viernes, 11 de noviembre de 2016

De piedras negras, macacos, imbondeiros...

Volvemos desde Cacuso a Luanda: pero aún nos quedan muchas cosas por ver...









Por la mañana hace frío en Cacuso; se nota porque las señoras se envuelven en telas a cual más colorida cuando salen, bien temprano, a sus labores; una de ellas lleva a su hijo envuelto en una tela propaganda del MPLA, ahí hay una idea para la Assemblea Nacional de Catalunya... también los niños van al "cole"; alucinamos con las decenas de moñitos de las niñas, adornados con lacitos de colores; están muy graciosas y, supongo, ahorran el peinado matutino; deben durar semanas... Blanca está haciendo fotos por la ventana del restaurante, y las niñas posan felices, haciendo los gestos universales -dedos en "v"- que tantas veces vimos en Japón... Cacuso, que pronto dejamos atrás, sigue siendo una pequeña ciudad de buen rollito.



Circulamos por una buena carretera hacia las Pedras Negras de Pungo Ndongo, Andongo en otros sitios; es otra de las bellezas naturales de Angola: según la guía, "Entre sus monolitos pétreos, no falta uno en forma de pene circuncidado"... ¿cómo iba a faltar...? no conozco formación rocosa alguna en que no haya un monolito en forma de pito; lo de la circuncisión, aquí, como en casi toda África, es punto menos que obligatoria.... al fondo de la carretera se adivinan ya curiosas formaciones rocosas, que dejaremos a la izquierda. Una vez más, la carretera está llena de cientos de personas andando por los arcenes; predominan las mujeres con pesadas cargas en sus cabezas.



De golpe me doy cuenta de algo que me viene llamando la atención desde ayer; no veo ni un sólo animal de carga... hay cabras,, ovejas, cerdos, gallinas... pero ni un burro, por no hablar de un mulo o un caballo; en Kenia había burritos, e incluso dromedarios en las zonas del norte; en Marruecos, ya no digamos; en la Medina de Marrakech los embotellamientos eran de burros... en esta tierra, donde hay hierba por todas partes, los burros se alimentarían a coste cero: ¿cómo no se les ocurrió a los portugueses importarlos...? aquí todo se transporta en la cabeza de las mujeres, o, como mucho, en las motos chinas, donde siempre viajan dos o tres pasajeros... ¿para cuando un "Burros sin fronteras" que lleve a estas tierras gráciles borriquillos andaluces, biznietos de Platero, o recios guarons catalans, de blancas ojeras...? Hoy, como veis, estoy creativo y propositivo.









Podríamos decir que esta carretera lleva las contradicciones de Angola a su punto extremo; por un lado, vemos extensas plantaciones de caña de azúcar y, muy pronto, una enorme y moderna planta industrial que la transforma en biocombustible, creo que de capital brasileño... pero, al mismo tiempo, las aldeas que atravesamos son, con mucho, las más primitivas que veremos en el viaje; ya casi han desaparecido la uralita y los bloques de cemento, y las chozas son de adobe y madera, rematadas por tejados de paja, en el más puro estilo "Tintín en el Congo". En algunos poblados -como también vimos hacer en Kenia- revisten la paja con un feísimo toldo de plástico, que, en aras a atraer el Turismo, deberían prohibir, aunque a la gente que no tiene más narices que vivir allí les debe ir muy bien en días de lluvia... por todas partes venden enormes sacos de carbón vegetal; paramos a comprar uno para las barbacoas en Luanda; pesa como un muerto, pero los vendedores no tienen el menor problema para cargarlo en la caja de la "carrinha".






Llegamos al impresionante macizo de Pungo Ndongo: las "Pedras" no llegan a "Negras", pero sí son de un gris bastante oscuro; son -creo, ya me lo conformará Ánchel, mi geólogo de cabecera- conglomerados de cantos redondeados, es decir, pudingas: me recuerdan muchas formaciones parecidas que he visto; Mallos de Riglos, Salto de Roldán, Serra de l'Obac...  en atención a la procedencia étnica de mis acompañantes, lanzo la comparación tan esperada: "Semblen les muntanyes de Montserrat...!". El conjunto es impresionante... la carretera entra en un inmenso hemiciclo, donde se alzan las escasísimas casas de Pungo Ndongo -¡Cuidado! he dicho casas, y lo son; casitas arregladas, con su tejadito de teja, nada de chozas..- y. desde allí, una pista nos permite llegar al punto más extremo accesible en coche.








Estamos en el interior de un profundo valle; desde allí, unas escaleras casi en ruinas, reliquia también de la colonización, permiten ascender, en pocos minutos, a la loma de una de las formaciones; tenemos a nuestros pies el caserío y los verdes campos que lo rodean, las formas redondeadas de las paredes rocosas, un águila -a saber cual, no tengo ni prismáticos ni guía...- nos sobrevuela describiendo círculos; hacia el sur, en la lejanía, se ve una gran masa de agua, seguramente un embalse en el río Kwanza...  nos invade la euforia del que ha coronado una cima, por modesta que sea, y ese sentimiento de pérdida cuando te das cuenta de que tienes que volver a bajar al llano.

Cuando cruzamos Pungo Ndongo, sale de una de las casitas un ciudadano en camiseta imperio -Imperio Portugués, supongo...- que, con aspavientos, nos pide que paremos; nos informa de que debemos abonar un peaje, que el "Soba" -el jefe tradicional local- le ha encargado de pedírselo a todos los coches que se dirigen hacia el interior, pero que lo habíamos pillado despistado, dentro de la casa... la cantidad no merece entrar en discusiones, pagamos y el buen hombre, entonces, nos pide una "boleia", es decir ,que lo bajemos hasta el siguiente pueblo... no problema, a la caja de la "carrinha", con el saco de carbón, y adelante.





Pero aún pararemos una vez más, en una extensa explanada, donde un templete protege una de las curiosidades locales; una forma en la roca que puede recordar una pisada humana; ni más ni menos que la de la Rainha Ginga; hija del Rey Ngola -de cuyo nombre procede el del país-, mujer cultivada y valiente, buena conocedora de las costumbres de los portugueses; se convirtió al Cristianismo, tomando el nombre de Ana de Sousa, pero se rebeló contra los colonizadores, combatiendo contra ellos con diversos grados de éxito, llegando a firmar un tratado de paz, que le permitió, vuelta al seno de la Fé Verdadera, morir de muerte natural a la increíble edad de ochenta años... sus leales soldados no tuvieron tanta suerte; fueron vendidos como esclavos en Brasil... Rainha Ginga es considerada una "protonacionalista", es decir, una precursora de los nacionalistas que lograron la independencia de su país bastantes años después.

Volvemos rápidamente hacia Cacuso, y seguimos en dirección Luanda: hemos de llegar a N'Daletando, donde nos espera una de sus curiosidades, un espectacular Jardín Botánico... paramos de nuevo en una gasolinera, moderna y arreglada, como todas, donde rápidamente nos rodea un rebaño de cabras... observo que la puerta del lavabo ha sido reparada por alguien aún más zaborrero que yo; es una alegría saber que, en  algún punto de Cuanza Norte, tengo un alma gemela...









Nos apartamos de la ruta principal, y descubrimos otro N'Daletando: una hermosa iglesia con bellísimos azulejos portugueses, casitas de muy buen aspecto, con jardines... la carretera baja al valle de un riachuelo, dominado por un enorme edificio colonial muy bien conservado -a Ramón le comentaron que era "la casa de Salazar", dudo muy mucho de que el momio se atreviese a realizar un incómodo safari hasta los confines de su Imperio; era, como Franco, de poco viajar...- y entramos en el Jardín Botánico.











Bosque Botánico, diría yo... inmensos árboles, de especies que desconocemos, auténticos bosquecillos de bambúes del grosor de mi pierna, un riachuelo que corre entre las raíces monstruosas de los árboles, algún macaco que escapa tronco arriba -y algún cazador que, escopeta en mano, quiere incorporarlo a su dieta-, lagartos, mariposas del tamaño de pájaros medianos...


Así de contento estaba yo, antes de que me mordiese la Mamba Negra...


Irene quiere comprar un esqueje de una flor bellísima, la Rosa de Porcelana, de la que, por desgracia, no hay ningún ejemplar abierto: se la venden los cuidadores del jardín, con consejos para plantarla: espero que, cuando se abra, nos envíe una foto en nuestros casi diarios contactos por wasap... pero antes me ha sucedido un pequeño accidente, casi me da vergüenza contarlo... intentando fotografiar una mariposa, he salido del camino, adentrándome entre las altas hierbas, y, al momento, he sentido un doloroso pinchazo en el borde del pie, a través de las zapatillas de montaña... lo más normal es que fuese una zarza, me habré clavado miles de espinas de barza en mi vida pero... estamos en tierra de serpientes, muchas de ellas venenosas, algunas bastante, o muy, o extremadamente venenosas... vamos, que te mueres, macho... me descalzo y compruebo que la zona afectada está muy enrojecida... no puedo dejar de pensar, por un momento, "¿Mira que si ha sido... ?" Blanca lleva encima una porquería de efectos milagrosos para los pinchazos, que huele a rayos: me la pongo, y el dolor, poco a poco, va desapareciendo, y mi tranquilidad, retornando...




Llegamos al restaurante de N'Daletando; después de sobrevivir a la Mamba Negra, decido tirarme al río, y me compongo en el buffet libre el plato más etnográfico que puedo: feijoada, frango -pollo-, una costilla de porco, funghe -algo así como polenta de mandioca-, más mandioca, banana frita... el pollo está rico, la costilla, como suelen hacerla en tantos sitios, calcinada; la mandioca, correcta; la banana, sabrosa pero algo dura; la feijoada -de largo, mi favorita- muy buena,  y el funghe, de textura agradable, pero tirando a soso; suelen tomarlo, ¡¡horror!! con salsa de tomate; lo arreglo añadiéndole una salsa picante capaz de levantar a un muerto... creí que me gustaba mucho el picante, pero me quito la boina ante Ramon, capaz de tomarlo en cantidades increíbles, no le llego ni a la suela del zapato...

Estamos ya acabando la comida con un helado, cuando entra en el restaurante una comitiva de caballeros encorbatados y señoras elegantes; tienen la sonrisa confiada y el gesto distendido que conozco bien; el de los que van a comer, opíparamente, con cargo al Capítulo Segundo de los "Orzamentos", del Presupuesto Público... alguien comenta que son el Gobierno Provincial... ¡cuantas veces he formado parte de esas alegres comitivas...! con gusto me sumaría a mis colegas, a punto estoy de proponérselo a la pizpireta Jefa de Protocolo que los pastorea con una lista en la mano, para evitar que se cuele algún gorrón... incluso les daría, gratis, una conferencia: "E agora, o Doutor Revilha -aquí siempre ganas un grado académico más- falara-nos dos convenios de cooperaçao entre os Entes Públicos..." añoranzas del pasado...

Reemprendemos la vuelta hacia Luanda, sorteando buracos en la carretera: vamos buscando con la vista los macacos muertos que veíamos vender a la ida, y paramos ante un ciudadano que tiene uno vivo, atado a un palo... "¿Está ya listo para comer...?", pregunta Ramon... "No, éste es para criarlo.."... miro al bicho; está triste, resignado, y, cuando oye la mención a la comida -será casualidad, supongo-, su expresión es de auténtico horror, absolutamente humano... su mirada me impresiona, os juro que, en aquel momento, me afiliaría al PACMA, qué choque para mi conciencia de carnívoro.

La viva imagen de la resignación...


"¿Comer...? ¿Se me van a comer, estos c...nes...?"


La tarde va cayendo, y aquí, cuando cae, cae de golpe: el sol poniente, jugando entre las nubes, y silueteando los imbondeiros que rodean la ruta, nos va a ofrecer una de las imágenes más inolvidables de este inolvidable viaje, esas que nos acompañarán por el resto de nuestros días, ese imborrable recuerdo de África, dentro de nuestro corazón ya para siempre...


















miércoles, 9 de noviembre de 2016

No vamos a discutir por eso...

¿Las segundas de África...? ¿Las terceras...?... una cosa queda clara; no son las primeras. Como decía un supercompetitivo, "el segundo es el primero que no gana", ya son ganas de tocar las narices... no vamos a discutir por eso; las Cataratas de Calandula son hermosas, y punto....






Cacuso es una pequeña ciudad, de ambiente apacible y agradable, ya en la Provincia de Malange, y a más de 300 km. de Luanda; ayuda a esa buena impresión la temperatura -cálida, pero nada agobiante- y el hecho de que, justo enfrente del hotel donde estamos contratando habitaciones para pasar la noche, hay unas escuelas -un bonito edificio, muy probablemente de origen colonial rehabilitado-, y la calle está siempre llena de niños y mamás, con lo que eso alegra.



El hotelito está bien; nada lujoso, un poco en la línea de los hoteles para camioneros y viajantes de comercio que podías encontrar en España en los años setenta, y donde he pasado bastantes noches. Vamos, que en peores plazas he toreado... la habitación tiene aire acondicionado y lavabo con ducha: como "amenities" -ya sabéis, geles, champúes y cosas así-, solo localizo, en el cajón de la mesita de noche, varios palillos de dientes: le digo a Blanca que, si los usa, los vuelva a dejar en su sitio, para los viajeros que vengan detrás... tiene el África Negra otra ventaja importante; si encuentras en algún lugar un pelo negro y rizado, no tienes que ponerte necesariamente en lo peor... No es el caso, está todo razonablemente limpio, y el precio, en un país carísimo, no es excesivo. Aprobado alto.

Nos ponemos en camino hacia las Quedas de Calandula: la carretera está en sorprendente buen estado, quizás la mejor de todo el viaje, como si la hubiesen arreglado justamente para nuestra visita; en muy poco tiempo estamos ya viendo en la lejanía la nube de agua pulverizada que, en medio del bosque tropical, delata la localización de las cataratas.





Llamadas, en tiempos coloniales, "Quedas do Duque de Bragança", las Cataratas de Calandula son una impresionante caída de agua, donde el Lucala, afluente del Cuanza -o Kwanza, el río más importante de Angola, que da nombre a su moneda- se despeña por un tajo de unos cien metros de altura y, calculo a ojo, cerca de un kilómetro de longitud. Y eso que no estamos en la temporada de lluvias; de hecho, estaremos admirándolas desde unas rocas que, en época de crecida, quedan también dentro de la catarata; las aguas, al caer, con el ruido que os podéis imaginar, levantan una nube de agua pulverizada, sobre la cual la luz del Sol se descompone, formando un bellísimo Arco Iris. Su hermosura sobrecoge, te disminuye, te sientes pequeñito ante la fuerza de la Naturaleza, una saludable inyección de realidad. Aguas abajo, el Lucala sigue su curso por un bonito cañón, buscando el no muy lejano Cuanza. La mañana es limpia y soleada, y gozamos de la calma y la belleza del momento.







No hay ningún otro turista a la vista, y la única infraestructura es un mirador bastante feote, de cemento y ladrillo, hecho polvo y lleno de pintadas, reliquia seguramente de la época portuguesa, desde donde quizás estuvo mirando sus cataratas el mismísimo Duque de Bragança: hay esperando cuatro o cinco muchachos, que nos ofrecen sus servicios: Ramón contrata como guía a Antonio, al que ya conoce de otra vez, y -no en vano es psicólogo- encarga a otro que nos vigile el coche, diciéndole que, en su próxima visita, será él el elegido. Mi tocayo nos va a acompañar durante toda la jornada; es un muchacho discreto y habla un Portugués correcto: acepta uno de nuestros bocadillos y, para beber, coge una lata vacía que encuentra en el suelo, y la llena de agua en uno de los charcos que ha formado la corriente, ante nuestro horror... "Ya estoy acostumbrado", afirma...






Admiramos las cataratas desde distintos puntos, fotografiándolas como posesos, con dos cámaras y cuatro teléfonos móviles... no nos cansaríamos de mirarlas; comemos allí mismo, sobre las rocas, no sin cierta aprensión porque, según Antonio, hay cobras en la zona. Veo pasar, furtivo, algún tipo de roedor: espero que la cobra lo prefiera como presa...

Los que no se cortan un pelo son unos hermosos lagartos, primos hermanos de los que ya había visto en Kenia: los hay de tonos camuflados -no muy distinto de los uniformes de modelo francés que llevaban los soldados portugueses-, mientras que otros lucen una bella y vistosa coloración; son los machos, y me contaron que la viveza de sus colores indica el grado de disponibilidad sexual... una vez más agradezco íntimamente pertenecer al género humano, y que no se me noten las intenciones por los colores de la cara; me habría ganado muchos bofetones en mi vida, aunque, seguramente, también habría ligado más... algunos van a más de cien... pregunto a Antonio el nombre de los bichos, y me dice algo así como "Fardaos"... no puedo dejar de recordar al "Fardacho" aragonés, el Mundo es pequeño...



Pero tenemos que ponernos en marcha, porque nos aguarda la segunda maravilla del día; la cascada de Musseleje, mucho más pequeña que su hermana mayor, pero también lugar de una rara belleza; están cerca, a escala angoleña, es decir, a más de una hora de camino, y Antonio nos guiará.

Cruzamos la aldea de Calandula y, al poco, abandonamos la carretera y entramos en una pista de rojiza tierra africana, que se abre paso entre el bosque tropical; hay gente por todas partes, andando en todas direcciones, las mujeres casi siempre con grandes bultos en increíble equilibrio sobre sus cabezas; muchas llevan también un niño a sus espaldas, envuelto en un paño que ciñen a la cintura... no es exagerado afirmar que el Futuro de África camina sobre las cabezas y los riñones de sus admirables mujeres; quizás ese hábito hace su paso tan elegante, tan inimitable... Antonio va en la caja de la Pick-up, la "carrinha", y vamos ofreciendo "Boleias", es decir, cogiendo autoestopistas, que se le suman... Ramon no está muy seguro de si esa práctica es legal o no, cree recordar que se ha prohibido en zonas urbanas, para no hacer la competencia a los "candongueiros", pero en caminos rurales está ampliamente tolerada... les ahorramos un buen rato andando. Pasan motos con varios ocupantes en precario equilibrio; todos los varones llevan catana, el machete incorporado al escudo nacional.



Cruzamos varias aldeas; aquí si que el tiempo se ha parado años atrás; casas de adobes, chozas muchas veces con techo de paja, animales cruzando la pista... veo cabras, ovejas, cerdos pequeños, negros y peludos, primos muy cercanos a los jabalíes, gallinas con pollitos... ¡¡pollitos!! ¡¡hacía años que no veía pollitos, siguiendo a Mamá Gallina y picoteando entre el polvo...!! una de las casas lleva el nombre de su improbable propietario: Messi. Prometemos no decir nada a la Agencia Tributaria, a ver si aún le buscamos un disgusto... recuerdo que, años atrás en un pueblo próximo a Boltaña, la casa del rico era conocida como "Casa Onassis", los millonarios cambian, las costumbres no...



La pista gira en redondo, aparcamos bajo un árbol increíblemente frondoso, y nos acercamos andando a la Cascada de Musseleje; es un lugar mágico, uno espera ver surgir de las aguas viejos dioses africanos, atraídos por el murmullo de las aguas que se descuelgan, escalón tras escalón, formando sutiles columnas que se rompen en gotas al tocar nuevos resaltes de la piedra... Antonio, que ya ha demostrado su escaso respeto hacia las amebas, se queda en calzoncillos y se sumerge en la poza... con gusto lo haría yo, si no tuviese esos infundados temores de blanco cagueta hacia la microfauna que pulula en las aguas continentales africanas... es lo que tiene haber leído.... me conformo con extasiarme un ratito ante la belleza del lugar...





Pero hay que ir volviendo hacia Cacuso, porque pronto caerá la noche, y no es cuestión de que nos pille en la pista: cruzando una de las aldeas, mi Madre Teresa de Calcuta particular tiene la genial idea de ofrecer galletas a unos niños que juegan ante sus casas: ante mi horror, porque, rápidamente, me doy cuenta de que el número de galletas en un paquete es finito, mientras que el de niños en una aldea africana tiende a infinito: no tengo la impresión de que estén especialmente desnutridos; junto a las aldeas hay huertecitos, y se ve mandioca y bananas por todas partes; son, simplemente, niños a los que unos extranjeros raros les ofrecen "bolachas" -galletas- y "reboçados" -caramelos-... pronto estamos rodeados por docenas de manos, que agotan nuestras provisiones, y siguen saliendo más, a la carrera, de cada choza... empieza Madre Teresa a dar instrucciones... "dadle uno a aquel chiquitín..." "repartidlos con vuestros amiguitos..." observo, cínicamente, que dichas recomendaciones ya serían poco efectivas incluso en la puerta del Colegio Suizo de Plaça Molina, tanto más en una aldea del Malanje profundo, y que, al contrario, más de un agraciado se ganaría un pescozón por parte del más forzudo, pero menos afortunado... aparecen, sonrientes, las mamás, con cara de decir "¡La que estáis liando...!"





Salimos como podemos del atolladero, nos despedimos de nuestro guía, y pronto estamos cenando en nuestro hotel: hay, como es frecuente en Angola, un bufett libre, pero en todos ellos existe una peculiaridad; puedes llenar el plato hasta arriba, pero sólo una vez: si vuelves a pasar, aunque sea para ponerte más salsa picante en el funghe, vuelves a pagar... unos operarios chinos llenan sus platos de forma inverosímil; se lo comentamos a la simpática encargada del restaurante... "¡Cómo comen los chinos...!" "También les cobramos más", nos dice, con una sonrisa pícara...  cae, de golpe, la noche, y nos refugiamos en nuestras habitaciones; en el primer sueño, me despierta el ruido de alguien que intenta entrar en nuestra habitación... "¡Ocupado!", grito, como en un lavabo... alguien que se ha confundido, me siento absolutamente seguro y tranquilo en la noche africana, solo lamento que, una vez más, se ha nublado... sé que me marcharé de Angola sin ver mi constelación favorita, la Cruz del Sur...









lunes, 7 de noviembre de 2016

Viaje en el espacio, viaje en el tiempo... 1

Irene y Ramon quieren enseñarnos dos de los atractivos turísticos de Angola: las "Quedas" -cataratas- de Calandula, y las "Pedras Negras" de Pungo Andongo... dos días de viaje por el interior de Angola, un peculiar viaje también en el tiempo...



Salimos de Luanda de madrugada, aún de noche; los países tropicales viven en un perpetuo equinoccio; doce horas de día, doce horas de noche, y los ritmos se adecuan bastante al ciclo solar; se trabaja de seis de la mañana a seis de la tarde; pero como los tiempos de desplazamiento son muy largos, mucha gente sale de su casa de noche cerrada -los crepúsculos son muy breves-, y vuelve de noche también.

Circular a esas horas por las vías rápidas de Luanda es, sencillamente, aterrador; muchísima circulación, muchos vehículos en muy mal estado, altísimas velocidades... los "candongueiros", los microbuses colectivos, los hay a millares, entran y salen de las autovías cuando buenamente quieren; por los arcenes circulan también miles de peatones; como hay pocos pasos elevados, muchísimos se arriesgan y cruzan las autopistas, sorteando el tráfico... y no es fácil distinguir a una persona negra, vestida de oscuro muchas veces, y con las luces de cruce... si el Gobierno de Angola me aceptase una sugerencia, estoy seguro de que regalar a cada ciudadano un chaleco reflectante añadiría tres o cuatro años a la esperanza de vida...

Las autopistas y autovías urbanas están, generalmente, en buen estado: pero tienen una peculiaridad muy peligrosa: como no hay pasos a distinto nivel, los cambios de sentido se efectúan mediante vías lentas en el carril izquierdo y giros en "U", que te permiten incorporarte en sentido contrario, también por el carril de la izquierda, y todo eso con tráfico muy rápido: como los puntos de giro están bastante distantes, no es infrecuente, si vas, por ejemplo, en dirección Norte, entrar en la autovía y conducir varios kilómetros en dirección Sur, hasta poder girar... resultado: yo, que voy siempre de "paquete", me despisto por completo si me faltan puntos de referencia como, por ejemplo, el mar... veo el anuncio de una autoescuela "Aprender aquí te faculta para conducir en cualquier parte del Mundo".... estoy absolutamente de acuerdo: hasta en Italia, que ya es decir...

Ahora nos incorporamos a la autopista de 120 km. que circunvala toda la Provincia de Luanda: empezamos a ver cosas sorprendentes ... la primera: a pocos cientos de metros de la vía, se levantan enormes ciudades absolutamente nuevas; construidas por los chinos en los últimos años de bonanza económica, tienen 800.000, 500.000 habitantes... en una de ellas cabe todo Aragón, por ejemplo... edificios altos, aparentemente bien construidos; nos cuentan que las viviendas son amplias, cuatro o cinco habitaciones, adaptadas a la demografía angoleña, de familias muy numerosas... los servicios están muy por encima de los estándares del centro de Luanda; vemos muchísimas ventanas iluminadas, señal de que los va llenando una creciente clase media local... el problema es que son sólo ciudades-dormitorio, sin apenas puestos de trabajo, y las comunicaciones con Luanda son muy precarias, tan solo mediante el automóvil privado, por vías más que saturadas; se habla de crear un servicio de ferrocarril de cercanías, pero los proyectos, mientras no suba el barril de petróleo, están parados...

La autopista permite también tener una clara imagen de la presencia china en Angola: pasamos ante una "Chinatown" y una "Cidade China", extensísimos polígonos industriales y comerciales; la mayoría de los carteles que vemos están en Portugués y Chino, y, algunos de ellos, tan solo en Chino, ya os arreglareis... veremos también las plantas donde se construyen las primeras motocicletas y los primeros automóviles angoleños: la inmensa cantidad de contenedores nos hacen sospechar que, pese a los anuncios bien visibles y triunfalistas, son meras plantas de montaje, pero por ahí hemos empezado todos... junto a la autopista hay también modernos equipamientos deportivos: un Estadio que se da un aire al Allianz Arena de Munich, que parece que marca la tendencia en los nuevos estadios, el "Donut look", y un cúbico y polícromamente iluminado Palacio de Deportes, para una burrada de espectadores, donde recientemente se ha celebrado un campeonato mundial de Hockey sobre Patines... hay también un parque de atracciones que ha abierto hace poco... palpamos la pujanza de la Angola moderna, quizás algo agazapada ahora por la crisis económica, pero que está ahí, ahí está lo construido, hay potencial de futuro, sin lugar a dudas...



Salimos de la autopista en dirección Este; pasamos por la entrada del que será nuevo aeropuerto de Luanda -que dejará, así, de tener un aeropuerto urbano; desde allí al centro de la ciudad, hay prácticamente, con las vías actuales, una hora de camino-, y una enorme reserva de terrenos destinados a proyectos urbanísticos: el paisaje, al amanecer, nos muestra ya un cambio importante; atravesamos una sabana seca, donde dominan las siluetas espectrales de los baobabs, los "imbondeiros", que mañana, a la vuelta y con el sol poniente detrás, nos ofrecerán unas fotos espectaculares, la imagen misma de África... los pueblos escasean, las distancias entre unos y otros se van alargando...

Imbondeiros: bellísimos...


Pronto la carretera empieza a serpentear, adaptándose a un paisaje cada vez más montañoso: con la montaña vienen las nieblas, que se transforman en una suave llovizna; el paisaje es más verde, según vamos subiendo, y a ambos lados de la carretera nos envuelve el bosque tropical, con árboles más altos, adornados con lianas... se parece más a las selvas de nuestras películas africanas... para completar el cuadro, algunos tenderetes, al borde de la carretera, ofrecen "macacos" -monos- muertos, que son apreciados como comestibles, y unos grandes roedores, entre la rata y el conejo, llamados "ratas do mato", ratas de bosque... estamos dejando ya la llanura litoral, y entrando en las tierras altas del interior; sigue haciendo calor, pero más seco y saludable; con gran sorpresa y alegría, dejaré de sentir esa sensación pegajosa del calor húmedo que no me ha abandonado en Luanda salvo en los ratitos en que podía disfrutar del aire acondicionado.

Hemos entrado en la Provincia de Cuanza Norte, y el paisaje vuelve a ser más llano, pero mucho más verde, y cada vez las acacias africanas, de ancha copa, van ganando terreno a los imbondeiros. Las pequeñas aldeas se suceden; ahora predomina la construcción en adobe, con techos de chapa o de paja; a lo largo de la carretera hay puestos de frutas y verduras y, como veremos también, de carbón: el carbón se obtiene por el expeditivo procedimiento de quemar el bosque; vemos varias veces esos fuegos, que no parecen afectar grandes extensiones, ni propagarse fuera de control; tampoco se ven espacios quemados por fuegos anteriores; tengo la impresión, quizás equivocada, de que el impacto de esos fuegos no es excesivamente grave, y que la Naturaleza se recupera bastante bien.



Con sus antenitas...


En todas las aldeas ondean banderas del MPLA, el partido mayoritario, prácticamente igual que la bandera nacional: viniendo de la hiperventilada Catalunya, esa profusión de banderas no llama demasiado la atención; en todo caso, los mástiles no son tan altos y recios como los que sostienen estelades en los pueblos de la Catalunya interior; el aspecto positivo es que también se ven banderas de otras opciones; las de UNITA, con el gallo, las de otra escisión de UNITA... a un año de las elecciones, falta saber si su ley electoral ordenará prohibirlas durante el día de los comicios, y si los "sobas", los jefes locales, acatarán las sentencias al respecto... también se ven locales de los partidos y de la Unión Angolana de Mujeres, la rama femenina del MPLA. No sé si las mujeres de UNITA tienen organización propia...

Mención especial merecen las carreteras: su estado varía constantemente: a tramos recién construidos y con el firme en perfecto estado, suceden otros absolutamente hechos polvo, con socavones y zanjas prácticamente insalvables: vemos a un camión que ha hundido su rueda trasera en una de esas trampas; las ruedas delanteras están en el aire... por suerte, las carreteras son anchas y con buenos arcenes, porque en esos tramos se conduce, sin reducir demasiado la velocidad, zizagueando para esquivar los "buracos" -agujeros-; tan sólo se frena cuando los "buracos" cruzan toda la carretera; entonces hay que salvarlos como se puede... Ramon conduce como si hubiese nacido allí, ante nuestra total admiración; eso sí, cuando vuelva a la Península, le va a hacer falta un buen periodo de adaptación, si no quiere perder todos los puntos en una sola mañana...

Nos dicen que los accidentes de tráfico son la segunda causa de mortalidad, después de la diabetes que, al parecer, causa estragos; a un lado y otro de la carretera se ven los despojos calcinados de coches y camiones accidentados, que, por lo visto, nadie retira, ni tan solo para aprovechar la chatarra. Hay también algún tanque, reliquia de la guerra, pero la mayoría de los restos proceden de esa nueva guerra civil, la de los conductores contra un tráfico absolutamente indisciplinado y unas infraestructuras peligrosísimas. Me parece milagroso no haber presenciado ningún accidente serio, dejando aparte esas caídas de vehículos en simas...

Este no se cayó en un bache...


La presencia policial se reduce a controles, eso sí, frecuentes, pero algo peculiares.En el primero de ellos, un amable policía se nos dirige, sonriente, y pregunta si tenemos "una gasosa", que puede ser desde una cerveza a una cocacola... aclara que tiene hambre -"o fome...". El mensaje es claro; doscientos cuanzas -un euro- y podemos proseguir; nos despide haciendo adiós con la mano... pararemos más adelante en otro más serio, de la Policía de Emigración, acompañados de soldados en uniforme de camuflaje; en este caso, después de comprobar durante largo rato nuestros pasaportes, un policía elegantemente uniformado -con divisas que no llego a interpretar, parecen de oficial- nos expresa su alegría por ver que vamos a conocer las bellezas turísticas de su país, nos desea un feliz viaje... y no nos pide ninguna "gasosa". Quiero decir que no se puede generalizar.


La vía del tren...


Ahora vamos a atravesar N'Dalatando, la capital de la provincia, conocida durante el periodo colonial como Vila Salazar: nada que recuerde al viejo -creo que ya nació viejo - profesor de Economía -en eso, por lo menos, coincidimos-, beato y seguramente virgen, el más atípico de los dictadores fascistas, que murió sin saber que, por su avanzado deterioro físico y psíquico, había sido apartado del poder; N'Dalatando es un caos total, miles y miles de casitas de una sola planta, casi chabolas, sobre una enorme extensión, sin que se entrevea una trama urbana: aquí y allá, edificios administrativos, como el que, orgulloso, corona una colina en un extremo de la ciudad; la carretera pasa sobre una vía de ferrocarril, seguramente en desuso -se están recuperando ahora algunas de las líneas de la época colonial- rodeada también de construcciones sumamente precarias... tendremos tiempo, a la vuelta, de visitar su jardín botánico, su principal atractivo.

Paramos en una gasolinera. Como todas las que veremos, son modernas y están muy limpias. Tiene también una pequeña cafetería, donde tomamos algo; el café, como en todos las tierras que fueron portuguesas, es excelente. Hay unos estantes dedicados al "Club del Libro", ocupando el nicho ecológico que, en las gasolineras españolas,  corresponde a los videos pornos y los CD de "El Fary": me dirijo a ver qué tienen allí: Una edición, profusamente ilustrada, del Kamasutra: hasta ahora, bien; que no decaiga la afición. Una traducción de Maupassant. Un libro de crítica literaria sobre un autor que desconozco. Un informe sobre la producción de armamentos en el Mundo. Un estudio sobre el empleo correcto de un determinado tiempo verbal en el Portugués Moderno, tema seguramente conflictivo. Una cartilla escolar donde "Palanquinha", un simpático personaje, inspirado en la Palanca Negra, el antílope símbolo nacional de Angola, enseña a los alumnos lo que, en mi adolescencia, se llamaba "Matemáticas modernas", es decir, Teoría de Conjuntos... me alejo, alucinado... si éstos son los libros que se leen en una capital de provincia angoleña, esto es la Atenas de Pericles, pero con más cachondeo, lo digo por el Kamasutra...

Río Lucala


Seguimos nuestro viaje, por las tierras regadas por el río Lucala, al que veremos despeñarse en las famosas cataratas que vamos a visitar. Pero antes tenemos que llegar a Cacuso, donde reservaremos habitaciones en un hotel... apenas son las once de la mañana, pero eso queda ya para otro día...


Cacuso: las "Quedas", a cuatro pasos...








jueves, 3 de noviembre de 2016

Luanda en sus museos...

Integrado en dos de las tres categorías que suelen llenar los museos -turistas y jubilados-, no es raro que dedicase varias horas a recorres los museos más interesantes de Luanda. Y en ellos siempre se aprende mucho, aunque no necesariamente sobre lo que en ellos se expone...



Memorial Agostinho Neto


En efecto, junto a los estudiantes -en Angola, siempre uniformados con sus batas blancas-, los museos occidentales están siempre llenos de turistas y jubilados. En Angola no hay prácticamente turistas -ya explicaremos un poco el por qué-, y jubilados, en un país con una esperanza de vida de unos 60 años -eso sí, en rápido crecimiento- tampoco es que abunden demasiado. Teníamos, por lo tanto, los museos casi a nuestra entera disposición, compartiéndolos con numerosos grupos de estudiantes, bulliciosos pero correctos, muy amables con nosotros, y razonablemente atentos a las explicaciones de profesores y guías. Museos y visitantes dicen mucho sobre la realidad de un país, y lo digo desde la tristeza del que sabe que el más visitado en su ciudad natal no es ni el Museo Picasso, ni las fundaciones Tàpies o Miró, ni el magnífico Museu Nacional d'Art de Catalunya i Països Veïns, sino el del Barça, donde imagino a sus numerosísimos visitantes extasiándose ante las botas usadas por Messi en un afamado "hat trick", deseando sobornar al vigilante para que se las dejase tocar y oler.



El primero que visitamos fue el de las Fuerzas Armadas; y no solo por mi conocida afición hacia esos temas, sino porque, en un país que ha atravesado un periodo de 30 años de guerra, bien puede considerarse el auténtico museo de la Historia de Angola: enclavado en la antigua fortaleza portuguesa de San Miguel, que domina la Bahía, las vistas desde él bien merecen la visita: la propia fortaleza, decorada con bellísimos azulejos, compite con el interés del material expuesto; en su exterior, piezas de artillería, vehículos blindados tomados a las distintas facciones de la guerra civil, y, en lugares destacados, restos de aviones enemigos abatidos, en particular, a los sudafricanos.



Descubro allí blindados pertenecientes al "Exército racista de Sul-Africa", recuerdos de la ampliamente desconocida batalla de Cuito Kwanevale, donde los carros cubanos y de las FAPLA derrotaron a los "Oliphant" de los orgullosos blancos sudafricanos, abriendo el proceso que llevaría a la independencia de Namibia y a la propia caída del régimen del Apartheid; junto a ellos, unas viejas amigas; las Panhard de fabricación francesas, que en los años Setenta dotaban a nuestros Grupos Ligeros de Caballería, y que protagonizaron una de las más divertidas historias de mi ya de por sí divertido -no me importa reconocerlo- Servicio Militar.





El interior del museo, mucho más sistemático nos introduce en la conquista y la colonización portuguesa, las atrocidades coloniales -nos resulta difícil imaginar cometiendo atrocidades a nuestros sensatos y discretos hermanos lusos-, y los inicios del alzamiento popular anticolonialista, armados sus combatientes con arcos, flechas, lanzas, machetes y... ¡piedras! -de las cuales se exhiben algunos ejemplares, que me temo no son los originales-, hasta que empezaron a apoderarse de los G3 de sus adversarios y a recibir armas de países amigos... como cabía esperar, la durísima Guerra Civil ocupa buena parte del recorrido, acabando con los históricos tratados que supusieron su finalización y el inicio de un periodo de reconciliación nacional, no exento de contradicciones, pero ejemplar en muchos aspectos. Como en el Abrazo de Vergara con el que finalizaron nuestras Guerras Carlistas, fuerzas de las guerrillas opositoras se integraron en el Ejército Popular de Liberación de Angola... suele ser una solución letal para los Presupuestos, pero muy eficaz para calmar los ánimos; me cuentan que el actual Jefe del Estado Mayor de las FAPLA es un general de UNITA, la principal guerrilla de la oposición... para entender cuantas cosas podemos aprender de ellos, imaginad al General Rojo, o a Líster, dirigiendo, en los años Cincuenta, el Ejército de Franco...

La firma de los Acuerdos


No faltan en la fortaleza murales del más puro estilo realista socialista -tan poco realista, en realidad, con sus héroes victoriosos empuñando decididos las armas y mirando orgullosos hacia el futuro- ni una Bandera Monumento, ligeramente más comedida que la que puso Bono en la madrileña Plaza de Colón. Pero me llaman mucho la atención la estatua de la Rainha Ginga, una reina del Siglo XVII, que luchó contra los invasores portugueses, representada como una señora bastante maciza, con un hacha en la mano, y, agrupadas en un patio, las estatuas de los diversos navegantes y conquistadores lusos contra los que luchó la Rainha Ginga... entre ellos, un juvenil -y ligeramente moñas- Luís de Camoens, del que no me consta su presencia en Angola, aunque si en Goa y Moçambique, reunidos como en una tertulia de antiguos funcionarios coloniales, sobre una tierra que ya no es suya. Durante esos días se desarrollaba en Barcelona el sainete sobre la presencia de una estatua decapitada de Franco en una exposición histórica: todo parece indicar que los Pueblos Verdaderamente Oprimidos desarrollan un sentido común que puede faltar en otros...

Rainha Ginga e Rainha Branca...


El propio Memorial dedicado al líder de la Independencia y primer Presidente, Antonio Agostinho Neto, tiene también una sección museística, donde podemos contemplar el despacho de Agostinho y, entre otras cosas, la última guayabera que vistió el día antes de fallecer, durante una intervención quirúrgica, en un hospital de Moscú. Hay diversas versiones sobre la enfermedad que acabó con su vida: un cáncer de hígado, posiblemente ocasionado por el alcoholismo que también padecía, y es doloroso comprobar cómo en su obra poética hay continuas referencias a los efectos nocivos y degradantes de la bebida, que, por desgracia, debía conocer muy bien.




Visitamos también el Museo Nacional de Antropología, que las guías recomendaban como el más interesante de Luanda: está situado en una hermosa casa colonial, en el centro -la "Baixa"- de Luanda, a pocos metros del rascacielos donde trabaja nuestra hija Irene, y, por desgracia, se encontraba en obras, reduciéndose su visita a sólo una parte de lo que habitualmente se puede contemplar: pero es un museo sumamente pedagógico y bien estructurado; las escasas, pero seleccionadas piezas se exponen con criterios temáticos -"Agricultura", "Caza y pesca" "Organización social" "Creencias"...-, agrupando en cada una de ellas las diversas culturas nativas angoleñas, sin que falten los elementos introducidos, a lo largo de tantos siglos, por la presencia de la potencia colonial...seguíamos a un numeroso grupo de estudiantes, ya adolescentes, al que su profesor explicaba las piezas, en un bellísimo Portugués -es una delicia escuchar a los angoleños cultos; como los hispanoparlantes americanos, conservan toda la pureza de sus respectivos idiomas...- pero recordándoles los viejos nombres nativos, que seguramente la mayoría de ellos desconocían o ya habían olvidado...

"El Pensador", una famosa figura tradicional


Pero posiblemente el más emotivo de todos fuese el Museu Nacional de la Escravatura:  situado en una bonita casa colonial, dominando una bella laguna, recoge en su sencillez piezas que nos ponen ante el horror de lo que supuso la Esclavitud; no falta ni un detalle: las reatas de prisioneros que llegaban desde el interior, los grilletes, los inhumanos castigos a los que intentaban escaparse, el bautismo forzoso al que los sometían -a sus cuerpos podían darles por c..., pero había que salvar sus almas-, el "comercio triangular", mediante el que se amasaron  fortunas en Europa -tantas hermosas casas de indianos...-, el alcohol con el que se los embriagaba para afrontar el viaje, la disposición en las bodegas de los barcos negreros, que determinaba el fallecimiento de muchos de ellos antes de llegar a su destino... dos guías, un chico y una chica, desgranan ante nosotros, en forma objetiva y desapasionada, toda aquella serie de atrocidades, mientras nuestra vergüenza va en aumento... no puedo por menos que reconocerlo, y pedir perdón por lo que nuestros antepasados hicieron a los suyos... nos presentan el aspecto positivo; tantas cosas que creemos brasileñas -la Samba, la Batucada, la Capoeira- proceden, en realidad, de Angola... cuando, cabizbajos, abandonamos el museo, hay fuera un grupo de niños; su maestra nos dice que nos quieren ofrecer un obsequio; nos entregan, a Blanca y a mí, sendas macetitas, con una flor amarilla cada una...



Volviendo a Luanda, el cínico cabronazo que hay en mí bajo mi aspecto amable y bonachón reflexiona sobre los avances sociales, indudables, que jalonan la Historia de la Humanidad; todo aquel horror está ya superado: ahora ya no hace falta financiar carísimas expediciones para  capturar esclavos, ni fletar buques, expuestos al riesgo de naufragio o de abordaje por piratas, con probable pérdida de la carga...; ellos mismos se pagan el viaje y la patera, y, además, a precio de oro, y se te vienen a ofrecer por casi nada, y ni tan siquiera los tienes que alimentar, vestir y alojar; ya lo hacen ellos con la mierda que les pagas; con un poco de suerte, les puedes alquilar un piso de 20 m2 para cuarenta... Y si se ponen chulos, llamas a la policía y, de cabeza, al Centro de Internamiento de Extranjeros... ¿Quién, en su sano juicio, puede negar el Progreso...?