miércoles, 18 de julio de 2018

De río a río...

... y tiro porque me lleva la corriente... ¿Ah, que no era así...?




Dedico una mañana a dos visitas fluviales: para empezar, volvemos al Rhin, pero no en su tramo romántico, o sí, en el sentido más movido del Romanticismo, en el de "Sturm und Drang", el Vendaval y el Empuje, aquella explosión de vitalidad tan querida por los románticos alemanes: hoy visitaremos el Rhin en su tramo más espectacular, las cataratas más importantes de Europa, la Rheinfall, en Scharfhausen, Suiza... pero muy cerca de la frontera alemana, y en lo que bien podríamos llamar el límite sur de la Selva Negra.

Me cuesta un buen rato encontrar Scharfhausen en el Gúgel Maps, hasta que caigo en la cuenta de que debe ser la "Scafusa" que aparece más o menos en el sitio donde yo busco la ciudad suiza... supongo que es la costumbre que tenemos los meridionales de traducir o cambiar los nombres germánicos de ciudad, que da origen a engendros como "Munich", que no es München, ni Mónaco di Bavaria, como lo llaman los italianos... ya en mi anterior viaje en coche me costó reconocer en Regensburg la Ratisbona ligada a dos personajes tan dispares como Don Juan de Austria... y el Papa Emérito Ratzinger... días atrás, Maguncia se escondía tras las señales de autopista que indicaban "Mainz", y me quedé con ganas de visitar Triers, la ciudad donde, ahora hace doscientos años, nació Karl Marx, al que todos dábamos por originario de Tréveris, pero la verdad es que una y otra me caían algo a trasmano... un placer adicional en los viajes por tierras germanas...

La Autobahn deja paso a una buena carretera, el paisaje apenas si cambia -o no cambia nada, vamos-, y sólo pasar por una pequeña ciudad llamada "Zoll", "Aduana", indica que dejamos Alemania y entramos en Suiza; en los dos puestos fronterizos tan sólo se adivina, tras los cristales, algún aburrido policía... luego sólo tendremos constancia del cambio de país en el color de los carteles indicadores, y en que los suizos han pintado carriles bici en sus arcenes... pienso lo que debía ser esta frontera en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando evadidos del nazismo intentaban cruzarlas para entrar en la poco acogedora, pero, por lo menos, no letal Suiza... mis imágenes de esta frontera estarán siempre ligados a Steve McQuinn intentando cruzarla en su moto, tras su Gran Evasión del Stalag Luft, el campo de pilotos aliados prisioneros de guerra... luego te enteras de que en los "Hechos reales" que dieron origen a la película no participó ningún piloto estadounidense, ni con guante de beisbol ni sin él, sólo ingleses, que el guión se modificó por conveniencias comerciales, y que las escenas de moto fueron iniciativa de McQuinn, gran motero, que quería lucir sus habilidades...

Pero en aquel momento me preocupa otro tema menor, pero no por ello menos estresante: ¿tendré que comprar la Vignette...? Los suizos obligan a comprar una pegatina para poder circular por sus autopistas, no por sus carreteras: la Vignette no es demasiado cara, pero fastidia pagar por todo un año cuando, como en este caso, voy a estar en Suiza un par de horas y, además, sus autopistas no están a la altura de su chocolate, su queso o su discreción financiera: abundan los tramos a 100 y 80 km/h, e incluso llegamos a ver un 60, en un túnel helicoidal... parece ser que no, que el tramo de unos dos kilómetros de autopista que deberemos recorrer está exento de Vignette, otra cosica es...

Nada más entrar en Scharfhausen una bastante cuidada señalización nos conduce directamente al parking -tampoco demasiado caro, en un país que es caro de narices- desde donde se accede a la maravilla natural: las Cataratas del Rhin.



Como cataratas, tampoco son tan impresionantes: veinte metros de desnivel: pero la cantidad de agua que baja por ellas las hacen dignas de contemplar: me comentan que esta Primavera, con el deshielo, han estado espectaculares, y aún está bajando mucha, mucha agua... el ruido es atronador, y una densa columna de agua pulverizada se eleva a bastante altura: el espectáculo acongoja... y lo más gracioso es que son unas cataratas urbanas; sobre ellas, a muy poca distancia, se ven casas de pisos, me imagino que con buen aislamiento sonoro... el efecto diurético es instantáneo, por suerte hay lavabos, muy limpios y gratuitos...

Hay una variada oferta de barquitos: unos te acercan al salto, y otros, para aventureros, te permiten acceder a las rocas que dividen en dos -o en tres- el salto principal... no me atrevo a montar en ninguno de ellos, con cierta decepción por parte de Blanca: el día es desapacible, nos vamos a poner perdidos de agua, no podré sacar fotos, si no me arriesgo a que se moje la cámara, y mi temprana formación como piragüista en manos de los amigos del Club Atlético Sobrarbe me enseñó a desconfiar muy mucho de los rebufos que se forman al pie de una cascada: si vulca la barquita, están todos bien jodidos... ¿para qué tentar a la suerte...?



Paseamos entre una densa marea de turistas: muchos, muchos ciudadanos de la Unión India: lo digo así, porque no son Indios -término ambiguo-, ni, necesariamente, hindúes, que es una religión... son señores y señoras muy morenos, ellas se parecen casi todas a Lola Flores... buena señal de que, al igual que en China, está surgiendo en la India una amplia clase media - ninguno tiene pintas de Maharajá, como mucho de probos oficinistas- con recursos suficientes para viajar, comprarse camisetas de la Selección Alemana -deben estar de oferta, después del fracaso de la Mannschaft- y comer algún Chicken Massala en el puesto de Indian Street Food que hay junto al embarcadero de los osados... bienvenidos al club, sahibs... observo que muchas señoras llevan pintado en la frente un lunar rojo, tengo que averiguar a qué casta pertenecen... porque la Constitución democrática abolió el sistema de castas, pero haberlas, háilas...

Subimos hasta los miradores superiores: hay una noria muy grande, que movía un molino, allá donde la caída es más gradual, casi unos rápidos... dicen que sólo las anguilas pueden remontar el cauce, por si acaso, una garza real vigila al borde de las rocas, esperando resolver su Früstück...



¡Ya vale de Rhin...! Desandamos en camino, volvemos a entrar en Alemania, y recorremos la poca distancia que nos separa de nuestro nuevo destino: Donauschingen, la Donau Quelle, la Fuente del Danubio...

Corremos ahora por tierras más llanas y menos boscosas, tierras de cereales y pueblos limpios y cuidados... no siempre fue así, por aquí nacieron linajes de caballeros folloneros y rapaces, los Furstemberg, los Hohenlohe... aunque en España los asociemos a la Jet Set de la Costa del Sol... justamente en Donaueschingen, en el cuidado jardín francés del palacio de los Furstemberg, nos espera la Fuente del Danubio. La Fuente Oficial, por decirlo así, porque hay otras...



Surge el Danubio -porque de una surgencia estamos hablando- en el centro de un laguito de pocos metros de diámetro: tendrá una profundidad de metro y pico, y un fondo recubierto de piedrecitas y de innumerables monedas que arrojan los turistas, sin un propósito determinado... ¿volver...? ¿que el Padre Danubio te conceda un deseo...? Por si las moscas, tiro cinco cent, tampoco hay que pasarse... del fondo de la surgencia crecen largos filamentos de algas, el verdete que se forma en la Gorga a finales de Septiembre... allí inicia el Donau, el Duna, el Danubio... un camino de 2.800 kilómetros, a través de diez países, hasta el lejano Mar Negro... ya lo he recorrido en cuatro de ellos, me faltan seis, no sé si llegaré a completar la colección, pero me gustaría conocer esa otra gran arteria de Europa, que ya he visitado de la mano de Claudio Magris...




Rodea el laguito una cuidada balaustrada neoclásica, y sobre ella se columpia un grupo escultórico... comparando fotos con mi madre, que lo visitó hace años, observamos ciertas diferencias; la cosa se aclara cuando me entero de que todo el conjunto fue remodelado hace seis años...



Justo encima de la Donau Quelle está en plena restauración una enorme iglesia barroca: entramos un momento: me gustan esas iglesias católicas alemanas, grandes, luminosas, limpias, de paredes blancas donde tanto destacan los retablos dorados y policromados: justo en la puerta, un San Antonio, mi Santo protector, que encuentro -¿o me encuentra? por todas partes... me siento y abro el libro de plegarias, en Alemán pero, ¡tan familiares...!, y resisto a la tentación de robarlo, el Malo está en todas partes... por un momento, mi alma de ateo católico se deja mecer por la calma del ambiente; Blanca, que no está por estos temas, salió muy rebotada de las monjas, se empieza a mover, nerviosa... ha llegado el momento de salir a la calle...


Hay poco más que ver en Donauschingen, como si el nacimiento del Danubio no fuese bastante; pero aún nos espera una agradable sorpresa: entramos en un Hoff, esas casas de pisos con un patio interior, como las corralas madrileñas: son muy abundantes en toda Alemania: en Berlín eran las viviendas de los obreros más pobres, "Miettenkasernen", "Cuarteles de alquiler", las llamaban... en el cuidado y ajardinado patio, hay un restaurante italiano: nos sentamos a la sombra -se ha arreglado el día, y vuelve a hacer calor-, y esperamos un cambio de dieta... sale un camarero, y nos dirige la palabra en Italiano... no he estudiado Italiano en mi vida, pero puedo hablarlo con cierta fluidez, tirando de mis recursos de latino militante... así, en Italiano, encargamos una comida italiana: pasta, cómo no, riquísima, en su punto perfecto de cocción, una salata muy rica -senza pomodoro-, un gelatto... nos despedimos del amable camarero... "Due piacere: mangiare bene, e parlare Italiano!", le digo... "Anche per me!"... me contesta... se está a gusto en Alemania, pero como en casa de uno, en ese Sur latino, desorganizado y corrupto...








martes, 17 de julio de 2018

Zum Rhein, zum Rhein, zum deutsches Rhein....!

No lo puedo evitar... el mar me gusta, para un ratito, pero soy animal de río...







Y en este viaje tenía un objetivo claro: ver el Rhin. Era una vergüenza no haberme asomado aún a esa gran arteria europea... de hecho, lo había cruzado una vez, hace cuatro años, pero antes de entrar en el Lago de Constanza.. el Rhin, y eso si que es original, lo atraviesa... por donde lo ví estaba canalizado y, la verdad, no me causó más impresión que el Canal de Monegros... una cequia grande, y ya está...

El Rhin no es sólo un río, ningún río lo es: ha sido también un sujeto pasivo de la Historia europea, motivo de disputa entre los herederos de Carlomagno, ese gran abuelo de Occidente, inspirador de todos los grandes estadistas europeos, de Macron a Junkers, de Puigdemont a Merkel... en sus orillas se han librado guerras cruentas e inútiles, pero en ningún lugar como Alemania ha jugado el Rhein un papel de galvanizador de conciencias nacionales... Die Wacht am Rhein, la Guardia del Rhin, que llama, con esos versos con los que encabezo esto, a defender el Rhin, "Tan alemán como nuestros pechos", es la canción patriótica que cantan los elegantes oficiales alemanes en la Taberna de Ricky, una canción nazi... de 1840... a la que, siguiendo la iniciativa del -ligeramente cocu- marido de Ingrid Bergman, contestan los franceses con su vibrante Marsellaise... bautizada por su creador como "Cántico de guerra para el Ejército del Rhin"... ¿Lo vais pillando...?



Para el que diga que la Unión Europea no ha servido para nada -¡vaya par de h... se merece!-, baste con recordarle cómo suenan anticuadas estas historias, ahora que pasas de Francia a Alemania sin más requisito que recordar las distintas velocidades máximas en Autobahnnen y Autorroutes, y cuando lo primero que encuentras en tierras francesas no es un fortín de la Línea Maginot, sino el parking de un Éclair... y eso, en una generación apenas... yo conocí a un francés de Alsacia, apellidado Kaufmann, que se jactaba de que su padre, en 1944, había bombardeado Alemania... "En un bombardero americano, ¿no?..." le pregunté: "Si, eso si..." me contestó...

Por eso me dirigía, feliz y tranquilo, por carreteras secundarias, llenas de obras -toda Alemania está en obras: parece que los socialistas, en la Gran Coalición, han convencido a la Merkel para que se ponga a gastar dinero como si fuese española...- hacia el Rhin que, más tranquilo aún que yo, brillaba allí abajo, en una mañana de un sol más propio de los  PIGS que de la severa Germania... mi destino era Bacharach, cuyo nombre me recordaba al compositor de una de mis canciones favoritas, "Raindrops keep fallin'on my head", pueblo del que nada sabía hasta que, pocos días antes, descubrí que un benemérito bloguero lo recomendaba como el más bonito del Rhin Romántico.






No sé si es el más bonito, pero, desde luego, Bacharach es un pueblo bonito: casas de entramado de madera -la Fachwerkhaus, omnipresente- perfectamente conservadas, limpias, llenas de flores, bajo la empinada colina que corona un castillo y, al lado, laderas cubiertas de viñas, que dan un vino blanco tremendamente agradable, responsable de que, durante estos días, le haya sido un poco infiel a la cerveza... por sus estrechas calles, inevitablemente, turistas... entre ellos, un autocar entero de españoles; nos saludamos, y nos hacemos los típicos favores de turistas; intercambiar folletos, y hacernos mutuamente fotos con el móvil de los otros, pensando que un paisano nunca va a echar a correr con mi Samsung de gama tirando a baja en la mano... ni siquiera nos preguntamos de dónde venimos -cosa que, últimamente, agradeces-, nos basta con reconocer acentos peninsulares... y si son latinoamericanos, igual da, paisanos también; eso, en cuanto estás en tierras de una lengua extraña, queda muy claro...

Allí, junto al Rhin, me dirijo a la caseta de los tíckets de los cruceros, y pregunto si es posible hacer un pequeño recorrido, para ver la Lorelei y volver, en un tiempo razonable... descubro que mi titubeante Alemán ha llegado ya al nivel de poder formular preguntas relativamente complejas, e incluso entender las respuestas... si, por supuesto... ¿somos mayores de sesenta años? sí... pues billete de "Senioren"... sale en un cuarto de hora...

He comprado un hin und zurück, un ida y vuelta,  hasta Sankt Goarhausen, el primer pueblo pasada la Lorelei... ¿Y qué es la Lorelei...? vamos a ver: el Rhin Romántico es el tramo del Rhin que corre relativamente encajonado entre laderas rocosas, coronadas por castillos y viñedos, y su punto más estrecho y -en su momento- peligroso, lo marca la Roca Lorelei, un promontorio de 120 metros sobre el nivel del río... cuentan las leyendas heretopatriarcales que en su cumbre habitaba una hermosa y rubia doncella, que peinaba su melena con peine de oro -¿os suena a las encantarias, las dones d'aigua, las lamiak...? y que distraían a los incautos navegantes con sus bellas canciones, hasta el punto de hacerles perder el rumbo, encallar en las rocas, y ahogarse... curiosa esa tendencia de los varones a echarle la culpa a las señoras si se afogan, que, desde la Odisea, ha llegado hasta "Titanic"... el poeta Henie compuso una "Lorelei" que, al parecer, se aprenden todos los muchachos alemanes en el Instituto que, por cierto, allí se llama Gymnasium... cuando yo estudiaba en el Gymnasium, me aprendí muchos poemas de memoria, en Español y en Francés; ahora no tengo ni idea de si se aprenden alguno, pero, por lo menos, sabrán buscarlos en el gúgel, que es lo que hago yo con la Lorelai de Heine...





Y viene eso a cuento porque, cuando después de pasar de pueblo en pueblo a bordo de nuestro, crucero, llegamos ante la Roca Lorelei, el barco toca la sirena, y por los altavoces recitan los versos de Heine: "Ich weiss nicht, was soll es bedeuten, das ich so Traurig bin...." "No tengo ni idea de por qué estoy tan triste..." insisto en que los he bajado del gúgel, entre el ruido del motor, que estoy medio sordo, y que era en Alemán, supongo que eran los versos de Heine, no un anuncio... pero esas cosas siempre impresionan... más que la roca en sí, que tampoco me pareció tan terrible... de noche, en invierno y en una barquita de remos, no digo yo que no, pero en aquel peazo de crucero, rodeado de japoneses haciéndose selfies, el dramatismo de la situación era mínimo, y no entendías por qué Heine se lo tomaba tan a pecho...

De Sankt Goarhausen guardamos un recuerdo curioso: por variar, es un pueblo bonito, al pie de un castillo, con casa de entramado de madera... hace, eso sí, un calor bético, como si estuviese bañado por el Guadalquivir, en vez de por el Rhin... entramos en un restaurante que nos parece agradable, y descubrimos que está regentado por una señora de origen desconocido, que comparte el local con un descomunal conejo, un Kaninchen, que roe filosóficamente alguna porquería apalancado en un sofá de cuero... la señora debe ser australiana, si no, no se comprende por qué ofrece -eso sí, por encargo- filete de cola de canguro... el restaurante está decorado a la antigua, y destacan, en una pared, enaguas, sujetadores y bragas absolutamente vintages, y de talla apta para el Kaninchen... comemos regular -pido una bruscetta, que nunca había probado, y que no me entusiasma- pero bebemos un vino extraordinario... al despedirnos, le pido permiso para hacerle una foto a su Kaninchen, a lo que no pone ningún obstáculo, pero el bicho ha abandonado el sofá y se ha refugiado vaya usted a saber dónde...



De vuelta al crucero, desnavegamos lo navegado: una vez más el barco saluda a die Lorelei con su sirena y los versos de Heine... hace tal calor que nos refugiamos en las sombras de la estructura... el Rhin, perezoso bajo el calorazo, centellea... en los bajos de rocas -esos si, bastante peligrosos- veo bañistas, con bañador, -Alemania es famosa por su culto al nudismo: anda por ahí incluso una foto de Doña Angela en dicha guisa, de jovencita- ... el Rhin sigue haciendo honor a su fama de arteria comercial; cruzamos gigantescas gabarras, con cargas de lo más variado: banderas belgas, holandesas, suizas... todas las gabarras llevan a bordo un coche, de gama alta, o muy alta, supongo que al servicio del capitán, aunque no descarto que también sea una mercancía... por las vías de ferrocarril, en ambas orillas, cruzan también constantemente trenes de mercancías, larguísimos, con dos locomotoras... por tierra o por agua, el Rhin sigue conectando tierras y gentes, en paz, bajo un sol de justicia, que arranca brillos de sus aguas no excesivamente turbias... sigue así, sigue así muchos
años...








viernes, 13 de julio de 2018

Im Schwarzwald...

Un sitio que tenía ganas de conocer... y no defrauda...

Cuando pensaba en la Selva Negra, siempre me trasladaba a bastantes kilómetros más arriba, a la Selva de Teoteburg... allí sufrió Roma su más rotunda derrota militar; los bárbaros, capitaneados por Arminio -por cierto, antiguo aliado de los romanos- destruyeron dos legiones enteritas, dos... me imaginaba con qué terror entrarían los legionarios romanos, gente de campo abierto, olivos y cipreses, en aquellas húmedas y lóbregas bóvedas de vegetación, donde el sol no entra ni por casualidad... entre ellos habría, seguro, muchos iberos, que serían los más acongojados... "¡Tío, qué bosque...! ¡no se ve ni p'a jurar...!" ¿no te da yuyu...?"



Iba pensando en esos pobres paisanos -todos los latinos somos paisanos, y aquí te das más cuenta aún...- mientras subía a la Selva Negra desde Freiburg: entre Colmar y Freiburg habrá como tres cuartos de hora, y con eso ya has cruzado la fosa tectónica por cuyo fondo corre el Rhin, y has pasado de los Vosgos a la Schwarzwald, las montañas boscosas -montañitas, no exageremos, su máxima altura, el Feldberg, tendrá unos 1.700 metros- que recorrería durante tres días... hay un buen par de curvas de bastante más de 200 grados, y un paso -el Salto del Ciervo- estrecho, incluso para estándares pirenáicos: pero enseguida estás en las altas llanuras, rotas por incontables valles y lagos -lagos morrénicos, aclaran los carteles- que, cubiertas de bosque, forman la Schwarzwald.

Nuestro primer destino era Feldberg, el pueblo, no el monte: pueblo formado por barrios de casas dispersas, con nombres de lo más montañés -Halcón, Valle de los Osos...-, donde lo más parecido a un núcleo será el conjunto de casitas en torno a la iglesia (no sé si católica u
o protestante) y una gasolinera... nos dirigimos a la que será nuestra casa durante tres días: la Landgästehaus Gemsennest.



Nos gusta alojarnos en estas casas, lo más parecido a nuestro turismo rural: huyes de las ciudades -todas, en el fondo, parecidas-, estás en contacto con la Naturaleza, y, lo que es más importante, con la población local: en este caso, la pareja que regenta la casa son extremadamente amables, y hacen nuestra estancia aún más placentera... eso compensa las instalaciones, algo pasadas de moda, pero, eso sí, con todo el confort necesario... "Gemsennest" quiere decir "nido de sarrios", y la fachada está decorada con un nido donde, de unos blancos huevos, están naciendo rebecos... "panteón de sarrios" podría ser el nombre más adecuado, ya que su comedor está decorado con decenas de cuernas de sarrios, corzos y ciervos, una marmota y un urogallo disecados... está visto que el Sepronen, o como se llamé allí, hace la vista gorda... curiosamente, no hay ningún trofeo de jabalí... de todas formas. ya sabemos cual es el deporte favorito local, cosa que tampoco me sorprende especialmente...

Reservamos la primera visita para el Feldberg propiamente dicho: la cima del monte más alto de la Selva Negra, a donde nos lleva un corto viaje de teleférico. La cumbre es de esos sitios que tanto me gustan, desde los que, "en días buenos" se ve medio Mundo... de acuerdo con la mesa de observación, desde allí se dominan casi todos los Alpes, desde el Montblanc, según se mira a la derecha, hasta el Zugspitze, el pico más alto de Alemania, a la izquierda... me quemo las pestañas mirando hacia el horizonte brumoso... nada... hay, eso sí, una muy buena vista de los valles más próximos, un mosaico de praderas y bosque, mucho bosque... bajamos paseando agradablemente, entre cientos de mariposas y plantas alpinas...





Y del Feldberg, al lago Titisee... en torno a los lagos se concentra la actividad turística, más presente aún en las primeras horas de la interminable tarde de un Domingo: recorren el lago multitud de barquitas -tomaremos un minicrucero para dar un paseo-, que van esquivando a los nadadores... el agua parece limpia, y no debe estar demasiado fría... de todas maneras, no soy muy aficionado a nadar en lagos o pantanos, de suelo ligeramente barroso, o con vegetación pudriéndose en el fondo, soy animal de gorga, de aguas limpias, transparentes y corrientes y, a ser posible, con fondo de piedra... uno tiene sus manías, qué le vamos a hacer...







A orillas del lago, casoplones imponentes, con sus embarcaderos... Blanca comenta que ya sabe ahora donde se ruedan esas películas alemanas de las tardes de los sábados y domingos, que tan buenas siestas proporcionan... la última tarde en la Selva Negra la dedicaremos a otro lago más grande, el Schluchsee... allí volvemos a encontrar ese típico paisaje alemán, el de las maquetas de los trenes Märklin: no le falta un detalle; casitas con buhardillas, laguito, barquitos, césped, mucho césped... y, por supuesto, trenes, muchos trenes... también tienen AVES, aunque les llaman ICE, pero han conservado los demás, todos nuevos, de colores distintos, o larguísimos trenes de mercancías... incluso vi pasar un convoy de antiguos vagones de pasajeros, tipo años treinta, ligeramente siniestro... a los niños ibéricos, que, como mucho, aspirábamos al Tren Payá, esos paisajes no dejan de despertarnos nostalgias de escaparates iluminados, poco antes de Reyes...



Visitamos también Triberg, uno de los pueblos más turísticos de la Selva Negra; allí pagamos tributo a los tópicos: la casa de los 100 relojes de cuco, y el reloj de cuco gigante, por cuya ventanita podría salir, holgadamente, un avestruz... los conjuntos de pantalón de cuero, camisa a cuadros, calcetines altos, zapatones abrochados al lado y sombrero, iban al sorprendente precio de 199 oiros... la tentación de llegar a Barcelona disfrazado del Tío Aquiles era grande pero, sinceramente, unos pantalones de cuero, por cortitos que sean, me parecen incompatibles con nuestro clima, so pena de desarrollar intensas floraciones de hongos donde menos falta hacen,,, también en Triberg está la cascada más alta de Alemania: es bonito, sobre todo, el paraje, pero lo han fastidiado un poco con caminos, caminitos, pasarelas, pasarelitas, puentes... y, claro, cobrando, aunque sea poco, por entrar...





Recorrimos varias veces, arriba y abajo, las carreteras de la Selva Negra: se ve que el territorio está, pese a lo que pueda parecer, densamente poblado, y, además, sirve de paso entre distintas zonas vecinas: hay también un buen servicio de autobuses interurbanos, grandes bichos articulados que te encuentras en cualquier curva, incluso en carreteras estrechas...

Pero sin duda los momentos que más disfrutamos eran, al caer la tarde y llegar a nuestra Gästehaus, los largos paseos por sus alrededores... allí podías perderte en el bosque, que, aunque no lo parezca, está extensamente explotado. de hecho la mayoría de sus árboles son abetor y piceas de plantación... encontrábamos en la oscuridad de la densa vegetación un refugio de paz, alejados de todo, junto a románticos estanques, cuya superficie recorrían familias de fochas -papá focho, mamá focha, y cinco o seis fochitos...- oyendo los pájaros saltando de rama en rama... sabíamos que luego nos esperaba una cerveza, o una copa de buen vino blanco fresco, de los viñedos vecinos... cantaba yo... "Im grünen Wald, da dort die Drosel sing..." "Donde abetos y piceas se alzan en el borde del bosque, he vivido los más hermosos sueños de mi juventud"... aunque a mí me hayan pillado ya en plena Tercera Edad... hermosa Selva Negra...










jueves, 12 de julio de 2018

Worms, donde Lutero y Carlos V...

Impresiones del reciente viaje a Alemania... una breve y frustrante visita a Worms...

Pasando por la autopista, camino al valle del Rhin, veo el desvío a Worms... un aficionado a la Historia no puede dejar pasar un sitio así: allí Carlos V -nuestro Carlos Uno- reunió a los príncipes del Imperio para discutir qué hacer ante las nuevas ideas que estaba extendiendo Martín Lutero, un fraile agustino particularmente crítico son la corrupción de la Iglesia, que había entrado ya en las peligrosas aguas de lo que sus adversarios consideraban herejía... el propio Lutero, confiando en la protección de poderosos príncipes que ya se habían decantado por su bando, compareció ante la Dieta y el Emperador, y mantuvo allí sus posiciones, escapando por los pelos de que no lo arrestasen... me digo: "A la vuelta, paro en Worms": dicho y hecho...

Worms tiene, además, la mayor catedral románica de Alemania. O del Mundo, no las tengo medidas... entrar en el casco antiguo de una ciudad histórica alemana no es difícil: siempre, casi desde cualquier sitio, estás viendo parte de la Catedral, del Dom: o una aguja gótica disparada hacia el cielo, o esas curiosas cúpulas en forma de cebolla que uno asocia más a la arquitectura religiosa rusa, pero que hasta hace poco podían verse también en un hotel de Bielsa... lo de Worms es mejor aún, porque estás viendo todo el mazacote del Dom, en piedra rojiza, señoreando por encima de los tejados... guiándome por él -por el Dom-, pronto encuentro una parkplatz, gratis, además... aparcado, me dirijo a pie hacia donde he visto por última vez las torres...





Atravesando un hermoso parque, encuentro un de esas cosas que ahora llaman tótems, es decir, una columna informativa. Informa, como cabía esperar, de la Dieta: las reuniones de los príncipes del Sacro Imperio con el Emperador se llamaban Reichstag, Día del Imperio, aunque durasen semanas, y de ese "día" viene la traducción castellana de "dieta", palabra que siempre me pone el vello de punta... lo curioso es que ese tótem, por el lado que yo veo, nos lo cuenta en Inglés... y en Latín...  poco se comenta la afición de los alemanes hacia el Latín, esa que sí fue para ellos -y para nosotros- una lengua impuesta por la fuerza del invasor, pero que, lengua de cultura europea durante casi dos milenios, caló muy hondo en Alemania... recuerdo haber leído que, cuando Fellini quiso hacer una versión de su "Satyricon" en su lengua original, es decir, en Latín, insistió en que se contratase a seminaristas alemanes, ya que, en su opinión más o menos fundada. el Latín clásico debía sonar más o menos como lo pronunciaban los alemanes... no se yo, creo que no ha quedado ningún hablante latino para confirmar esa información... recuerdo la bronca que me gané en una cooperativa de la Vila de Gràcia, en Barcelona: nos reuníamos un grupo en un aula dedicada al estudio del Esperanto, y un día se me ocurrió dejar escrito en la pizarra: "Clases de Esperanto, profesor nativo, teléfono...", y aquí un número falso... me acusaron de estar cachondeándome de un Idioma que era la Esperanza de la Humanidad...




Pasado ese punto informativo, seguimos por el parque, en dirección al Dom, y vamos encontrando sucesivas calles cortadas por andamios metálicos... rodeamos a distancia el edificio: sólo queda accesible una puerta lateral... cerrada:el resto, lo que supongo es la fachada, está cubierto por un intrincado andamiaje metálico; sobre nosotros vuela un enorme graderío, y diversos carteles informan que el espacio está cerrado, durante todo el mes de Julio, por representaciones de "Los Nibelungos"...

Me ha vuelto a pasar; en München encontré, hace cuatro años, la impresionante vista de la Feldherrenhälle tapada por el escenario de un concierto de Rock, y en Nürnberg, el Campo del Zeppelin -otra reliquia histórica nazi, inmortalizada por Leni Riefensthal en su "Fuerza de la Voluntad"-, invadido por muchachos con mochilas y sacos de dormir, reunidos no para aclamar a su Führer, afortunadamente, sino para hacerse unos canutos mientras escuchaban grupos de Heavy Metal... en Alemania, en el buen tiempo, eso es frecuente... tomo nota para visitar lugares históricos fuera de la temporada de fiestas populares...



Ya que nos quedamos sin ver el Dom, miramos a través de los barrotes: están ensayando, sin vestuario, aunque si, me parece, con peluca, porque la que no puede ser más que Krimilda, con una deslumbrante melena roja, atiende las instrucciones de un regidor con gorrilla... "¡Ponte aquí...! ¡ponte allá...!": Krimilda, obediente, se mueve por el escenario: está de espalda a nosotros y, sin percatarse de nuestra presencia, en un gesto tantas veces inmortalizado por Rafa Nadal, se pellizca por debajo del vestido, y se saca las bragas de la regatera del culo...




lunes, 18 de junio de 2018

El Duque Enjaulado

Hoy ingresa en prisión Iñaki Urdangarín... no os preocupéis, que no me apunto -casi nunca- a hacer leña del árbol caído...

Yo trabajaba a menos de cien metros de la sede de La Caixa -la histórica, la de Vía Laietana- donde tenía su despacho Doña Cristina de Borbón... todos mis compañeros -y, sobre todo, mis compañeras- de trabajo, incluso los y las que hoy deben llevar lazos amarillos hasta en el culo, volvían de desayunar dando grititos de alegría... "¡Hemos visto a Cristina, hemos visto a Cristina, estaba en el Merçè Vins...!"... ¡Hasta mi propia madre me llamó una noche, para decirme que había estado comiendo en un restaurante con Cristina y Alexia en la mesa de detrás... "¡Tengo las cervicales echas polvo, de volverme para mirar...!"... quiero decir que Cristina de Borbón era una presencia continua en Barcelona, seguramente el personaje de la realeza más cercano desde Don Fernando el Católico.

Pues yo no tuve el placer -unilateral- de verla hasta justo el día en que anunció su compromiso matrimonial con Don Iñaki Urdangarín... una nube de periodistas la perseguía Via Laietana abajo, ella paró y estuvo departiendo amablemente con ellos, y yo mirando desde las ventanas del Departament de Governació, nunca excesivamente limpias, era un poema limpiar aquellos cristales...

Confieso que asistí al macrofestival de Luz y Sonido que le ofreció la Ciudad de Barcelona -fuegos artificiales, fuentes de Montjuich, música--- días antes de su boda; la mañana del enlace, estábamos Blanca y yo en casa, y se me ocurrió decir: "¿Vamos a ver a los novios....?" Total, la Diagonal nos queda muy cerca...  me hizo gracia ver pasar a los "Royals" y las "Celebrities" invitados al enlace viajando en autocares, como los del Imserso, y a los contrayentes, muy aparentes los dos, en el viejo Rolls de Franco...¡Y mira que debe dar yuyu subirse en ese trasto, y poner las tuyas donde puso sus posaderas -paulatinamente entecas, con el paso de los años- el Centinela de Occidente...!

No volví a tener más contacto visual con los ya entonces Duques de Palma hasta una noche, en Jaca: celebrábamos una reunión de trabajo un comité franco-español, creo que relacionado con el programa de cooperación transfronteriza "Interreg"; después de un día dedicado, como siempre, a ver cómo se peleaban entre sí nuestros vecinos -ellos mismos reconocían que sus problemas eran siempre "Franco-franceses"-, nos habíamos ganado una buena cena, y se nos llevaron a todos a un conocido restaurante jacetano: teníamos toda la sala para nosotros, salvo una pareja de jóvenes trajeados, a los que, al principio, tomé por gays, pero eran los escoltas... y, al fondo, los Duques de Palma, cenando con un amigo tan alto y bronceado como ellos.

Nuestros amigos franceses -especialmente las amigas- entraron en trance al verlos... "¡Cristiná...!" "¡Iñakí...!"... yo me moría de risa con ellos... "Si tanto os gustan los Capetos... ¿por qué les cortásteis la cabeza...? ¡Habéroslos quedado...!"... me aclararon que, en Francia, Iñakí era todo un referente erótico... de Cristina, pobre, nada dijeron... yo la defendía... "¡Hombre, un poco grandota, pero tampoco está mal...!"

Cuando acabaron de cenar -estaban ya a medias cuando llegamos- los Duques se acercaron a nuestra mesa y nos saludaron atentamente... seguramente les habían informado de que aquel grupo de cotillas y alparceros que no dejaban de mirarlos eran, simplemente, honestos funcionarios de ambos cotés, mas algún elú français que nunca faltaban, muchos de ellos con la cintita roja de la Lègion d'Honneur en la solapa... luego me enteré de que Iñaki había estado recibiendo lecciones de esquí, e incluso supe que uno de sus instructores era un amigo mío... mientras era jugador profesional de handbol -¡en el Barça, nada menos...!- tenía prohibido por contrato practicar deportes de riesgo; ahora que era simplemente duque, ya podía partirse la crisma, siguiendo las aladas evoluciones sobre la nieve de los miembros -y miembras- de su familia política.

Desde aquel día, no he vuelto a ver a Iñaki y Cristina: pero he seguido, como todos, las noticias sobre su lenta, imparable caída, no diría que con asombro -ni ha sido el primero que ha metido la mano en las indefensas arcas públicas, ni el primero que se ha aprovechado de su situación, ni el peor, cuantitativa o cualitativamente...- ni siquiera con un excesivo escándalo: "Nada de lo humano me es ajeno", cuántas veces habré citado esta frase, atribuida a tanta gente, desde Terencio a Karl Marx, pasando por San Agustín... incluso, cuando me pongo estupendo, puedo citarla en Latín,  "Nihil a me alieno puto", que me gusta mucho porque acaba en "puto" y descoloca a la gente... te pones por un momento en la piel de un mozo ascendido desde el olimpillo deportivo -deporte más que minoritario- hasta la condición de "Royal", caído en manos de profesores de Empresariales -con todo mis respetos de Economista- y piensas que debes ser un auténtico filósofo -más bien de la rama estoica- para que no se te nuble la vista y empieces a hacer chorradas, especialmente si quieres comprarle a tu señora un casoplón de futbolista -porque a palacete no llegaba- en el mismísimo Pedralbes.


En el fondo, en el fondo, la culpa de todo la tiene la preocupante democratización, en el peor sentido de la palabra, de la Monarquía: a mí me gustaba cuando los príncipes se casaban con princesas, sobre todo cuando el rey regalaba a la nueva pareja parte de su reino, o, al morir, lo dividía entre sus hijos... eso, no me digáis que no, debía ser divertidísimo, acostarte danés y amanecer polaco, tener que guardarte el pasaporte napolitano para ir a pedir el aragonés... difícilmente podían arraigar así tontos sentimientos de orgullo nacional: "¿Y usted, de dónde es...?" te preguntaban... "¡Qué me sé yo... ahora dicen que la mayor del rey sale con uno del Franco Condado, a saber dónde va a parar uno...!" Ahora la Realeza se casa, literalmente, con cualquiera, y un Martínez -digo por citar uno de mis apellidos- o una Martínez, se ve ascendido a pareja de un Borbón o un Windsor, y el plazo de adaptación a la nueva realidad debe ser, forzosamente, largo y traumático... de todas maneras, sigo siendo un Republicano, por mi escala de valores, que reconoce la utilidad práctica de la Monarquía; hace una semana, mi Lehrerin de Alemán  -la profe, vamos- admitió que ignoraba el nombre del Präsident de la República Federal... como sólo tiene funciones representativas... y digo yo que cómo va a tener funciones representativas si sus ciudadanos no saben ni cómo se llama... los reyes siempre -o casi siempre- sabes cómo se llaman, incluso el apellido, Primero, Sexto... y, si vas a ver, como duran más, no salen tan caros, y le dan mucha vidilla al "¡Hola!", la Numismática y la Filatelia...

Por todo eso, comprenderéis que no me haga especialmente feliz su entrada en la prisión, como no me hace feliz que nadie -por merecido que lo tenga- pierda su libertad... sin embargo, no entiendo su elección, una cárcel de mujeres donde va a ser el único varón sobre la Tierra... pero sin contacto con las otras reclusas... supongo que ha primado un cierto temor a las malas compañías -él, que ya sabe a lo que conducen...-, pero creo que está en un inmenso error: la población reclusa lo habría acogido con admiración y respeto, acordaos de cómo Bárcenas se hizo el amo del Módulo Tres, y hubiese sido un rayo de luz en sus pobres y aburridas vidas... ahí es nada contarle a la parienta durante el vis-a-vis: "¡Ahora estoy en el chabolo con el Iñaki, y es un tío legal, tú ya me entiendes...!" Si algo bueno debe tener el trullo es poder conocer a gente de lo más diverso, alejados de tu círculo social habitual, eso lo tenía también la "Mili", enriquecía, vaya que sí... él, que en tan mal lugar ha dejado a la Institución Monárquica, va a tener una reclusión absolutamente real, sólo en su torreón... sólo le faltará la Máscara de Hierro... qué meses tan sosos va a pasar, pobre hombre... que te sean leves...







martes, 17 de abril de 2018

"¡A Pepe Rubianes con Juan de Borbón, por favor...!"



No todos los días le ponen una calle a un amigo tuyo... la lástima es que la anécdota de la alcaldesa tonta que se hace un lío con militares y movimientos políticos haya empañado el hecho...





Mi primer recuerdo de Pepe Rubianes... era exactamente como el gato de Cheshire: entré a oscuras en el Aula magna de la Facultad de Económicas, donde ensayábamos los del TUC, el Teatro Universitario de Cámara, y un amigo me presentó a una sonrisa, con muchos más dientes de los habituales, que flotaba en medio de las tinieblas... "¡Pepe, Antonio...!" fueron las poco imaginativas primeras palabras que cruzamos... recuerdo perfectamente ese día, porque me enamoré: no de Pepe, por supuesto, vaya par de heteros estábamos hechos: de una chica... el amor no me duró mucho, no cuajó... pero aún sigo siendo amigo de Pepe, por años que lleve muerto...

Dejando aparte los alocados años del TUC - yo militaba en el Teatro desde Septiembre hasta el impreciso día en Febrero en que me despertaba en la cama con sudores fríos, y me daba cuenta de que debía ponerme a estudiar como un cabrón para sacar adelante las dos carreras en que estaba metido-  mis amistades con Pepe eran, generalmente, nocturnas, muy habitualmente, de fiesta, con cierta frecuencia, algo etílicas... era amistad entre amigos, porque todo el Mundo quería ser amigo de Pepe, y generalmente todo el Mundo lo lograba... no teníamos intimidad, pero Pepe sabía siempre, por gente que le rodease, acercarse a ti, estar allí... esas amistades de edad temprana, que te van marcando poco a poco...

La vida se nos fue complicando; él siguió en el Teatro; yo no me alejé demasiado: docencia universitaria, administración pública... ya no nos veíamos apenas sólo en reencuentros gozosos, generalmente nocturnos, festivos, etílicos... pronto esos encuentros fueron ya casi imposibles... me llegaban noticias por terceros: "¡Pepe actúa en tal sitio! ¡Pepe actúa en tal otro...!"...

Nos reencontramos en el lugar más imprevisible: las Eras Altas de Boltaña... Pepe estaba empezando a volar solo, aunque un "bolo" en mi pueblo, por mucho que a mí me guste, tampoco era un éxito profesional en toda línea... cuando me vio, casi se cae de la sorpresa... nos abrazamos, riendo como locos... "¡Parece "Ésta es su vida"!, decía, recordando aquel programa de la tele en que hacían aparecer ante el homenajeado viejos amigos... me dedicó la función, ante el asombro de los más conservadores de mis convecinos, que no entendían que el chico de Revilla, tan formal, fuese amigo de aquel cómico que juraba como un carretero y se reía de lo más sagrado... después, algunas copas, y la promesa, siempre la misma, siempre tan difícil de cumplir, de vernos más a menudo...

A partir de entonces, cada vez que Pepe estrenaba en Barcelona, esperaba yo tres o cuatro días para comprar mi entrada... jamás lo avisé, ni se me ocurrió pedirle una entrada gratis, de la misma manera -supongo- que él no intentaba pagar menos impuestos alegando que tenía un amigo funcionario -de hecho, tenía muchos-... tardaba pocos minutos en descubrirme entre el público... "¡Coooño, si está ahí mi amigo Antonio...!", gritaba, haciendo que todas las miradas de la sala me perforasen... a partir de entonces, la función era un diálogo monodireccional.... "¿Antonio, te acuerdas de esto...? ¿Te acuerdas de lo otro...?... ¿Cooooño, no te rías tanto, que te va a dar algo...!" Mis vecinos de asiento se mosqueaban, suponían que yo era parte de la compañía, que estaba todo preparado... quedábamos a continuación, generalmente en el "Raval", el bar de su ex: unas veces venía, otras no... es igual, yo sabía que nuestras vidas se regían por parámetros distintos... ya nos veríamos con más calma la próxima vez... o no, como el día de Sant Jordi, en que me lo encontré firmando libros en pleno Passeig de Gràcia, y también la liamos buena, abrazándonos entre carcajadas entre sus admiradores... nunca leí un libro suyo, por cierto, tampoco sé cuantos escribió, y siempre me propongo buscarlos y comprarlos, ahora que ya es de lo poco que me puede quedar de él...

Pepe se vino a vivir a Enric Granados, a pocos metros de mi despacho, y eso facilitó diversos encuentros fortuitos, diversos cafés, abrazos, risas, las eternas promesas de vernos más... un día sucedió algo absolutamente inesperado: me llamó para pedirme un pequeño favor... es de las cosas que más me gustan, que me pidan favores los amigos... hice lo que pude... al poco tiempo, me pidió otro, haciéndome aún más feliz...

Hasta que, un día, me llamó para algo completamente diferente; reunía a un grupo de viejos amigos del TUC, para invitarnos a un ensayo de su nuevo proyecto: por primera vez, una obra "seria" del "¡Rubiales, payaso...!" como le llamaban los curas de su colegio... "Lorca somos todos", una obra trabajada, documentada, emocionante, protagonizada por una actriz pequeñita, con acento andaluz -real o perfectamente imitado- caracterizada como el Poeta; ninguna referencia zafia hacia su orientación sexual, por supuesto: esa difícil combinación de sensibilidad a flor de piel y fortaleza de acero que sólo una mujer puede encarnar... por primera vez no me reía en una obra de Pepe, aunque no era la primera vez que se me saltaban las lágrimas... sus amigos del TUC lo abrazamos al terminar la función, creyendo que estábamos asistiendo al nacimiento de un nuevo Pepe, un Pepe que, como me dijo aquel día, entroncaba con nuestros recitales poéticos en el TUC: Celaya, Blas de Otero, Miguel Hernández, Lorca, por supuesto... ¿Cómo íbamos a sospechar que el nuevo Pepe era, también, por desgracia, el último Pepe...?

A partir de aquel momento, Pepe sólo me dio disgustos...

El primero, además, lo presencié en directo, cosa rara porque ese botón, en mi mando a distancia, cría telarañas: bastante tengo con pagarla, para encima tener que verla... a ver cómo lo explico yo: Lola Gaos, toda una señora, dijo que no le importaría hacer un papel de fascista en una obra progresista, pero que jamás haría de comunista en una obra fascista... las cosas que dijo Pepe en TV3, dichas en TV1, por no decir en la 13, me hubiesen hecho soltar la carcajada: pero en ese lugar, con ese presentador, ante la audiencia de Tietes Maries de comarques, propia de la cadena y la hora, gente más de Joan Capri que de él... mi sensación, y lo digo con pena, fue de concesión innecesaria, ante el aplauso facilón y el gesto de alegría del presentador, orgulloso de poder ofrecer a sus amos el espectáculo de un perfecto "maldito" debidamente domado y en línea con el espíritu de la Casa... pero a Pepe todo se lo perdonaba... me olía la campaña que se iba a organizar contra él, y me faltó tiempo para enviarle un wasap: breve, tampoco quería felicitarle, porque no lo sentía. "¡Un abrazo!", puse, espero que lo entendiese...

El último disgusto me pilló en Nueva York, en un museo, ante un cuadro de Hopper, uno de mis favoritos... llamaba mi hijo Borja, muy relacionado entonces con La Barceloneta... Pepe había muerto... sabía, como todos, de su enfermedad, pero las últimas noticias habían sido esperanzadoras... el tratamiento estaba funcionando... ya se vio que no... quedaban ya definitivamente suspendidas todas las copas, todos los abrazos, todas las risas que nos quedaban pendientes... quedaba pendiente también decirle que, a veces, en malas compañías, lo mejor es no reirles las gracias... y quedaba tomarle el pelo con su nueva calle, vaya esquina más guapa te han buscado, con Don Juan de Borbón... a poco que fuese tan golfo como su hijo, de cuantas cosas podríais hablar... no me importaría nada asistir a esas charlas... "¡Ya ves, para darme una calle, se la han quitado a tu colega, porque tú también eras almirante.. casi póstumo, pero almirante... el día menos pensado, te la quitan a tí y se la ponen a Lluis Llac, que también navega... hacia Itaca... o al Mas, otro marino, todo el día con el timón a cuestas, buena es esa, con tal de quedar bien... por lo menos, de ti no dirán que eras franquista, que os llevábais como el perro y el gato, y te tuvo toda la vida en la cola del INEM, qué cabrón el viejo... por lo menos te dejó al niño colocado, siempre es de agradecer... ¿Pedimos otra, Señor...?"






miércoles, 7 de marzo de 2018

Dresden, también los buenos hacen cosas malas...

En Diciembre pasado visité, por segunda vez, la ciudad de Dresden, Dresde, decimos nosotros...


El Friso de los Electores; todo porcelana...


Cuando estuve en Praga, nos acompañó en una primera visita a la ciudad una guía colombiana, que vivía allí, así que mi primer contacto con la República Checa -después de las hermosas notas de "Mi Patria", de Smetana, por la megafonía del avión al aterrizar- fue acompañado por el suave acento de las orillas del Pacífico... nos decía: "¿Saben ustedes por qué la ciudad es tan linda...? Porque son mansos, no "peliean", y como no "peliean", no les destrozan la ciudad..."

No es el caso de Dresden, ni de otros que he conocido... y como algún experto en "big data" analice el hecho de que, nacido en Barcelona -que también llevó lo suyo-, he visitado Hiroshima, Gernika, Berlín y Dresden, llegará a la conclusión, sin demasiada base real. de que me atraen especialmente las ciudades que han sido cruelmente bombardeadas... todo lo contrario: las visito con una mezcla de horror, contagio del horror que en ellas se vivió, y sentimiento de culpabilidad, por pertenecer a una Humanidad que tales salvajadas comete...

De hecho, conocí Dresden por motivos laborales: me enviaron a asistir a unas jornadas sobre los Fondos Estructurales europeos, en un momento particularmente dulce: se acababa de inaugurar la azarosa vida del Euro, y Alemania miraba con mal disimulado orgullo la ampliación de la Unión Europea hacia el Este, el "Drang nach Osten" de la geopolítica alemana de siempre, y allí estaban los nuevos socios europeos, deseosos de pillar algún eurillo para remediar su crónica falta de infraestructuras, y hablando obsequiosamente en Alemán... "¡Fíjate -le decía yo a otro hispano: como siempre, nos habíamos agrupado instintivamente por nacionalidades. acogiendo en nuestro grupo, por puro iberismo, al andorrano y al portugués- éstos acaban de ganar la Primera Guerra Mundial; es cuestión de tiempo que ganen la Segunda..."

Para asistir al Triunfo de la Voluntad germana había llegado en un vuelo nocturno, y el taxista que me llevaba al centro de la ciudad, con mal disimulado orgullo, detuvo su coche junto a un puente, para que disfrutase de la vista de los edificios iluminados reflejándose en las aguas del Elba... "Wie Schön!", chapurreé en Alemán, "¡Qué hermoso...!"... y el taxista me debió contestar algo así como: "¿A que sí...?"



Porque a Dresden la llaman "La Florencia del Elba": todas las comparaciones son odiosas, es verdad, pero Dresden es, o era, o fue, una ciudad realmente hermosa; con esa gracia especial de las ciudades con río, sus edificios renacentistas y barrocos bien valían, por sí solos, una visita... pese a que todos, absolutamente todos, habían sido reconstruidos después de la tragedia que se abatió sobre la ciudad.

Entre los días 13 y 15 de febrero de 1945, más de mil cuatrimotores ingleses y americanos machacaron el centro de la ciudad; unas 4.000 toneladas de bombas explosivas e incendiarias, que originaron una "tormenta de fuego" que mató -y ahí las estimaciones varían, como en las manifestaciones- entre 25.000 (según la Guardia Urbana) y 100.000 personas. Prácticamente todas civiles, porque los únicos edificios intactos resultaron ser los cuarteles... todavía se discute si Dresden era un objetivo militar o se trató, simplemente, de una acción gratuita y terrorista, sobre una ciudad atiborrada de refugiados que huían -no sin motivos de peso- del avance soviético, y en un momento en que Alemania estaba ya claramente contra las cuerdas: en todo caso, los responsables de la acción tuvieron la suerte de ganar la guerra, y así asegurarse que no deberían responder ante ningún tribunal, e incluso que una película sobre lo majos que eran arañaría alguna cosa en los "Oscar"... en todos los edificios que visitaría en los días de mi estancia figuraba una placa con tres fechas: construcción del edificio, destrucción "Por los ataques aéreos terroristas anglonorteamericanos del 13, 14 y 15 de Febrero de 1945", y fecha de la reconstrucción por la República Democrática Alemana...

¿Todos reconstruidos...? No, por supuesto: se reconstruyeron los más notables; el resto de la ciudad era -y sigue siendo- más bien rara, con grandes avenidas en el lugar donde debían hacinarse casas medievales o poco más modernas, y edificios de estilo utilitario-socialista, sólidos, pero no excesivamente afortunados desde el punto de vista estético; tonterías, las justas...

Quedó uno por reconstruir; la Iglesia de Nuestra Señora, la Frauenkirchen.

Cortejo de los Electores: Friedrich es el único que mira al público...


Vale la pena comentar un poco la historia de éste edificio: a finales del Siglo XVII, el Elector -príncipe soberano- de Sajonia, Friedrich August II, casó con la heredera de Polonia, y se convirtió, así, en heredero del trono polaco: para aspirar a reinar en Polonia - como ahora, ni más ni menos- era imprescindible ser católico, y el luterano príncipe no tuvo el menor inconveniente en convertirse, edificando al mismo tiempo una hermosa iglesia papista en el mejor solar de Dresden, junto a sus palacios gemelos, su residencia y la de sus amantes, unidos por un oportuno puentecillo, por si las prisas...

Ésta es la Katholische...


La indignación de sus súbditos, todos devotos protestantes, fue considerable: hoy lo hubiesen resuelto con una cacerolada, pero entonces decidieron darle en los morros en forma más artística, y costearon la construcción de la mayor iglesia de la Cristiandad... reformada: y así nació la Frauenkirchen.

Cuando la bola de fuego originada por el bombardeo alcanzó la Frauenkirchen, ardió como una tea en su interior, pero el exterior permaneció incólume... ¡milagro!... pero milagro efímero; en cuanto cesó el fuego y las piedras se enfriaron, se desplomó como un castillo de naipes.

Así la conocí yo; en ruinas; y no porque mis camaradas del Partido Socialista Unificado de Alemania tuviesen manías hacia las cosas de curas o de pastores -reconstruyeron un montón de iglesias-, sino porque quisieron dejar un recuerdo de lo bordes que podían ser, a veces, las democracias occidentales capitalistas... pero se había producido la Reunificación, y la Nueva Alemania de Kohl no tenía ya necesidad de aquel montón de cascotes; había que reconstruir también la Frauenkirchen, y todo Dresden estaba lleno de urnas de metacrilato donde se recogían las aportaciones populares... me acerqué ceremoniosamente a una de ellas, y deposité un euro; viniendo de un país del Sur, pobre y endeudado, más que suficiente.

Bajo el oropel de la Reunificación latía una realidad distinta; una ciudadana de Dresden, que nos acompañaba, nos explicó lo que estaba pasando... las viejas fábricas socialistas habían sido privatizadas y vendidas a empresas occidentales, que rápidamente las habían cerrado, para vender allí sus productos... los jóvenes no encontraban trabajo, y emigraban al Oeste... sólo se había construido una flamante factoría de Volkswagen, acristalada y transparente, se podía seguir desde la calle todo el proceso fabril; pero sólo se montaba un modelo de lujo, poquísimas unidades... Dresden, como toda la Alemania Oriental, había pasado de ser la región más industrial de la Europa Socialista a uno de los múltiples culos de la Europa Capitalista... en las elecciones se mantenía una fuerte presencia de la Izquierda -es decir. de la izquierda a la izquierda del SPD-, pero cada vez subía más la extrema derecha...

Recuerdo al respecto que, el último día de las jornadas, nos recibió oficialmente el alcalde en el Salón de Gala del Ayuntamiento, donde nos habíamos reunido; ya al llegar, me sorprendió ver un inusual despliegue de antidisturbios: mientras el alcalde nos hablaba, vi por una ventana un numeroso grupo de gente que, formados y caminando marcialmente, se acercaban al edificio: vestían todos cazadoras de cuero, calzaban pesadas botan militares, hacían ondear banderas con los viejos colores imperiales -blanco, negro, rojo....- y gritaban rítmicamente consignas... "¡Coño, los neonazis!", me dije...al alcalde le susurraron algo al oído, se despidió apresuradamente de nosotros, y lo vi acercarse al grupo de manifestantes y hablar con ellos... a nosotros nos sacaron por una puerta lateral, sin darnos demasiadas explicaciones... al día siguiente, los titulares del periódico local me ampliaron la información: el equipo de fútbol de Dresden estaba a punto de ser expulsado de la Bundesliga por deudas, y sus seguidores habían ido a exigir que el Ayuntamiento se hiciese cargo de las mismas.. como podéis suponer, lo habían conseguido...

Conservaba un magnífico recuerdo de Dresden, quería que Blanca la conociese, y, qué caramba, también tenía curiosidad por ver en qué se habían gastado mi euro... por eso, en mi última visita a Berlín, contratamos una excursión a Dresden... no era exactamente igual, en vez de unos luminosos y cálidos días de Mayo -ya dicen los alemanes que "Cada Primavera sólo tiene un Mayo"- era Diciembre y hacía un frío que pelaba, y una excursión en autocar, con unos compañeros mitad anglosajones, mitad israelíes (¿Schadenfreude...?), tampoco es mi ideal de visita, peeeero...

Primera imagen de una naranja, la "Appelsinne", la "Manzana de China"...


Dresden no me defraudó: sigue siendo una ciudad hermosa, y a Blanca le encantó: coincidimos, además, con los mercados de Navidad, que en Alemania son todo un espectáculo, y, en un Domingo, la ciudad estaba llena y animadísima... pude recorrer los lugares que recordaba, siempre con algún pequeño problema; encontré cerrada la cervecería municipal, en los bajos del Ayuntamiento, donde había comido y bebido muy bien, pero dimos con un restaurante cerca, donde pude probar un guisote de Wildschwein (Chabalín, para los amigos) más que aceptable...

Como os podéis imaginar, visité mi Frauenkirchen. nada que objetar, le han sacado provecho a mi oiro... aunque han usado algunas piedras de la antigua, tiene aún ese cierto aire Exin Castillos de los monumentos recién restaurados, pero ya irá tomando pátina con el paso de los años, le deseo que siga allí en pie hasta, por lo menos, el próximo ataque aéreo terrorista anglonorteamericano... pasamos rápidamente por su interior, porque estaban diciendo Misa, o lo que tengan a bien hacer los protestantes, que en eso no entro... impresionante también, sehr Gut...

"Mi" Frauenkirchen...


... y su cúpula...


Visitamos también un Weinachmarkt de pago... lo hemos visto por primera vez en ésta ocasión, mercados de Navidad donde hay que pagar una pequeña entrada; dentro se parecen más a nuestras ferias medievales, con chicas de falda hasta el suelo y corpiño y chicos de leotardos y chalecos de cuero, vendiendo cosas más o menos artesanales y más o menos viejunas.... para beber, cerveza y gluhwein, ese vino caliente, azucarado y especiado que, lo confieso, me gusta bastante, en fríos días -o, mejor, noches- invernales alemanes... también este año he apreciado una explosión de gluhwein temático, con frutas variadas... muy bien, se pueden beber... no comparto la opinión de un amigo que me decía: "No hay vino, por malo que sea, que se merezca que hagan eso con él..."



Antes de despedirnos de Dresden, en la plaza del Ayuntamiento, la Rathaus, dos monumentos curiosos...

En el centro de un cuidado parterre, la Trümmerfrau, la mujer trabajadora en el desescombro... Alemania fue desescombrada por mujeres, viejos y niños; los jóvenes habían muerto o estaban en lejanos cautiverios... la Trümmerfrau, botas de soldado, mandil y azada en la mano, pañuelo en la cabeza -¡cómo se pondrían de polvo y cenizas...!- mira, confiada, hacia el Futuro, el Zukunft, que allí le prometían socialista... confío en que, por lo menos, le haya quedado una pensión medio decente, en esta tierra despiadada y liberal...




Y ya en la puerta de la cervecería municipal -benemérito servicio público que todo ayuntamiento debería prestar a sus vecinos-, un Baco, borracho como una cuba y en pelota picada, resbalando sobre el lomo de un burro que no parece más sereno que él... como sabéis, hay casi en cada ciudad turística alguna cosa que hacer si quieres volver allí: en Barcelona, beber agua de la Font de Canaletes; en Girona hay que besarle el culo a una leona; en Dresden, vaya por Dios, frotarle la punta del haba a Baco... el bronce está casi desgastado, de tanto roce... yo lo hice en mi primera visita, y funcionó; lo he repetido, mirando a derecha e izquierda para no ser visto por nadie en semejante trance... no me importaría que el prepucio del dios volviese a conducir mis pasos hacia la hermosa ciudad del Elba, auf Wiedersehen, Dresden...