector Magnífico y su esposa, con los que departí animadamente toda la noche, sin que pareciesen apreciar -o no les importase demasiado- que ya al iniciarse la cena  llevase alguna copilla de más, y que, a lo largo de la misma, la cosa aún fuese empeorando... creo que estuve muy correcto, eso sí: buen porte y buenos modales abren puertas principales...

Al finalizar la cena, como suele suceder en esas ocasiones, se produjo un ligero momento de desconcierto, durante el cual perdí el contacto con mis amigos, y me vi integrado en un grupo bastante golfo, que tomó unánimemente la decisión de desplazarnos hacia un antro en la carretera de Logroño, el Caballo, o el Caballito, a saber, que gozaba entonces de cierta fama en la Zaragoza nocturna. No, no era un bar de camareras; era un bar, y punto...

Allí transcurrieron varias horas; al salir, ya era casi de día: tuvimos aún que realizar dos importantes tareas; decidir democráticamente en qué dirección de la carretera quedaba Zaragoza -yo acerté la respuesta, se ve que las varias copillas no me habían afectado el GPS-, y disuadir a un animal de bellota que pretendía que nos desplazásemos andando.. ¡a Tudela!, ya que, afirmaba, "no puede estar muy lejos..."

Entré en mi hotel a eso de las ocho de la mañana, y pedí al recepcionista, con toda la seriedad posible, que me despertase a las nueve... "Yo podré llamarle, pero... ¿se despertará Vd...?" me dijo el muy faltón... "¡Ni lo dude!", contesté... a las nueve estaba en pie, en un estado bastante aceptable; no me besaba el hígado porque no llegaba, maravillosa víscera... no podía perderme una mañana zaragozana, incluso creo que visité El Pilar...


Frédérick, mi becario...

A lo largo de mi carrera administrativa, he sido tutor de numerosos becarios, stagiaires, o como se les quiera llamar: generalmente ha sido un placer poder contar con su compañía, y muchas veces sospecho que he obtenido más de ellos de lo que yo les haya podido aportar: Frédérick fue un caso muy particular.

Cuando la Escola d'Administració Pública de Catalunya me propuso recibir en mi Servicio stagiaires procedentes del Instituto Regional de la Administración Pública, de Lille -funcionarios superiores de la Administración francesa, que habían terminado sus estudios en dicha institución-, acepté sin la menor reserva: en el fondo, lo mío siempre ha sido la docencia, y conocer gente joven y dispuesta a aprender suele ser muy agradable y motivador, aunque hayas de dedicarles algo de tiempo: me extrañó, eso sí,  que la subdirectora del Instituto -hija de exiliados españoles- aprovechase una visita privada a Barcelona para venir a agradecerme personalmente mi buena disposición: al parecer, pocos de mis colegas se prestaban, sus razones tendrían.

Después de dos o tres becarias, que cumplieron muy satisfactoriamente sus funciones entre nosotros, pero contribuyeron aún más a desequilibrar, desde una estricta perspectiva de género, la plantilla de nuestro Servicio -sólo dos varones, Pere y yo, ambos ya de edad avanzada-, me llegó el currículum de un nuevo becario: esta vez, un chico: según sus antecedentes formativos procedía de una de los territorios franceses de Ultramar: en argot comunitario, una RUP, una Región Ultraperiférica... simplifiqué la información para mis expectantes compañeras... "¡Chicas; os viene tremendo mulatón caribeño...!"

Cuando llegó por fin Frédérick, superó con creces las expectativas levantadas: no era mulato; era negro, profunda y totalmente negro, un caballero de color, alto, elegante y atlético, con una sonrisa que dejaba al descubierto un increíble número de dientes de un blanco deslumbrante... hablaba un Español casi perfecto, fruto -decía- de sus frecuentes visitas a Cuba, Venezuela y República Dominicana; dotado de una simpatía arrolladora y, como pude comprobar pronto, de una cabeza perfectamente amueblada. Vestía un traje en el que rápidamente reconocí la firma de Hugo Boss, y me partía de risa por dentro pensando en el jamacuco que le cogería al fundador de la empresa, diseñador de los uniformes de las SS, si viese lo bien que le caía una creación de sus descendientes a un individuo de una raza manifiestamente "inferior".

Nos hizo falta poco tiempo para establecer una buena amistad; una de las primeras cosas que me preguntó fue si en España había mucha discriminación. "Si, claro, como en todas partes -fue mi respuesta- pero la discriminación no es racial, sino social: tú eres un titulado universitario, llevas un traje que cuesta mi sueldo de un mes, por no hablar del reloj... puedes ir a donde te de la gana, y todo el Mundo te reirá las gracias... pero, eso sí, no se te ocurra venir en chanclas, con unos tejanos y una camiseta, a recoger melocotones en Lleida, porque entonces verías expresiones muy distintas." Frédérick, además, estaba forrado; un día revisaba algo en su ordenador: "¿Qué haces...?" le pregunté, "Nada, estoy consultando mi cuenta corriente..." eché una mirada de soslayo -sí, soy muy curioso, no lo puedo evitar- y... "¡Coooño, buen saldo!" pensé... para darme cuenta, segundos más tarde, de que no estaba en Pesetas, sino en Francos Franceses; ¡veinte veces más! si llego a ser un comercial de la Caixa, le salto encima ofreciéndole varios productos financieros de esos con mucha letra pequeña, todos absolutamente leoninos.

En pocos días se había apuntado a una academia de Salsa donde, según me contó, arrasaba, e iba en camino de convertirse en uno de los puntales de la Noche barcelonesa. Y en el trabajo, no digamos: se hizo frecuente el trasiego de chicas -y no tan chicas- de otras unidades administrativas que, bajo cualquier pretexto, visitaban nuestro servicio... un compañero, caucásico pero con escaso éxito, contemplaba, envidioso, tantas idas y venidas"¡Encima, el muy cabrón tendrá más rabo que la Pantera Rosa!", decía con rencor mal disimulado.

Frédérick tenía el propósito de estudiar el sistema autonómico establecido en la Constitución y su aplicación en el caso concreto de Cataluña, así como la organización comarcal: le facilité toda la documentación necesaria, y manteníamos frecuentes sesiones de trabajo sobre el tema: me aclaró, desde el primer momento, que él se sentía única y exclusivamente francés y, a ser posible, francés del Hexágono; a su tierra natal iba una vez al año, a ver a la familia, pero no le interesaba en lo absoluto: "Allí no hay más que playas... ¿tu crees que a mí me hace falta ir a la playa, eh...?", me decía, enseñándome un antebrazo más lustroso que el betún. "Además, el clima, tan cálido, todo el día sudando... a mí el clima que me gusta es el de Lille." "¿El de Lille, estás loco?", replicaba yo... "Si, tan fresquito, niebla, hummm..." Pretendía convertirse en Comisario de la Policía Nacional, le habían faltado pocas décimas para pasar el concurso, pero estaba seguro de conseguirlo a la próxima. "¡Como Maigret!", le decía yo... "Si, pero sin pipa. Y negro", contestaba, muerto de risa.

Una mañana, preocupado, me hizo una consulta extraprofesional: "Viene a verme mi novia: es blanca. Rubia. Muy rubia.... ¿llamaremos la atención?" "Lo que llamaría la atención, en Barcelona, sería que un chico negro no fuese con una chica rubia", le contesté: me pidió que le recomendase una discoteca; sin dudarlo, le di el nombre de la más pija de la Barcelona del momento: al día siguiente me contó, encantado, su experiencia: nada más verlos llegar, los metieron de cabeza en la zona VIP: lógico.

La estancia de Frédérick tocaba a su fin, y redactaba su informe final; durante aquellos días conversamos mucho sobre el tema: "Yo -me decía- siempre he sido centralista, jacobino y cartesiano: cuanto más estudio esto vuestro, más me reafirmo en mis opiniones; es caro, poco funcional..." No podía dejar de darle la razón, en parte: "Tampoco veo yo necesario que, como dice la leyenda urbana, el Ministro del ramo, en Francia, tenga cada mañana, encima de la mesa, lo que se va a explicar ese día en todas las escuelas francesas - reconocía yo-, pero es que, aquí, ni el Ministro ni los 17 consejeros saben si se les está contando a los chavales que el Universo surgió del "Big Bang", o lo creó en seis días un señor mayor que nos quiere mucho, pero que tiene un carácter, por así decirlo, un poco especial... y basta con cruzar un límite administrativo para que los Reyes Católicos pasen, de sabios y prudentes Padres de la Patria,  a una genocida desequilibrada con serios problemas de higiene personal y un putero calzonazos..." Y eso se lo explicaba a un señor negro que consideraba a los Galos como sus antepasados,  que seguramente tenía su biblioteca infantil llena de libros de Astérix, donde siempre perdían los "fous" romanos, y que había aprendido a loar, al mismo tiempo y por parecidos motivos, a Luis XIV y a Napoleón.  "Mal, os veo mal -concluía-; este montaje podría aguantar partiendo de consensos básicos, pero aquí no los veo por ninguna parte; acabareis mal..."

Pues en eso estamos, sabio amigo Frédérick; otros se gastan dinerales en asesores; tú me asesoraste gratis, y con qué tino... te he imaginado muchas veces como Comisario principal en Lille, con tu rebequita -de Armani, por lo menos- hasta en pleno verano, persiguiendo implacablemente a yihadistas y autonomistas y, como siempre, rodeado de rubias... bonne chance, mon ami!










lunes, 5 de septiembre de 2016

Lejanas prevaricaciones... (1)

Retomo el Blog, después del paréntesis estival, pero no cambio de tema; recuerdos de actuaciones discutibles, en materia de tribunales de oposiciones -siempre conflictivos-, dulcificadas por el paso de los años y la necesaria institución de la prescripción...

En más de cuarenta años de ejercicio de la Función Pública, en Dictadura, Transición y Democracia, dentro y fuera de Europa, en la Enseñanza Universitaria, la Administración del Estado, la Administración Local, la Autonómica, bajo gobiernos constitucionalistas o insumisos, con superiores rematadamente tontos o demasiado listos... ¿Quién podría afirmar que no rozó ni una vez los supuestos de prevaricación contenidos en los Artículos 404 y 405 del Código Penal...? Ya os adelanto que, en mi opinión, quienes lo hagan, o tienen mucho morro, o muy poca memoria, o han gozado de una suerte extraordinaria... No ha sido ese mi caso, pero sí puedo decir, con la cabeza relativamente alta, que procuré siempre seguir los consejos de Don Quijote a Sancho, en mi opinión los más sensatos dados nunca a un futuro servidor público, y si en algún momento doblé la vara de la Justicia, no fue bajo el peso de la dádiva, sino de la misericordia...

A pocos kilómetros de Barcelona se alza el municipio de X. Y digo bien se alza porque, a excepción de unas pocas masías y varias ostentóreas residencias de veraneo construidas en los años veinte del siglo pasado, componen el caserío una serie de bloques-colmena, de esos que se levantaban como hongos para acoger a los emigrantes que, según señalados tontos del culo, enviaba Franco para desnaturalizar la pureza étnica de la población de Catalunya... corrían los primeros ochenta, y el país no se había aún recuperado de la Crisis del Petróleo; los índices de paro eran -como ahora-, pavorosos y por un empleo la gente estaba dispuesta a cualquier cosa: se contaba por entonces un chiste cruel; un hombre se estaba ahogando en las aguas del puerto... "¡Socorro, socorro, ayúdenme...!", gritaba... "¿Dónde trabaja usted..." le pregunta un transeúnte... "Soy administrativo en tal sitio... ¡socorro...!" El otro sale corriendo, llega al lugar indicado, y se ofrece. "Vengo a pedir una plaza de administrativo que va a quedar vacante..." "Lo siento -le responden- , ya la ha ocupado el que empujó al agua al anterior.."

El Ayuntamiento de X había convocado una plaza de peón de la brigada de obras, una de las más humildes y peor retribuidas de la plantilla, y me habían designado como miembro del Tribunal calificador; nada más llegar pude ver un nutrido grupo de personas congregadas en la puerta del local donde se iban a celebrar las pruebas; me recibió el Secretario, con cara de circunstancias, y me hizo pasar enseguida al despacho del Alcalde, presidente también del tribunal, que me puso inmediatamente en antecedentes:

"Tenemos un problema muy grande: se presenta un candidato -llamémosle Pepe- que ya está ocupando como interino esa plaza; es un excelente trabajador y, además, un auténtico drama social; su esposa lleva varios años paralítica, tiene tres hijos menores, su única hija casada se acaba de divorciar y ha vuelto a casa con dos hijos, el pobre hombre se hace cargo de todos, si pierde la plaza..."

"Comprendo el problema, pobre tío, pero se presentan muchos, seguramente también muy necesitados de ese puesto..." balbuceé yo...

Cuando entrábamos en el aula donde se iban a realizar las pruebas, uno de los aspirantes pidió hablar conmigo un momento: "Mira, compañero; soy el secretario de la Asamblea de Parados de X: tenemos un acuerdo de presentarnos a todas las plazas que convoque el Ayuntamiento; pero ésta ha de ser para el compañero Pepe; está de interino, tiene la mujer paralítica, tres hijos menores, la hija..."

"Ya, ya lo sé -contesté- pero... por qué no os retiráis todos...? lo tendría mucho más fácil..."

"No puede ser, compañero, tenemos un acuerdo de la Asamblea... pero la plaza ha de ser para el compañero Pepe, porque tiene la mujer...."

Empezaron los ejercicios; para una plaza de ese nivel, no podían ser excesivamente complicados; el primero consistía en varias operaciones aritméticas muy elementales; casi todos los asistentes las remataron en pocos minutos, firmaron los ejercicios, y abandonaron el aula: quedó un solo aspirante con la hoja en blanco, la mirada perdida en el espacio, el bolígrafo aferrado casi con ambas manos...

"¿Es Pepe...?" pregunté, sabiendo de antemano la respuesta...

"Si, pobre, está bloqueado...", me contestaron, a coro, Alcalde y Secretario...

"Mirad; voy a hacer pipí, tardaré unos diez minutos..."

Cuando volví, ya firmaba con letra temblorosa el ejercicio: las respuestas eran correctas; todos los aspirantes pasaron al ejercicio siguiente:

Se trataba de efectuar dos sencillas reparaciones; cambiar la goma de la boya de la cisterna de un WC, y preparar una cerradura para cerrar en sentido contrario: soy un auténtico desastre para las manualidades, pero hasta yo me atrevía a hacerlo... Pepe seguía sin dar pie con bola; me tocó volver a salir del aula a hacer pipí: a la vuelta, Secretario y Alcalde habían requerido la presencia del capataz de la Brigada: las piezas estaban reparadas... prueba superada, pasemos a la tercera...

Al frente de la tropa de opositores, provistos cada uno de un pico y una pala, nos dirigimos a un solar vecino; se trataba de cavar, en media hora, una pequeña zanja de un metro de larga y el ancho de la pala; la profundidad alcanzada determinaría la puntuación: caía un Sol de justicia, el terreno era desigual y pedregoso, y fui yo mismo quien indicó que eligiese cada uno el sitio que quisiera para empezar a cavar.

Cuando quise darme cuenta, no podía dar crédito a mis ojos; mientras la Asamblea de Parados en pleno apenas si había empezado a arañar la superficie de aquel pedregal infecto, Pepe estaba ya a medio camino de Nueva Zelanda; cavaba como un poseso, estaba enterrado ya hasta la cintura, y seguía, seguía...

"¡Me habéis engañado!"- me dirigí a Alcalde y Secretario..." ¡hicisteis la zanja ayer, y la habíais tapado con un cartón...!"

Muertos de risa, me recordaron que era yo mismo quien les había invitado a elegir el sitio... "Pepe trabaja ahí al lado; conoce el solar, y sabe qué parte se rellenó con tierra buena, mucho más fácil para cavarla..."

Paramos el ejercicio cuando Pepe estaba ya en la zanja hasta el pecho; ganó por aclamación, entre los aplausos y abrazos de los compañeros parados, que seguirían siéndolo por lo menos un día más... Alcalde y Secretario, felices, me cogieron por el brazo... "Vamos a tomarnos un café, te lo has ganado... y vigila esa próstata, que aún eres muy joven,,,"












miércoles, 27 de julio de 2016

"...el cuervo, que es muy malo..."

Cruzo el macizo del Montseny, desde El Brull a Sant Esteve de Palautordera; treinta kilómetros, más o menos, una media hora, pasando por Coll Formic... hace una hermosa tarde, conduce Blanca, me relajo disfrutando del bello paisaje... de repente, en una enorme pared de roca, la juventud alegre y combativa ha pintado una estelada "king size", y la leyenda: "Montseny, territori Masai"; un supuesto masai levanta el dedo medio de su mano alzada... cositas así hacen que cada vez más me sienta colono en una tierra que siempre he creído mía, aunque no la mía, no sé si me explico... también mía, por lo menos, y por la que he trabajado toda mi vida... colono no, como poco, cooperante... cobrando, eso si... echo de menos a los discretos y amables masai de verdad... 

Pero no me dejo llevar por esos negros pensamientos... "desconecto"... se está poniendo el sol, y los pájaros, buscando su posadero nocturno, huyen al paso del bólido que conduce mi Pocahontas local... abundan los arrendajos y los mirlos... de repente., un cuervo, o quizás una corneja; me asalta un recuerdo, y casi suelto la carcajada...





Durante muchos años, formé parte de tribunales de oposiciones de acceso a la Función Pública local, en representación de la Direcció General d'Administració Local de la Generalitat de Catalunya; no era una tarea sencilla, si pretendías que siempre se desarrollasen de acuerdo con los principios constitucionales de Mérito y Capacidad, pero estaba bien pagado, te permitía conocer muchos pueblos, con sus electos locales y su personal municipal, en especial sus siempre eficientes y amables secretarios -hice en ellas muchos amigos, algunos de los cuales, afortunadamente, conservo- y, si te lo tomabas con espíritu deportivo, también te permitía disfrutar de mil y una anécdotas, que ahora me apetece contar.

En una ocasión, la Diputación de Barcelona pretendía cubrir varias plazas de guardas forestales del Parque del Montseny: a poco más de cincuenta kilómetros de Barcelona, el Parque Natural del Montseny, sobre un macizo montañoso cuyas cumbres llegan a rozar los 1.800 metros, es un espacio bellísimo y  especialmente bien conservado; lo había recorrido de pequeño, acompañando a mis padres, pero luego, al conocer a Blanca -descendiente del pintor Baixas, uno de los primeros en recoger en sus cuadros la belleza de sus paisajes, y cuya familia ha permanecido desde entonces estrechamente unida al Montseny- esas tierras serían para mí un nuevo territorio sentimental de referencia...

Pero para eso aún faltaban unos años: formábamos el tribunal el Diputado del ramo, algún otro técnico de la Diputación, la Jefa de Recursos Humanos y el que esto suscribe; nos conocíamos de anteriores experiencias, y había entre nosotros el buen ambiente que presagiaba unas oposiciones no especialmente conflictivas.

Formaban ante nosotros, corroídos por los nervios, los opositores; estaban claramente divididos en dos bloques, físicamente muy bien diferenciados: ecologistas urbanos, por una parte; jerseis hechos a mano, pelo largo, alguna rasta, zurrones, sandalias o abarcas mallorquinas... frente a ellos, con americanas oscuras de asistir a entierros, corbatas demasiado anchas y demasiado mal anudadas, brillantina, zapatos recién lustrados... los jóvenes locales, hijos o nietos de los payeses que, treinta años atrás, aún poblaban las decenas de masías repartidas por todo el territorio del parque; los dos grupos se miraban con mal disimulado recelo...

Acordamos hacer entrar a los opositores uno a uno, y plantearles el mismo tema, para que lo desarrollasen oralmente: "La Fauna del Montseny"; entraban los ecologistas urbanos, y era un placer oirlos; especies, con sus nombres latinos -el binomio de Linneo- sus nombres populares en Catalán y en Castellano, su status poblacional, su distribución, alimentación, hábitos, medidas propuestas para su conservación o erradicación -había especies invasoras, como el Visón americano, supervivientes de exitosas fugas de sus stalags peleteros...- yo, ya por entonces ornitólogo aficionado, los escuchaba extasiado...

Paro llegó el momento de escuchar a uno de los jóvenes locales; de rostro colorado, pelos erizados apenas trabajosamente aplanados, puntas del cuello de la camisa desafiantemente alzadas hacia el cielo... ante nuestra pregunta, enrojeció aún más, miró hacia la puntera de sus zapatos, y empezó a desgranar trabajosamente su respuesta, con una voz apenas audible:

"Al Montseny tenim... tenim el senglar -el jabalí-, tenim la guineu -la zorra-, tenim el corb -el cuervo- que és molt dolent... que es muy malo..."

"Dolent, el corb...?" -"¿Malo, el cuervo?", pregunté yo, extrañado...

"Si per menjar és molt dolent: si, para comer es muy malo...", contestó, en un tono de voz aún más bajo, casi confidencial...


La jefa de Recursos Humanos, vieja amiga, me hundió un codo en las costillas... "¡Coño, se ha comido un cuervo...!", exclamó...

Una vez a solas el tribunal, tranquilicé a mis compañeros; el muchacho vivía en la Naturaleza, y es casi una obligación conocer y valorar todos los recursos que tienes a tu alcance: les conté lo sucedido a mi hermano veterinario: contemplaba el río Cinca desde un puente, con un conocido sobrarbense, cuando pasó volando sobre ellos una gaviota... "Fíjese, una gaviota, hace años no se veían esos pájaros por aquí..." "Ya las hi probau, y no valen t'a cosa...!", contestó, despectivo, el campesino... nuestro montañés del Montseny había obrado en consecuencia, aplicando el protocolo correcto: bicho que no conoces; tiro, guiso, y sacar conclusiones; método de prueba y error, padre del conocimiento científico...

"Y qué hacemos con ellos...?" se preguntó el Diputado...

"¿Queréis un consejo...? cojamos mitad y mitad: ecologistas urbanos que os conserven Fauna y Flora en óptimas condiciones, y chicos de masía, que os rescaten a los urbanitas cuando se os pierdan por los bosques..." fue mi respuesta...

Todos consideraron razonable mi propuesta, y así la Diputación de Barcelona se dotó de un puñado de nuevos funcionarios que, estoy seguro, desempeñaron sus cometidos con celo y eficacia, y a entera satisfacción de sus superiores y público en general que, en definitiva, son los que nos pagan... amén.








martes, 12 de julio de 2016

Emma Cohen, in memoriam (indirecta...)

Me despierto con una mala noticia. Una mala noticia natural, quiero decir, aunque prematura, dramáticamente prematura: ha muerto Emma Cohen...

Emma Cohen era una chica mayor que yo: compruebo que sólo dos años y pico, pero eso, cuando éramos jóvenes, era una distancia casi insalvable: no llegué a conocerla personalmente, pero yo iba, por así decirlo, siguiendo sus pasos; en la Facultad de Derecho, en el teatro universitario... y, por supuesto, conocí a muchos que la conocían; entre ellos, dos hermanas suyas, bellas e inteligentes también. Una de ellas, por cierto, humillaba mi autoestima intelectual con auténticas palizas al ajedrez.

Precisamente estando con esa hermana más joven, nos contó un conocido común, actor de teatro, una divertida anécdota de Emma: la sensación teatral barcelonesa del momento era el "Marat-Sade", de Peter Weiss, dirigido por Marsillac. nuestro amigo representaba el papel de uno de los locos del manicomio de Charenton que, bajo la dirección del Divino Marqués, interpretaban la muerte del tribuno revolucionario: los "locos" tenían por misión dar por saco de las maneras más variadas, harapientos y polvorientos como iban, a los asistentes a la función: nos contaba que un burgués, incomodado por un compañero suyo, intentó librarse de él dándole un billete de mil pesetas. Eso, en los años sesenta, era un pastón, algo así como el mítico billete de 500 euros... el "loco", mirándolo con odio, redujo el billete a confetti con sus manos... después, entre bambalinas, se tiraba de los pelos... muchos de los buenos actores de la escena barcelonesa de los Setenta empezaron su carrera como "locos" del "Marat-Sade"...

Pues bien; Serena Vergano, otra de las musas de la intelectualidad barcelonesa del momento, que interpretaba a Carlota Corday, la asesina de Marat, abandonó la compañía de la noche a la mañana, no recuerdo exactamente por qué; inmediatamente, le propusieron a Emma hacerse cargo del papel: no había problema, se lo sabía perfectamente... pero el vestuario, diseñado para Serena, esbelta y espiritual, no se adecuaba demasiado bien al cuerpo de Emma, uno de esos cuerpos de señoras de verdad, de los que nos gustan a los señores, vamos...

Y de ahí surgió la anécdota; porque, en la primera función, Emma esbozó un gesto dramático con su brazo, y un hermoso y rotundo seno, aliviado de la presión del "Palabra de Honor" republicano tres tallas menor, saltó libre ante la admirada mirada del afortunado público, y me refiero, por supuesto, al masculino y/o dotado de claras preferencias hacia ese tipo de visiones...

Emma ni se inmutó: continuó interpretando su papel y, en un momento propicio, lo volvió a colocar en su lugar, acabando la función sin más incidentes.

Pero la noticia había dado la vuelta a Barcelona... "¡¡Emma enseña una teta...!!": al día siguiente, todas las entradas del teatro estaban vendidas, y una inmensa multitud -vamos, tampoco exageremos, el aforo entero...- asistía, expectante, a la espera del acontecimiento que nunca volvió a producirse, porque ya el personal de vestuario había tomado las medidas necesarias, en todos los sentidos.

Hija de una familia topeguay, niña del Turó Park, Emma brilló con luz propia en aquella Barcelona que tanto añoro, entre otras cosas, por haberla vivido sólo de refilón, demasiado joven, demasiado pobre para entregarme libremente a sus entrevistos placeres... una Barcelona donde podías estarte tomando un Gintonic en Bocaccio -alguno si me tomé...- junto a, qué se yo, Mario Vargas Llosas, el entonces famoso izquierdista... una Barcelona libre de las Plagas de Egipto que hoy la azotan: turistas, turistas y más turistas, patriotas de patrias posibles pero poco probables, con bandera comprada en los chinos colgada del balcón, y honestos padres de familia, devotos del Joven Atleta con Problemillas Tributarios, sañudamente perseguido por las Fuerzas de Ocupación...

Después, la carrera de Emma tomó rumbos inesperados; cine comercial, inolvidable Gallina Caponata -traspasaba el poco favorecedor disfraz, de alguna manera sabías que debajo estaba ella...- y, una vez iniciada su larguísima unión con Fernando Fernán Gómez, -ese hombre insustituible, y baste con ver lo mal que lo estamos llevando sin él-, el descubrimiento de la Literatura.... Emma, que empezó su carrera como una tempestad arrolladora, se había transformado en una suave lluvia, que acompañaba aunque no la escuchases, porque sabías que seguía cayendo... con esa discreción ha llevado su última prueba, con esa discreción nos ha dejado; que la Tierra te sea leve, chica guapa, bella señora...